La república coronada y yo

La República coronada yo

por

Francisco Muñoz de Escalona

La Devesa (Asturias)

Índice

I   Las aguas afluentes, 5

II Tirando tasquivas, 11

III La Transición, 23

IV República coronada o monarquía republicana, 29

Anexos, 39 a 175

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El abrazo (Juan Genovés)

I

Las aguas afluentes

En mi adolescencia oía con frecuencia, en el pueblo sevillano donde nací, una expresión ciertamente expresiva: “tirar tasquivas”. Seguro que hoy ha caído en el olvido. La decían los campesinos cuando iban a regar sus cultivos. Llamaban tasquivas a los caballones con los que encauzaban el agua que les llegaba por las presas que ellos llamaban regueras. El pueblo sufrió un drástico cambio después de las obras de canalización de las aguas del Guadalquivir que se hicieron en los años veinte, durante la Dictadura de Primo de Rivera. De los cultivos de secano (cereales, olivo y vid) se pasó a los cultivos de regadío (remolacha, algodón, pimientos, lino…). Bajo la singular expresión citada pretendo, en base a mis recuerdos, recoger los acontecimientos históricos del periodo que va desde 1975 al momento presente.

Empezaré aclarando que, para mí, el siglo XX ha sido un siglo de coletazos y transiciones. En 1923, la monarquía estaba dando coletazos, y a Alfonso XIII lo convencieron de que imitara el ejemplo de Víctor Manuel III de Italia con la dictadura de Benito Mussolini. Así aconteció la primera transición, la que empezó el 13 de septiembre de 1923 con el golpe de estado de Primo de Rivera, concertado con el rey. La Dictadura acabó el 28 de enero de 1930 con otro coletazo, el que tuvo lugar cuando el Dictador dimitió. Tomó el relevo el general Berenguer, de acuerdo, una vez más, con Alfonso XIII.

Tras el fracaso de la llamada dictablanda de Berenguer, el rey decidió nombrar en febrero de 1931 al almirante Juan B. Aznar para que formara un gobierno de concentración monárquica y colaboración regionalista. El almirante convocó elecciones municipales para el 12 de abril de 1931. Poco antes, el 23 de marzo quedaron restablecidas las garantías constitucionales que la dictadura había suprimido; se eliminó la censura previa de los medios de comunicación y se admitieron los derechos de reunión y asociación. Debían elegirse unos ochenta mil concejales en todos los ayuntamientos de España, pero para nadie era un secreto que lo que estaba realmente en juego era la continuidad de la propia Monarquía de la Restauración.

Los resultados fueron favorables a la monarquía en las zonas rurales, pero en las ciudades ganaron clamorosamente los partidos republicanos. Tras el coletazo de la Monarquía de la Restauración que se produjo al conocerse los resultados de las elecciones, dos días más tarde, el 14 de abril, tuvo lugar el inicio de la segunda transición del siglo con la clamorosa proclamación de la II República Española, un sistema de gobierno que implantó la democracia, pero con no ocultas aspiraciones revolucionarias, con la pretensión de cambiar aceleradamente la España atrasada y pobre por otra rica, moderna, europea y, por ende, presentable.

La II República llevó una vida convulsa por mor de sus excesivas prisas y por su integrismo modernizador a ultranza.  A los 5 años de su proclamación se dio un coletazo más: el 18 de julio de 1936, los militares dieron un golpe de estado que, al fracasar, dio paso al inicio de una sangrienta la guerra civil de tres años y un millón de muertos.  La guerra terminó el primero de abril de 1939. A este nuevo coletazo siguió el comienzo de la tercera, y larga, transición del siglo, a la que se dio el nombre de Franquismo por el nombre de aquel tímido y anodino militar de voz aflautada que pasó de Comandantín a Generalísimo y Jefe del Estado en un tiempo record.

En 1975 colapsó el Franquismo dando paso a los preparativos para una nueva transición, la cuarta, la que trajo la que llamo Democracia Coronada, fraguada entre 1975 y 1978. Al dictador Franco le sucedió, de acuerdo con las normas dictadas por él mismo, un nieto de Alfonso XIII, Juan Carlos de Borbón a título de rey, saltándose la estricta legitimidad dinástica.

Tuvo lugar con ello, como digo, la cuarta transición, la que se conoce como La Transición, es decir, la transición por antonomasia. Todos los tratadistas, al unísono, la consideran así, olvidando, incomprensiblemente, las tres anteriores.

Esta transición, es decir, La Transición, tuvo una duración sobre la que no se ha llegado aún a un consenso entre los estudiosos, no solo en cuanto a su inicio, tampoco en cuanto a su final. Por ello, cada cual es muy dueño de establecer su duración. Para mí, se inició con la muerte del dictador el 20 de noviembre de 1975 y terminó con la entrada en vigor de la nueva Constitución, el 6 de diciembre de 1978. Hay tratadistas que sitúan su inicio en el nombramiento del almirante Luis Carrero Blanco como presidente del Gobierno, en febrero de 1973. Hay quien sostiene, a su vez, que acabó con la llegada al poder de Felipe González, tras las elecciones del 28 de octubre de 1982. Los que así opinan parecen pensar que, por fin, la izquierda había ganado la perdida (por ella) guerra civil, que ahora la perdían los facciosos, quiero decir, los herederos de los rebeldes. Porque, en efecto, las segundas elecciones de la Democracia Coronada (las primeras tuvieron lugar en junio de 1977) las ganó la izquierda, encarnada en un PSOE refundado (hay quien piensa que fundado ex novo) en Suresnes, cerca de París, ocho años antes, con lo que la derecha de Adolfo Suárez (UCD) y la de Manuel Fraga (Alianza Popular) quedaron en la oposición después de más de 40 años en el poder durante el Franquismo.

Pero a mí me parece más realista admitir  que el final de la Transición queda marcado, como he dicho, por la entrada en vigor de la Constitución, el 6 de diciembre de 1978, ya que fue en ese momento cuando dejó de estar en vigor el ordenamiento normativo del Franquismo para dar paso al nuevo periodo, al que llamo, como digo, Democracia Coronada, una etapa a la que hay quien llama Monarquía Parlamentaria y otros Monarquía Instaurada, porque lo fue de acuerdo con la normativa impuesta por Francisco Franco en su Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado de 1966. No hubo, por consiguiente, Restauración, la que querían los juanistas, la que esperaban desde hacía décadas. Franco se opuso a que Don Juan de Borbón fuera Juan III.

Así, pues, nos adentramos en un periodo que arranca a finales de 1978 y que aún no ha terminado, siendo, por tanto, uno de los que más está durando de nuestra historia reciente. Es en su terreno en el que pretendo tirar mis tasquivas atendiendo sobre todo a mis vivencias, las que complementaré con los libros que he leído y también, por qué no, con los datos de esa biblioteca asequible desde el hogar que es internet.

En mi exposición no me sujetaré al criterio cronológico que seguí en “El franquismo y yo”, es decir, el criterio ordenador de los decenios. En esta ocasión me atendré a los diferentes manantiales que aportaron el agua con la que se iba a regar el futuro y que yo iré distribuyendo por medio de las necesarias tasquivas. Hubo manantiales que afloraron en las sucesivas etapas por las que pasó la Dictadura, unos “legales”, otros clandestinos internos y otros clandestinos externos, del exilio. Los últimos fueron los manantiales subterráneos, los que aportaron las aguas que regaron la Democracia Coronada.

Bueno será advertir que hay básicamente dos versiones explicativas del proceso seguido hasta llegar a nuestros días. Hay una versión que se caracteriza por valorar, tanto el proceso como sus frutos, como ejemplares y modélicos, incluso como exportables. Destacan estos el elogiable acierto de todos sus agentes, tanto de los enraizados en el franquismo como de los que encarnaban la oposición clandestina. Así mismo, resaltan que los frutos del proceso hacia la actual Democracia Coronada fueron de una alta calidad y enteramente homologables con nuestro entorno. En esta onda están historiadores como Santos Juliá, Javier Tusell y otros. Es la versión hegemónica.

Hay otra versión más crítica. Basan su visión en el hecho de que el proceso fue protagonizado por personalidades procedentes del franquismo y de la oposición tolerada sin que tuviera lugar una participación significativa de las escasas y febles organizaciones civiles existentes, e insurgentes. En ella militan Gregorio Morán y Tom Burns Marañón entre otros. Sostiene este grupo la visión que llamo crítica, la que piensa que la oposición, tanto la tímida del interior como la soterrada procedente del exilio, ambas  obviamente clandestinas durante todo el proceso, no supieron, no pudieron o no quisieron contraponer sus planteamientos a los de aquellos jóvenes franquistas que entendieron que el Régimen, sin Franco, tenía, necesariamente, que evolucionar hacia la democracia, pero, eso sí, sin perder los elementos que seguían considerando defendibles del Franquismo. Los que sostienen la versión acrítica consideran que el pueblo español, que se había hecho acomodaticio, como consecuencia del desarrollismo de los sesenta, no estaba dispuesto a emprender el cambio drástico que había que llevar a cabo para implantar una democracia conquistada, exenta de elementos franquistas. Recuerdo que la izquierda rechazaba con tenacidad la opinión según la cual el pueblo español no estaba aún preparado para la democracia. Se les atoraba el resuello rechazando esta opinión. Para la izquierda, el pueblo español no es que estuviera maduro, es que estaba harto maduro, no fuera a ser que quien lo negara se aferrara a su supuesta inmadurez para obstaculizar la llegada de la democracia. No cabe duda de que, en su inasequible tesis de madurez, se ocultaba una defensa un tanto voluntarista de la democracia a cualquier precio como futuro inmediato e ineluctable. Una vez conseguida, parecían pensar, ya se utilizarían las libertades para reorientarla hacia donde, en esos momentos, las circunstancias, y los que se dieron en llamar “poderes fácticos”, no aconsejaban apostar.

Desde antes de la muerte de Franco, pero sobre todo después, se presentaron dos opciones. Los franquistas y la oposición de derechas proponían una reforma del Régimen mientras que la oposición de izquierdas defendía que había que ir a la ruptura sin matices. Los defensores de la versión crítica consideran deleznable que, al final, la oposición de izquierdas, la llamada Platajunta, se sacara de la manga la propuesta de una “ruptura pactada”, fórmula con la que la oposición que iba de radical parecía darse por satisfecha con lo que los reformistas no dudaron en aceptar sin tapujos. Ven en ella la demostración palpable de que la componente franquista en la Democracia Corona terminó primando sobre la componente opositora, una oposición cuyas propuestas no eran otras que las que se propuso y no consiguió la derrotada II República.

Los recuerdos que conservo de estos años coinciden con esta postura crítica. Es obvio que los partidarios de la reforma defendían una transición pacífica, no solo porque así garantizaban la permanencia en ella de elementos franquistas sino, también, porque eran conscientes de que el Ejército (el más temido de los Poderes Fácticos) podía oponerse a la ruptura que defendía la izquierda. La ruptura que esta defendía implicaba la asunción de una transición no pacífica. Dado que su opción era la superación absoluta del Franquismo, seguida de la proclamación inmediata de la Tercera República, aun sin nombrarla, es obvio que apostaban por una transición sin consenso, única forma de conseguir una democracia no otorgada, la que proponía la derecha, sino una democracia conquistada. Los críticos insisten en que la democracia de la Democracia Coronada no se conquistó plenamente, sino que fue una inestable mixtura de elementos otorgados y conquistados.

“Sin producirse una ruptura, como pretendía la oposición, escribe Javier Tusell, tuvo lugar algo muy parecido a ella, pero por procedimientos reformistas”, frase que manifiesta una opinión edulcorada, deliberadamente falsa e incluso contradictoria en sí misma, puesto que las dos alternativas en discusión eran reforma o ruptura, pero nunca ruptura reformista. Como ya he dicho, el PCE, para demostrar que su legalización en 1976 había sido merecida, admitió lo que se llamó “ruptura pactada”, expresión encaminada a ocultar al pueblo las negociaciones de gabinete que estaban teniendo lugar en las altas esferas.

II

Tirando tasquivas

La Democracia Coronada es, obviamente, una democracia en gran parte otorgada, un diagnóstico cuya pertinencia trataré de justificar. Habrá quien proponga ajustar los conceptos y admitir que no fue ni otorgada ni conquistada, sino ambas cosas a la vez, pero personalmente prefiero quedarme con el diagnóstico de que fue otorgada en base a lo que ya expuse en el “Franquismo y yo”, periodo del que sin duda procede la mayor parte del agua que distribuiré por medio de las sucesivas tasquivas. 

Procedencia de las aguas de riego

La fuente tecnocrática

En febrero de 1956 se asistió a un conato significativo de cambio de rasante del Franquismo más totalitario con el nacimiento de la protesta estudiantil que tuvo lugar en Madrid en la fecha indicada. Como ya dije en “El franquismo y yo”, aquella protesta fue el comienzo de la progresiva pérdida de poder de la hasta entonces omnímoda Falange “franquista”. Un año después, esa pérdida se confirmó con la entrada en el gobierno de los primeros tecnócratas del Opus Dei. El cambio de gobierno de febrero de 1957 facilitó una nueva concepción de la política económica del Régimen. Hay quien considera que fue entonces cuando el Franquismo moderó su imitación del fascismo dando entrada al nacionalcatolicismo. Entre los “tecnócratas”, jóvenes economistas cercanos al Opus Dei, destacaron Alberto Ullastres, Navarro Rubio, López Bravo y Laureano López Rodó, secretario técnico adjunto a la Presidencia del Gobierno que ocupaba el almirante y alter ego de Franco, Luis Carrero Blanco, y director de la Oficina de Coordinación y Planificación Económica. En esta Oficina se elaboró el Plan de Estabilización Económica que mediante Decreto Ley entró en vigor el 21 de julio de 1959. Con este Plan acabó el cerrado intervencionismo estatal en la economía española de la Autarquía de 1939, impuesta por el bloqueo internacional de la Dictadura. Los planes de desarrollo pusieron las bases para que, por medio de cuatro planes sucesivos, el PIB creciera, como de hecho creció, a una tasa media del 7% anual entre 1960 y 1973, la más alta de la Europa de su tiempo, tanto que, por ello, se llegó a hablar de “milagro económico español”. Fue la época del desarrollismo. El sistema económico español se puso así en línea con los países de su entorno.

Los tecnócratas del Opus Dei abrieron así una fuente de agua “técnica”, la que abrevarían en el próximo futuro las tasquivas necesarias al cultivo de la previsible Democracia Coronada. Esta fuente aportó un considerable aumento del nivel de vida de la sociedad española y con ello la generalizada aceptación del Régimen, lo que Amando de Miguel llamó “franquismo sociológico”. El historiador Juan Pablo Fusi ha reeditado recientemente un libro de su autoría publicado en 1985. Se trata de la obra Franco. Autoritarismo y poder personal, En ella Fusi trata de alejarse tanto de las hagiografías franquistas como de las condenas izquierdistas sobre la figura del general Francisco Franco. Por su formación británica, este historiador se coloca en la postura del científico que se nutre de hechos y no de prejuicios partidistas. Aduce, además, una razón de peso, la de que la larga duración del Franquismo se debió a que la sociedad española terminó acomodándose a él, una acomodación que hay que entender, según él, como una adaptación por conveniencia a las circunstancias, no como una identificación emocional con ellas. Procede aportar esta frase de la obra citada porque explica tanto el Franquismo como la Transición y la Democracia Coronada:

 “Y eso es lo que ocurrió en el caso español: que una sociedad que no se identificaba con la ideología oficial del franquismo se adaptó al mismo no solo ni principalmente por la naturaleza represiva del régimen, cuya severidad no debe en ningún caso minimizarse, sino porque Franco supo apelar a ciertos valores tradicionales de la sociedad española, a su conciencia católica, a su concepción tradicional de la familia, a su sentido del orden y de la autoridad, a sus sentimientos españolistas, incluso a su valoración negativa de la política, porque es un hecho que el régimen de Franco, a diferencia de otros regímenes totalitarios, buscó más la desmovilización de la sociedad que su indoctrinación sistemática.

El pueblo español no fue activa y mayoritariamente antifranquista. No lo fue. Franco murió en su cama y la transición a la democracia a su muerte fue una reforma hecha desde el interior de la propia legalidad franquista, conducida, además, por hombres procedentes del franquismo. La tesis no disminuye el valor del antifranquismo. Al contrario, entiendo que, al precisar su verdadera importancia, pone de relieve su grandeza histórica: la oposición a Franco fue una minoría de valor excepcional moral que supo mantener, pese a todas las dificultades imaginables y ante la indiferencia de la mayoría, la memoria democrática del país”

El diagnóstico de Fusi lo comparto casi en su totalidad con excepción de la adulación a la oposición al franquismo con la que acaba la frase. Malquisto por historiadores rotundamente antifranquistas como Paul Preston, Fusi trata con estos halagos de balancear su neutralidad como historiador que hace historia no desde la política sino desde la honestidad del científico. Hasta el punto de que acierta plenamente en la diana cuando proclama que “el factor Franco constituirá siempre una de las claves del análisis [histórico] del siglo XX español”. Pues cuarenta años de vigencia de un régimen tan singular dejan ineluctablemente en una sociedad marcas que tardan en borrarse más de lo que sería deseable. De aquí que haya que evitar sesgos analíticos que pueden impedir su cabal comprensión.

Las fuentes políticas

Del exilio

También en 1956 se abrió, si no una fuente, sí un manantial clandestino, el que aportó una declaración inesperada por parte de la oposición, la del PCE en el exilio, la única que tuvo el Franquismo durante toda su existencia. Me estoy refiriendo a la consigna de la Reconciliación Nacional que propuso el PCE en junio de 1956, encaminada a conseguir una “solución democrática y pacífica del problema español”. En el texto que emitió este partido puede leerse lo que sigue:

Al acercarse el XX aniversario del comienzo de la guerra civil, el Partido Comunista de España declara solemnemente estar dispuesto a contribuir sin reservas a la reconciliación nacional de los españoles, a terminar con la división abierta por la guerra civil y mantenida por el general Franco.

Fuera de la reconciliación nacional no hay más camino que el de la violencia; violencia para defender lo actual que se derrumba; violencia para responder a la brutalidad de los que, sabiéndose condenados, recurren a ella para mantener su dominación.

El Partido Comunista no quiere marchar por ese camino, al que tantas veces ha sido lanzado el pueblo español por la cerril intransigencia de las castas dirigentes a todo avance social.

Crece en España una nueva generación que no vivió la guerra civil, que no comparte los odios y las pasiones de quienes en ella participamos. Y no podemos, sin incurrir en tremenda responsabilidad ante España y ante el futuro, hacer pesar sobre esta generación las consecuencias de hechos en los que no tomó parte.

Las fuerzas democráticas españolas no pueden continuar como hasta ahora, al margen de la vida de España, imposibilitadas de enriquecerla y servirla con su aportación cultural y su experiencia política.

Una política de azuzamiento de rencores puede hacerla Franco, y en ello está interesado, pero no las fuerzas democráticas españolas.

Existe en todas las capas sociales de nuestro país el deseo de terminar con la artificiosa división de los españoles en «rojos» y «nacionales», para sentirse ciudadanos de España, respetados en sus derechos, garantizados en su vida y libertad, aportando al acervo nacional su esfuerzo y sus conocimientos.

Es un hiriente sarcasmo que once años después de la derrota del fascismo en el mundo, España sea casi el único país que conserva un régimen fascista. De esta situación sufren todas las clases sociales, excepto un pequeño grupo de monopolistas y gente corrompidas.

La pervivencia de este régimen es funesta para el país. No existen leyes que garanticen verdaderos derechos a los ciudadanos; no hay instituciones políticas estables respaldadas por el consenso popular. Se mantiene el principio del Partido único fascista. Se persigue a los españoles por motivos ideológicos y políticos. Si la represión se ceba en los comunistas, socialistas, cenetistas y nacionalistas vascos y catalanes, las persecuciones políticas alcanzan también a monárquicos, democristianos, liberales e incluso a los falangistas disidentes. La censura campa por sus respetos, irresponsable, y en muchos casos, analfabeta. La menor expresión discrepante es reprimida utilizando un sistema judicial de excepción que es, de hecho, la continuación de la jurisdicción militar de tiempo de guerra.

El general Franco continúa amenazando con la guerra civil y con lanzar de nuevo la «ola de camisas azules y de boinas rojas» contra las fuerzas de derecha e izquierda que discrepan de la dictadura.

Si las fuerzas sociales que retiran su apoyo a Franco se pronunciasen por la reconciliación nacional, el entendimiento que no pudo lograrse entre los españoles durante la guerra civil podría hacerse hoy, tendiendo un puente entre el pasado y el presente, de cara al porvenir, en el camino de la continuidad española.

El Partido Comunista de España, al aproximarse el aniversario del 18 de julio, llama a todos los españoles, desde los monárquicos, democristianos y liberales, hasta los republicanos, nacionalistas vascos, catalanes y gallegos, cenetistas y socialistas a proclamar, como un objetivo común a todos, la reconciliación nacional.

En este largo párrafo se pone de manifiesto que, en 1956, el PCE, ante la aplastante evidencia de que todas sus acciones contra el Régimen se saldaban con el más rotundo fracaso, decidió optar por renunciar a ellas, al tiempo que proponía las vías pacíficas como herramienta para acabar con el Franquismo. No cabe la menor duda de que la consigna de reconciliación fue un señuelo con el que el PCE trataba de aglutinar a todas las fuerzas disidentes del interior, todas ellas de derechas, o como mucho de centro, habida cuenta de que el PSOE aún no tenía una presencia significativa en el interior. Es cierto que todo quedó en meras declaraciones oportunistas, pero también lo es que estaban llamadas a dar sus frutos años más tarde. Por esta razón, creo que el abandono del activismo violento abrió una nueva fuente de agua, de tipo “político” esta vez, reforzando la que muy poco después aportaría la que he llamado tecnócrata.

Félix Ovejero ha escrito recientemente sobre esta declaración del PCE en 1956:

Varias cosas asombran en esta elección de perspectiva. La menos importante, el olvido del exacto sentido de la propuesta del PCE en 1956, apunta a otra más seria: la “reconciliación nacional”, “la reconquista de España para la libertad y la democracia (que) no (podía) ser obra de un partido o una clase, sino el resultado de la conjugación de esfuerzos de todos los grupos políticos nacionales, desde los católicos hasta los comunistas”, no buscaba un imposible equilibrio entre franquismo y democracia, sino una democracia, incompatible con el régimen de Franco, en la que todos pudieran reconocerse como ciudadanos. Nuestra Constitución, poco más o menos.

Fue esta una fuente realmente prometedora de cara a la Transición, y harto avanzada, en verdad, para su época. Tardó más de veinte años en hacerse realidad. Pero hoy, a la vista de la actitud que viene adoptando la llamada izquierda, suena a oportunista. No hay más que ver el cordón sanitario que el Pacto del Tinell (14 de diciembre de 2003) firmó para aislar a la derecha ganada para la democracia de cara a sumarla a cualquier coalición de gobierno. Aquel pacto fue la negación de la prometedora reconciliación nacional que propuso la misma izquierda en 1956. Hoy, finales de 2018, la izquierda está incurriendo, una vez más, en la misma negación, repetida multitud de veces para dejarla ominosamente clara.

Del interior

Del 5 al 8 de junio de 1962 se celebró en Múnich el IV Congreso del Movimiento Europeo, evento al que la prensa franquista llamó “Contubernio de Múnich”. Participaron 118 políticos españoles de todas las tendencias opositoras al Régimen, tanto del interior como del exterior (PCE, monárquicos juanistas, republicanos, democristianos, socialistas, socialdemócratas, nacionalistas vascos y catalanes, todos convocados por el republicano Salvador de Madariaga. Los participantes emitieron una declaración, en la que se decía:

El IV Congreso del Movimiento Europeo (…) estima que la integración, ya en forma de adhesión, ya de asociación de todo país a Europa, exige de cada uno de ellos instituciones democráticas, lo que significa en el caso de España, de acuerdo con la Convención Europea de los Derechos del Hombre y la Carta Social Europea, lo siguiente:

1.- La instauración de instituciones auténticamente representativas y democráticas que garanticen que el Gobierno se basa en el consentimiento de los gobernados.

2.- La efectiva garantía de todos los derechos de la persona humana, en especial los de libertad personal y de expresión, con supresión de la censura gubernativa.

3.- El reconocimiento de la personalidad de las distintas comunidades naturales.

4.- El ejercicio de las libertades sindicales.

5.- La posibilidad de organización de corrientes de opinión y de partidos políticos.

Los delegados españoles, presentes en el Congreso, expresan su firme convencimiento de que la inmensa mayoría de los españoles desean que esa evolución se lleve a cabo de acuerdo con las normas de la prudencia política, con el ritmo más rápido que las circunstancias permitan, con sinceridad por parte de todos y con el compromiso de renunciar a toda violencia activa o pasiva antes, durante y después del proceso evolutivo.

En el transcurso del congreso, Rodolfo Llopis le pidió a Joaquín Satrústegui que transmitiera al Conde de Barcelona:

El PSOE tiene un compromiso con la República que mantendrá hasta el final. Ahora bien, si la Corona logra establecer pacíficamente una verdadera democracia, a partir de ese momento el PSOE respaldará lealmente a la Monarquía.

Algunos participantes en el Congreso, al volver a España, quedaron confinados en las Canarias, y otros se exiliaron.

La ofensiva de la prensa franquista contra el «contubernio» fue un escándalo nacional. Los falangistas maniobraron para hacer daño a los juancarlistas. Para hacer frente a tal presión, el presidente del Consejo Privado del Conde de Barcelona, el poeta y dramaturgo José María Pemán, acompañado por su secretario, fueron a visitar a Don Juan mientras navegaba en su velero, y redactaron la siguiente nota:

El Conde de Barcelona nada sabía de las reuniones de Múnich hasta que después de ocurridas escuchó en alta mar las primeras noticias a través de la radio. Nadie, naturalmente, ha llevado a tales reuniones ninguna representación de su Persona ni de sus ideas. Si alguno de los asistentes formaba parte de su Consejo, ha quedado con este acto fuera de él.

Este texto supuso la liquidación en de José María Gil-Robles, único miembro del consejo privado presente en Múnich, que había servido con fidelidad a Don Juan durante los años más difíciles de la posguerra.

La reacción del Régimen contra los participantes de la reunión en Múnich causó fuertes críticas en el extranjero, sobre todo en la Comunidad Económica Europea, a la que España había solicitado la asociación pocos meses antes. La solicitud quedó prácticamente sin posibilidades de avanzar a partir del “Contubernio”. Franco se dio finalmente cuenta de que su reacción ante el Congreso de Múnich había sido un grave error. Unas semanas después, el 10 de junio de 1962, destituyó, dentro de una crisis amplia de Gobierno, al ministro de Información y Turismo, que ocupaba el cargo desde 1951 y al que Franco hacía responsable de la histeria de la Prensa sobre Múnich. El ministro sólo sobreviviría unos días a su destitución. Le sustituyó Manuel Fraga Iribarne, el que había sido mi profesor de Teoría del Estado en la Universidad Central. Fraga, cuatro años después, con la ley de prensa que lleva su nombre, permitió criticar al Régimen. Con ello dio comienzo una cierta liberalización.

La tibia apertura, junto a la actividad de la oposición en el exilio, podemos calificarla como la consolidación definitiva de fuente “política” que, unida a la “tecnócrata”, aportaría el agua con la que abrevar las tasquivas para la plantación de la previsible monarquía parlametaria.  

Riego a manta

Las aportaciones de agua citadas me permiten tirar las tasquivas necesarias para encauzar y distribuir por la plantación el agua que empezó a entrar a manta con la designación de Carrero Blanco como presidente del gobierno, cargo en el que sustituyó al mismísimo Francisco Franco, el cual quedaba ahora solo como Jefe del Estado.

Como ya he señalado, hay quien sitúa en este cambio el inicio de la Transición. Patricia Sverlo escribió el 30/11/ 21012, el artículo que copio a continuación titulado “Juan Carlos impasible, al lado de Franco, mientras la masa grita: No queremos apertura sino mano dura”:

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Juan Carlos Alfonso Víctor María de Borbón y Borbón-Dos Sicilias, Príncipe de España.

Antes de que Franco acabara de morir, cosa que le llevó varios meses de agonía, el Príncipe de España, tuvo ocasión de establecerse interinamente en el puesto de rey durante un tiempo y, de este modo, demostrar, a él mismo y a todos los españoles, de lo que era capaz.

La primera vez fue en julio de 1974, cuando el Caudillo se puso enfermo por una flebitis en la pierna derecha y tuvo que ser ingresado. Ya veía venir la parca y comenzó a decir: “Esto es el principio del fin”. Llamó al presidente Arias y mandó que se preparara el Decreto bisiesto de poderes para aplicar el artículo 9 de la Ley orgánica… “por si acaso”. Y antes de que se hiciera el trámite mencionado, el 18 de julio, Juan Carlos le sustituyó presidiendo en La Granja la recepción que Franco acostumbraba a ofrecer cada año para conmemorar una fecha golpista tan importante, y que aquel año, entre las atracciones contaba con un montaje sobre la vida de Boquerini en la corte de los Borbones, escrito por Antonio Gala para la ocasión.

Los días siguientes, Franco no mejoraba. Y Juan Carlos, probablemente aconsejado por quien sabía más, era contrario a asumir la interinidad. “Contentaos con esperar”, le decían los de su entorno, que movieron todos los hilos para intentar retrasarlo tanto como pudieron. Se preparaban para algo más importante: aprovechar la enfermedad del Caudillo para declarar directamente rey a Juan Carlos, y que fuese rey del todo, un rey con las manos libres. Pío Cabanillas, entonces ministro de Información y Turismo, fue uno de los que participaron en aquel contubernio, y la cabeza de turco que pagó la maniobra monárquica con su cargo, del cual fue cesado en octubre.

Juan Carlos iba a ver al Caudillo al hospital todos los días y le decía amablemente que su enfermedad no era lo bastante grave para justificar el traspaso de poderes. Pero no pudo ser. Un día Franco fue víctima de una fuerte hemorragia y los médicos que le cuidaban se mostraron pesimistas. Era necesario actuar ya. Y el príncipe, el 20 de julio de 1974, decidió asumir la jefatura del Estado, aunque fuera de manera interina. “¡Vaya, buen servicio que has hecho a ese niñato de Juan Carlos!”, le dijo enfadado Villaverde al doctor Gil cuando se enteró. Todo el “búnker” estaba que mordía.

Aquel mismo día, el príncipe llevó a cabo el primer acto oficial de su mandato interino: la firma de una declaración conjunta para prorrogar el tratado de ayuda mutua con los Estados Unidos. Y su cargo ya no dio mucho más de sí. No le gustó nunca renunciar a sus vacaciones y no se perdería el veraneo en Mallorca sólo porque fuera jefe del Estado en funciones. Franco salió del hospital el 30 de julio y volvió al Pardo, donde Juan Carlos fue en visita relámpago desde las islas Baleares, para presidir un consejo de ministros el 8 de agosto.

Después, a mediados de mes, Franco se reunió con su familia en el Pazo de Meirás para pasar la convalecencia. Y otra vez tuvo que ir volando Juan Carlos, esta vez un poco más lejos, a Galicia, para presidir otro consejo el día 30. Cuando visitó al Caudillo, lo encontró francamente recuperado, paseando por el jardín, pero tan sólo consiguió que le dijera: “Alteza, creedme, lo estáis haciendo muy bien. Continuad”. Aquella misma noche, el príncipe cogió el avión hacia Palma de Mallorca.

Pero Cristóbal Martínez-Bordiú, marqués de Villaverde, que además de marqués era doctor, había formado un equipo de médicos muy bien elegidos para garantizar que el Caudillo se curase inmediatamente a cualquier precio. Y no tardaron en conseguirlo. Menos de 50 días (43 exactamente) fue lo que duró el cargo de rey interino, antes de que el aparato del Pardo consiguiera que dieran el alta a Franco y éste llamara de nuevo a Arias para anunciarle: “Arias, ya estoy curado. Prepara los papeles”. La mayor parte del tiempo Juan Carlos se lo había pasado de vacaciones en la playa. De todos modos, aquello de la recuperación milagrosa de Franco no se lo creyó nadie, ni él mismo. En la primavera de 1975 visitó España el general Walters, un peso pesado de la CIA. Se reunió con el Generalísimo y, tras hablar un rato de cosas intranscendentes, Franco le preguntó abiertamente: “¿Usted viene a saber qué pasará en España el día que yo muera? Pues voy a decírselo: reinará el príncipe don Juan Carlos, que es lo establecido, y se hará lo que el pueblo español quiera. De los políticos no me fío”. El general Walters también se reunió con personal de La Zarzuela, concretamente con el general Armada, que le aseguró que, igual que el aparato había funcionado para la interinidad, funcionaría después. Un poco más adelante visitó España el presidente Ford. Unas visitas tan reiteradas de los norteamericanos desvelaban que el final no podía estar muy lejos.

Las negociaciones de Francisco Franco con don Juan de Borbón, y la importante renuncia éste hizo a aquel dejando en sus manos la educación de su hijo, dieron el fruto apetecido al designar Franco a Juan Carlos como sucesor en la Jefatura del Estado (1969). A partir de ese momento, Juan Carlos empezó a participar en las tareas de gobierno.

Desde 1971, las funciones del que dio en llamarse Príncipe de España se completaron con la previsión de que sustituyera temporalmente a Franco en situaciones de ausencia o enfermedad. Tal situación se produjo en dos ocasiones (julio de 1974 y noviembre de 1975), en las que Juan Carlos asumió interinamente la Jefatura del Estado por enfermedad de Franco. Durante su segundo interinato, viajó a la colonia española del Sahara Occidental, amenazada por la Marcha Verde organizada el Rey de Marruecos, Hassan II; su intervención resultó decisiva para evitar la guerra con el reino alauita, al que más tarde fue transferida la soberanía en el territorio saharaui. El periodista Guillermo Medina vaticinó muy pronto que los historiadores fijarían en este segundo interinato de Juan Carlos el inicio de la Transición. Como sabemos, poco después de este interinato, Juan Carlos pasó a ser proclamado Jefe del Estado a título de Rey el 22 de noviembre de 1975, dos días después de la muerte de su predecesor en el hospital de La Paz del Dictador, el Generalísimo y Caudillo Francisco Franco.

Como digo, con la entrada del agua a manta en la plantación no hay más remedio que empezar a tirar tasquivas a toda prisa y sin solución de continuidad. Había que ir de un Reino franquista sin Rey a otro Reino, también franquista, pero ahora con Rey, y de éste a la monarquía parlamentaria que ya se vislumbraba como inmediata en el cercano horizonte. Es lo que se hizo entre el 22 de noviembre de 1975 al 6 de diciembre de 1978.

III

La Transición

En el terreno de la plantación empezó a entrar, como digo, el agua a raudales, a manta. A las aguas legales, alimentadas por las previsiones sucesorias y su cumplimiento, se unieron las que procedían de la plural oposición clandestina, la cual ya había empezado a enseñar sus orejas en la medida en se barruntaba el inminente final del Franquismo por carquesia del titular de un Régimen fuertemente personalista. Mucho se especula con que Franco asumiera que, después de su muerte, su sucesor tendría que abrir su herencia a fórmulas más abiertas, admitiendo las llamadas libertades democráticas. La Ley de Sucesión de 1966 lo corrobora de alguna forma. El nombramiento del Príncipe de España como sucesor en la Jefatura del Estado lo consolida, y lo mismo cabe decir con el gobierno de Luis Carrero Blanco (9 de junio de 1973), en el que Franco se desprendió de su presidencia, la que había estado ejerciendo desde el 1 de octubre de 1939. El atentado de ETA, en el que resultó muerto el presidente del gobierno, el 20 de diciembre, puso fin a su mandato, siendo nombrado duque de Carrero Blanco a título póstumo. 

Cuando la conocida como Operación Ogro asesinó a Carrero pensé que el beneficiado por su desaparición no era otro que el Príncipe de España, Juan Carlos de Borbón. Me basaba para creerlo así en que, si el Príncipe se proponía llevar a cabo la superación del Franquismo, la muerte de Carrero, conocido como el alter ego de Franco, le facilitaba llevarla a cabo. A Carrero se le atribuía, no sin razones, la continuación de la dictadura después de la muerte de Franco. Estaba equivocado. Carrero, partidario de los tecnócratas del Opus Dei desde 1957, era el valedor que el Príncipe tenía en el Poder. Franco nombró presidente del gobierno a un falangista, el que hasta ese momento ocupaba la cartera de Gobernación, Carlos Arias Navarro, con escasas simpatías por el sucesor a título de rey. Durante su mandato, Juan Carlos estuvo apartado de las altas esferas del gobierno. Tom Burns sostiene que eso le permitió cultivar las amistades de la oposición, personificada en las nuevas generaciones de políticos franquistas, con los que, dice, fue pergeñando sus planes políticos para cuando fuera el nuevo Jefe del Estado. Disiento de tanta previsión. En el libro de Tom Burns (“De la fruta madura a la manzana podrida”) se percibe un tufillo hagiográfico de Juan Carlos que excede de las facultades intelectuales de éste.

Carlos Arias no dimitió como presidente del Gobierno en base a que el difunto le había nombrado para cinco años y en que el nuevo Jefe del Estado venía obligado a asumir las decisiones de su predecesor. No cabe duda de que las antipatías mutuas entre el presidente del gobierno y el nuevo jefe del Estado estaban obstaculizando las supuestas pretensiones de este. El problema era cómo cesarlo, pero al fin lo consiguió. El presidente de las Cortes y del Consejo del Reino, a la sazón Torcuato Fernández Miranda, su preceptor durante años, le presentó la consabida terna de nombres para que Juan Carlos nombrara al nuevo presidente del Gobierno. Entre ellos, de común acuerdo con el Rey, estaba el nombre de Alfredo Suárez, el cual ocupaba en ese momento el cargo de ministro secretario general del partido único, el Movimiento Nacional.

Púsose con este nombramiento la primera tasquiva para llevar el agua hasta la Transición que estaba dando sus primeros pasos. Se ha dicho que la Transición fue la obra de un empresario, el Rey, un actor, Suárez y un guionista, Torcuato. Como metáfora no está mal alumbrada. Lo cierto es que el Rey se proponía transformar la Dictadura en una Democracia, pero desde la misma Dictadura. Se dice que fue Torcuato el que le convenció de que era posible ir a la legalidad desde la legalidad y por medio de la legalidad. Dicho de otro modo; que el Rey, como sucesor de Franco y con todos los poderes de Franco, tenía poder para alumbrar una nueva Ley Fundamental del Reino. Y así se hizo, y para ello se contó con el concurso necesario del primer actor de la obra, el joven y encantador nuevo presidente del gobierno, Adolfo Suárez, el cual acababa de ser nombrado con el preciso objetivo de llegar hasta ella y para que entrara en vigor de acuerdo con los mecanismos establecidos por el mismo Franco.

La nueva, y última, Ley Fundamental del Reino fue la llamada Ley para la Reforma Política, de 4 de enero de 1977, aprobada por las Cortes Franquistas el 18 de noviembre de 1976 con el apoyo de 435 de los 531 procuradores. Fue sometida a referéndum el 15 de diciembre de este año con una participación del 77% del censo y un 94,17% de votos favorables.

En diciembre de 1975 el rey Juan Carlos había trasladado al secretario general del PCE, Santiago Carrillo, el mensaje de que pretendía democratizar el régimen, pidiendo paciencia y el fin de los ataques a la Monarquía. El PCE, que hasta entonces seguía impulsando la ruptura democrática, en el comité ejecutivo de enero de 1976 dejó a un lado las críticas al rey y bajó el nivel de ofensiva y movilización. En 1977, el rey anunció, en un viaje a EEUU, que el PCE renunciaba al marxismo-leninismo. Ese mismo año, un sector denominado Oposición de Izquierda (OPI), que había surgido tras el VIII Congreso, abandonó el PCE fundando el Partido Comunista de los Trabajadores (PCT).

El 24 de enero de 1977 tuvo lugar lo que se conoce como la matanza de Atocha: un comando de ultraderecha entró en un despacho de abogados laboralistas de CCOO y del PCE en el centro de Madrid asesinando a balazos a cinco de ellos y dejando a otros cuatro heridos. Al entierro asistieron más de cien mil personas. Fue una multitudinaria manifestación que transcurrió sin incidentes. Le siguieron importantes huelgas y muestras de solidaridad en todo el país, además de un paro general de trabajadores el día después del atentado.

El 11 de febrero de 1977 el PCE presentó la documentación para ser incluido en el Registro de Asociaciones y el 9 de abril de ese mismo año el PCE es legalizado. Los militantes del interior, muy próximos a la realidad española y representantes de las posturas rupturistas con la dictadura, se veía como los custodios del Partido hasta que los “históricos” exiliados pudieran retornar. Pero cuando así ocurrió se comprobó que los exiliados retornados estaban tremendamente apartados de la realidad española debido a su larga ausencia.

El 9 de abril de 1977 se legalizó el PCE, el partido fundado en 1921 por la escisión del PSOE de un grupo de militantes que optó, contra la oposición del mismo, por sumarse a la Tercera Internacional. Durante la Dictadura de Franco, el PCE estuvo en la clandestinidad y desde ella fue la oposición de mayor calado, por no decir la única, que luchó contra el Franquismo. La jornada de la legalización fue rebautizada por los simpatizantes del PCE como el Sábado Santo Rojo. Ese día me encontraba como invitado en la vivienda de un capitán de infantería que se había pasado al Cuerpo Nacional de Policía. Sus compañeros le llamaron al centro de control donde se estaban recibiendo por radio las peticiones de órdenes por parte de los policías que estaban tratando de controlar los desórdenes provocados en las calles de Madrid por los comunistas que celebraban su legalización. La legalización de este partido, fuertemente rechazada por los militares y por la derecha, se concibe como un paso más en el proceso democrático que se estaba instaurando en nuestro país.

Una decisión muy destacada del primer gobierno Suárez fue la aprobación de los llamados Pactos de la Moncloa, los denominados Acuerdos para la Reforma de la Economía y el Acuerdo sobre el Programa de Actuación Jurídica y Política, el 25 de octubre de 1977. Los firmantes fueron, por un lado, el Gobierno de España y, por otro, los principales partidos políticos representados en el Congreso con el apoyo explícito de las asociaciones de empresarios y los sindicatos CCOO y CNT. UGT los rechazó de entrada, pero acabó aceptándolos finalmente. El objetivo de estos pactos consistía en apoyar el proceso de la transición a la democracia y en la adopción de una política económica capaz de luchar contra una inflación desbocada que superaba el 26%.

Pocos meses antes, el 15 de junio, en las primeras elecciones democráticas al cabo de cuarenta años, el PCE se presentaba a las elecciones con Santiago Carrillo como candidato. Obtuvo solo 19 diputados. Ganó las elecciones UCD, el partido que Suárez aglutinó alrededor de su persona para presidir el primer gobierno democrático después del último de la II República en 1939. Las nuevas Cortes adoptaron el carácter de constituyentes y aprobaron la actual constitución, la que entró en vigor el 6 de diciembre de 1978.

El gobierno de Suárez, ahora en funciones, convocó unas nuevas elecciones el 3 de marzo de 1979, las cuales ganó por segunda y última vez, dando así comienzo a su tercer mandato en poco menos de tres años.

Sin embargo, el triunfo en las elecciones generales quedó muy en segundo plano tras el acceso de la izquierda a los principales ayuntamientos del país después de las primeras elecciones municipales de abril. El acuerdo entre el PSOE y el PCE permitió que las grandes ciudades españolas fueran gobernadas por alcaldes de partidos de la oposición.

Fue una etapa de gobierno llena de dificultades políticas, sociales y económicas. En 1980, el PSOE presentó una moción de censura que, aunque estaba derrotada de antemano, deterioró aún más la imagen de un Suárez, desprovisto ya incluso de apoyos en su propio partido. Finalmente, el 29 de enero de 1981, Suárez optó por presentar su dimisión tanto como presidente del Gobierno como de la Unión de Centro Democrático. En su mensaje al país, que duró doce minutos, afirmó:

Yo no quiero que el sistema democrático de convivencia sea, una vez más, un paréntesis en la Historia de España”,

frase que dio pie a pensar a muchos que renunciaba por la presión de los militares, teoría que pareció confirmada por el intento de golpe de Estado que tuvo lugar durante la investidura de Leopoldo Calvo-Sotelo el 23 de febrero.

Sin embargo, algunos autores insisten en el cansancio y la falta de apoyo de la Corona como principales factores para su dimisión. Otros, como Gregorio Morán, apuntan a las amenazas militares junto con la falta de apoyo real, todo lo cual unido a la rebelión en marcha de los miembros democristianos de su partido, que habrían pactado ya con los de Alianza Popular, serían, en opinión de Morán, las causas decisivas de la dimisión.

Supe de la dimisión de Suárez como presidente del gobierno al oír la noticia en la radio de mi coche durante un viaje trabajo de Madrid a Murcia en el que me acompañaban los abuelos maternos de mis hijos. Nos sorprendió a pesar de que en al ambiente flotaban hacía meses las dificultades que estaba encontrando Suárez para seguir gobernando. En 1981, el rey le concedió el título de duque de Suárez en reconocimiento a su papel en el recién iniciado proceso de la Transición.

Las elecciones generales del 28 de octubre de 1982 marcaron para muchos, como ya he dicho, el fin de la Transición por haber sido ganadas por el PSOE.

Pero años antes, en vista de que se cumplieran las previsiones que daban al PSOE ganador de las mentadas elecciones, el XXVIII Congreso que se celebró en Madrid en mayo de 1979 bajo el lema de Construir la libertad, después de un agrio debate, se rechazó la propuesta de Felipe González de que el partido renunciara al marxismo como ideología oficial. Felipe mostró su rechazo a tal renuncia dimitiendo como secretario general. A nadie se le ocultaba que su dimisión era un golpe de efecto. En septiembre se celebró otro congreso en Madrid, esta vez extraordinario, claro, para admitir la propuesta que había hecho González. Desde entonces, la ideología oficial del PSOE es el socialismo democrático, por otro nombre, la socialdemocracia, la misma que todos le atribuían y que tanto enojo causaba a algunos militantes, entre ellos, mi compañero de trabajo Manuel Panadero, futuro director general de transportes en el primer gobierno de González. Felipe González volvió a ser secretario general y, poco después, presidente del gobierno. La renuncia al marxismo se entendió como la señal inconfundible que avalaba al partido como candidato a gobernar en la España de la transición a la monarquía parlamentaria.

IV

República coronada o monarquía republicana

Etapa socialista

Un compañero de trabajo, forofo de Felipe González, tratando de conseguir que votara por el PSOE, me propuso ir al mitin que el joven candidato a la presidencia del gobierno había convocado en los terrenos que hoy ocupa el Jardín Botánico de la Ciudad Universitaria. Nunca lo hiciera. En su proclama no pudo evitar dar claras muestras de sentirse ya como presidente in péctore y la moderación política, le salía hasta por las orejas. No era reconocible el político radical que tantos años llevaba adoptando una postura de extrema izquierda, tratando de hacer creer que estar a la izquierda de la izquierda, la encarnada por el PCE. Felipe, el carismático líder socialista, se venía mostrando como republicano de toda la vida, como ferozmente antimonárquico y anti OTAN (había hecho ya una campaña bajo el eslogan oportunista “OTAN de entrada no” que contó con mi firma en al pasar por el puesto montado en la glorieta de San Bernardo. No supe hasta poco después que me había engañado. Felipe no aceptaba la bandera roja y gualda de la Monarquía y del Franquismo. Su bandera era la tricolor republicana, la que ahora prefiere de nuevo la izquierda y muestra en todas las manifestaciones. Tampoco aceptaba como himno nacional la vieja Marcha Real, por la misma razón. Pero ahora, al sentirse a las puertas de la Moncloa, Felipe se mostraba entusiasta siendo de centro izquierdas, es decir, socialdemócrata convencido, como su amigo del alma, el canciller alemán Willy Bran, la misma que hasta un momento antes había estado denostando con todas sus fuerzas.

Las elecciones generales del 28 de octubre de 1982 fueron las que tuvieron el mayor índice de participación de la democracia —fue del 79,8 %, lo que significó más de veinte millones de votantes—, por lo que tuvieron muchos la interpretaron como un «efecto relegitimador», en palabras de Santos Juliá, de la democracia y del proceso de transición política.

Bajo el lema Por el cambio, el PSOE cosechó un resonante triunfo al obtener más de diez millones de votos, cerca de cinco millones más que en 1979, lo que suponía el 50% de los votantes y la mayoría absoluta en el Congreso de Diputados (202 diputados) y en el Senado. El segundo partido más votado, Alianza Popular (106 diputados), obtuvo la mitad de los votos (5 millones y medio) y se quedó a 20 puntos porcentuales de distancia, aunque había mejorado de forma espectacular sus resultados respecto a 1979 al pasar del 6% al 26% de votos, convirtiéndose a partir de entonces en la nueva alternativa conservadora al poder socialista. El PCE (con 4 diputados) y UCD (con 12) fueron prácticamente barridos del mapa, así como el Centro Democrático y Social de Suárez (que sólo obtuvo 2 diputados). Por otro lado, la extrema derecha perdió el único diputado que tenía y el partido Solidaridad Española, promovido por el golpista del 23-F, el teniente coronel Antonio Tejero, el del “se sienten, coño”, no llegó a alcanzar ni los 30.000 votos. Mi voto fue para el PCE.

A fines de 1982 daba comienzo la larga etapa de los gobiernos socialistas del PSOE. Poco tardó Felipe González en decir digo donde digo Diego en el caso de la OTAN. En efecto: de un modo sin duda cínico, el 31 de enero convocó un referéndum que se celebró el 12 de marzo de 1986 para seguir o salir de la OTAN, organización a la que ya pertenecía nuestro país desde el 20 de mayo de 1982 por decisión del gobierno anterior, el de Calvo-Sotelo. El gobierno hizo campaña a favor de que España siguiera en la OTAN. O sea: “España de entrada en la OTAN no”, pero ahora defendía lo contrario, es decir, que España de salida, nada. El vuelco a la derecha de un partido que había jugueteado con el izquierdismo, esa enfermedad infantil del socialismo como dijo Lenin supuso su repentina curación de tan molesta enfermedad.

Un compañero de trabajo, Manolo Panadero, que militaba en UGT, fue nombrado director general de transportes con Enrique Barón como ministro de esa rama, manteniéndose en el cargo hasta 1992 con sucesivos ministros. Con motivo de una visita de cortesía que hizo Manolo a sus viejos compañeros, me enteré de que la consigna del partido que sustentaba al gobierno era esta: “Que España funcione”. Recuerdo que le espeté: Pero Manolo, esa es la misma propuesta que hizo uno de los últimos ministros de Franco, Silva Muñoz, de Obras Públicas, el llamado por eso Ministro Eficacia. Manolo no supo qué decir. Era obvio que Felipe se había propuesto que España creciera, que España se desarrollara, que España continuara con la senda desarrollista que el franquismo había iniciado en 1959 y que superara definitivamente la vieja y corrosiva dialéctica de las izquierdas y las derechas. Nunca escuché en boca de Felipe presumir de izquierdas y mucho menos acusar a otros del delito de ser de derechas.

Un hito especialmente resaltable del primer gobierno de Felipe González fue la firma del Acta de Adhesión de España a las Comunidades Europeas, evento que tuvo lugar el 12 de junio de 1985 en el Salón de Columnas del Palacio Real de Madrid y que entró en vigor el 1 de enero de 1986

Esta incorporación se realizó al mismo tiempo que la de Portugal. Tras esta adhesión, se produjo en España un periodo de prosperidad económica, en el que durante cinco años seguidos logró el mayor índice de crecimiento de toda la Comunidad. Este hecho constituyó el proceso más completo y sistemático de liberalización, apertura y racionalización de la economía española tras el Plan de Estabilización Económica de 1959. Esta adhesión, además del progreso económico, supuso la salida del aislamiento internacional que padecía desde la Declaración de Postdam de agosto de 1945 y la estabilización de la recién instaurada Democracia Coronada, aunque, como es sabido, el proceso de apertura se inició en 1953 con el acuerdo entre USA y la España de Franco, lo que la sirvió para entrar en la ONU.

Justo por lo contrario tengo que destacar la ignominiosa creación de los Grupos Antiterroristas de Liberación (GAL), agrupaciones parapoliciales que practicaron el llamado terrorismo de Estado contra ETA y su entorno. Los GAL estuvieron en activo entre 1983 y 1987, durante los primeros años de los gobiernos del PSOE. Durante el proceso judicial contra esta organización fue probado que fue financiada por altos funcionarios del Ministerio del Interior. Aunque decían combatir a ETA y a «los intereses franceses en Europa», a estos últimos por responsabilizar a Francia de «acoger y permitir actuar a los terroristas de ETA en su territorio impunemente», también realizaron acciones indiscriminadas debido a las cuales fallecieron ciudadanos franceses sin adscripción política conocida. Gracias a la investigación del diario El Mundo, en febrero de 1988, el juez Baltasar Garzón inició e instruyó una serie de hechos delictivos dentro de la guerra sucia contra ETA que llevaban a cabo los GAL. El ministro del Interior José Barrionuevo, el secretario de estado para la seguridad Rafael Vera y el gobernador civil de Vizcaya Julián Sancristóbal fueron condenados por malversación de caudales públicos y secuestro. También fueron condenados agentes de la Policía Nacional y de la Guardia Civil. Todo un baldón para el PSOE, cuyo magisterio propagandístico ha conseguido borrar de la memoria ciudadana.

El caso GAL tuvo una cosa: el caso Lasa y Zabala por los apellidos de dos vascos de 18 años que formaban parte del comando Gorki de ETA junto con otros terroristas. Uno de ellos, Íñigo Alonso, fue detenido cuando junto, sus compañeros de comando, acababa de atracar un banco. Los demás se enfrentaron a tiros con los agentes de la Policía y consiguieron huir. Lasa y Zabala pasaron a Francia. En 1983 se encontraban en Bayona, ciudad en la que trataron de acogerse al estatuto de refugiados políticos. El 15 de octubre de dicho año fueron secuestrados por los GAL y llevados al cuartel de Intxaurrondo de la Guardia Civil

Siguiendo instrucciones del general Galindo, los llevaron al palacio de La Cumbre, en San Sebastián, donde fueron torturados. A la vista del estado en que quedaron, el general Galindo, con el conocimiento del gobernador civil, Julen Elgorriaga y del teniente-coronel Ángel Vaquero, ordenó su asesinato y desaparición. Los guardias civiles Enrique Dorado y Felipe Bayo los llevaron a Busot (Alicante), cavaron una fosa, y el primero les disparó tres tiros en la cabeza. Después los enterraron y cubrieron los cadáveres con cal viva. En enero de 1985 se hallaron sus restos. En la primera autopsia de los restos se encontraron signos de tortura, pero no fueron identificados hasta 1995.

En abril de 2000 la Audiencia Nacional condenó por este crimen al general Galindo de la Guardia Civil destinado en Intxaurrondo; Ángel Vaquero, teniente coronel del mismo cuartel; Julen Elgorriaga, a la sazón gobernador civil de Guipúzcoa; Enrique Dorado y Felipe Bayo, agentes del instituto armado. En julio de 2001 el Tribunal Supremo aumentó estas condenas, por considerar como agravante su condición de funcionarios públicos, y en julio de 2002 el Tribunal Constitucional rechazó dar amparo a los condenados. El 2 de noviembre de 2010 el Tribunal Europeo de Derechos Humanos avaló estas condenas.

En total se les asignaron 365 años de cárcel; aunque, finalmente, y tras cumplir unos pocos años de cárcel (solamente cinco, en el caso del general Galindo) Galindo y Elgorriaga salieron de prisión aprovechándose de medidas penitenciarias favorables: ambos condenados fueron cambiados de régimen por motivos de salud, cumpliendo el resto de su condena bajo el régimen de libertad vigilada. Ángel Vaquero, en el momento de los hechos capitán del Servicio de Información destinado en Intxaurrondo, continuó sin embargo su condena en la prisión de Ocaña.

Otro baldón especialmente vergonzante de los gobiernos de Felipe González fue el caso Filesa, Malesa y Time-Sport. También este ha sido barrido de la memoria histórica y hasta de la memoria del partido. Se trata de la trama ilegal que usó el PSOE para financiarse. Transcribo en el Anexo II un artículo de El Mundo escrito por Agustín Yanel sobre este impresentable asunto, según el cual, un senador y un diputado socialistas, junto a otras personas del partido, con la colaboración de agentes de la Policía Nacional y números de Guardia Civil pusieron en marcha en la segunda mitad de la década de los ochenta un entramado empresarial con el objetivo de recaudar dinero para financiar ilegalmente el PSOE. En poco más de dos años amasaron unos 1.000 millones de pesetas, hasta que el escándalo fue conocido y todos acabaron condenados y en la cárcel, como en el caso de los GAL.

Fue uno de los casos más representativos de corrupción política en democracia. Incluso el ex presidente del Gobierno Felipe González y el exvicepresidente Alfonso Guerra se vieron obligados a declarar ante el juez.

Ocurrió en 1991 tras las denuncias de un contable de las empresas de la trama. La investigación se prolongó durante cuatro años, se inculparon a 39 personas acusadas de ser parte de una trama para la presunta financiación ilegal del PSOE por medio de las empresas Filesa, Malesa y Times Sport, con las que estaban estrechamente ligados tres de los principales encausados: el diputado Carlos Navarro y el senador Josep María Sala y otros altos cargos del PSOE. El diputado Guillermo Galeote, responsable de las finanzas del Partido tuvo que dimitir por este caso.

Asimismo, fueron inculpados Emilio Ybarra y José Ángel Sánchez Asiaín, presidente y vicepresidente respectivamente del BBV (ahora BBVA) además de Alfonso Escámez, ex presidente del Banco Central y otros directivos de diversas empresas que dieron dinero al PSOE mediante la realización de inexistentes informes. 

El senador socialista Josep María Sala fue condenado, por asociación ilícita y falsedad en documento mercantil, a una pena de tres años de prisión, así como a una multa de 350.000 pesetas.

Tras permanecer 25 días en la cárcel barcelonesa de Can Brians, Sala fue puesto en libertad provisional mientras se tramitaba el recurso de amparo presentado contra la sentencia.
 

Finalmente, se anuló la condena por falsedad en documento mercantil, y la pena total se situó en dos años de prisión. En septiembre de 2004, Sala regresó a la dirección del PSC. Asimismo, Carlos Navarro y los apoderados de Filesa, Luis Oliveró y Alberto Flores, fueron condenados a 11 años de prisión, pero no llegaron a cumplir sus condenas de forma íntegra, ya que obtuvieron en el año 2000 un indulto parcial, concedido por el Ejecutivo de José María Aznar, de tal forma que se redujeron a la mitad las condenas. En aquel momento, ya disfrutaban del tercer grado penitenciario.

El indulto se amplió al resto condenados y fue el de mayor concedido por un gobierno desde la Transición.

Mención aparte merece el llamado caso Juan Guerra que se destapó en 1989, así llamado por el hermano del vicepresidente Alfonso Guerra que fue acusado de enriquecimiento ilícito y de tráfico de influencias realizadas desde el despacho que ocupaba en la Delegación del Gobierno en Sevilla sin ostentar cargo alguno, por su condición de «asistente» de su hermano. Alfonso Guerra restó importancia al asunto y desafiante se negó a dimitir. La dirección del PSOE le apoyó y el grupo parlamentario socialista se opuso a la petición de la oposición para que se constituyera en el Congreso una comisión de investigación sobre el caso. La consecuencia de esta negativa fue el enrarecimiento de las relaciones entre el PSOE, por una parte, y el PP e Izquierda Unida, por otra, que se tradujo en el «enconamiento de la vida parlamentaria». Finalmente, Felipe González optó por destituir a Alfonso Guerra en enero de 1991. Por su parte Juan Guerra fue condenado en 1995 a dos años de cárcel, 50 millones de pesetas de multa y seis años y medio de inhabilitación para ejercer cargos públicos.

La salida del gobierno de Alfonso Guerra ahondó la división interna del PSOE que se había manifestado en el XXXII Congreso celebrado en noviembre de 1990 y durante el cual se enfrentaron el sector guerrista, fiel al todavía vicepresidente y crítico con el gobierno, y el sector renovador, afín al presidente González. Se desató entonces una sorda lucha que se agudizó con el estallido en mayo de 1991 de un nuevo escándalo de corrupción desvelado por el diario El Mundo, el ya comentado caso Filesa que esta vez involucraba a todo el partido.

Aún queda por reseñar el tercer caso de corrupción que salpicó al PSOE. Es el llamado «caso Ibercorp», también destapado por el diario El Mundo en febrero de 1992. El gobernador del Banco de España, Mariano Rubio, fue acusado y encarcelado por mantener una cuenta con dinero negro en Ibercorp, la entidad financiera de su amigo Manuel de la Concha, ex síndico de la Bolsa Madrid, también procesado. El exministro de Economía y Hacienda Carlos Solchaga, que había nombrado a Rubio, dimitió como diputado. Este escándalo mostró las conexiones entre el gobierno socialista y la llamada beautiful people (‘gente guapa’), anglicismo con el que se designaba a los hombres de negocios y nuevos ricos que habían surgido en la «era socialista». No en vano Solchaga presumía de que España era el país del “pelotazo”, el mejor país del mundo para enriquecerse pronto.

Como apuntó David Ruiz, esta acumulación de escándalos de corrupción dio lugar «a una casi generalizada decepción política de la ciudadanía. No sólo se incrementó de modo considerable la hostilidad de la oposición en el parlamento al grupo socialista, sino que se convertiría en clamor popular la recuperación de la ética pública».

El PSOE quedó tan cuestionado que careció de credibilidad cuando presentó la denuncia de un caso de corrupción que afectaba al Partido Popular, el llamado «caso Naseiro», por el nombre del tesorero del PP, Rosendo Naseiro. Finalmente, el caso fue sobreseído por el Tribunal Supremo al anular como prueba las grabaciones de conversaciones telefónicas en que se basaba la acusación.

En medio de este clima político se celebraron los dos grandes eventos previstos para 1992 y que colocaron a España en las primeras páginas de los medios de comunicación de todo el mundo —fue «el gran año de España en el mundo», según David Ruiz—. Los Juegos Olímpicos de Barcelona 1992, los primeros de la «posguerra fría» por lo que participaron 171 países, la cifra más elevada de las registradas hasta entonces, fueron un completo éxito —también para los atletas españoles que obtuvieron 32 medallas, cuando en las anteriores olimpiadas de Seúl sólo habían conseguido 4—. Por su parte en la Exposición Universal de Sevilla del mismo año estuvieron representados 112 países y 23 organismos internacionales y fue visitada por 18 millones de personas, muchas de ellas llegadas a la capital andaluza en el AVE Madrid – Sevilla, inaugurado por Felipe González al efecto. Los dos eventos brindaron «la oportunidad de presentar a España en el V Centenario del Descubrimiento de América como un país moderno, definitivamente alejado del estereotipo romántico (de charanga, pandereta, bandoleros y toreros)».

Los dos grandes eventos de 1992 ocultaron que se había iniciado una fuerte recesión económica que se tradujo en un aumento brutal del desempleo que llegaría a alcanzar una cifra sin precedentes, 3,5 millones de personas, lo que suponía el 24% de la población activa. Los dirigentes socialistas reconocieron que el año 1992, que iba a ser el de la proyección al mundo de la modernidad de España, fue «catastrófico». En mayo de 1992 ya tuvo lugar una huelga general convocada por UGT y Comisiones Obreras como protesta por el «decretazo» del gobierno que recortaba las prestaciones por desempleo. Sin embargo, en 1992 el gobierno obtuvo un resonante éxito en la política antiterrorista gracias a la colaboración francesa: los tres máximos dirigentes de ETA eran detenidos en la localidad de Bidart cerca de la frontera española.

La ruptura de la unidad del partido se volvió a poner en evidencia durante la discusión del proyecto de ley de huelga presentado por el gobierno que fue criticado por el grupo parlamentario socialista en el que los «guerristas» tenían la mayoría. La disputa se zanjó con el adelanto de las elecciones a junio de 1993.

A pesar de todos los pesares, el PSOE volvió a ganar las elecciones de junio de 1993 en contra de todo pronóstico. Obtuvo 159 escaños por 141 el PP, mientras que Izquierda Unida, liderada por el comunista Julio Anguita consiguió 18 diputados. Según Santos Julià, la clave del inesperado triunfo del PSOE «se debió en muy destacada medida al liderazgo de Felipe González, que aseguró a sus electores haber entendido el mensaje y se hizo acompañar, como número dos en la candidatura de Madrid, de Baltasar Garzón, el juez que más se había significado por sus investigaciones sobre la guerra sucia contra ETA Sin embargo, los socialistas no renovaron la mayoría absoluta que tenían desde 1982 —se quedaron a 17 escaños—, por lo que para poder gobernar Felipe González tuvo que llegar a un acuerdo parlamentario con los nacionalistas catalanes y vascos —descartando el pacto con Izquierda Unida, como habían insinuado algunos miembros del sector «guerrista»

La tarea más urgente del nuevo gobierno fue afrontar la crisis económica. El ministro de Economía y Hacienda Pedro Solbes presentó a finales de 1993 un paquete de Medidas Urgentes para el Fomento del Empleo entre las que se volvían a incluir los contratos a tiempo parcial y en prácticas del anterior Plan de Empleo Juvenil, además de la legalización de las agencias de trabajo temporal. La oposición a los llamados por los sindicatos «contratos basura» culminó con la convocatoria por UGT y CC OO de una huelga general para el 27 de enero de 1994, que obtuvo un gran éxito, constituyendo según David Ruiz «la última huelga general obrera del siglo». Por el contrario, el gobierno socialista sí alcanzó el consenso con el resto de las fuerzas políticas y con los sindicatos en el tema de las pensiones, fruto del cual fue el acuerdo llamado Pacto de Toledo de abril de 1995.

Sin embargo, el principal problema al que tuvo que hacer frente el gobierno socialista de Felipe González fue la aparición de nuevos escándalos, que se tradujeron en un duro enfrentamiento con la oposición, tanto del Partido Popular como de Izquierda Unida, por lo que el cuarto mandato socialista sería conocido como la «legislatura de la crispación».

A finales de 1993 el Banco de España, respaldado por el gobierno, intervino el Banco Español de Crédito y su presidente Mario Conde fue destituido del cargo. Un año después Conde fue procesado por estafa y encarcelado. Otro «tiburón» de las finanzas, Javier de la Rosa, también fue detenido por estafa y malversación de fondos en la empresa Gran Tibidabo y como representante en España del grupo inversor kuwaití KIO. Fue encarcelado en octubre de 1994, abandonando la prisión en febrero después del pago de una fianza de mil millones de pesetas.

Entre los nuevos escándalos, el más espectacular y el de mayor impacto popular y mediático fue el llamado caso Roldán. En noviembre de 1993, Luis Roldán, primer director no militar de la Guardia Civil de toda su historia, fue detenido acusado de haber amasado una fortuna gracias al cobro de comisiones ilegales de los contratistas de obras de la Benemérita y a la apropiación de los fondos reservados del Ministerio del Interior. Cuatro meses después, en abril de 1994, Roldán se dio a la fuga. El antiguo ministro del Interior que nombró a Roldán, José Luis Corcuera, tuvo que dimitir como diputado, así como el ministro del Interior del momento, Antoni Asunción, por haberlo dejado escapar. Roldán fue detenido un año después de su fuga en Laos y devuelto a España donde fue juzgado y condenado a 28 años de cárcel y al pago de una multa de 1.600 millones de pesetas —aunque algunos medios estimaron que su fortuna, depositada en bancos suizos, superaba los 5.000 millones—. Otro caso de arribismo dentro del PSOE fue el de Gabriel Urralburu, un excura que llegó a ocupar la presidencia de la Comunidad Foral de Navarra y que fue condenado a once años de prisión por el cobro a las constructoras que obtenían contratos públicos de comisiones que iban a parar a su bolsillo o el de sus amigos y familiares.

Estos escándalos abrieron de la nueva crisis de confianza en el gobierno socialista, que se tradujo en la exigencia de la dimisión del presidente del gobierno por parte de José María Aznar, presidente del PP y de Julio Anguita, coordinador general de IU. El primero no se cansó de decir en el Congreso un dicterio que se hizo famoso, “Váyase señor González”. Los dos juntos conculcaron la pinza contra natura contra el PSOE.

La última legislatura de González se ganó a pulso el sobrenombre de “legislatura de la crispación”.

Ante el cúmulo de escándalos el líder de CiU y presidente de la Generalitat de Cataluña, Jordi Pujol, retiró el apoyo parlamentario de los diputados de CiU al gobierno, por lo que éste quedó en minoría en las Cortes. El presidente del gobierno Felipe González no tuvo más remedio que convocar elecciones para el 3 de marzo de 1996.

El PP ganó estas elecciones, pero no por el amplio margen que se esperaba. Sólo superó al PSOE en 300.000 votos —9,7 millones frente a 9,4 millones y se quedó lejos de la mayoría absoluta.  Consiguió 156 diputados, 15 más que el PSOE. Por eso Felipe González dijo aquello de que la suya había sido “una dulce derrota”. De todas formas, el PP logró su objetivo: Desalojar a los socialistas del poder «después de intentarlo con denuedo durante más de una década». Aznar imitó al PSOE y recurrió a los nacionalistas para poder formar gobierno entre los partidos nacionalistas. Pero como nadie regala nada, los nacionalistas se cobraron, una vez más, sus favores a la gobernabilidad de España en nuevas prebendas de cara a la independencia que se añadieron a las ya conseguidas durante los gobiernos del PSOE. Recuerdo que, ante tamaña anomalía, escribí una carta el director de El País defendiendo que había llegado el momento de ir a la Gran Coalición. Qué inocencia la mía.

La gran decepción por el resultado electoral se la llevó IU, que esperaba acercarse al PSOE, e incluso superarle, y se tuvo que conformar con 21 diputados.

Etapa popular

José María Aznar, el nuevo presidente del Gobierno de España, tuvo la bufonada de decir que comenzaba la que llamó Segunda Transición. Se basada en que, si la Transición acabó con el triunfo socialista en 1982, con el suyo se iniciaba una nueva Transición, la segunda según él por haber vuelto al poder la derecha de toda la vida, la que fue tildada por la izquierda de ser heredera del franquismo. Hay que anotar que, en 1978, Aznar, militante del partido Alianza Popular, que había cambiado su nombre por el de Partido Popular, manifestó públicamente que no le gustaba la Constitución que acababa de entrar en vigor. Una confesión que la izquierda le echó en cara en numerosas ocasiones. Con razón. No obstante, como la Moncloa bien vale una conversión a la democracia de 1978, no tuvo inconveniente de jurar cumplirla y hacerla cumplir como gobernante. Desde entonces el Partido Popular, sus dirigentes y sus militantes se declararon constitucionalistas, una decisión que conviene celebrar, lo que no ocultaba a nadie que en sus filas había quienes pertenecían al llamado “bunker”, es decir, nostálgicos del franquismo. Por esta razón, Santiago Carrillo decía que si en España no había extrema derecha es porque estaba dentro del PP. No obstante, si esto fue así, hay que congratularse de la labor de domesticación de fachas que consiguió este partido.

Durante los gobiernos de Aznar. El primero (1996 – 2000) con apoyo del nacionalismo catalán se recuperó algo la economía y se cumplieron las normas para entrar en el club de países de la UE que implantaron el euro como nueva moneda. El segundo (2000 – 2004) fue un gobierno del PP con mayoría absoluta. Aznar escoró la política exterior de España hacia USA y apoyó la invasión norteamericana en Irak después de participar en la reunión de Las Azores con el presidente americano y el premier británico.

La oposición socialista desarrolló una aparatosa campaña basada en el No a la guerra a pesar de que España solo participó en ella con una nave hospital anclada en el golfo Pérsico.

El 14 de marzo de 2004 tuvieron lugar las elecciones generales, pero el día 11 se produjo en Atocha el atentado que costó la vida a cerca de 200 personas. El gobierno inculpó a ETA y lo mismo hizo el del País Vasco. Los socialistas sostuvieron que el atentado fue obra de comandos islamistas como represalia al apoyo de España a la guerra de Irak. Por ello, el 13 de marzo, día de reflexión antes de las elecciones, los socialistas convocaron una manifestación en Madrid al grito de “Aznar asesino”, un eslogan con el que continuaron su campaña antibélica. Se dijo que si el atentado hubiera sido obra de ETA, el PP habría ganado las elecciones como vaticinaban todas las encuestas. Pero que, si se demostraba que el atentado era islamista como castigo a la participación en la invasión de Irak, los socialistas podían ganar las elecciones. La Opinión se inclinó por esta hipótesis y el candidato a presidente del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero, un casi desconocido diputado que había sido previamente nombrado secretario general, se alzó con la victoria frente a Mariano Rajoy, el nuevo presidente del PP, el cual había sustituido a Aznar en el cargo cumpliendo así su promesa de renunciar al cabo de dos mandatos.

El atentado del 11-M fue el hecho más destacado que cambió radicalmente la política de España. Durante el primero gobierno de Zapatero, conocido como ZP (2004 – 2008) se produjo la gran crisis económica mundial de 2007 como consecuencia de la burbuja inmobiliaria del sistema bancario americano exportada al resto del mundo. El gobierno de ZP negó que la crisis afectara a España y continuó practicando una política de gasto hasta que fue llamada al orden por la Unión Europea y por USA en mayo de 2010. Ante la gravedad de la situación, ZP adelantó las elecciones a noviembre de 2010, elecciones que ganó el PP por mayoría absoluta.

El primer gobierno de Mariano Rajoy (2011 – 2015) tuvo que enfrentarse a una grave situación económica y financiera que recordó a la que el mundo padeció durante el crac de 1929. El paro laboral alcanzó niveles de vértigo y el sistema bancario, el que para ZP era el más sólido del mundo, entró en una situación de emergencia. La economía española estuvo al borde de ser intervenida por la UE como ya lo había sido la griega.

Rajoy volvió a ganar las elecciones de 2015 pero sin mayoría absoluta, lo que le obligó a gobernar en minoría. Tuvo que adelantar las elecciones a 2016 y volvió a ganarlas de nuevo sin mayoría debiendo gobernar con apoyos puntuales de otras fuerzas políticas. En junio de 2018 el PSOE presentó una moción de censura al gobierno apoyado por Unidos Podemos y por los nacionalistas vascos y los separatistas catalanes, inmersos estos en las consecuencias judiciales por el referéndum ilegal del 1 de octubre de 2017. El gobierno del PP perdió la moción y el nuevo secretario general del PSOE, Pedro Sánchez, que no era diputado, fue investido presidente del gobierno.

El gobierno de Pedro Sánchez necesitaba renovar puntualmente los apoyos de la moción, pero le fallaron a la hora de aprobar los presupuestos generales del estado de 2019. Por ello se vio obligado a adelantar las elecciones generales al 28 de abril. Todas las encuestas dan ganador al PSOE, pero sin mayoría absoluta. Por ello se especula con la posibilidad de que tenga que gobernar, de nuevo, con el apoyo de Unidos Podemos, nacionalistas vascos y separatistas catalanes.

Anexo 1

Antifranquistas: ¿todos?

Javier Tusell 22 MAR 1984

La lectura de Golpe mortal, el reportaje brillante y documentado de tres periodistas acerca de la muerte de Carrero Blanco, llama la atención por un punto que no ha sido suficientemente destacado y que, en cierto sentido, constituye una excepción para lo habitual en España. A lo largo de sus páginas se siente la impresión, casi inesperada, de que los ministros de Franco no eran de plástico, sino que respondían a una racionalidad de acción, aunque ésta pueda ser juzgada luego en términos políticos positivos o negativos. En definitiva, se trata de seres humanos que responden de forma variada al estímulo de la circunstancia. ¿Significa este tipo de tratamiento, tan hábilmente llevado a cabo por los autores, un cambio en el talante global de los españoles al tratar del régimen franquista? Es difícil decirlo, pero de lo que no cabe duda es de que cuando se echa una ojeada a nuestro entorno, por lo menos hasta hace muy poco tiempo, la forma de tratar el régimen pasado, habitual en todos los medios, sean periodísticos o no, ha sido muy diferente. Da la sensación de que el régimen de Franco sea la oprobiosa; es decir, no sólo una dictadura, sino un tipo de régimen absolutamente montado en el predominio de poquísimos sobre una inmensa masa de opositores irracional en el comportamiento y, por tanto, inexplicado en sus praxis.

Cuando apenas se había iniciado la transición, Raymond Carr recuerda haber oído las declaraciones de un futbolista, expulsado del campo de juego por comportamiento poco correcto, declarando a la radio: “No creía que en una democracia pudieran pasar estas cosas”. La democracia fue recibida como una especie de acto mágico que necesariamente purificaba a los malos del pasado, que, de forma consiguiente, habrían sido multiplicados basta el infinito. Ahora, en el ambiente popular, lo que caracteriza al juicio sobre el régimen pasado es un cierto antifranquismo retrospectivo. Respecto de él, lo que habría que recordar es que tenía sentido ser antifranquista en el momento en que existía Franco; entonces era lo éticamente correcto y lo peligroso, aunque bastante menos de lo que puede pensarse en principio. El antifranquismo retrospectivo tiene el inconveniente de ser una actitud autocompasiva y auto justificativa, pero, sobre todo, el de modificar la realidad pasada inmediata. La modificación más evidente sería la de considerar que todos los españoles habían sido antifranquistas durante aquel régimen. Ahora bien, basta con tener un mínimo de voluntad de veracidad para comprobar que no fue así. Si tomamos tan sólo el mundo intelectual, comprobaremos que figuras destacadas de él en el momento presente ejercieron funciones para las que fueron nombradas a dedo, ocuparon puestos de censor o de entusiasta ditirámbico del régimen, tradujeron e introdujeron ideologías de corte fascista y, sobre todo, escribieron bajo premisas que eran hechas posibles por la ideología propia del régimen.

Ahora bien, admitiendo esta realidad indudable, ¿qué pasa porque los hechos hayan sido objetivamente así? Lo que probablemente habría que hacer sería asumirla, tratar de comprenderla en su sentido real y no maquillarla con el propósito de modificar retrospectivamente el pasado. La dictadura de 40 años fue, ante todo, una situación que, a los ojos del historiador, parece inevitable después de una guerra civil. Que fuera una situación quiere decir que más que un régimen y antes que ello era la admisión por parte de aquella porción de la sociedad española que había ganado la guerra civil de un arbitraje ejercido por Franco. Es difícil prever qué hubiera sucedido si la guerra civil la hubieran ganado los otros, pero muchos (y entre ellos algunos extranjeros ilustres como Willy Brandt y George Orwell) juzgaron en su momento que un régimen dictatorial de algún tipo hubiera sido, en todo caso, la salida lógica del final de la guerra civil. Este tipo de situación perduró porque, guste o no guste, hubo años en los que tuvo un consenso relativamente elevado entre la población. Es difícil decir cuáles fueron exactamente esos años, pero probablemente deben situarse entre 1950 y 1956. La asunción de lo que realmente fue el franquismo debiera partir también del conocimiento de que no hubiera perdurado todo el tiempo que se mantuvo en el poder sin los errores de la oposición. Hemos hecho con frecuencia la historia no del franquismo, sino del antifranquismo, y probablemente hemos errado los historiadores en la atribución relativa de peso político de este último, quizá inferior a lo que le correspondería si hemos de prestar atención a los juicios que con respecto a él se hacen habitualmente.

Incluso habría que decir que las vías de salida del franquismo tampoco suenan como excesivamente heroicas, sino como paradójicas y con unos puntos de partida que hoy nos pueden resultar difícilmente aceptables. El falangismo de izquierdas era discrepante con respecto a Franco porque la apariencia de éste le parecía poco heroica, pero sobre todo lo era porque resultaba infinitamente más fascista que el general. Lo curioso es que de él se haya nutrido una cierta socialdemocracia. En cuanto al monarquismo liberal, al principio era mucho más lo primero que lo segundo, y sólo con el paso del tiempo supo percibir que la democracia tenía necesariamente que venir vinculada al establecimiento de un nuevo régimen institucional. Ha habido una tercera vía de crecimiento del antifranquismo, que es la de la edad, de la cual se puede decir que no es un mérito, sino un estado, y como tal tiene algo de inevitable. Incluso habría que añadir que la evolución producida en los sectores juveniles fue mucho más lenta de lo esperable y de lo que hoy habitualmente se dice. La generación que en los años sesenta estaba en la universidad no era en su totalidad, ni siquiera en su mayoría, antifranquista; los que estábamos en contra del régimen éramos más bien una exigua minoría. Sólo luego, aunque muy rápidamente, ser a la vez profesor universitario y ser franquista se convirtió en una extravagancia.

El conjunto de hechos y de datos que aquí se mencionan no quisiera ser sólo un desagradable recordatorio, sino un intento de asumir el pasado de forma que la reconstrucción del mismo tenga una voluntad inequívoca de veracidad. Eso, desde luego, cuesta, pero, evidentemente, es un sano ejercicio colectivo. La prueba de que no es fácil es que sólo hace unos años Italia ha empezado a juzgar con voluntad de imparcialidad al régimen fascista, un sistema político que, si produjo por represalias mil veces menos muertos que el franquismo, sin embargo, fue infinitamente más totalitario. En los últimos años se ha producido, sin embargo, un intento de asumir su historia, de aceptar que Italia fue pasivamente fascista en una buena cantidad de años y de que lo fueron incluso personajes relevantes que ocupan un lugar merecidamente importante en la Italia actual. Si Italia ha tardado 30 años en hacer esta operación de reconversión de sus juicios históricos, España podría hacerlo antes. No en vano hemos hecho ya una operación histórica difícilmente repetible, como es la transición desde un régimen dictatorial a una democracia.

Si no tuviera un contenido excesivamente moralizante, yo me atrevería a decir que el franquismo fue un pecado colectivo, de todos los españoles, como una especie de purgatorio impuesto como consecuencia de haber cometido el acto contra natura de una guerra civil. Habría que admitir además que la dictadura es siempre una tentación. El hacerlo es la mejor vacuna para evitar que se produzca un régimen de este tipo.

Anexo 2

Después de las elecciones del 20D de 2015 “En España la situación es seria y preocupante”

Formado en Oxford, Juan Carlos Fusi es uno de los referentes de la historiografía española. Un nuevo libro disecciona su trayectoria

José Andrés Rojo

El historiador Juan Pablo Fusi en Madrid.

3 ABR 2016 – 00:09 CEST El historiador Juan Pablo Fusi en Madrid.

El rigor académico, un inmenso caudal de lecturas, su larga experiencia como docente y una importante bibliografía, en la que se mezclan trabajos de investigación con brillantes ensayos de divulgación, han convertido a Juan Pablo Fusi (San Sebastián, 1945) en uno de los referentes indiscutibles de la actual historiografía española. Formado en Oxford con Raymond Carr, donde fue después director del Centro de Estudios Ibéricos del St Antony’s College, es catedrático emérito de la Universidad Complutense y enseñó también en las de Cantabria y el País Vasco. Fue director de la Biblioteca Nacional, del Instituto Universitario Ortega y Gasset y de la Fundación del mismo nombre. “Mi generación ha estado ‘a la sombra de la democracia’, por servirme de una idea del británico David Cannadine, que dice de los historiadores de su país que han estado a la sombra de Churchill”, comenta. “Qué pasó para que fracasara la República y se produjera la Guerra Civil, y qué había que hacer para restablecer una democracia que fuera estable tras la dictadura: ésa ha sido la preocupación que nos define”. Fusi acaba de publicar BREVE HISTORIA DE ESPAÑA Galaxia Gutenberg), donde sintetiza admirablemente cuánto ha pasado desde la Edad Media hasta hoy. Además, un libro colectivo Juan Pablo Fusi, el historiador y su tiempo (Taurus) que han coordinado María Jesús González y Jesús Ugarte disecciona su trayectoria.

¿Cuáles son sus credenciales como historiador?

Tengo que ver con lo que se llama empirismo británico: el horror a las generalizaciones y la exigencia de que las afirmaciones que sean verificables. No usar lenguajes aparatosos, no abusar de los conceptos de clase. Raymond Carr fue muy importante. Y también Isaiah Berlin. Me interesa su crítica del determinismo: su idea de que la historia es azarosa e irrepetible amplía la libertad del individuo. Trabajé también muy intensamente con el grupo de historia social de Oxford.

Dedicó mucho tiempo al País Vasco y subraya su pluralismo. ¿No es extraño con un nacionalismo tan fuerte?

A partir de 1880 la industrialización y la modernización rompen el País Vasco etnográfico. Hay una llegada masiva de trabajadores y una ruptura del tejido tradicional con la industrialización masiva de la ría de Bilbao, y empiezan a coexistir varias culturas y subculturas políticas. El pluralismo es lo que define a la sociedad vasca de entonces y conviven allí una cultura vascoespañola y una cultura euskaldun, hay liberales y conservadores, carlistas, socialistas, republicanos y nacionalistas.

¿Por qué entonces la irrupción de ETA?

Los historiadores no podemos contestar a los porqués sino a los ‘cómo y cuándo’, que a veces puede ser otra manera de explicar el porqué. ETA surge en los sesenta por la falta de libertades en España durante el franquismo y como una reacción generacional, pequeña, y minoritaria, en el interior del nacionalismo a la pasividad del PNV, desaparecido en la clandestinidad y el exilio. Hay un temor evidente en sus primeros dirigentes a que el intenso desarrollismo de aquellos años fuera a acabar con cualquier conciencia de identidad vasca.

¿Eran muy fuertes esas señas de identidad?

Esa conciencia identitaria nunca desapareció: la mantuvo una parte de la Iglesia, estaba en los deportes rurales, en la vida de las localidades pequeñas, en el euskera, aunque fuera declinante. Ese sentimiento, que parecía dormido y anestesiado, está en el surgimiento de ETA. Y la dureza de la represión que se da entre 1970-1975 favorece su legitimación no sólo entre los nacionalistas, sino también entre los que luchaban contra la dictadura.

Su interés por el nacionalismo, ¿viene de ahí?

Influye la preocupación por el País Vasco y por “las circunstancias” de España, por utilizar términos de Ortega. Mi primer libro es de 1975, y el establecimiento de la democracia y la reorganización territorial del Estado español son en ese momento cuestiones insoslayables. Había una idea que pesaba mucho: el supuesto fracaso de España como nación durante el siglo XIX y XX, que se había traducido en la destrucción de la República y la Guerra Civil. Toda mi generación se ha acercado a este asunto por diferentes caminos, estudiando la Restauración, el caciquismo, el movimiento obrero, la izquierda, la ultraderecha… La gran preocupación era conquistar una democracia estable.

¿El peso de un Estado español fuerte provocó el surgimiento de los nacionalismos periféricos?

En España no hubo un nacionalismo fuerte. Así lo entendió Ortega cuando decía en 1916 o 1917 que del localismo que hay, había que hacer el nacionalismo que no hay. O Azaña, cuando al final de la guerra afirmaba que España no tuvo nunca un gran Estado como Francia: estaba pensando que no habíamos tenido escuelas, ni maestros que explicaran una idea del país, ni una acción del Estado que construyera carreteras por todo el territorio. El Estado español del XIX es débil, pequeño e ineficiente y no sirve como elemento de vertebración nacional. Así que no supuso ninguna presión para que surgieran los nacionalismos periféricos.

No sería un Estado fuerte, pero España no dejó de provocar incontables lamentos.

En términos académicos, el esencialismo español, ese agonismo trágico del 98, me parece agobiante e históricamente falso. Es un Estado débil, incluso se podría hablar de Estado fallido, pero no creo que haya una excepcionalidad española. Tal vez el error que produce tanto catastrofismo sea medirse con Gran Bretaña, Francia o Alemania. Si la comparación es con Italia, Portugal, los países del este de Europa o Grecia, se ve claramente que no estamos en la cola del furgón. Lo que es llamativo es esa gran crisis de conciencia nacional, ese dolor de España.

¿Cuál es el peso de Franco en todo esto? Le dedicó una biografía.

Fue un encargo de EL PAÍS. El Franco que aparece ahí es un Franco distante, frío, anodino, mediocre. Y, fundamentalmente, un militar. Esto es importante porque, en ese Estado débil, fue el Ejército, y sobre todo el Ejército de Marruecos, el que termina encarnando el nacionalismo español. Nunca fue de masas, como el fascismo italiano o el nacionalsocialismo alemán, pero sí existió un Ejército que fue hostil al liberalismo, al sistema parlamentario, y luego a la República. Un Ejército que se identifica como la columna vertebral de España y que interviene con dureza cuando la ve amenazada. Eso le da carácter al régimen franquista: fue menos fascista que el fascismo italiano, pero infinitamente más represivo. La dictadura fue una amalgama de ideas de Falange, del catolicismo y del sentido de unidad, disciplina y orden de los militares.

¿Puede hablarse de la dictadura como de un paréntesis en la historia de España?

No. Hay dos cambios importantes: el despegue económico y social de los sesenta; y la construcción de un fuerte sector público y una Administración poderosa con cerca de un millón de funcionarios. Poco a poco, la distancia entre una sociedad en vías de modernización y un régimen anacrónico es cada vez mayor. No es que la Transición ocurriera de manera automática, pero aquello no podía aguantar: no habría franquismo tras la muerte de Franco.

¿De dónde viene su interés en tantas de sus obras por la cultura?

Es una de las contradicciones con mi formación anglosajona. El historiador Alan Taylor llegó a decir que Virginia Woolf carece de interés para el historiador. Pero los de mi generación estuvimos en esto, íbamos a jugar a los intelectuales en la facultad con Camus debajo del brazo, y comprábamos Le Monde los viernes por el suplemento de libros y las crónicas de cine. Yo las recortaba y las pegaba en un cuaderno. Isaiah Berlin sí creía en el poder de las ideas. El mundo del pensamiento explica y jalona buena parte de la actividad humana, y la novela o el cine son una reflexión sobre esta condición: un pedazo de la realidad de la que también debe ocuparse el historiador.

¿Y su dedicación a tantos trabajos de síntesis?

Me propusieron hacer una “historia mínima” de España y acepté halagado porque el encargo procedía del Colegio de España de México y era un homenaje a Daniel Cossío Villegas: palabras mayores. Es un trabajo que exige muchas lecturas para poder ir a lo esencial y establecer los temas más sustantivos. He querido ir introduciendo la idea de que hay mucho de azaroso en la historia, y las cosas pudieron haber sido muy distintas.

¿Cómo ve la España de ahora?

Con perplejidad, irritación y preocupación. Hay mucha confusión. Quizá un sistema de partidos más complejo favorezca el juego de consensos y alianzas, habrá que esperar. Pero todo lo que he ido viendo me resulta desolador, o por quitar dramatismo, decepcionante. Camus dijo en algún momento refiriéndose a la crisis de Argelia que la situación era seria, pero no trágica. En España la cosa es seria y preocupante, decepcionante en muchos sentidos, pero todavía no ha llegado a ser trágica.

Anexo 3

La paradoja de la Transición

(cita del libro de Javier Cercas “El punto ciego”)

En el año 2009 publiqué un libro titulado Anatomía de un instante, que en su momento la mayoría de los lectores españoles no consideró una novela; yo mismo, aunque sabía o sentía que era una novela, prohibí de entrada a mi editor que lo presentara como tal.

Anatomía explora un momento decisivo en la historia reciente de España. Ocurrió la última vez que los españoles practicamos nuestro deporte favorito, que no es el fútbol, como suele pensarse, sino la guerra civil o, en su defecto, el golpe de Estado; como mínimo hasta hace poco: al fin y al cabo, hasta hace poco tiempo todos los experimentos democráticos terminaron en España con golpes de estado, de tal manera que en los dos últimos siglos se produjeron más de cincuenta. El último tuvo lugar durante la tarde del 23 de febrero de 1981, seis años después de la muerte del general Franco, cuando un grupo de guardias civiles entró disparando en el abarrotado Parlamento español con la intención de terminar con la democracia, instaurada apenas cuatro años atrás, y solo tres de los parlamentarios se negaron a obedecer sus órdenes y tirarse bajo los escaños: uno de los tres era Adolfo Suárez, antiguo secretario general del partido único franquista, primer presidente democrático y arquitecto principal de la transición de la dictadura a la democracia; otro era Manuel Gutiérrez Mellado, vicepresidente del gobierno y antiguo general franquista reconvertido en líder del ejército democrático; el último era Santiago Carrillo, secretario general del partido comunista, líder del antifranquismo durante la dictadura y, junto con Suárez, coarquitecto de la transición. Siempre he pensado que las preguntas más fértiles son las que hacen los niños (…) así que mi libro se hace una pregunta elemental, casi infantil: ¿por qué precisamente los tres?; ¿or qué quienes aquella tarde se jugaron la vida por la democracia fueron precisamente esos tres hombres que la habían despreciado durante casi toda su vida?; ¿significa algo especial ese instante?; ¿qué sentido encierra ese triple gesto, si es que encierra alguno?; y sobre todo,: casi intuimos de inmediato el porqué del gesto de Gutiérrez mellado, un viejo general que había hecho la guerra con Franco y llevaba la disciplina en las venas, pero ¿por qué el gesto de Suárez –alguien por quien, dicho sea entre paréntesis, entes de escribir el libro yo no sentía la menor simpatía-, qué significado encierra el gesto de este hombre, qué significa la imagen grabada por televisión de Suárez sentado en su escaño azul de primer ministro, solo e inmóvil en el hemiciclo bruscamente desierto mientras silbaban a su alrededor las balas de los golpistas?. Tratar de contestar a esas preguntas o de agotar el significado de ese instante obliga a indagar en las biografías de los tres protagonistas y en los azares inverosímiles que las unen y las separan, así como a describir la extraña figura que componen, obliga a explicar el golpe de Estado del 23 de febrero, obliga a contar la historia del triunfo de la democracia en España en los años setenta y ochenta del siglo pasado. (Es lo que hace Anatomía de un instante de forma convincente)

Anexo 4

La obligación de la verdad

La política es más que nunca una lucha de intereses que se camufla como una lucha de ideales. No alcanzar un acuerdo sobre quién debe gobernar no es la causa de la enfermedad, sino tan solo uno de sus síntomas más mordicantes

Fernando Rey

13 ABR 2016 – 00:00 CEST

Como constitucionalista interino en tareas políticas (me apunto a la autodefinición de Ortega como diputado por León en las Cortes republicanas: “transeúnte de la política”), no tengo más remedio que contrastar cada día mis teorías adquiridas en libros y aulas con la realidad de gobierno. El ejercicio es apasionante pero difícil porque descubro que no pocas de las ideas que me parecían incontestables no son sino un envoltorio de relatos mitológicos; no son ideas, sino ideología, es decir, el mapa de una realidad conflictiva que se dibuja no desde las coordenadas reales de cómo funcionan las cosas, sino de cómo algunos imaginan que sería deseable que lo hicieran.

Recuerdo las agudas reflexiones de Ortega sobre la búsqueda de la verdad en El espectador. De todas las enseñanzas que la vida me ha proporcionado, escribió Ortega, “la más acerba, inquietante e irritante para mí ha sido convencerme de que la especie menos frecuente sobre la Tierra es la de los hombres veraces”. Y constataba: “No he hallado en derredor sino políticos, gentes a quienes no interesa ver el mundo como él es, dispuestas a usar de las cosas como les conviene. Política se hace en las academias y en las escuelas, en el libro de versos y en el libro de Historia, en el gesto rígido del hombre moral y en el gesto frívolo del libertino, en el salón de las damas y en la celda del monje. Hace falta afirmarse de nuevo en la obligación de la verdad, en el derecho de la verdad”. Por supuesto, ese deseo de la verdad no asegura su éxito en quien lo alega. Es posible que solo quien dude seriamente y no solo a efectos retóricos de sus propias “verdades” está en condiciones de acceder a la verdad íntima de las cosas, y siempre de modo precario. Joubert dijo que hay que presumir de ser razonable, pero no de tener razón.

Todo esto viene a cuento porque me parece que lo peor de nuestro estancamiento político actual no proviene de la dificultad concreta de formar Gobierno, sino que trae causa de un problema mayor y anterior de ética pública, un problema de actitud, estilo y formas. No alcanzar un acuerdo sobre quién debe gobernar no es la causa de la enfermedad, sino tan solo uno de sus síntomas más mordicantes. Me atrevería a resumir el problema en la dificultad de nuestros actores políticos para conjugar un “nosotros” que abarque de modo creíble a toda la ciudadanía. Por el contrario, a la mayoría solo parece importarle “los nuestros” y “lo nuestro”.

Una aspiración a la unidad total es incompatible con la idea democrática

Los nuestros. Obviamente, “partido” es lo opuesto a “entero”. El proceso político es impensable sin posiciones diferentes porque debe reflejar el pluralismo social. Una aspiración a la unidad total, incluso en momentos críticos como el presente, es imposible e incompatible con la idea democrática, que solo avanza desde el conflicto derivado del pluralismo, o, mejor dicho, desde la resolución pacífica y dialogada de ese conflicto. Los partidos expresan un “nosotros” diferente a “los otros”. Pero en nuestro país ese “los nuestros” está alcanzando una densidad paroxística y las cúpulas de los partidos corren el riesgo de convertirse en sectas especializadas en asaltar el poder y mantenerse en él. Los ciudadanos, e incluso los militantes de base, asistimos atónitos e impotentes (ya que luego se nos permitirá elegir solo a quienes hayan resultado vencedores) a las luchas de clanes dentro de los partidos, eso sí, envueltas en toda una justificación retórica sobre no sé qué elevados ideales. Postulan un “nosotros” limitado a los que forman parte de la tribu, a “los nuestros”. El tono sectario se agrava aún más en el caso de los populistas (que parten de una presunción de culpabilidad moral de todos los que no son como ellos) y de los independentistas (cuyo discurso opone, casi genéticamente, a unos españoles frente a otros).

Lo nuestro. El paupérrimo equipaje ideológico de nuestros partidos solo les sirve a sus élites para disfrazar con un aura de respetabilidad su ansia de poder. Solo se habla de “lo nuestro” para legitimarse ante “los nuestros”. El resultado es el argumentario previsible, políticamente correcto (incluso cuando es incorrecto) y pobre de costumbre. La única verdad que importa es la electoral. No dejemos que la realidad estropee nuestros prejuicios. Los intelectuales han huido de los partidos: ya solo hay expertos en comunicación. El parlamento real, el que está en los platós de las televisiones, y los otros, los formales, sirven para teatralizar las discrepancias según un guion prefijado. Lo único que interesa es asaltar el poder, pero ¿cómo podría hacerse con éxito si hubiera que explicar a la ciudadanía que, por causas nacionales e internacionales que nos superan ampliamente, tenemos que reducir drásticamente las cuentas o que, por ejemplo, la sanidad y la Seguridad Social no son sostenibles sin cambios?

Los intelectuales han huido de los partidos: ya sólo hay expertos en comunicación

Como miembro de un Ejecutivo regional, por cierto, bien riguroso en el manejo de los dineros públicos, me preocupa y mucho la creciente esquizofrenia entre el discurso de la realidad económica, tan crudo y restrictivo aún, y el discurso político de la extensión ilimitada de los derechos, tan halagador para el electorado y tan deseable como imposible. En contra de la demagogia partidista, el dinero no se reproduce por esporas; no va a haber más dinero a corto plazo; no podemos negarnos a pagar a nuestros acreedores (ya no cuela hacerse un Tsipras); el dinero que va para una cosa y para alguien hay que detraerlo de otra y de otros destinatarios; no es fácil distribuirlo consensuadamente entre las comunidades; y la idea de despojar a los ricos para repartir a los pobres y de esa manera solucionar todos los problemas funciona mejor en el bosque de Sherwood que en un país real.

Evidentemente, hay que embridar a los que se están haciendo salvajemente ricos con la crisis y hay que revertir el crecimiento de las desigualdades, pero con enfoques menos simplistas y anticuados. Como también es una obligación de la verdad, en contra de la otra gran demagogia partidista (que, de nuevo, tan solo oculta el ansia por mantenerse en el poder), observar que no cabe la independencia de un territorio de una manera tan sencilla y amable como la que se propone, y, mucho menos, si es de manera unilateral. La política es más que nunca una lucha de intereses (la defensa de “lo nuestro” para “los nuestros”) que se camufla como una lucha de ideales (de igualdad, de nación, etcétera). Nuestros partidos tienen graves dificultades para construir un discurso serio sobre un “nosotros” nacional. El problema no es ya solo tener Gobierno, sino cumplir o no con la obligación de la verdad.

Fernando Rey es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad de Valladolid y consejero de Educación de Castilla y León.

Anexo 5

Gregorio Morán: «Los padres de la Transición eran absolutamente impresentables»

http://www.jotdown.es/2013/12/gregorio-moran-los-padres-de-la-transicion-eran-absolutamente-impresentables/

Publicado por Antonio Yelo

Gregorio Morán para Jot Down 0

Leídos los libros de Gregorio Morán (Oviedo, 1947) no se entiende por qué aún no ha sido aupado por los medios de comunicación de nuestro país a la categoría de leyenda del periodismo de investigación como sí se ha hecho en los Estados Unidos con Seymour H. Hersh o Bob Woodward por poner solo dos ejemplos. Algo tan injusto e incomprensible tiene dos ventajas. La primera que el protagonista de esta entrevista sigue trabajando en lo que mejor sabe hacer, escribir ensayo periodístico. Y la segunda que continúa siendo una persona accesible que se caracteriza por la claridad con la que habla. Caiga quien caiga, Gregorio Morán se mantiene fiel a sus principios y sigue compartiendo con sus conciudadanos toda aquella verdad de la que tiene conocimiento. Esa suerte tenemos.

Gregorio Morán escribe desde hace veinticinco años una columna en La Vanguardia, «Sabatinas Intempestivas», ha trabajado también en Diario 16, Opinión y La Gaceta del Norte, rotativa de la que fue director. Tiene publicados varios libros sobre los temas más polémicos de los últimos cuarenta años de la historia de España de los que destacan las dos biografías sobre el primer presidente de la democracia: Adolfo Suárez: Historia de una ambición (Planeta, 1979) y Adolfo Suárez: Ambición y destino (Debate, 2009). Se le sigue considerando uno de los más fiables expertos en un tema siempre controvertido: la Transición política española del franquismo a la democracia.

Me gustaría comenzar recordándole la dedicatoria de su biografía del primer presidente de gobierno de la democracia, Suárez. Ambición y destino (Debate, 2009): «A mi generación que empezó luchando contra la mentira que fue el franquismo y que luego acabó aceptando todas las demás». ¿Realmente toda su generación luchó contra el franquismo?

Se trata de un recurso retórico. De otro modo tendría que utilizar «yo y mis amigos» u otra expresión del estilo. ¿Toda mi generación luchó contra el franquismo? Pues no. Hubo una parte —no la más importante— que sí lo hizo, pero no la mayoría. Ahora se ha inventado una forma perfecta de meternos a todos que es aquello de la «oposición silenciosa». Me parece una fórmula preciosa para engañarnos a nosotros mismos. Mi abuela se murió sin saber que había pertenecido a la «oposición silenciosa» porque nunca había dicho absolutamente nada, ¿me entiende? Esto lo inventó un profesor cuyo comportamiento político y el de su familia fue el de una muy silenciosa oposición. Pero se puede decir que en la generación de los sesenta y los setenta era ya insólito encontrarte a alguien que fuera franquista. A partir del 68 o 69 ya no recuerdo que se dijera que «fulano es un franquista». Hablo del entorno generacional. Sí había algo significativo —aunque ahora se niegan a reconocerlo—. Sí había mucho Opus. Opus «opositor», que te vendía como una maravilla a Gonzalo Fernández de la Mora y al resto de los pensadores (o supuestos pensadores) del Opus. Luego todos esos que te querían convencer pasaron al PCE. Tengo, por ejemplo, un amigo, que tuvo importancia durante un tiempo en la política asturiana e incluso en Madrid, al que hace poco recordé que, en aquellos tiempos, paseando por un parque en Oviedo, me dijo que estaba en la obra (el Opus) y que había que leer a Fernández de la Mora. Me lo negó. «¿Yo?, imposible», me dijo.

Conociendo lo que fue Suárez antes de llegar a presidente del gobierno: su poca formación, su falta de cultura, su incapacidad para aprobar unas oposiciones… ¿Por qué se le eligió para ser el primer presidente de la democracia?

Bueno, ahora resulta que Suárez tiene muchos padrinos. Además, al estar mudo, sordo y ciego —podríamos decirlo así— tiene muchísimos más. Suárez es un sucesivo descubrimiento para cosas diferentes: Franco lo descubre como gobernador civil, otro lo descubre para dirigir la televisión, otro como secretario general de algo… Para la Transición el hombre que lo descubre —no hay discusión posible— es Torcuato Fernández Miranda. Lo que ocurre es que ya nadie se acuerda de este señor. El otro día me invitaron a la universidad Pompeu Fabra a hablar de la Transición y los chicos, nacidos en el 93, no tenían ni idea de quién fue Torcuato Fernández Miranda. Por eso la única figura que queda es la del Rey. El Rey como supuesto descubridor de Suárez. Además, con esta última galería de pelotas… ¿Cómo se llama el que le hizo el famoso discurso a Suárez?

Fernando Ónega.

Fernandito, si. Conozco demasiado a Fernando Ónega como para leerme su libro, su última mentira [se refiere a Puedo prometer y prometo; Plaza & Janés, 2013, NdR]. No es que le hiciera ese discurso a Suárez, le hizo todos los discursos. Por orden siempre de Torcuato Fernández Miranda. Del mismo modo que hacía todos los editoriales del diario Arriba, de la Falange. Siempre por orden de don Torcuato. Y si fue cesado para realizar esa tarea, se debió a que un día se le ocurrió a Ónega publicar un editorial sin consultar con él. Es decir: era simplemente un plumilla. Un plumilla brillante, aunque también es verdad que no tenía mucha competencia. Bueno, sí, alguien había: en Arriba también publicaba Pedrito Rodríguez, otro gallego. Ahora nadie se acuerda de nombres como ese, pero en su día fue importante. No me imagino las boberías que ahora puede estar diciendo Fernando Ónega.

¿Y lo que Suárez hizo por el entonces príncipe Juan Carlos cuando era director de TVE, o cuando era gobernador de Segovia? ¿Y lo bien que gestionó Adolfo Suárez lo de la huelga de Vitoria o lo de la tragedia de Los Ángeles de San Rafael? ¿Todos aquellos servicios no influyeron en la decisión del Rey en favor de Adolfo Suárez?

Para el Rey aquello no fue significativo porque eran cosas que las hacían también otros. Quizá no tenían el talento que tenía Adolfo, porque Suárez era un seductor de serpientes. Ahora, que al Rey le llamaba la atención la predisposición de Suárez al servicio —para entendernos—, eso es obvio. En definitiva: el Rey sí sabía quién era Suárez.

Se ha dicho repetidas veces que el Rey y Torcuato no eligieron a Areilza o a Fraga que, en principio, y analizando los candidatos de forma objetiva, estaban más cualificados, porque no hubieran sido tan manipulables como Suárez. ¿Es eso cierto?

La decisión se tomó entre el Rey y Torcuato. El Rey no se distingue —y lo ha demostrado a lo largo de su carrera— por un talento político notable. En una sociedad normal —esto hay que decirlo así de claro— hubiera sido ya derrocado. Por todo tipo de motivos: irregularidades económicas, irregularidades personales, colaboración en el 23-F, etc, etc… Es decir que en su cartilla de servicios el Rey no puede presumir de sus méritos, no. Sus méritos son absolutamente para echarlo. Claramente. Por eso necesitó primero una sociedad española muy transigente y de alguien que le ayudara a orientarse en la política, algo de lo cual no tenía ni zorra idea. Y ese hombre era Torcuato Fernández Miranda, un profesional de la política al que conocí mucho, y en el que todos tienen un interés especial en eliminar de la película. Ónega por razones obvias, porque las servidumbres que le hizo no le gusta recordarlas. Y el resto porque los engañó. Torcuato los fue engañando a todos prometiéndoles a cada uno aquello que querían.

En su libro he leído que uno de los «utilizados» por Fernández Miranda fue José María de Areilza.

La forma en que engañó a Areilza fue magistral. Magistral e inédita en los estilos políticos que se manejaban entonces en España. Torcuato era un tipo con talento para el juego político. Se defendía muy bien a pequeña escala, pero siempre con una visión estratégica. Veía más allá del corto y medio plazo.

¿Podríamos decir que Torcuato Fernández Miranda tenía un estilo británico de hacer política?

Sí, pero con un tono italiano, un tono andreottiano. Fue un hombre —también como Andreotti— que nunca tuvo ninguna preocupación económica. Me refiero a preocupación por quedarse con dinero. Al punto que me consta que al final de su vida tuvo que pedir ayuda al Rey porque no le llegaba el sueldo. Esa ayuda la consiguió de una forma un tanto rarita, pero… la verdad es que no le llegaba.

Gregorio Morán para Jot Down 1

Usted habló con Fernández Miranda y verificó con él los contenidos de su primera biografía de Adolfo Suárez que fue publicada en 1979.

En la primera biografía de Suárez que escribí no cito tanto a Torcuato. En la segunda la situación había cambiado. La primera y la segunda tienen poco que ver. En la primera, Adolfo Suárez aún era presidente del Gobierno, acababa de ganar las elecciones de marzo del 79 y era el intocable. Cuando hago la segunda (2009) es a partir de la foto inefable con el Rey (aquella en la que salen los dos de espaldas y el Rey le pasa un brazo por el hombro a Suárez) que es con lo que empiezo mi relato en ese libro. Las reacciones al primer libro fueron brutales. Mucho más brutales desde la izquierda que desde la derecha, lo cual es sorprendente. Santiago Carrillo llegó a decir que era «pornografía política». Entonces Carrillo estaba intentando formar la gran coalición para, de ese modo, entrar en el gobierno; el PSOE estaba muy radicalizado… Adolfo Suárez, sin embargo, reconoció años después que la biografía más objetiva que se había hecho de él en aquellos años era la mía. Porque luego, claro, cuando empezó su decadencia política, lo pusieron a parir.

Hay dos libros porque hay dos etapas. El hombre sigue siendo el mismo, lo que cambia son los entornos. Hay personas que me dieron información para la elaboración del primer libro a los que entonces no podía citar. Algunos de ellos, treinta años después, en el segundo libro, sí los pude citar con nombre y apellidos.

Una de sus aportaciones a la historia reciente de España es la descripción que hace usted en la biografía de Suárez de la votación —entonces secreta— que el Consejo del Reino hizo el 3 de julio de 1976 para elegir la terna que debía ser presentada al Rey para la elección de presidente del Gobierno.

Se ha dicho que fue Torcuato quien me facilitó esa información y no es cierto.

¿No va a desvelar, perdone que le interrumpa, cuál fue su fuente? Ya han pasado treinta y cuatro años.

No, nunca. Porque se quedaría todo el mundo tan sorprendido que parecería una charada. Y el tío —la fuente— se moriría del susto.

Perdone la interrupción. Por favor, continúe con el relato de su entrevista con Torcuato Fernández Miranda.

Sí, se lo voy a contar porque periodísticamente es muy bonito. Yo entonces era joven, audaz y temerario. Más que ahora, claro. En el proceso de comprobación de los datos que había obtenido, a todo el mundo —los que intervenían en mi libro— le decía lo mismo: «usted va a leer la parte que le corresponde antes de que se publique». Con lo que todos encantados. Y yo cumplí estrictamente lo prometido. Pero, como diría el propio Torcuato Fernández Miranda, era una trampa saducea. Porque yo les decía que lo iban a leer, no que lo iban a poder corregir. Ellos pensaban que iban a tener la capacidad de hacer lo que se hacía en el franquismo —y hoy aún más—, eso de «lo he leído, pero esto no me gusta y me lo tiene que cambiar y aquello quítemelo que no puede salir». No, no, yo les respondía que si hubiera errores los quitaría, pero eso no significaba que ellos pudieran corregir.

Con Torcuato fue terrible, fue terrible. La escena con Torcuato fue una de las más hermosas, periodísticamente hablando, de mi vida. Él estaba en su chalet de Somió, en Gijón. Estamos en verano del 79. Entonces Torcuato seguía siendo Torcuato. Tenía mucho poder. Además, todo el mundo sabía que yo estaba escribiendo aquel libro. Había mucha tensión. Me presionaban para que enseñara el libro. Pero tenía claro que, si lo enseñaba antes de que se publicase, se acababa el libro. Lara (el dueño de Planeta, editorial que publicó el libro), a mí me constaba, lo había dejado leer a algunas personas, pero todos disimulaban como si no lo hubieran hecho. Lara no quería meterse en más líos de los necesarios, por eso no permitió que circulase mucho el manuscrito antes de la edición. No quería verse comprometido a quitar una parte.

Voy a ver a Torcuato a Gijón, me acuerdo como si fuera ahora. Yo entonces estaba pasando una muy mala racha económica y la gente lo sabía. Las ofertas eran suculentas. Hubo un momento en que me decían que podía ganar más dinero vendiendo el libro que publicándolo.

Jaime Campmany, en un artículo de ABC de 28 de octubre de 1979 titulado «El parto de los montes», cuenta que se había leído el libro en una noche gracias al interés que el ministro Pérez Llorca tenía en que no se publicase. Y habla de ofertas de millones y muchas presiones.

Ofrecieron de todo. Le sigo contando mi visita a Torcuato. Entonces mis padres vivían en Oviedo, me fui a su casa y al día siguiente cogí el autobús y me planté en Somió, cerca de Gijón. Me había citado a las cuatro. Hay una cosa curiosa sobre Torcuato: lo vi tropecientas veces; pues nunca me ofreció ni un café. Es una cosa muy significativa. Yo era como del servicio. Era para él —así me veía— como lo fue Ónega en la época del diario Arriba. Nunca olvidaré las formas en que me recibió. Él, a veces, se refería a sí mismo en tercera persona, lo cual me llamó siempre mucho la atención. Decía: «entonces Torcuato Fernández Miranda dijo…» Era una cosa fascinante.

[En este momento Gregorio Morán interpreta delante del entrevistador su escena con Torcuato Fernández Miranda, como si de una obra de teatro se tratara, haciendo las dos voces].

—Torcuato: ¿Ya ha terminado el libro?

— Gregorio: Sí.

— Torcuato: Ah, muy bien, muy bien. ¿Y cuándo piensa usted sacarlo?

— Gregorio: Pues pienso sacarlo ahora en otoño.

— Torcuato: Muy bien, muy bien. ¿Y cuál es la parte que le interesa a Torcuato?

— Gregorio: Le he traído la parte que le había prometido: lo que tiene que ver con el Consejo Nacional del Movimiento, con el Consejo del Reino, las votaciones…

— Torcuato: Pues déjemelo y hablamos, no sé… Llámeme la próxima semana.

— Gregorio: No, no, está usted equivocado. Yo se lo traigo para que lo lea y luego me lo llevo.

Me miró con aquella mirada que tenía él y me responde con cara de pocos amigos:

— Torcuato: ¿Quiere usted decir que me voy a tener que leer esto delante de usted? Pero ¿no se fía usted de mí?

— Gregorio: Yo me fio de usted, pero el libro no se separa de mí.

Usted, entonces, sabía que tenía algo muy valioso, ¿verdad?

Sabía que tenía dinamita. Entonces se puso a leer —con una mala leche de la hostia— y yo allí enfrente, sin un mísero café. Y llega a la parte de las votaciones en el Consejo del Reino para lo de la terna y de muy mala hostia me pregunta:

—Torcuato: ¿Quién le ha dado a usted esto?

—Gregorio: Mire, yo se lo he traído para que lo lea, pero igual que a los otros no les he contado qué datos me ha dado, tampoco puedo decirle a usted quién ha sido el que me ha contado esto.

— Torcuato: De la lectura de este texto se desprende que yo hice trampa, porque aquí hay un voto que entra y sale.

Entonces le hice un gesto como diciendo: eso es problema suyo, no mío. Yo, desde luego, no estaba en aquella reunión del Consejo del Reino.

O sea, que él se da cuenta de que el texto refleja claramente el truco en la votación con el objetivo de favorecer a Suárez. Pero no lo reconoce ¿es así?

En público no, pero delante de mí sí. Yo, entonces le pregunto: «vamos a ver: ¿esto es falso o es cierto?» y él dice: «quién se lo ha dado». En ese momento comenzamos una conversación absolutamente surrealista en la que yo reitero mi pregunta «¿es cierto o es falso?», y él repite: «¿quién se lo ha dado?» y así estamos un rato. Yo le argumentaba que si él afirmaba que era falso tenía que quitarlo, pero si era cierto lo pensaba dejar en el libro. Y él: «¿Quién se lo ha dado?».

Pero él no lo niega en ningún momento.

No lo niega, no. No lo niega porque además era innegable. Yo tenía el manuscrito. Alguien de allí sacó los papeles. Él no lo niega, además, porque técnicamente la operación, la maniobra, era como un elogio para él en el sentido de lo bien que lo había hecho. Porque era una operación andreottiana, era una maravilla de operación. Ojo, una inteligentísima operación teniendo en cuenta que el resto de los presentes en aquella reunión era un personal del todo deleznable. Porque listos allí había dos o tres y eran en total, creo recordar, dieciséis consejeros. Los engañó a todos, los embaucó.

¿Realmente los engaña o los miembros del Consejo del Reino saben de antemano que tienen que incluir a Suárez en sus votos conscientes del poder de Fernández Miranda y de que el Rey estaba detrás? Torcuato —según se puede leer en su libro— había utilizado previamente a Miguel Primo de Rivera para convencer a su suegro, un Oriol y miembro importante del Consejo del Reino, de la necesidad de incluir a un político joven en la terna.

No. Porque tal y como lo había organizado Torcuato se vienen a dar cuenta de la jugada solo en la tercera votación. Hay uno de los miembros del Consejo que manifiesta extrañado que el nombre de Suárez sale continuamente en las votaciones. Pero no es hasta la tercera votación. Es entonces cuando se mosquean, cuando se comienzan a dar cuenta de que los están llevando al huerto. Porque además se van eliminando los nombres fundamentales. La trampa la hace Torcuato y en esencia es sencillísima: Torcuato tiene que conseguir que al menos uno de los quince miembros del Consejo no incluya en su terna a Federico Silva Muñoz, que era el más cualificado de entre los treinta y dos candidatos iniciales. Ahí es donde aparece la trampa. Porque, claro, ¿cómo iban a nombrar a Suárez si había unanimidad acerca de otro nombre? Tiene que romper esa unanimidad. Y eso es lo que más trabajo le cuesta. Organiza un cambalache que le sale perfecto. Por eso todos los miembros del consejo del Reino le odiarán de por vida. Porque los ha engañado.

Pero a mí aquella escena con Torcuato Fernández Miranda en su chalet no se me olvidará en la vida. Lo recuerdo mirándome como si estuviera pensando: «pero, y este hijo de puta, este pringado que además es de Oviedo…» Y yo le hago luego aquella crueldad asturiana que hoy la volvería a hacer. Aquello le ofendió terriblemente. Habíamos estado juntos sin salir de aquella habitación más de cuatro horas. Terminamos pasadas las ocho de la tarde. Entonces me dijo: «Bueno, ya estará contento. Este no es el libro que yo hubiera querido». Yo le respondí que claro, que era yo quien lo había escrito. Porque él pensó que yo iba a hacer de Ónega. Entonces yo le dije que tendría que llamarme un taxi. Aquello fue demoledor. «¿Cómo dice?», me preguntó. Pero es que yo no tenía otra forma de salir de allí, de Somió, en el culo del mundo. Eso de que yo, el pringado, después de hacerle aquello, le pidiera un taxi a él, el jefe de la banda… Se me quedó mirando de aquella manera y pocos segundos después le dijo a su mujer que pidiera un taxi. Se marchó entonces sin despedirse de mí.

En la mayoría de los libros sobre Adolfo Suárez se le describe como un hombre muy simpático, con mucho encanto. ¿Usted lo conoció personalmente?

Sí. La verdad es que era un hombre fascinante. En ese aspecto de las relaciones personales tenía mucho talento. Era un gran político en lo referente al regate en corto. En aquellos años se corrió la voz de que era un gran hombre. Cuando me entrevisté con él, me dijo que no había leído un libro completo en su vida y que, por ejemplo, sobre literatura no podía discutir con nadie porque no sabía. Era un hombre demasiado normal.

Gregorio Morán para Jot Down 2

Entonces, ¿cómo consiguió meterse en el bolsillo a Santiago Carrillo? En una entrevista que es de 2006 pero Público reprodujo en 2012, poco después de la muerte de Carrillo, este dijo: «Suárez vivió y actuó como lo que era, porque Suárez era hijo de los vencidos, no de los vencedores».

Porque eran iguales. Carrillo tenía una cultura mínima. Menos que mínima, diríamos ahora. A Carrillo le gustaban las películas de Luis de Funes, con eso se lo digo todo. Pero la distancia lo presenta de otro modo. Cuando escribió aquello de Eurocomunismo y Estado la gente decía que era un gran libro, de mucha altura ideológica. Y yo, cuando lo leí, me quedé turulato. Era una parida, una gran tontería. La mejor anécdota sobre los políticos de la Transición y la cultura es aquella en la que están cenando varios de ellos en el Palacio de la Generalitat invitados por Josep Tarradellas, el President. Entre los comensales se encuentra Antonio de Senillosa, un político ahora olvidado pero que tuvo mucho peso en aquella época. En aquel momento Adolfo Suárez era presidente del gobierno y en la cena se habla de la situación de España. Entonces Senillosa, que era un hombre muy arrogante, dice, dirigiéndose a Tarradellas: «Pero President, si tenemos un presidente de España que no ha leído un libro nunca». Tarradellas le respondió: «Y esa suerte tenemos, porque imagínese si además lee».

En el último libro publicado sobre Adolfo Suárez —Puedo prometer y prometo, de Fernando Ónega (Debate, 2013)—, en su página ciento veintiocho, después de describir lo bien que se entendieron finalmente Adolfo Suárez y Josep Tarradellas (entonces presidente de la Generalitat en el exilio), su autor, refiriéndose a la situación actual en Cataluña, opina: «nunca entenderé por qué se ha roto aquel entendimiento. Tiendo a pensar que en algún momento España y Cataluña perdieron aquellos hombres de Estado». ¿Es, a su modo de entender, real esa diferencia entre los políticos de la Transición y los actuales?

Ese tema me tiene ya harto. Ahora parece que los padres de la Transición fueron unos políticos acojonantes. Mire usted: los padres de la Transición eran absolutamente impresentables. Lo que pasa es que la cosa salió bien. Le pongo un ejemplo: Miguel Roca Junyent. Este señor consiguió arruinar prácticamente a todo el mundo que se implicó en la campaña política más derrochadora de la historia de España, que fue la de la Operación Reformista. Y todo para no conseguir salir elegido ni él. Solo sacaron un diputado en todo el país.

Cuando en 1976 Adolfo Suárez, que aún no era presidente del Gobierno, defiende ante las Cortes franquistas el Proyecto de Asociación política, pronuncia un gran discurso. En tu libro destacas un trozo que tiene mucho significado: «Pensar, a la altura de 1976, que la eficacia transformadora del sistema no ha sido capaz de fundar sólidas bases para acceder a las libertades públicas es, señorías, tanto como menospreciar la gigantesca obra de ese español irrepetible al que siempre deberemos homenajes de gratitud y que se llamaba Francisco Franco». ¿Qué opinión le merece ese fragmento?

Ese es un texto de Fernando Ónega dictado palabra a palabra por Torcuato Fernández Miranda. El texto es genial, fruto de la privilegiada mente de Torcuato. Adolfo Suárez, hasta que se celebra el referéndum sobre la ley para la reforma política de diciembre de 1976, no es más que una marioneta inteligente en manos de Torcuato. La ruptura se produce en enero. Cuando gana la consulta popular Adolfo Suárez decide: «ahora me toca a mí». Ya ha aprendido. Ha, por así decir, terminado el máster. Entonces es cuando se celebra en el palacio de la Zarzuela aquella comida del Rey, Suárez y Fernández Miranda en la que este último nota que está perdiendo pie.

Usted cuenta en su biografía de Suárez que después de esa comida, a la que había asistido también la Reina y las esposas de los dos políticos, y acompañados de la hermana del Rey, doña Margarita, y su esposo, que se incorporaron a los postres, pasaron a otra sala a ver una película. Entonces, cuando se acababan de apagar las luces —según su relato—, se oyó la voz de Suárez que decía: «¿Pero ¿cómo no voy a estar agradecido a Torcuato? Sería entonces un malnacido».

Torcuato Fernández Miranda se indignó cuando leyó ese relato aquel día que lo visité en su chalet de Somió. «¿Quién le dijo esto?», me suelta. Y yo le pregunto: «¿Es mentira?». Y él: «No, no, pero es que yo ni me acordaba de la película. ¿Quién se lo contó?».

Claro, pero ocurre que en aquella sala solo había ocho personas. Los cuatro matrimonios.

Bueno, y el cámara que proyecta la película.

[Gregorio Morán se ríe satisfecho por el hecho de mantener sus fuentes en secreto, después de más de treinta y cinco años, y saber que muchos, entre ellos el entrevistador, quisieran conocerlas].

¿Qué significó para Adolfo el general Andrés Casinello en aquellos primeros años de la Transición?

Casinello había estado en los servicios secretos del almirante Carrero Blanco y luego a las órdenes de Arias Navarro. Andrés Casinello fue una figura importante de la Transición.

Se ha escrito que Andrés Casinello, en 1974, cuando estaba en los servicios secretos de Franco, facilitó los pasaportes a los socialistas —entre ellos a un joven llamado Felipe González— para acudir al congreso de Suresnes (Francia). Y que influyó sobre ellos para que tuvieran una actitud pacífica y negociadora durante la Transición.

Eso no me lo creo. Los servicios secretos de Franco tenían dos obsesiones: el PCE y Gil Robles. Cualquier conexión democristiana era más peligrosa —para los servicios secretos— que los socialistas. Al PSOE no le hacían ni puto caso. Es alucinante cómo se cuenta, pasados unos años, la historia. Mire, le voy a poner un ejemplo. Hace unos años conocí a unos chicos que iban contando que su padre, que tenía mi edad, era el encargado durante el franquismo de pasar por el puerto de Pajares, entre Asturias y León, a Felipe González. Yo me quedé de piedra. Según estos muchachos su padre facilitaba —como si hubiera en el puerto de Pajares una frontera muy vigilada por los cuerpos de seguridad— las visitas a los mineros asturianos de González cuando venía de Madrid. Yo he pasado por Pajares miles de veces y nunca ha habido allí ni una pareja de la Guardia Civil. Además, si la hubiera habido, no habrían conocido a Felipe. Pues ahora la gente va y se inventa la clandestinidad donde no la hubo. Yo asistí como periodista al XXVII Congreso del PSOE que se celebró en Madrid en diciembre de 1976. El partido aún no era legal. Pero ellos celebraron tranquilamente su congreso en un hotel madrileño. Allí vi a Olof Palme, a Willy Brandt a Altamirano, el chileno… Y la policía no entró a detener a nadie.

¿Es verdad que Andrés Casinello pasaba información sobre Arias Navarro a Suárez?

Se la pasaba a Torcuato que era el analista, el que sabía manejar los tiempos de la defenestración de Arias Navarro. El viaje del Rey a EE. UU. lo organiza Torcuato.

¿El Rey no participaba en toda aquella estrategia para quitarse de en medio a Arias Navarro?

El Rey no tenía talento para todo aquello. El Rey tiene un talento borbónico, es decir: muy limitado. Lo ha demostrado reiteradamente, no es una calumnia. Además de que históricamente no hubo ningún Borbón con talento. Se les dieron bien —porque eran reyes— las mujeres, la caza, etc… El dinero incluso. Pero para la política nunca tuvieron mucho talento.

He leído en varios libros sobre Suárez la expresión «si Graullera hablara».

José Luis Graullera se llevó muchos secretos a la tumba. Era el hombre de los secretos. En aquellos años la impunidad era mayor. Si alguien hubiera insinuado entonces que Graullera tenía que pasar por los tribunales, seguro que Adolfo hubiera dicho: pero bueno, y para qué están los tribunales. Acto seguido habría encargado a Pérez Llorca, «el zorro plateado», que se encargara del asunto.

José Luis Graullera se vio implicado en el juicio contra Mario Conde.

Lo que hundió a Conde fue su intención de echar un pulso al Estado. En la escalada de ambición de este tipo de personaje hay un momento que pierden la noción de los espacios. Y el Estado es una mierda, sí, pero como enemigo es implacable.

Gregorio Morán para Jot Down 3

Hay una famosa carta que usted reproduce íntegra y en castellano en su biografía de Suárez de 2009. Me refiero a la que presuntamente envió el Rey al Sha de Persia pidiendo diez millones de dólares para la UCD, el nuevo partido de Adolfo Suárez. Esta carta aparece citada también en Los que le llamábamos Adolfo, el libro del periodista Luis Herrero (La esfera de los libros, 2007). ¿Se financió de este modo la creación de UCD?

Según Suárez en su partido no entró ni un duro proveniente de esa fuente. Tuve que comprar el libro —The Sha and I de Asadollah Alam, un antiguo ministro de Reza Pahlevi— en el que aparece esa carta. Lo compré en EE. UU. Y gracias a mi mujer, que traduce del inglés, realicé la transcripción en castellano.

Pero hay diferentes versiones sobre las fuentes de financiación de la UCD. Se habla de Irán, de Arabia Saudí, de los bancos españoles, de la CIA…

Hay un nombre importante en este asunto, el de Prado y Colón de Carvajal, el amigo del Rey. Este señor, que era un personaje absolutamente increíble, es otro que se ha llevado muchos secretos a la tumba. En mi libro cuento que se aprovecha de que Suárez no habla inglés para confundirlo con los millones y los miles.

Es muy importante, hablando de la financiación, el dinero que se pone para liquidar a Suárez. Llega un momento en que la CEOE, y a su cabeza Ferrer Salat, piensa que Adolfo Suárez es un peligroso izquierdista, que es capaz de pactar con el PSOE, o peor, con el PCE. Recuerdo haber hablado de este tema con Ferrer Salat en el 79, cuando preparaba el primer libro sobre Suárez. Entonces estaban muy amedrentados porque Adolfo Suárez había ganado las elecciones. Ahí se monta la conspiración para acabar con Suárez desde dentro del partido. Comenzaron a decir que los iba a llevar a la ruina. Curiosamente se decían entonces de Suárez cosas parecidas a las que hoy se dicen de Mariano Rajoy. Pero con la diferencia de que Rajoy tiene mayoría absoluta y es gallego —que eso es importante— y no les hace ni puto caso.

Entonces Suárez no dimite, sino que lo hacen dimitir. ¿Es así?

Absolutamente. Entre la derecha, el ejército y el Rey, se lo cargan.

La historia de que los generales le ponen a Suárez las pistolas encima de la mesa ¿es verdad o una leyenda?

Es verdad, pero no literalmente. No hay pistolas. No es exactamente así. Eso de las pistolas forma parte del guion tipo Hollywood de la Transición. Se celebra una comida en el Palacio de la Zarzuela. Adolfo Suárez no sabe qué se va a celebrar. El Rey lo invita a última hora y se encuentra allí con la cúpula militar. Suárez se mosquea mucho. En un momento dado el Rey se levanta y dice: voy un momento al lavabo. Y los deja solos. A los militares y a Suárez. Entonces los militares le dicen que no están dispuestos a consentir que la cosa continúe así. En ese momento sí hay alguno que hace metáforas con la palabra pistola. Pero no llegan a sacarlas, no era necesario. Hubiera sido algo absurdo. Hay que decir —haciendo un inciso— que Suárez tiene tropecientos defectos, pero hay que reconocerle algo que demostró siempre: una valentía inigualable. Muy superior a la de esos mandos militares. Si es algo referente a la inteligencia o al talento, se le puede cuestionar. Pero la cuestión testicular la tenía muy bien colocada. Cuando el Rey volvió, el almuerzo continuó. Pero Suárez tenía ya bastante claro que había llegado a un punto de no retorno.

¿Eran conscientes el Rey y Torcuato Fernández Miranda de que tenían poco tiempo para llevar a cabo la Transición? Lo digo porque si se analiza una cronología de aquel periodo todo transcurre con mucha rapidez.

La Transición empieza con la muerte de Franco, en noviembre del 75, y termina con la victoria en las elecciones generales del PSOE de octubre del 82. Es verdad que, sobre todo en su primera parte, la Transición va bastante rápido. Había que contentar a los diferentes sectores, principalmente a la izquierda. Una de las cosas más curiosas que ocurren entonces es lo que podíamos calificar de los engañadores engañados. Es decir: Adolfo Suárez y la derecha pensaban que el poder de la izquierda era acojonante. Carrillo tiene el talento de convencer a Suárez de que él puede poner en la calle a miles y miles de activistas. También le ofrece —en aquella primera reunión clandestina— que, a partir de la legalización, el PCE será capaz de frenar cualquier movimiento desestabilizador. Pero, le dice, siempre que ocurra algo tendrás que avisarme a mí. Fíjese qué astucia la de Carrillo. De ese modo se convierte en un interlocutor privilegiado. Suárez terminará dándose cuenta de que, a la postre, dicho intermediario no le sirve para nada. Porque Carrillo controlaba poca cosa. Y sobre todo después de las elecciones generales de junio del 77, en las que el PCE pasa a ser un partido más (veinte diputados y un nueve por ciento de votos). Entonces todo cambia.

¿En qué consistió el llamado «¿El pacto de los editores», ese acuerdo para no publicar informaciones que podían comprometer o perjudicar al Rey y a la monarquía que tuvo vigencia durante la Transición? ¿Continúa en vigor ese pacto?

Yo no creo que, como parece indicar la expresión, los editores de los medios de comunicación más importantes de la época se reunieran y acordaran nada. Sencillamente se produciría en algunos casos una llamada de la Zarzuela para decir a un editor (o dueño de medio de comunicación) lo que tenía que hacer en un momento determinado. Era obvio que el Rey era una figura intocable. Por lo tanto, no se podían sacar informaciones sobre él. En una medida semejante a lo que ocurre ahora. Es decir: que si hay un reportaje en el que el Rey aparece en una situación no decorosa o comprometida, llamarán desde Zarzuela a un millonario para que simplemente compre esas fotos. Así se arreglan las cosas.

Hablemos del papel de la prensa y el resto de los medios durante la Transición. ¿Hasta qué punto cumplió con su función de control al poder?

Visto desde la perspectiva de hoy, diciembre de 2013, la prensa de la Transición era lo más audaz y temerario que uno se puede imaginar. Porque ahora ya no se puede decir absolutamente nada. En la Transición hay varios periodos. El anterior a las elecciones de junio del 77 es un periodo interesante. No porque se pudiera decir de todo, sino porque todo era muy raro. Por ejemplo: a mí me detienen por aquel asunto del comisario Conesa. Y la detención ocurre en la misma redacción del periódico, Diario 16. Nunca tuve del todo claro por qué me habían detenido. Luego supe que el general Milans del Bosch estaba detrás. Me llevaron a la calle del Reloj número cinco, donde había entonces un famoso sitio de torturas. Pero no ocurrió nada. Había un policía que me hizo los papeles y allí me quedé. Luego, delante del juez, pregunté que por qué había tenido que pasar allí la noche. «Mire, yo no lo sé —me dijo el militar togado— yo lo único que le puedo decir es que mi general Milans del Bosch me dijo: “quiero a ese chaval (que no debió decir chaval sino ‘ese hijo de la gran puta’) aquí mañana a las nueve”». A las nueve del día siguiente firmé y me marché.

Gregorio Morán para Jot Down 4

En la página web de la Fundación March se puede consultar el Archivo Linz de la Transición española. En ese archivo se guarda la noticia que el diario El Alcázar publicó el 21 de mayo de 1977 sobre su detención. Le leo, por lo curioso que hoy resulta, el final de la noticia: «El tribunal que entiende el caso planteado abrió proceso contra Gregorio Morán el pasado 10 de mayo que se encuentra en estos momentos en libertad condicional, tras haber pagado una fianza de doscientas mil pesetas. El señor Conesa pide una indemnización de veinte millones de pesetas, pues estima que la publicación le ha perjudicado una operación que mantenía con la editorial Planeta». Parece que con su reportaje en Diario 16 fastidió el negocio de este señor para publicar algo en Planeta.

Sí, claro, seguro que tenía ya hablado con la editorial la publicación de un libro. Puede que para contar la liberación de los generales secuestrados por el GRAPO, el grupo terrorista. No lo sé. El periodismo durante la Transición no se puede afirmar de forma categórica que fuera más libre. Sí que fue más caótico. Había más posibilidades. Por ejemplo, me acuerdo de lo que entonces era ser fotógrafo de prensa. Entonces había una cantera magnífica de fotógrafos. Es verdad que luego la trayectoria que han seguido algunos de esos fotógrafos, fue curiosa. Por ejemplo, yo me acuerdo de que el fotógrafo más audaz —no el mejor técnicamente, pero sí el más valiente— era Alfonso Rojo. Entonces Alfonso era mi fotógrafo y además era el representante de la CNT. Vete a recordárselo ahora. Y nos metimos en unos líos tremendos. Porque entonces investigaba yo las tramas ultraderechistas y ese es un tema delicado.

¿Eran los GRAPO un grupo terrorista organizado por la ultraderecha? Se argumenta esta posibilidad en El zorro Rojo (una biografía de Santiago Carrillo recientemente publicada por Paul Preston). Dice Preston (Página 298) que tres ministros (Gutiérrez Mellado, Martín Villa y De la Mata Gorostizaga) estaban convencidos de ello. Los secuestros de Antonio María de Oriol y Urquijo y de Emilio Villaescusa, que fueron reivindicados por el GRAPO, serían junto con los asesinatos de los abogados laboralistas del despacho de la calle Atocha, y siempre según esa teoría, esfuerzos de la ultraderecha para desbaratar la Transición.

Hombre, después de lo de Pio Moa… El que redactaba los comunicados del GRAPO era el hoy escritor Pio Moa. Hay historias paralelas muy interesantes. ¿Sabía usted que los archivos del Movimiento Nacional se quemaron? Pues esta es una de esas cosas interesantes que poca gente sabe. Martín Villa ordenó en 1977 que se prendiera fuego a todos aquellos papeles. Con lo que, por ejemplo, toda la información sobre confidentes e infiltrados se la llevaron las llamas. En Barcelona se conoce la fábrica en la que se quemó todo. Eran muchos kilos de papel. Yo he trabajado (investigado) en los archivos de la administración que hay en la calle Alcalá, pero lo más interesante no está allí. Uno de los rasgos más característicos de la Transición es que se amnistiaron a sí mismos. Yo fui militante clandestino durante un montón de años. A mí me hubiera gustado saber qué confidente tenía yo. Yo sabía que había alguien de mi entorno que pasaba información sobre mí. Si esos archivos no se hubieran quemado, habría sabido quién fue. Pero siempre me quedaré con la duda. El GRAPO no fue una invención policial. Lo que si hubo fue lo que podríamos llamar una instrumentalización del GRAPO. Los integrantes del GRAPO venían de Galicia y eran claramente unos pringados a los que manipularon.

¿Infiltró la extrema derecha a alguien en los GRAPO?

No se podía meter a un agente de extrema derecha en un grupo como aquel. En los movimientos subversivos se puede infiltrar un agente, pero debe ser alguien que en apariencia sea más radical que los que ya están dentro. Recuerdo el caso del Lobo, el famoso infiltrado en ETA. Recuerdo que en aquella época había muchas detenciones y a mí se me había encargado por el partido que documentara aquellos arrestos. Hoy lo de ETA parece una leyenda viva, pero las situaciones que se daban entonces eran para partirse de risa. Al comando en el que estaba infiltrado el Lobo, después de cometer varios atentados, no se le ocurre otra genialidad que convocar al infiltrado a una reunión en el Paseo Rosales de Madrid. Van y le dicen: «Oye, estamos sospechando que tú eres un confidente», el Lobo va y responde como ofendido: «¿Cómo? ¿Qué sospecháis de mí? Pues a partir de ahora estoy fuera. Vosotros decidiréis qué vais a hacer conmigo. Yo con esa sospecha no estoy dispuesto a seguir. Quedo a la espera de vuestra decisión». Esa noche no quedó ninguno, los detuvieron a todos. La policía se los llevó a todos ellos a comisaría. Claro. Por gilipollas.

En el reciente libro del historiador Paul Preston sobre Santiago Carrillo, El zorro Rojo, su último capítulo lleva el llamativo título de «De enemigo público número uno a tesoro nacional 1970-2012». Carrillo, en 1974, decía cosas como que «Juan Carlos es una criatura de Franco…» y que no había más salida que la República. Entonces decía públicamente que era necesaria la ruptura democrática. «¿Qué realismo es ese que se imagina el paso de una dictadura fascista a una democracia sin que medie una verdadera revolución política?» es otra de sus frases de la época. ¿Cómo cambió tanto en tan poco tiempo para aceptar la petición de un enviado de Juan Carlos de Borbón (Nicolás Franco) de mantener la calma cuando se produjera el «hecho sucesorio» y luego para aceptar la propuesta de Suárez de renunciar a la bandera y a la República a cambio de la legalización?

Es una cuestión bastante compleja porque ahí se mezclan, como en todo, elementos personales. Cuando éramos jóvenes dábamos poca importancia a los elementos personales y pensábamos que las coyunturas, las crisis, los contextos, etc… tenían más trascendencia. Vamos a ver: la legalización del PCE es un acuerdo al que llegan Adolfo Suárez y Santiago Carrillo solos. Sin el Rey y sin Torcuato. Para entender la legalización del PCE los elementos personales son fundamentales.

¿Entonces no es cierto que el Rey habló con Ceaucescu, el presidente de Rumanía, que tenía buena relación con Carrillo?

Eso es verdad, pero había ocurrido mucho antes. Es verdad que el Rey mandó a Prado y Colón de Carvajal a hablar con Ceaucescu. Lo que el Rey quería durante todo aquel periodo previo a la legalización era que el PCE aceptara un cambio de nombre, que se hiciera la legalización a la griega. En Grecia el partido comunista había participado en la Guerra Civil y se le dejó luego participar en política, pero con otro nombre. Algo así como Agrupación Democrática de Izquierdas. Esa fórmula al Rey le gustaba mucho porque de ese modo, quitándose de encima la palabra comunista, eliminaba la presión de los militares. Además, a los EE. UU. también le hubiera gustado mucho que se hiciera así. Es decir: había muchas opiniones que coincidían en que había que legalizar el Partido Comunista, pero sin que fuera el Partido Comunista. Ahora —treinta y cinco años después—, cuando analizo estos asuntos, me doy cuenta de la importancia de los aspectos personales. Carrillo, entonces, cuando vuelve a España, tenía ya una edad, casi setenta años. Aquel que pasa por delante de él es el último vagón del último tren. En mi libro Miseria y grandeza del Partido Comunista de España cuento que Carrillo, al morir Franco, sabe que ese tren se ha puesto en marcha. Entonces reúne en París a su cúpula, la del PCE en el exilio —catorce personas— y les dice: «Todos tenéis que volver a España». Les dice que él también va a volver. Le sugieren un debate, pero él dice que no hay nada que discutir, que «a volver todos». Recuerdo que yo tuve que recoger desde dentro de España a muchos de ellos, modestos funcionarios de la revolución, que venían acojonados. Treinta o cuarenta años sin pisar España y regresaban con mucho miedo. Entonces Carrillo fuerza las situaciones. Monta una rueda de prensa en la calle Atocha de Madrid (noviembre de 1976) con muchos periodistas presentes. Rueda de prensa con la que busca ser detenido. Quiere que lo detengan porque si eso no ocurre sabe que va a quedar en ridículo. Si no lo detienen significa que no es peligroso, que no tiene poder. La detención es pura parodia. Martin Villa, entonces ministro de Interior («de Gobernación» se llamaba entonces al cargo), le ofrece un pasaporte para volver a París. Carrillo se niega y, claro, lo meten en la cárcel. Pero no pasa fin de año en la cárcel. Entonces viene la negociación con Suárez.

La negociación se tuvo que realizar en el más absoluto secreto. El Rey no se podía enterar porque estaba en contra de la legalización tal y como se hizo. No solo era contrario el Rey, sino todo el gobierno y por supuesto los militares.

Y Torcuato Fernández Miranda también era contrario a la legalización, ¿no?

Lo de Torcuato es curioso. Torcuato —me lo dice a mí en las conversaciones que mantuvimos para la biografía de Suárez— era partidario de la legalización del Partido Comunista, pero a su ritmo. Y quiere ser él el que se entreviste con Carrillo en Madrid. Le sentó mal que Suárez se le adelantara. Su argumento era que un presidente del Gobierno no debe encontrarse con un dirigente de un partido ilegal, pero que él sí hubiera podido hacerlo. Entonces él era el presidente de las Cortes, con lo que opino que su argumento era bastante débil, pues él también era el representante de una institución del Estado. De ahí el cabreo de Torcuato cuando se entera de la reunión secreta de Suárez con Carrillo. Aquí entra José Mario Armero como intermediario entre Suárez y Carrillo. José Mario Armero era un informador de los Estados Unidos.

Se dijo que José Mario Armero era un agente de la CIA.

No. Un simple agente de la CIA puede ser un pringado. José Mario Armero era alguien más importante, informaba directamente al Departamento de Estado de los Estados unidos.

Vernon Walters fue entre 1972 y 1976 director adjunto de la CIA y llegó a entrevistarse con Franco. ¿Tuvo Armero relación con él?

Claro. José Mario Armero era amigo de Vernon Walters. Armero es el que monta el encuentro de Carrillo y Suárez. Y visto desde hoy podríamos decir que fue como una reunión de Anna Magnani con Sophia Loren. Dos actrices soberbias, dos vedettes. La conversación duró muchas horas. Me contó José Mario Armero que tuvo que mandar a su mujer a comprar algo para que comieran porque la cosa se alargaba. Ellos estaban a lo suyo, contándose su vida, sus batallas. Amor a primera vista.

Gregorio Morán para Jot Down 4 b

Parece ser que Suárez, en aquella primera reunión, ejercitando su capacidad de seducción, le dice a Carrillo: «En España hay dos políticos: usted y yo».

Hay que decir que pasaron al tuteo a la primera de cambio. Allí nació una amistad. El pacto fue muy sencillo. Carrillo le dijo a Suárez que no podía cambiar el nombre del partido, pero que, si le legalizaba el PCE, podía aceptar la monarquía y la bandera y comprometerse a controlarle cualquier movilización o revuelta callejera. Fíjate si Carrillo cumplió lo pactado con Suárez que recuerdo un mitin del PCE en la plaza de toros de Las Ventas, durante los primeros años de la democracia, en que a unos chicos se les ocurrió sacar una bandera republicana. Pues llegó la seguridad del propio PCE y los forró a hostias. Había órdenes estrictas.

¿Y es verdad eso de que Carrillo llegó a decir al resto del Comité Central del PCE que no les podía contar lo que había hablado con Suárez porque era secreto de Estado?

Sí, eso es así. Pero no era la primera vez que actuaba de ese modo. Carrillo le cuenta la reunión con Suárez solo a dos militantes. Pero se la cuenta a su manera. Carrillo, veinticuatro horas después de hablar con Suárez, convocó al Comité Central y les comunicó los cambios (bandera, monarquía…). Aquello fue una demostración impresionante de poder para Suárez. Carrillo estaba cambiando cincuenta años de historia del PCE en un día. Con el miedo que se tenía a los comunistas, Suárez quedó encantado al ver cómo Carrillo manejaba aquello. Carrillo liquidó en aquel momento el partido, claro, pero eso a Suárez le importaba un comino. Suárez y Carrillo pactaron hasta las fechas. Buscaron una fecha idónea, la Semana Santa. Y en ese día pactado, Suárez hace exactamente lo mismo que Carrillo: no se lo comunican a nadie. Suárez solo avisa, pero sin desvelar de qué. Pide que el viernes por la noche haya alguien de guardia en información para que todos los medios de comunicación puedan recibir una noticia por si acaso ocurre algo. A Martín Villa, como ministro de interior, se lo cuenta una hora antes. No consulta con nadie. Hace lo mismo que Carrillo.

El Rey se pilló un cabreo monumental. Porque tampoco sabía nada. A partir de ese momento comienza la caída de Adolfo Suárez. Fernández Miranda tampoco tenía ni idea. Y tres años después, cuando me entrevistaba con él para el libro de Suárez, me hizo gracia que, argumentando a favor de que debía haber sido él quién se entrevistase con Carrillo, utilizase además el hecho de que Carrillo y él eran de Gijón. Como si fuera importante para el éxito de la negociación el que los dos fueran de la misma ciudad. Es curiosa la ingenuidad que a veces muestran las personas más inteligentes y calculadoras.

En la página cuatrocientos ochenta de las memorias de Teodulfo Lagunero (Umbriel) cuenta que él concertaba los contactos de Carrillo con políticos del franquismo. Fue Lagunero quien le presentó a José Mario Armero en París. Carrillo le pidió a Lagunero que en un viaje a Londres contactara con Fraga Iribarne, que entonces era embajador allí (lo fue en el periodo 73-75). Parece ser que Fernando Morán, que luego fue ministro de exteriores con Felipe González y entonces era cónsul en la misma embajada de Londres, le quitó la idea de la cabeza. Le dijo que Fraga quería ser quien liderase —dentro del respeto a las ideas franquistas— el proceso «democratizador» después de Franco y que no estaría interesado en ver a Carrillo. ¿Sería este un buen ejemplo del poco interés que los líderes del franquismo reformista tenían entonces, al principio, de escuchar a los líderes de la oposición demócrata?

Yo del inefable Lagunero me lo tomaría todo entre comillas. El papel de Lagunero fue absolutamente residual. No fue él quien puso en contacto a Carrillo con José Mario Armero. Si este último se entera de que el primero lo fue contando, se levanta de la tumba y lo mata. Lagunero era un señor del sur que ganó mucho dinero. Carrillo lo utilizó para la intendencia. La casa donde veraneaba Lagunero en Cannes era un sitio idóneo para celebrar reuniones al más alto nivel. Lagunero, políticamente hablando, no hace absolutamente nada más que servir de palanganero. Fraga no quiso ver a Carrillo porque le daba miedo. Pero, mucho antes, en el periodo de Arias Navarro como presidente del Gobierno, se celebró una reunión entre la gente de Fraga y algunos representantes del PCE. Se celebra esa reunión en la librería Turner, en la calle Génova. Representando al PCE acuden Armando López Salinas y otro que no recuerdo. Y por parte de lo que empezaba a ser Alianza Popular estuvo presente Pérez Escolar entre otros.

En referencia a Fernando Morán hay que decir que el que quería ser la gran figura era él mismo. La ambición de Fernando Morán era ilimitada.

Y el problema de Fraga era el concepto tan alto que tenía de sí mismo. Igual que Suárez tenía un concepto muy pobre de su persona, Fraga era lo contrario. Fraga era Fraga. Yo nunca conseguí hablar con Fraga sobre Suárez. No quería. Suárez (como presidente de Gobierno) era una humillación para Fraga. Que no lo hubieran escogido a él y sí a Suárez —al que despreciaba intelectual y profesionalmente— era algo que no podía soportar.

[En un momento de la entrevista Gregorio Morán apunta un nombre en mayúsculas sobre una servilleta. Pasada casi una hora interrumpe al entrevistador].

Hace un rato he apuntado un nombre que me parece clave para entender la Transición. Me refiero a Navalón, Antonio Navalón.

¿Por qué le parece que Antonio Navalón es un personaje clave de la Transición?

Yo tengo el único libro que escribió Antonio Navalón de verdad. Me refiero al primero, que es una especie de homenaje a Suárez publicado cuando es presidente. Es un libro alucinante. Debió vender tres ejemplares y uno de ellos es el que tengo en casa. Navalón es clave porque estuvo en todo. Estuvo primero con Suárez. Es luego el hombre clave de Boyer en la liquidación de Rumasa. Además —tome nota— trabajaba para Ruiz Mateos cuando aquello se produce. Es pieza clave de aquella expropiación. Navalón entra luego como subsecretario en el BOE cuando Solchaga es ministro de Economía. Es el hombre de Mario Conde en algunos asuntos muy polémicos. Ahora es el representante del grupo PRISA en México. Y lo último que ha descubierto es que es judío. Lo que le faltaba a Navalón acaba de ocurrir: ¡ahora ha descubierto que es judío! La verdad es que Navalón es un apellido judío. Resulta que su hermano es un rabino influyente en la comunidad judía de Nueva York. Navalón ha estado en todo: la UCD, el PSOE, el PP. Navalón es puro sistema.

Gregorio Morán para Jot Down 5

En 1984, en Toledo, en un lugar llamado San Juan de la Penitencia y promovido por la Fundación José Ortega y Gasset, la clase política y algunos historiadores se reunieron para definir —según dices en un artículo— cómo debía pasar a la historia la Transición. En 2007 se funda la Asociación para la defensa de la Transición que comienza presidiendo el teniente general Andrés Casinello. Los firmantes de la escritura fundacional son Andrés Cassinello, Rafael Ansón, Aurelio Delgado, Ignacio García López, José Luis Graullera, Ernesto Jiménez Astorga, Eduardo Navarro y Manuel Ortiz, los más cercanos a Suárez. En 2000 (veinticinco aniversario), el congreso concedió cuatrocientos millones de pesetas y se creó una comisión para estudiar históricamente la Transición. ¿Por qué hace falta defender tanto la Transición?

Hombre, porque la Transición fue un negocio fabuloso. Lo que pasa ahora es que la empresa ha quebrado, pero entonces fue un gran negocio. La Transición es una operación que se realiza entre muy pocas personas. Y todos ganan. Unos ganan más que otros, pero todos ganan. Ganan todos los que participaron, no me refiero a la población. Y ganan mucho. Por ejemplo, Carrillo. En sus últimos años Carrillo parece un senador romano. La gente iba a verle como si fuera a ver a san Pablo. Todos se quedaban admirados ante él: «qué señor, qué bien se expresa, que humildad, que sencillez». Eso exclamaban al verlo. Cuando en los últimos años veía a Carrillo se me revolvían las tripas. Ver a un señor que conoces muy bien, que sabes que es capaz de lo peor y verlo convertido en un abuelo encantador. Pues imagínese lo que pasaba por mi cabeza.

¿Por qué siempre que se ha intentado debatir sobre la Transición a lo largo de estos años se ha acabado en los insultos? Por ejemplo Javier Tusell y Javier Pradera contra Viçenc Navarro en El País y en Claves de la Razón Práctica en 2010. O Fernando Savater en su artículo «¿El final de la cordura?» de 3 de noviembre de 2008, en El País, donde termina escribiendo: «Ahora veo derribar la cárcel de Carabanchel, en la que hace cuarenta años pasé una breve y no diré que feliz temporada. La despido sin tanta nostalgia como muestran por ella los que no la conocieron por dentro. Y así me gustaría ver irse también al olvido a los hunos y los otros, como diría don Miguel, a quienes no olvidan porque su memoria viene de la ideología y no de la experiencia. Son el peor cáncer de la España actual, la de la crisis, el paro y la hostilidad centrífuga».

Esto se debe a su propia mala conciencia. Yo ahora publicaré un libro, un folleto de unas ochocientas páginas o cosa así, en el cual cuento la Transición exclusivamente desde el punto de vista de los intelectuales. Es un libro que abarca desde el 62 hasta el 96. Ahí aparecerán muchas de estas manifestaciones. Todos estos eran más que radicales al comienzo y durante la Transición. Es el golpe de estado del 23 de febrero de 1981 lo que los conmociona y los convierte a todos en simpatizantes del PSOE. No se quiere revisar ese periodo histórico, lo que se llamaría el tardofranquismo, los últimos años de Franco y los primeros de la democracia, porque las cosas que se dijeron eran una bestialidad. Bestialidad en el sentido de que, por ejemplo, había algunos que eran partidarios de la lucha armada. Todo eso hasta que llega el 23-F. Después del golpe se les baja la adrenalina, todos se acojonan e ingresan en masa en el PSOE. Pero es que revisar la Transición, para muchos, es revisar su propia vida. Ahí tienes a Martín Villa. Acaba de entrar en la Real Academia de Ciencias Morales y Políticas un tipo que es un fascista.

De ese asunto quería yo también preguntarle. El discurso de entrada de Rodolfo Martín Villa en la citada Real Academia de Ciencias Morales y Políticas, que fue pronunciado el 26 de noviembre de 2013, y que se puede leer en internet , tuvo como título «Claves de la Transición, El cambio de la sociedad, la reforma en la política y la reconciliación entre los españoles». En ese discurso utiliza Martín Villa un párrafo del libro de Raymond Carr y Juan Pablo Fusi, España, de la dictadura a la democracia, para definirse a él mismo y a los que como él trajeron la democracia: «El factor generacional fue un componente decididamente importante del aperturismo. Se trataba de jóvenes procedentes del falangismo universitario, de la ACNP, o del monarquismo, nacidos hacia 1930-1940 y que por tanto no habían luchado en la Guerra Civil… Era una generación liberal, dialogante y europeísta, convencida de que la nueva y modernizada sociedad española de los sesenta exigía un sistema político igualmente moderno y nuevo equiparable a las democracias occidentales. Esto no era obstáculo para que muchos de ellos ocupasen cargos públicos, aceptasen la legalidad del sistema y, en suma, asumiesen las responsabilidades que se derivaban de su integración política en el Régimen. Creían en la reforma desde dentro, no en la revolución desde fuera». ¿Qué opina de esto?

Esto es un olvido absoluto de un fascista medular. Me afecta a las neuronas. Si eso es así, si ellos eran demócratas ya en el franquismo, entonces los demás, los que vivíamos en la clandestinidad, éramos gilipollas integrales. Porque según eso lo que teníamos que haber hecho era hacernos de Falange y esperar. Claro. Es que esto que dice Martín Villa es una auténtica ofensa generacional. Porque es verdad que les salió bien y por eso pueden seguir escribiendo estas cosas. Pero esto sigue siendo una mentira absoluta y escandalosa.

¿Les salió bien? No todo el mundo está de acuerdo en que les saliera bien la Transición. En el año 1991 se emitió un debate especial en el programa La Clave (dirigido por el periodista José Luis Balbín) que entonces se podía ver en Antena 3. Se tituló «500 claves de la transición» y en él se contiene una muy valiosa intervención de Antonio García Trevijano, que a la afirmación de José Mario Armero en el sentido de que en España sí hay democracia, argumenta que en España lo que hay son libertades pero no una democracia auténtica y completa. Apoya su afirmación en dos realidades: primero, el elector (por haber en España un sistema electoral proporcional en lugar de mayoritario) no elige realmente al representante que él quiere. «El sistema proporcional termina inevitablemente en el gobierno de una oligarquía» dice García Trevijano. Y segundo porque «igual que con Franco, hay un solo poder, que es el ejecutivo, que es el que manda sobre el judicial y el legislativo». Concluye García Trevijano manifestando que «la Transición fue un pacto y de algo así solo puede derivar corrupción».

Les ha salido bien a los que les ha salido bien. Les ha salido bien a los bancos y a aquellos que capitanearon la Transición. Incluso a aquellos que tenían serias dudas de que la Transición fuera a funcionar y temían por sus intereses. A esos les salió que ni bordado. Fue la operación perfecta. El PSOE de la primera etapa, por ejemplo. ¿Cómo Solchaga no va a decir que la Transición fue modélica? Si cuando yo lo conocí era asesor de la UGT en Bilbao donde ganaba una mierda de dinero y ahora es multimillonario. Les ha salido como Dios. Lo que ocurre ahora con la infanta y con Urdangarin es una herencia de la Transición. En el comienzo de la Transición hubo cosas como estas, pero no se sabían. Vamos, las sabían solo los que las sabían, punto.

Se publica en 2013 La Transición contada a nuestros padres de Juan Carlos Monedero (Editorial Catarata). Según Monedero, la corrupción que sufrimos en España viene de la Transición porque seguimos teniendo una sociedad franquista. No hemos tenido el «antifascismo» que según Monedero «es una reclamación radical del republicanismo democrático caracterizado por virtudes públicas que hacen, por ejemplo, que los políticos dimitan cuando se ven inmersos en casos de corrupción». Según Monedero ese antifascismo opera en Alemania, pero no en Italia y en España ¿Está de acuerdo con esa visión de la Transición?

Si, si, por supuesto. En Alemania hay una expresión acerca del nazismo que generó mucha polémica: «El pasado que no quiere pasar». Aquí, el pasado, no es que no quiera pasar, es que ni ha pasado. Se ha borrado incluso de la historia. Se ha quemado.

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Anexo 6

LA GRAN DESMEMORIA… DE PILAR URBANO

(Roberto Muñoz Bolaños, doctor en Historia y autor de la tesis La involución militar durante la Transición: el golpe de estado del 23-F.)

La obra de Pilar Urbano, La gran desmemoria: lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar, ha provocado una enorme sacudida en la opinión pública, alcanzando incluso a la clase política y a la Jefatura del Estado, ya que su autora supuestamente ha desenmascarado el episodio más oscuro de la Transición -el golpe de Estado del 23-F-, utilizando como fuente principal el testimonio del ex presidente del Gobierno, Adolfo Suárez. Pero más allá de esta pretensión y contemplada historiográficamente, la obra presenta tres importantes problemas: su dudosa metodología, su desconocimiento de las Fuerzas Armadas del periodo 1975-1981, y su erróneo planteamiento del golpe de Estado del 23-F.

La metodología empleada se aleja completamente de los cánones académicos propios de la historia, y presenta cuatro defectos de singular importancia:

  1. Ausencia de cualquier tipo de crítica sobre las fuentes utilizadas. A título de ejemplo, da por cierto el supuesto episodio en el que cuatro tenientes generales amenazaron a Suárez en el palacio de la Zarzuela (pp. 566-570), sin indicar que el propio Suárez, antes de que la enfermedad nublase definitivamente su memoria, negó hasta la saciedad el incidente.
  • Cita fuentes que no ha consultado y, lo que es más llamativo, que no existen. Entre ellas, la carta que el Rey envió a Suárez el miércoles 6 de abril de 1977, anunciándole la dimisión del ministro de Marina, almirante Pita da Veiga, si se legalizaba el Partido Comunista. Carta que la propia autora admite no haber visto nunca y que Suárez no sabe dónde puede estar. Sin embargo, Urbano es capaz de reconstruirla íntegramente gracias a la excelente memoria del ex presidente del Gobierno (p. 289).

3. Reconstrucción de hechos históricos a partir de fuentes donde esos acontecimientos no están relatados. Por ejemplo, se reconstruye la conversación entre el teniente general Milans del Bosch y el general Armada, del 10 de enero de 1981 en el edificio de la Capitanía General de Valencia, apoyándose supuestamente en el sumario y en la vista oral de la causa 2/81, instruida tras el fracaso del golpe de Estado. Urbano dedica siete páginas del libro a a Suárez en el palacio de la Zarzuela (pp. 566-570), sin indicar que el propio Suárez, antes de que la enfermedad nublase definitivamente su memoria, negó hasta la saciedad el incidente.

4. Recreación de acontecimientos históricos sin apoyarse en ninguna fuente. Así, la supuesta conversación entre el Rey y Suárez el 24 de febrero de 1981, tras el final del golpe de Estado. En ella, según Urbano, el rey, además de llamar “cabrón (sic)” a Suárez, le comunicó que durante la noche del 23 al 24 de febrero se había visto obligado a decir a un “laureado teniente general”, en referencia a Milans del Bosch, que “ni abdico ni me voy” (pp. 701-705). El Rey conocía perfectamente que Milans no estaba en posesión de la cruz laureada de San Fernando, lo que hace pensar que esta conversación, que, si bien tuvo lugar, no se desarrolló en los términos que la autora indica.

El palmario desconocimiento de las FAS españolas en este periodo que demuestra Urbano queda patente en tres hechos:

1. El empleo de explicaciones simplistas y no comprobadas. En este sentido, llega a afirmar que el Ejército estaba dividido en dos grupos: de un lado, los coroneles y generales, partidarios del mantenimiento del Franquismo, y de otro, el resto de los jefes y oficiales favorables a la democracia (p. 49). Análisis que, además de no ajustarse a la realidad, no apoya en fuente alguna. Igualmente, sostiene que el general Gutiérrez Mellado, el militar más importante de la Transición, carecía de prestigio en el Ejército por haber sido “espía” (p. 32). Si hubiera consultado las fuentes disponibles sobre su trayectoria militar, o, más sencillo, las memorias del coronel San Martín, perteneciente al sector Azulo falangista del Franquismo, habría comprobado que Gutiérrez Mellado era, en 1975, un militar muy prestigioso, tanto entre sus compañeros de armas como entre la clase política franquista de ideología reformista.

2. Reiterados errores a la hora de identificar correctamente a los implicados en el golpe de Estado, pese a que la autora asegura haber leído el sumario y el acta de la vista oral de la causa 2/81. Para ella, Milans del Bosch era “artillero” y, como ya se ha visto, estaba en posesión de la “gran laureada de San Fernando” con la que “pisaba fuerte” (pp. 539-540). En realidad, Milans pertenecía al Arma de Infantería y, como ya se ha dicho, no poseía la laureada, sino la medalla militar individual. Por otra parte, es erróneo denominar “gran laureada de San Fernando” a la gran cruz laureada de San Fernando, condecoración que, a la realidad, no apoya en fuente alguna. Igualmente, sostiene que el general Gutiérrez Mellado, el militar más importante de la Transición, carecía de prestigio en el Ejército por haber sido “espía” (p. 32). Si hubiera consultado las fuentes disponibles sobre su trayectoria militar, o, más sencillo, las memorias del coronel San Martín, perteneciente al sector Azulo falangista del Franquismo, habría comprobado que Gutiérrez Mellado era, en 1975, un militar muy prestigioso, tanto entre sus compañeros de armas como entre la clase política franquista de ideología reformista.

2. Reiterados errores a la hora de identificar correctamente a los implicados en el golpe de Estado, pese a que la autora asegura haber leído el sumario y el acta de la vista oral de la causa 2/81. Para ella, Milans del Bosch era “artillero” y, como ya se ha visto, estaba en posesión de la “gran laureada de San Fernando” con la que “pisaba fuerte” (pp. 539-540). En realidad, Milans pertenecía al Arma de Infantería y, como ya se ha dicho, no poseía la laureada, sino la medalla militar individual. Por otra parte, es erróneo denominar “gran laureada de San Fernando” a la gran cruz laureada de San Fernando, condecoración que sólo tenía Francisco Franco en la segunda mitad del siglo XX.

3. Confundir la cronología de determinados acontecimientos de gran importancia en aquel periodo. Por ejemplo, el nombramiento de teniente general Gabeiras como jefe del Estado Mayor del Ejército (JEME), que provocó un auténtico conflicto en el seno de las FAS, no tuvo lugar en 1977, sino en 1979 (p. 372).

4. Llamar Mirage, célebre avión de ataque supersónico francés de la década de los sesenta, a los pequeños reactores del Ejército del Aire utilizados para los desplazamientos oficiales del Rey, del presidente y de los ministros (p. 559).

No obstante, la parte más polémica de la obra es sin duda la dedicada al golpe de Estado del 23-F, donde la autora, desarrolla su propia tesis del golpe, apoyada en los siguientes vectores:

1. El golpe del 23-F hay que situarlo en el contexto de la crisis global que vivía España a partir de 1979: crisis económica, crisis política, azote del terrorismo.

2. Su origen estaba en la llamada Solución Armada, operación encabezada por este general y dirigida a convertirle en presidente del Gobierno mediante una moción de censura apoyada por los principales grupos parlamentarios (pp. 494-6).

3. El único objetivo de la operación era expulsar a Suárez de la Presidencia del Gobierno (pp. 492-493).

4. Su planificación correspondió al Centro Superior de Investigación de la Defensa (CESID), donde, en 1979, se había elaborado un documento conocido como “Operación De Gaulle”, que desarrollaba la idea de un gobierno de concentración nacional, presidido por un militar (pp. 485-486). El encargado de hacerla realidad era el teniente coronel Javier Calderón, secretario general del CESID, y sobre todo el comandante José Luis Cortina, jefe de la Agrupación Operativa de Misiones Especiales (AOME), amigo de Armada y perteneciente a la XIV promoción la Academia General Militar, a la que también pertenecía el Rey (p. 484).

5. El Rey apoyó y amparó esta operación, facilitando su desarrollo, especialmente su aceptación por los principales dirigentes políticos. Según Urbano, su actitud obedecía a su enemistad con Suárez y al temor de que se produjera un golpe de Estado que pusiera en peligro la Corona, ya que tanto Armada como Cortina le informaron de que había varias operaciones involucionistas en marcha, que se desencadenarían en mayo de 1981 (pp. 488-492 y 532).

6. El Rey autorizó a Armada a entrevistarse con el general Milans del Bosch, de acendrada ideología monárquica, para que se encargase de detener las operaciones golpistas, mientras se culminaba la Solución Armada (p. 531).

7. Suárez, conocedor de esta operación y del papel que la Corona jugaba en ella, decidió dimitir para evitar que Armada llegase a la Presidencia del Gobierno mediante la moción de censura preparada contra él (pp. 585-588).

8. Tras su dimisión, el Rey perdió todo interés por la Solución Armada y forzó la elección de Leopoldo Calvo Sotelo como sucesor de Suárez (pp. 596-604). Así se lo comunicó a Armada en la entrevista mantenida el 13 de febrero de 1981 (pp. 625, 627 y 628).

9. Armada, a pesar del cambio de actitud del monarca, decidió seguir adelante con la operación, aunque con un importante cambio: su elección como presidente del Gobierno no se produciría por el mecanismo de la moción de censura, sino provocando un golpe de Estado que le permitiese presentarse como salvador de la democracia, al frente de un Gobierno de concentración nacional (pp. 635-639).

10. Esta posibilidad se la daría el asalto al Congreso de los Diputados, realizado por 200 guardias civiles a las órdenes del teniente coronel Antonio Tejero, el 23 de febrero de 1981 (pp. 639 y 640).

11. Tras producirse el asalto, Armada pretendió personarse en el palacio de la Zarzuela para “reconducir” la situación al lado del Rey y culminar así su proyecto: convertirse en presidente del Gobierno. El monarca se mostró favorable inicialmente a que se trasladase a la Zarzuela, lo que impidió el general Sabino Fernández Campos, secretario general de la Casa de S. M., quien le informó que Armada estaba detrás de la acción protagonizada por Tejero (pp. 643-647).

12. A partir de ese momento, el único objetivo del Rey fue restablecer el orden constitucional y todas las dudas y retrasos que se produjeron en la consecución de ese objetivo fueron consecuencia de que la situación no estaba totalmente clarificada y de que no se querían cometer errores irreversibles. Este hecho explica, por ejemplo, la tardanza con la que se emitió el discurso del Rey en Televisión Española (pp. 673-678), y sobre todo que se autorizase a Armada a proponerse “a título personal” como presidente de un Gobierno de concentración nacional ante los diputados secuestrados por Tejero, ya que el Rey lo consideraba un instrumento válido para solventar la situación creada por el asalto al Congreso. Precisamente, esta autorización era el objetivo del general y, por tanto, la culminación de la operación desencadenada por la acción de Tejero. Sin embargo, Armada no logró su objetivo -hablar a los diputados-, porque Tejero se lo impidió, al no estar de acuerdo con la prevista composición del Gobierno de concentración (pp. 679-686).

13. El veto de Tejero hizo fracasar el golpe de Estado, liquidado en la mañana del 24 de febrero con la firma del llamado “Pacto del Capó” y el desalojo del Congreso de los Diputados por la Guardia Civil.

Para desarrollar esta tesis, que no es original, sino un remedo actualizado de la de Jesús Palacios –23-F: el golpe del CESID (Libros Libres, 2011)-, la autora vuelve a recurrir a su particular metodología, que consiste en lo siguiente:

1. Omitir cualquier acontecimiento que pueda poner en tela de juicio su tesis. Así, no habla de las operaciones puestas en marcha desde 1977 por un grupo de empresarios, militares y periodistas, procedentes de la élite franquista, con el objetivo de sustituir a Suárez por un político o empresario de ideología conservadora y dirigidas a limitar el desarrollo del sistema democrático, especialmente en el ámbito autonómico, y asegurar el papel de las empresas públicas. Estas operaciones, básicas para entender el golpe de Estado del 23-F, han sido relatadas con todo lujo de detalles en el libro de Juan María de Peñaranda, Desde el corazón del CESID (Espasa, 2012), que la autora no cita.

2. Manipular determinados acontecimientos históricos para ajustarlos a sus planteamientos. Por ejemplo, en la reunión del 18 de enero de 1981 con los impulsores de diversas operaciones involucionistas, convocada por Milans del Bosch a propuesta de Armada y mantenida en la calle General Cabrera de Madrid, tuvo dos objetivos: el primero, congelar estas operaciones y el segundo, estudiar la de Tejero -el asalto al Congreso de los Diputados- por si convenía utilizarla para que Armada fuese elegido presidente del Gobierno. Urbano omite el segundo de los citados objetivos para intentar demostrar que la Solución Armada siempre tuvo carácter legal y que sólo cambió su naturaleza cuando el Rey se desvinculo de ella a partir del 13 de febrero de 1981.

3. Faltar a la verdad a la hora de explicar determinados hechos históricos. Así, al relatar las conversaciones del Rey con los capitanes generales durante la noche del 23-F, afirma que todos se pusieron “incondicionalmente a sus órdenes para lo que fuera”; frase que no consta en las declaraciones sumariales de ninguno de ellos (pp. 652-656). Se trata de un error notable, ya que la autora se jacta de haber leído íntegramente los más de 6.000 folios del sumario.

4. Recrear acontecimientos históricos, ajustándolos a sus planteamientos, aunque sin aportar fuentes para demostrarlo. Así, a la hora de relatar la trascendental conversación del 13 de febrero de 1981, afirma, como ya se ha dicho, que el Rey se desvinculó de la Solución Armada, prohibiendo a su antiguo preceptor que siguiese adelante con sus planes. No existe fuente alguna que sustente que la conversación se desarrolló en esos términos. Por el contrario, el propio Armada, que es el único que se refirió a ella, afirmó en el sumario que solo le comunicó al Rey que cabía la posibilidad de que se produjera un golpe de Estado y que sería necesario reconducirlo.

5. Oscurecer a propósito determinados hechos, haciendo difícil la comprensión del desarrollo de los acontecimientos. Así, la autora, por razones no aclaradas, no contempla las conversaciones que Cortina y Tejero, Armada y Tejero, y Armada y Milans del Bosch mantuvieron los días 20, 21 y 22 de febrero de 1981. Conversaciones que aparecen relatadas con todo lujo de detalles en el sumario y que son claves para entender lo sucedido el 23-F, ya que en ellas Armada no sólo ordenó a Tejero asaltar el Congreso de los Diputados, sino que también informó a Milans del Bosch de lo que iba a ocurrir para que éste movilizase las tropas de la III Región Militar al objeto de apoyar la acción de Tejero.

Todas estas omisiones, tergiversaciones, manipulaciones, que convierten el relato de Urbano sobre el 23-F en algo incoherente, confuso y carente de hilo conductor, permiten a la autora alcanzar su principal objetivo: acusar al Rey de ser instigador directo de la Solución Armada e indirecto del golpe de Estado, poniendo en boca del fallecido general Sabino Fernández Campo, quien evidentemente no puede desmentirlo, que don Juan Carlos era el “Elefante Blanco” de la operación golpista, el que debía culminarla (pp. 691-694).

Para concluir este análisis, solo resta hacer referencia al epígrafe titulado “Gestando la glorificación del Rey” (pp. 732-736), donde la autora hace referencia al papel de salvador de la democracia que Juan Carlos I se ganó aquella noche, fraguándose “la leyenda de Mio Cid del 23-F” (p.734). Sin embargo, al redactarlo la “desmemoria” de la autora hace que olvide el artículo que ella misma publicó en ABC, el 5 de marzo de 1981, bajo el título “La noche de un rey en vela”, del que procede este fragmento: “Con Milans del Bosch se sucedieron distintas comunicaciones. Y es cierto que el Rey le tuteó y le llamó por su nombre, como también es cierto que le “ordenó”, sucesivamente y sin fisuras de debilidad, “la inmediata retirada de las tropas” que patrullaban

por Valencia, “la salida de Tejero y sus guardias civiles del Congreso de los Diputados”, la anulación de la “proclama” de asunción de todos los poderes en la III Región. Y no menos cierto es que el Rey en alguna de estas conversaciones, seguía unas breves notas, que previamente había escrito, no para no olvidar entonces lo que debía decirle, sino para no olvidar después, ni nunca, lo que le había dicho. Hay frases elocuentes del Rey que condensan su entereza en la decisión: “Estoy dispuesto a cumplir mi mandato constitucional por encima de todo…” “Sólo así seré fiel a la bandera… y lo seré hasta el final” “No cederé… Tendréis que fusilarme” La Reina está allí. Escucha. Vive íntimamente las horas más duras del reinado. Calla. Sufre. Alienta al Rey, y a todos los presentes, con su sola presencia”.

Anexo 7

¿La amnistía contra la Constitución?

Javier Pradera

El País 5 MAY 2010

Cualesquiera que sean sus auténticas motivaciones (reivindicar sinceramente a las víctimas del franquismo o replantear hipócritamente las reglas de juego político), las iniciativas para invalidar la Ley de Amnistía de 1977 han pasado a formar parte de las corrientes revisionistas de la Transición. La teoría según la cual la amnistía habría sido la formalización jurídica de un pacto político de silencio sobre los crímenes del franquismo suscrito por la oposición, atemorizada y empequeñecida ante los herederos de la dictadura, no es sólo una vileza moral para los derrotados en la Guerra Civil y los opositores que poblaron las cárceles de la dictadura; también pone al descubierto la ignorancia de los forjadores de la fábula. Esa peregrina tesis sólo podría ser tomada seriamente en algún debate entre las dos ramas más frikis del revisionismo histórico sobre la Guerra Civil: la escuela de historiografía policial acaudillada hoy -nunca mejor dicho- por Pío Moa y la cuadra de publicistas que niegan el carácter democrático del sistema político actual y lo consideran franquismo disfrazado.

El revisionismo sobre la Transición impugna también la validez de la Ley de Amnistía de 1977

Al mismo registro de simplezas derogatorias pertenece la elevación a categoría jurídica de ley preconstitucional la obvia constatación cronológica de que la amnistía de 1977 abrió la actividad de las Cortes que se cerraron con la aprobación de la Constitución de 1978. La fraudulenta equiparación entre la Ley de Amnistía, promulgada por el primer Parlamento democrático elegido tras cuatro décadas de dictadura, y las autoamnistías autocráticas (Franco amnistió en 1939 los delitos políticos por afinidad con el Movimiento Nacional entre el 14 de abril de 1931 y el 18 de julio de 1936) injuria a los diputados que la votaron y falsea la historia de su elaboración. La amnistía fue una iniciativa de los partidos recién salidos de la clandestinidad boicoteada por los nostálgicos del franquismo. Sin la amnistía de 1977 no existiría la Constitución de 1978: forma parte de su génesis y empapa su articulado. La reconciliación entre vencedores y vencidos fue el cimiento de una Constitución que descansó por vez primera en la historia de España sobre el consenso social.

Otras circunstancias, fuera de la estupidez o la mala fe, ayudan a entender -aunque no a justificar- esa inesperada puesta en la picota de la Ley de Amnistía de 1977. Durante las dos décadas siguientes a la Transición española, en el marco de Naciones Unidas se aceleró el proceso de codificación de los instrumentos del Derecho Penal Internacional que castigan y consideran imprescriptibles las más graves violaciones de los derechos humanos. Los tribunales especiales sobre los crímenes en Ruanda y la antigua Yugoslavia anunciaron la Corte Penal Internacional. Los responsables de algunas feroces dictaduras latinoamericanas pagaron parcialmente sus culpas. De manera ilógica, los contornos aún brumosos de ese nuevo Derecho Penal Internacional convencional o consuetudinario en proceso de formación están siendo utilizados inadecuadamente para impugnar la validez de la Ley de Amnistía; la excelente monografía de la profesora Alicia Gil Gil sobre La justicia de transición en España. De la amnistía a la memoria histórica (Atelier, 2009) demuestra, sin embargo, la inaplicabilidad de esos recientes desarrollos a los hechos de la Guerra Civil española.

Los horrores de la primera mitad del siglo XX sensibilizaron a la opinión pública mundial a favor de la defensa de los derechos humanos. Entre el final de la II Guerra Mundial y el Estatuto de Roma fueron aprobados numerosos convenios preventivos y sancionadores de crímenes susceptibles de persecución universal. Los Estados firmantes de esos tratados vinculantes para el futuro están obligados, sin embargo, a respetar los principios de legalidad penal, prescripción de los delitos e irretroactividad de las normas desfavorables respecto a los hechos producidos con anterioridad al momento de la adhesión. En octubre de 1977, España no había tipificado penalmente ni declarado imprescriptibles en su derecho interno los delitos de lesa humanidad ahora incorporados al artículo 607 bis del Código Penal. Mal hubiese podido la Ley de Amnistía exceptuarlos de su ámbito pese a quienes desean derogarla precisamente por no haberlo hecho.

Anexo 8

¿El final de la cordura?

Fernando Savater

3 NOV 2008

Hace poco más de 20 años me encantaba leer a los inusuales psicólogos de la escuela californiana de Palo Alto y sobre todo a Paul Watzlawick. Los libritos de éste (que en España publicó la editorial Herder) son muy breves, desenfadados y casi humorísticos, pero siempre plantean ideas-iceberg, o sea que tienen mucho más cuerpo de lo que aparece en la superficie… a diferencia de las obras de tantos pomposos gurús aquejadas de la deficiencia opuesta.

Me gusta en particular uno de ellos, titulado Lo malo de lo bueno. En él denuncia la tendencia a dar a los problemas y los conflictos lo que llama “soluciones clarifinantes”, es decir, soluciones que no sólo eliminan el problema sino también todo lo que está relacionado con él: “Algo así como dice el chiste conocido: la operación ha sido un éxito, el paciente ha muerto”. El mecanismo de las soluciones clarifinantes suele consistir en aplicar doble dosis de un remedio para duplicar su eficacia, desconociendo que medir la dosis forma parte también del remedio mismo: una aspirina puede aliviar nuestra jaqueca, pero kilo y medio de aspirinas no nos librará para siempre de los dolores de cabeza, sino que nos producirá úlcera de estómago…

En el caso de las fechorías del franquismo, opino que Garzón desbarra por completo

No tiene pies ni cabeza zanjar el debate histórico con sentencias

No diré que el libro de Watzlawick influyó en la transición española (al modo que los de Pettit inspiran hoy a nuestro primer mandatario) porque fue publicado más tarde, pero se diría que su prudente advertencia iluminó retroactivamente a los políticos y ciudadanos en aquel trance. Porque el comentado éxito de la transición estribó precisamente en renunciar a la aplicación contra viento y marea de una solución clarifinante a la dictadura: los remedios que tácita o explícitamente se convinieron tuvieron cuenta de la dosis y no se excedieron en ella, en contra de lo que algunos (entre los que, ay, debo incluirme) pedían con perentoriedad maximalista. Se procuró dar cauce a la ética de las consecuencias más que a la de los principios y se intentó alcanzar una forma institucional de justicia que renunciase a los ajusticiamientos. En líneas generales, fue toda una lección de cordura colectiva, algo inesperada desde luego en un pueblo que tiene como emblema literario la figura de un simpático orate. Hoy no faltan sabios sobrevenidos que nos recuerdan lo obvio, es decir, que pesó en aquella opción el miedo a poderes fácticos militares y civiles todavía vigentes. Cierto, sin duda, pero vamos a ver: esos grupos influyentes y temibles no venían del espacio exterior sino de la entraña misma de un país complejo y difícil de reconciliar. ¿Hubiera sido aconsejable azuzarlos en un sentido u otro hasta que pudieran desbocarse por instinto de conservación? Se optó prudentemente por cambiar el país, no por cambiar fieramente de país… y creo que se hizo bien.

A este criterio respondieron, con sus aciertos y errores, las medidas que se tomaron en los terrenos políticamente más escabrosos, como las nacionalidades, las relaciones entre la Iglesia y el Estado, el Ejército y las fuerzas de seguridad, la pluralidad sin restricciones de partidos o la condonación de responsabilidades por los desafueros cometidos durante la dictadura (incluidos los actos de subversión terrorista). Salieron de la cárcel los presos, volvieron los exiliados que así lo desearon, se repuso en sus cátedras a profesores represaliados, se modificó la legislación en cuestiones de buenas costumbres y orden público, etcétera. En cierta medida -probablemente insuficiente- se trataron de remediar los más señeros atropellos sociales y personales cometidos en el pasado inmediato. Por lo general, se actuó con cautela (aunque a muchos les pareció loca precipitación) pero es patente que se derrochó buena voluntad conciliadora: basta para comprobarlo releer hoy serenamente el texto constitucional, cuyos aspectos menos satisfactorios se deben precisamente al esfuerzo por calmar resabios y dar cauce moderador al radicalismo, a fin de recabar complicidad con la democracia incluso de aquellos que -partidarios del antiguo régimen o antifranquistas- mayor rechazo mostraban ante ella.

Con todos los altibajos que se quiera y bajo la amenaza persistente del terrorismo y del golpismo (que funcionaron en más de una ocasión mancomunados), esta lección práctica de cordura institucional dio notables frutos de prosperidad y regeneración de nuestra vida en común. Sin embargo, en los últimos años (¿cuántos? ¿15, 10, 5?) parece haber llegado a una fase de agotamiento e involución. Por lo visto, la sensatez se ha vuelto ya decididamente aburrida y muchos vuelven a reclamar las soluciones clarifinantes que prudentemente se dejaron de lado en el periodo transicional.

Volvemos por donde solíamos. En el terreno de la política lingüística, por ejemplo, ya no basta con que se puedan utilizar todas las lenguas oficiales en el terreno educativo y social: en algunas autonomías es preciso excluir y obstaculizar cuanto se pueda a la lengua común del Estado, negando como ilusorio el derecho a ser educado en ella o utilizarla para relacionarse con la Administración autonómica. Quienes protestan ante esta malversación de una legalidad pluralista son considerados fascistas y xenófobos, herederos de la peor reacción o al menos crispadores con afán de sembrar la discordia. Por otra parte, ya no basta que las creencias y prácticas religiosas sean respetadas en su ámbito propio igual que también en sus manifestaciones públicas, aunque siempre a título privado. Ahora se nos exige como necesario que la Iglesia mantenga intactos todos sus privilegios teocráticos de la época pasada y que incluso pueda decidir qué tipo de valores cívicos deben ser enseñados en la escuela, so pena de sublevar a la feligresía clamando contra la persecución religiosa. Un retroceso, dos retrocesos, varios retrocesos…

El último y por el momento más notable, la apertura de un proceso penal por las fechorías del franquismo, elevadas en la requisitoria de Garzón a la categoría de crímenes contra la humanidad. Lo que en un comienzo fue el razonable intento de satisfacer a quienes buscan los restos de sus seres queridos ejecutados para darles digna sepultura, pasó luego a una especie de revival de la vieja discordia fratricida para imponer a posteriori la salomónica justicia que no se hizo en su día: no ya desenterrar los muertos de la Guerra Civil, sino desenterrar a la propia Guerra Civil para que ahora por fin ganen los buenos. ¡Por fin va a quedar claro, judicialmente claro, que lo de Franco fue una dictadura y por tanto un rosario de abusos, arbitrariedades y crímenes! Ya me parecía a mí…

Tengo el mayor respeto por Baltasar Garzón: seguro que se ha equivocado a veces, pero como se equivocan los que hacen algo más allá de la rutina frente a los que sólo se atienen a ella, que aciertan siempre. El balance de sus iniciativas a lo largo de los años creo que es fundamentalmente favorable a la democracia y a la justicia. En este caso, en mi opinión desbarra por completo. Desde luego, ignoro si la razón jurídica está de su lado o la tiene el fiscal Zaragoza: la triste experiencia de los últimos años me ha demostrado que hay iniciativas que carecen de sentido común, pero tienen sentido legal. Lo que me asombra es que bastantes, pese a dudar mucho de la viabilidad jurídica del asunto (¿qué responsabilidades penales van a pedirse, y a quién, si el franquismo es declarado culpable? ¿guillotinaremos al Rey, establecido en el trono por el dictador?) y secretamente convencidos de que todo se quedará en agua de borrajas, traten de vendernos el encanto simbólico de todo este asunto. Pues no: precisamente en el plano simbólico es donde resulta más clara la majadería. No tiene pies ni cabeza tratar de zanjar un debate histórico con sentencias judiciales ni combatir a los historiadores falsarios desde un tribunal. Nos dicen que la derecha no reconoce sus vínculos genealógicos con el franquismo; bueno, ¿y la izquierda? ¿Aireamos de nuevo la lista de líderes políticos, catedráticos, periodistas, etcétera, con un pasado azul que tú bordaste en rojo ayer? Todos ellos fueron franquistas (o combatieron el franquismo “desde dentro”, es decir, con cargos franquistas) en la época más dura del régimen: se fueron curando luego, qué cosas. Por no hablar de quienes heredan sus modos en la imposición lingüística (nuevas versiones autonómicas del “hable usted en cristiano” imperial) o sencillamente en el mangoneo de favores o de ostracismos desde cargos públicos, de tanta raigambre dictatorial.

Ahora veo derribar la cárcel de Carabanchel, en la que hace 40 años pasé una breve y no diré que feliz temporada. La despido sin tanta nostalgia como muestran por ella los que no la conocieron por dentro. Y así me gustaría ver irse también al olvido a los hunos y los otros, como diría don Miguel, a quienes no olvidan porque su memoria viene de la ideología y no de la experiencia. Son el peor cáncer de la España actual, la de la crisis, el paro y la hostilidad centrífuga.

Fernando Savater es catedrático de Filosofía de la Universidad Complutense.

Anexo 9

La Transición y el 23F: la eterna nebulosa

Publicado por Antonio Yelo

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Miembros del Gobierno aplauden la entrada en vigor de la Constitución en 1978. Fotografía: CEPC.

Han pasado treinta y tres años desde que se produjo el golpe de Estado del 23F (1981) y en breve se cumplirá el treinta y siete aniversario de las primeras elecciones democráticas después de Franco (1977). Se han publicado cientos de libros sobre la Transición y sobre el pronunciamiento militar. Miles de noticias, reportajes y artículos de opinión sobre estos asuntos han sido escritos en estos largos años. Hay documentales y series divulgativas para televisión que han analizado los acontecimientos. Y recientemente pudimos asistir incluso a una obra de teatro sobre Adolfo Suárez, el principal protagonista del periodo. ¿Por qué, disponiendo de toda esta información, es imposible a día de hoy tener una idea clara sobre lo que ocurrió y sobre quién es responsable de qué?

La muerte de Adolfo Suárez, la publicación del último libro de Pilar Urbano y las reacciones que han provocado, en lugar de clarificar, han contribuido a aumentar la confusión.

Los hechos recientes son:

Viernes 21 de marzo de 2014: Adolfo Suárez Illana (hijo del expresidente Adolfo Suárez) convoca para las once de la mañana una rueda de prensa en la Clínica Cemtro de Madrid para anunciar que la muerte de su padre es inminente y podría producirse dentro de las próximas cuarenta y ocho horas.

Domingo 23 de marzo: Fallece Adolfo Suárez poco después de las tres de la tarde. Han transcurrido cincuenta y dos horas desde el anuncio de su hijo. El expresidente del Gobierno había padecido durante más de diez años la enfermedad de Alzheimer.

Domingo 30 de marzo: Se publica una entrevista en El Mundo con la periodista Pilar Urbano sobre su libro La gran desmemoria: lo que Suárez olvidó y el rey prefiere no recordar que va a ser publicado cuatro días después.

Lunes 31 de marzo: En la catedral de la Almudena de Madrid y presidido por los reyes se celebra un funeral de Estado por Adolfo Suárez.

Jueves 3 de abril de 2014: Sale a la venta —editado por Planeta— La gran desmemoria: lo que Suárez olvidó y el rey prefiere no recordar firmado por Pilar Urbano. En este libro se da a entender que el rey fue parte de la «operación Armada» hasta que semanas antes de producirse el golpe cambió de idea y decidió apoyar la investidura de Calvo Sotelo como sustituto de Adolfo Suárez en la presidencia del Gobierno.

Viernes 4 de abril de 2014: Nueve antiguos colaboradores de Suárez (entre los que se encuentran exministros como Martín Villa, Marcelino Oreja y Arias Salgado) y su hijo Adolfo publican un comunicado en el diario ABC en el que acusan a Pilar Urbano de «tergiversar la verdad», califican el libro como «relato novelado-libelo» y denuncian que dicho texto «parece tener por objeto desestabilizar las instituciones y atacar frontalmente la figura de S. M. el rey y al presidente Suárez». Algunos de los firmantes de este comunicado son citados como fuentes por Pilar Urbano en su libro.

Ese mismo día 4 de abril un representante de la casa real califica las conversaciones que se citan en el libro de «pura ficción imposible de creer» y desmiente que el rey participase en lo que la autora denomina «Operación Armada».

¿Periodismo de investigación?

El pasado lunes 14 de abril se concedió el Premio Pulitzer (los Óscar del periodismo) a los diarios The Washington Post y The Guardian por la publicación de lo que luego se llamó el caso Snowden (la revelación del espionaje masivo realizado por la Agencia de Seguridad Nacional de los EE. UU.). La organización que concede el galardón destacó la labor de los citados periódicos por ser capaces de provocar un debate sobre la relación entre el Gobierno y el público sobre cuestiones de seguridad y privacidad y por ayudar al ciudadano a entender.

En un editorial de El País titulado «Periodismo valiente», del 17 de abril, se celebró la adjudicación de este premio a los citados periódicos anglosajones con las siguientes palabras:

Se ha premiado la valentía de un tipo de trabajo comprometido con su principal cometido: ofrecer a la ciudadanía información veraz y contrastada y ejercer la vigilancia del poder desde el rigor y la independencia.

Es el periodismo de investigación español el que, al igual que han hecho estos rotativos anglosajones en el caso Snowden, y dado que el Estado español continúa manteniendo en secreto algunos documentos y conversaciones telefónicas, debe averiguar todo lo ocurrido durante la Transición y en el golpe de Estado.

A modo de referencia es conveniente tener una definición. Con base en lo anterior se podría definir el periodismo de investigación como aquel que, con información veraz y contrastada, consigue provocar un debate entre el público y el Gobierno; ayuda al ciudadano a entender y ejerce la vigilancia del poder desde el rigor y la independencia.

Libros sobre la Transición. La carta

De entre todos los libros publicados sobre el periodo de la Transición solo unos pocos han hecho un análisis crítico de los acontecimientos y los personajes. La mayoría de las biografías y ensayos han recorrido el camino del halago y la alabanza —prefiriendo resaltar los aspectos positivos—dejando como conclusión en la mente del lector no iniciado que la Transición fue algo milagroso y lo mejor que pudo suceder a nuestro país en aquel momento; y que sus protagonistas fueron héroes que se sacrificaron en beneficio de sus conciudadanos. Tan acostumbrados estamos a este tipo de libros, que cuando en el penúltimo que se ha publicado —Puedo prometer y prometo de Fernando Ónega (Plaza & Janés, 2013)— su autor explica en la primeras páginas que lo suyo no es una biografía de Suárez, «aunque se le parezca» sino «Un cariño; el cariño del aldeano metido a escribidor al que un día uno de los más grandes hombres de la historia de España le ofreció colaborar con él», casi nadie se escandaliza —ni siquiera se extraña—; el libro pasa a integrar de forma casi automática la lista de los más vendidos y su autor conserva —incluso aumenta— su prestigio como profesional. Fernando Ónega fue director de prensa de Presidencia de Gobierno durante la etapa de Suárez.

En esa minoría de libros críticos llama la atención que casi todos incluyan el mismo documento: una carta. La carta que presuntamente envió el rey Juan Carlos al sha de Persia para pedirle dinero para UCD, el partido de Adolfo Suárez. Esta carta apareció por primera vez —en inglés— en el libro de Jesús Cacho El negocio de la libertad (FOCA, 1999). También incluyen esta misiva en sus obras José García Abad, Jesús Palacios, Luis Herrero, Gregorio Morán, Iñaki Errazkin, Carlos Aznares y, recientemente, Pilar Urbano. En la citada carta se solicitan diez millones de dólares y se argumenta que, si no se apoya al partido de Suárez, se corre el peligro de que el «marxista» PSOE gane las próximas elecciones, lo que pondría en peligro la monarquía y la estabilidad de España. La epístola —fechada el 22 de junio de 1977— se inicia con un «Mi querido hermano» y se finaliza con «Tu hermano. Juan Carlos». Todos los autores citan como única fuente para esta carta The Sha and I. The Confidencial Diary of Iran´s Royal Court. 1969-1977, el libro de memorias de Amir Asadollah Alam (abril 1919-abril 1978), primer ministro y amigo personal de Reza Pahlevi. Estas memorias fueron editadas en francés por A. Alikhani, otro ministro y amigo del autor, y luego traducidas al inglés y publicadas en Nueva York en 1991. Asadollah Alam se mantuvo en el cargo de ministro de la corte del sha hasta agosto de 1977 y murió de leucemia en 1978. Un año después estalló la revolución de los ayatolás en Irán. En la entrevista que el autor de este reportaje realizó con Jesús Palacios, uno de los periodistas que citan esa carta en sus libros, argumentó que él sí tenía otra fuente que confirmaba la veracidad de dicho documento pero que no podía revelar su identidad. Actualmente —treinta y siete años después de que presuntamente fuera redactada— se puede comprar el libro de Asadollah Alam —disponible, por ejemplo, en Amazon— y leer la reproducción de la carta traducida al inglés, pero no hay otra manera de verificar la existencia y veracidad de la citada carta.

Las fuentes

Jesús Palacios, periodista e historiador, ha colaborado en El Mundo, La Razón y El Periódico de Cataluña; ha sido contertulio de Intereconomía y fue uno de los reporteros que cubrieron el juicio de Campamento de 1982 en que se juzgó a los implicados en el golpe. Entre sus muchos libros publicados destacan dos: 23 F: El golpe del Cesid (Planeta, 2001) y 23 F, el Rey y su secreto (Libros Libres 2011). En ellos analiza, con base en numerosas entrevistas, la intentona golpista de 1981. La tesis principal de las citadas obras es que el rey de España fue pieza clave para el golpe de Estado y que estuvo en la operación hasta el final. Con su argumentación lleva la responsabilidad del monarca más allá de lo que lo hace Pilar Urbano en su último libro. Según esta última el rey «se baja» de la conspiración el 11 de febrero de 1981, dos semanas antes del golpe. Una de las pruebas sobre las que Jesús Palacios construye su tesis es que, según afirma en su libro 23 F, el Rey y su secreto, los hijos del rey, las infantas y el príncipe, aquel señalado día 23 de febrero de 1981, no fueron enviados al colegio. Preguntado por el autor de este reportaje sobre la fuente de la que obtiene esta información, Palacios afirma que no puede revelar su identidad, pero que «se trata de una persona que conoce perfectamente que los hijos del rey estuvieron todo aquel día en la Zarzuela».

Jesús Cacho (Palencia, 1943), periodista, fue director de El Confidencial después de pasar por las redacciones de ABC, El País y El Mundo. Actualmente dirige el diario digital Voz Populi y ha escrito varios libros de periodismo de investigación de los cuales el más importante es El negocio de la libertad (FOCA, 1999), que vendió más de ciento cincuenta mil ejemplares. En opinión de Jesús Cacho «En España es imposible citar una fuente porque te quedas seco. Es una consecuencia de la baja calidad de nuestra democracia. El miedo a hablar en libertad es una herencia del franquismo. En una sociedad realmente democrática lo normal sería que, por ejemplo, un constructor dijera que los planes de fomento son un desastre o que cualquier gran empresario criticara la política económica del Gobierno. Y que luego no temieran represalias. Aquí no puedes decir: “dice fulanito” como afirman las grandes agencias internacionales o la prensa anglosajona. Este es un drama que afecta claramente a las libertades de los españoles. Aquí todo es off the record». Preguntado sobre la comprobación de la veracidad de lo publicado manifiesta Cacho que «dado que no se explicitan las fuentes, lo que queda al lector es analizar y verificar la credibilidad del periodista en cuestión. Si el periodista ha demostrado a lo largo de los años que tiene un comportamiento ético, que no manipula la información, que no lo han llevado mucho a los juzgados… Si tiene un prestigio reconocido por la comunidad no solo periodística, entonces el lector le puede otorgar una calificación de noventa sobre cien. Si es un cantamañanas, le dará un veinte sobre cien y no comprará sus libros. Pero claro, este no es un criterio objetivo».

Arcadi Espada (Barcelona, 1957) fue profesor de la Facultad Periodismo de la Universidad Pompeu Fabra hasta 2011, ha publicado diecinueve libros y ejerce el periodismo desde las páginas de El Mundo después de haber colaborado con La Vanguardia, el Diario de Barcelona y El País. Sobre este asunto opina que «En un relato fáctico, si no se puede citar la fuente, debe al menos manifestarse que aquello fue dicho, por alguien que no se quiere identificar, el día tal y en tal sitio. O asumir como propia la información. No la frase, pero sí la información. Si no se puede identificar la fuente, se debe dar a lector, al menos, la seguridad de que la fuente de la que obtiene la información es legítima».

Adolfo Suarez y Leopoldo Calvo Sotelo en febrero de 1981. Fotografía: Cordon Press.

Adolfo Suarez y Leopoldo Calvo Sotelo en febrero de 1981. Fotografía: Cordon Press.

La mitificación de Suárez y la Transición

Con el fallecimiento de Adolfo Suárez los periódicos se han visto inundados de artículos de opinión y reportajes sobre la Transición y sus protagonistas. Desde algunos foros se ha acusado a la opinión publicada de estar contribuyendo a la mitificación del periodo histórico y sus personajes. Incluso se han podido leer opiniones que consideraban positiva dicha mitificación. («Suárez. nuestro primer mito» de Nicolás Redondo Terreros en El País 3-04-14 y «Terra mítica» de Fernando Savater en El País 1-04-14).

Jesús Cacho tiene claro que «las sociedades de nuestra época lo que necesitan es calidad democrática y no mitos. Donde no hay auténtica democracia florecen los mitos producto de laboratorio, no de la sociedad». Añade, con sorna, Cacho: «Se muere Suárez y se orquesta una operación para ponerlo en el pedestal. Y el rey se pone a su lado porque como fue el que lo nombró… Y se equipara a él y lo irradia y lo limpia. Y de golpe aparece el libro de Urbano. Parece algo maquiavélico».

Arcadi Espada tiene un punto de vista diferente: «Cuando yo era joven considerábamos que Suárez no era más que un monigote. Muy diferente de la imagen que hoy se traslada a la opinión pública. Hay factores que influyen en esta mitificación y no hay por qué recurrir a conspiraciones para explicarla. Uno de ellos es el paso del tiempo, que mejora los vinos y mejora las personas. La melancolía es un factor decisivo y todos los que hoy construyen el mito de Suárez son personas de mi edad o mayores que yo que de alguna forma están también reconstruyendo su propio pasado. Y sobre ese pasado echan una mirada indulgente o piadosa. Es normal, es algo que hace —hacemos— todo el mundo. Otro factor es la enfermedad. La dolencia que ha sufrido Adolfo Suárez, por tener como característica principal la pérdida de memoria, ha sido muy metaforizada. Se han utilizado expresiones como la “amnesia de la Transición” y se ha comparado el Alzheimer de Suárez con la memoria histórica de su vida y del periodo. Y luego, como último factor, ocurre que el mito viene a proyectarse hoy sobre un paisaje español tocado por la crisis y el sucio populismo de estar en contra de los políticos y de la política. Es decir: en España hay una deslegitimación casi general —desde todos los ámbitos— de la forma tradicional de hacer política. Y como reacción no se sustituye esa forma tradicional por otra más moderna, sino por otras más arcaicas como son el populismo y los nacionalismos. En ese escenario aparece, indemne, la figura de Suárez. Un hombre que proviene de un tiempo en que la política era muy respetada».

Los fact checkers y la edición

Nota del autor: Fact checker es el nombre que se otorga en la prensa anglosajona a la persona que se encarga de comprobar la veracidad y exactitud de los hechos cuyo relato se incluye en una obra de no ficción.

En un artículo titulado «Historia de una short story» que publicó en el Corriere della Sera en los años sesenta el periodista y escritor italiano Indro Montanelli (Florencia, 1909-Milán, 2001) relató con mucha ironía el proceso de edición de un artículo que le fue solicitado por una revista norteamericana:

Entonces pudo ser llevado ante la comisión de cinco editors especialistas que, tras haber leído el trabajo, primero los cinco a la vez y luego cada uno por su cuenta, dieron secretamente su voto. Mi historia había sido aprobada por cuatro a uno: lo cual constituía una buena garantía para su paso a la segunda comisión, de once editors cuya Junta estaba prevista para el mes siguiente. La aprobación final, la del editor in chief, era una pura formalidad, y llegaría poco después.

Montanelli, como contraste, recoge en esta versión de su artículo la carta de un fotógrafo americano que había leído su trabajo en el rotativo italiano y que, reconociendo lo excesivamente escrupulosos que eran sus compatriotas a la hora de editar un trabajo periodístico, relataba cómo él había vivido una experiencia diametralmente opuesta con un periodista italiano que le compró unas fotos de la ciudad de Santa Fe (EE. UU.) para ilustrar un reportaje sobre Albuquerque (EE. UU.) y que cuando le advirtió de que eran ciudades muy diferentes, el italiano le respondió: «¡No importa! Siempre es el sur». Tiempo después el número correspondiente de la revista italiana llegó a las manos del fotógrafo y pudo comprobar que efectivamente sus fotos habían sido mal utilizadas.

En 2003 el escritor John D’Agata (Massachusetts, 1975) envió a la revista norteamericana The Believer un ensayo sobre el suicidio del joven Levi Presley en el Hotel Stratosphere de Las Vegas. Jim Fingal, fact checker de la publicación, fue el encargado de comprobar que los hechos, fechas, cantidades y demás datos incluidos en el reportaje se ajustaban a la realidad. Desde el inicio, Fingal encontró inconsistencias. La primera frase del texto de D’Agata decía que en las Vegas había treinta y cuatro clubs de striptease legalmente registrados. En la fuente que el autor facilitó a Fingal solo figuraban treinta y un locales. D’Agata, al ser cuestionado por Fingal, respondió que el ritmo de la expresión «treinta y cuatro» funcionaba mejor en la frase que el de «treinta y uno». Aquí comenzó el tira y afloja entre el escritor y el fact checker. El artículo fue inicialmente rechazado y terminó publicándose solo en 2010. Dos años después, Fingal y D’Agata, que acabaron haciéndose amigos, publicaron juntos un libro, The Lifespan of a Fact (W. W. Norton & Company), donde relatan todo el proceso de comprobación de hechos y fuentes por el que pasó aquel ensayo. El libro es considerado como uno de los más completos manuales de lo que significa la labor de comprobación factual en medios de comunicación.

«Si hay comparaciones que me parecen odiosas entre España y el resto de países —sobre todo si son los países anglosajones— son las relativas al periodismo», nos dice Arcadi Espada. «El periodismo español es una profesión agonizante. Pedir fact chekers en España es como pedir que comiéramos caviar todos los días. En España es que por no haber no hay ni editores. Los veteranos estamos esperando que el sistema cultural español —no solo el periodismo— acabe de morir. Un país donde el 80% de los contenidos culturales son piratas; donde no hay ningún respeto a sus escritores… Preguntar por fact chekers en este país es de cachondeo».

Jesús Cacho critica la edición periodística desde otro punto de vista. «En España no ha habido editores de verdad. Se ha perdido la figura del director como punto de enganche entre el capital (la propiedad del medio) y las redacciones. En algunos casos, además, el director se metió en el capital, con lo que terminó desapareciendo esa figura intermediaria que suavizaba las tensiones entre las dos partes. A esto hay que añadir la ideologización máxima que vivimos que se traduce en la necesidad del carnet en la boca del periodista cuando intenta ser contratado por un medio. Y lo peor: el efecto letal de la concentración de poder en pocas manos, en las manos de nueve señores que son los que reparten el 90% de la publicidad española. Y en el fondo, y por desgracia, esos señores entienden la publicidad como un pasaporte a la impunidad».

El libro de Pilar Urbano y cómo se hacen los libros de investigación

Nota del autor: Arcadi Espada aclara que no ha leído el último libro de Pilar Urbano y que entró en la polémica generada por su publicación porque al leer la entrevista que le hicieron a la periodista en El Mundo el domingo 30 de marzo se sintió liberado del compromiso de guardar el secreto que mantenía desde hace más de treinta años, cuando Adolfo Suárez le manifestó —a él y a otros periodistas— su opinión sobre el papel del rey en el golpe de Estado. Espada publicó un artículo, «Conversaciones privadas», sobre esta cuestión el 4 de abril. Hemos charlado brevemente con él, con Jesús Cacho y con Jesús Palacios.

«Pilar Urbano puede estar diciendo la verdad» —manifiesta Arcadi Espada—. «Y la verdad no sería que lo que Suárez decía era cierto, sino que Suárez lo decía. Imagínese que usted tiene la oportunidad de hacer una entrevista a un expresidente de Gobierno y este le declara que el rey de España fue un imprudente y que propició el golpe de Estado por torpeza y por frivolidad. Usted publicaría esa entrevista, ¿verdad? Le daría al personaje ese argumento de autoridad que concede el género de la entrevista al entrevistado y la publicaría. No sería necesaria una comprobación de la veracidad de esas declaraciones. Pilar Urbano, sin embargo, no hace esa entrevista, ella hace un libro y en ese caso sí son necesarias las comprobaciones».

Espada continúa: «En el relato fáctico hay una cosa que es clave: cuando usted está leyendo un ensayo, un libro de periodismo, y se pregunta: «¿Y esto cómo lo sabe el autor?». En ese momento ya se ha fastidiado la cosa. En una novela esa pregunta no tiene sentido porque el autor es dueño y señor de lo que sabe y de lo que deja de saber. Pilar Urbano construye escenas practicando la omnisciencia, la omnipotencia y todas esas técnicas típicas de los narradores decimonónicos. Eso de que con las herramientas de la ficción se puede escribir faction es una bobada y los libros de Pilar Urbano, con independencia de que lo que escribe sea o no sea cierto, tienen ese hándicap. Es como cuando te engaña tu mujer: si te engaña una vez, desconfías para siempre».

Jesús Cacho apunta: «Yo no me he inventado nunca una conversación para ponerla en mis libros, se me caería la cara de vergüenza. Yo lo que hago siempre es recoger la conversación y luego chequearla. Voy a la otra parte y compruebo lo que me ha dicho la primera parte. Por eso el trabajo de un buen libro de investigación se demora años. No como se hacen ahora algunos libros, que se componen con titulares de periódico, cuatro opiniones y poco más».

En 2001, después de que Planeta publicara 23 F: El golpe del Cesid, el teniente general Javier Calderón, entonces director del Centro Superior de Información de la Defensa (CESID) —hoy Centro Nacional de Inteligencia (CNI)—, se querelló contra Jesús Palacios, el autor del libro, por calumnias contra su persona. En 2004, la Audiencia de Madrid archivó la querella considerando que en el libro se incluía «una información valorada y alabada por varios historiadores y periodistas, por lo que, si bien no tiene por qué implicar que sea ajustada a la verdad, sí que contribuye a la idea de difundir una información veraz y contrastada».

Jesus Palacios valora muy positivamente ser «el único periodista al que un juez ha dado la razón», y después de decir que salvo con el rey, se entrevistó con todos los protagonistas del golpe de Estado —«Yo habré tenido con Armada unas doscientas conversaciones y con Sabino Fernández Campo más de un centenar»—, nos cuenta su método de trabajo: «Hablas con muchas personas. Son todos testimonios orales. Yo no he visto documentos escritos. Los pocos que había fueron inmediatamente destruidos. Se dice que existen conversaciones telefónicas, pero yo no las he escuchado. Entonces en esa historia oral vas, poco a poco, recabando los testimonios. Uno te cuenta más, otros menos y lo vas encajando en función de la veracidad, verosimilitud y la coherencia del mismo testimonio. Hay revelaciones de alguna fuente que las tienes que dejar en reserva durante un tiempo».

Palacios, que insiste en que para entender las conclusiones de sus libros es importante tener en cuenta que el golpe estaba pensado «como una operación de corrección del sistema democrático, como un golpe blando para evitar un golpe duro», reconoce que «Armada, en su relato posterior de los hechos, siempre se mantuvo dentro de su línea de defensa durante el juicio de Campamento. Él me dijo que fue al Congreso porque se lo ordenan sus superiores. Y negó siempre que existiera una lista del Gobierno que teóricamente iba a ser presidido por él. Lo mantuvo hasta el último momento».

El perro que casi le muerde los cojones a Suárez. Con perdón.

La discusión subía y subía de tono. Llegaron a alzarse la voz con tal rudeza que el perro del rey, Larky, un pastor alemán, tumbado en la alfombra del despacho real, comenzó a ladrar y, excitado, se arrojó contra Suárez. «Casi me muerde los coj…», me contó Suárez tiempo después. El rey saltó y sujetó al perro. Más allá de esta anécdota, Suárez le leyó la cartilla al rey, el hombre que lo había elegido para, juntos, hacer historia. (Respuesta de Pilar Urbano en la entrevista que, realizada por Miguel Ángel Mellado, publicó el diario El Mundo el día 30 de marzo).

En el libro de Pilar Urbano, en nota a pie de página, se dice que esta conversación (el rey y Adolfo Suárez estaban a solas en el despacho del primero con un único testigo: un perro) no fue relatada por el presidente del Gobierno directamente a la autora —como manifiesta en la entrevista de El Mundo—, sino que Suárez la relató a su cuñado Aurelio Delgado y a su amigo Antonio Navalón y que ambos, en momentos distintos, se la contaron con posterioridad a la autora. La expresión «Casi me muerde los coj…» no aparece en el libro.

Fotografía: Cordon Press.

Fotografía: Cordon Press.

Si en algo estamos de acuerdo los españoles sobre la figura de Adolfo Suárez, es acerca de su valentía. Todos pudimos ver en televisión cómo se quedó sentado cuando Tejero, durante el golpe de Estado, ordenó a los diputados que se tirasen al suelo. Solo Suárez, Carrillo y Gutiérrez Mellado tuvieron lo que hay que tener para desobedecer al uniformado. Como Gregorio Morán (biógrafo de Suárez) dijo al autor de este artículo en entrevista publicada en esta revista: «Hay que decir que Suárez tiene tropecientos defectos, pero hay que reconocerle algo que demostró siempre: una valentía inigualable. Si es algo referente a la inteligencia o al talento, se le puede cuestionar. Pero la cuestión testicular la tenía muy bien colocada».

¿Qué hubiera ocurrido si un mes antes del golpe de Estado aquel perro hubiera conseguido su objetivo? La imagen de Adolfo Suárez sentado en su escaño mientras unos militares intentan acabar con la democracia ha simbolizado durante los últimos treinta y tres años, y gracias al periodismo, la defensa de la dignidad de la nación española y su imbatible deseo de progreso ante la barbarie y el involucionismo. ¿Hubiera sido la historia igual si aquel perro hubiera mordido a Adolfo Suárez en sus partes pudendas? ¿Dependía en aquellos momentos el destino y la dignidad de una nación de los dientes de un perro? (**)

Las entrevistas con Jesús Cacho y Arcadi Espada se celebraron el jueves 10 de abril de 2014. La entrevista con Jesús Palacios el viernes 11 de abril de 2014.

(*) Este artículo se puede encontrar en Gentes del siglo, recopilación de artículos de Indro Montanelli realizada por Arcadi Espada con traducción de Domingo Pruna y que fue editada por Espasa en 2006.

Anexo 10

Suárez, nuestro primer mito

Invocar su nombre es un argumento de autoridad en una sociedad necesitada de símbolos comunes

Nicolas Redondo Terreros

3 ABR 2014 – 00:00 CEST

Tendemos a contemplar todas las actividades humanas con una comprensión benevolente que nos permite vivir con tranquilidad. Así, consideramos que son las naciones las que han configurado el tejido jurídico-político que llamamos Estado por medio de una voluntad colectiva, pacífica, pero etérea, casi espiritual. Pero en realidad primero se construyó el andamiaje estatal, sobre unas bases más o menos homogéneas, y luego la nación, tal y como la entendemos desde la Ilustración. Para la configuración de la nación, además de la fuerza fueron utilizados elementos culturales y económicos con un objetivo integrador y, ¿por qué no decirlo?, hasta homogeneizador. En esa política unificadora, que siempre fue iniciada por las elites y nunca nació de levantamientos populares de naturaleza nacionalista, las banderas y los símbolos han jugado un papel decisivo.

En su visita a España, tras negarse a visitar el Alcázar de Toledo, De Gaulle dijo: “Todas las guerras son malas porque significan el fracaso de toda política, pero las guerras civiles son imperdonables, porque la paz no nace cuando la guerra termina”. Es tan cierta la afirmación del presidente de la República Francesa que la Guerra Civil no terminó el 1 de abril de 1939, aunque el parte de guerra emitido desde Burgos dijera: “En el día de hoy, cautivo y desarmado el Ejército Rojo, han alcanzado las tropas nacionales sus últimos objetivos militares. La guerra ha terminado”, sino cuando iniciamos el periodo que denominamos Transición española. En concreto, el 15 de junio de 1977, cuando todos los españoles depositaron por primera vez su voto libremente, terminó la contienda civil. Solo por eso podríamos enorgullecernos de los hombres que protagonizaron aquel periodo, sin embargo, como toda obra humana tiene sus sombras. Por desgracia, la Transición española, producto de la debilidad de un franquismo agonizante y de una izquierda que vio morir al dictador en su cama, no acertó a construir símbolos y mitos en los que pudiéramos sentirnos representados la mayoría de los españoles, que sin embargo sí habíamos sido capaces de consensuar pacíficamente unas reglas mínimas para convivir en libertad. Fue como si el esfuerzo de la razón, que nos inducía a evitar los errores del pasado y buscar denominadores comunes de convivencia, hubiera requerido de todas nuestras energías y de toda nuestra inteligencia, impidiendo el nacimiento de vínculos sentimentales suficientemente poderosos para integrar el producto de la razón.

Cuando todos los españoles depositaron por primera vez su voto libremente, terminó la contienda civil

Los políticos de la Transición fueron capaces de hacer lo que hoy recordamos en la muerte de Suárez, pero fueron incapaces de captar el mundo de las representaciones simbólicas, que son esenciales para la pervivencia de un sistema. Nos conformamos con depositar nuestra confianza, una vez más, en las personas; en el Rey mayoritariamente, y en los líderes de cada cual en aquella etapa. Confirmábamos, sin saberlo, nuestra tendencia a seguir a un jefe, a un líder, en un plano superior al sistema y a las instituciones en nuestra estima. Este déficit se agravó inexorablemente, cuando los nacionalistas, dueños de los instrumentos propios de un Estado —aunque en el lenguaje político-jurídico se les denomine comunidades autónomas—, iniciaron la creación de sus respectivas naciones. La carencia de unos y la exuberancia simbólica de los otros ha ido creando una fractura sentimental que hoy, por lo menos con Cataluña, parece insalvable.

Y en esta situación estábamos cuando se nos anuncia la muerte de Adolfo Suárez; las interpretaciones sobre la reacción popular han sido muchas y variadas. ¿Cómo no tener en cuenta la atracción nostálgica del pasado, que en ocasiones puede ser irracional, más si en ese pasado contemplamos gallardía, soledad, traición y momentos trágicos, como en el caso del primer presidente democrático?, ¿cómo no comparar el compromiso político y la talla de aquellos dirigentes con el de los actuales a la hora de encontrar explicaciones a la expresión de unos sentimientos tan ocultos que creímos inexistentes?

Yo creo que estas interpretaciones son plausibles y compatibles. Pero más interesante que la divagación por las múltiples causas de esta emoción colectiva, es la consecuencia del fenómeno social. No creo que sirva, como han pretendido algunos bienintencionados, para mejorar nuestra vida pública ni para que se realice un examen de conciencia en el lenguaje de los creyentes o una autocrítica en el de los laicos. Sin embargo, la necesidad de símbolos que tiene la sociedad española hará de Suárez el primer mito de nuestra democracia. Su utilización por unos y por otros como argumento de autoridad para justificar sus diversas posturas lo demuestra y estoy convencido que esta elección de la sociedad española, que han adivinado intuitivamente todos los políticos, desde el Rey hasta el último personaje de la vida pública española, es la acertada. Suárez después de muerto, vuelve a prestar un gran servicio a España, tan importante como legalizar al PCE o abrir un periodo constituyente una vez ganadas las primeras elecciones democráticas, sin olvidar por supuesto lo que le debíamos por mantener la dignidad de todo un país cuando se mantuvo erguido ante Tejero. Ahora en el terreno de lo simbólico, al constituirse en un personaje histórico trascendente, se ha convertido en nuestro primer mito.

Nicolás Redondo Terreros es presidente de la Fundación para la Libertad.

Anexo 11

Terra mítica

Fernando Savater

1 ABR 2014 – 00:04 CEST

Decir que los seres humanos tenemos necesidad de mitos para animarnos a mejorar la realidad y hasta para soportarla es algo tan evidente que huelgan los lamentos o los parabienes por ello. Tampoco nos enorgullecemos o sonrojamos por respirar. En la digestión del pasado histórico, siempre laboriosa, los mitos son tan imprescindibles como el alka-seltzer después de un banquete de boda. Y además tienen la excusa de que por muy objetivos que pretendamos ser y por muchos datos que acumulemos, la verdad incontrovertible de lo que pasó —la perspectiva divina— siempre se nos escapará por las costuras del tiempo y gracias, señora Dueñas. De modo que aceptemos la ayuda de algún mito que otro para asimilar de modo espiritualmente nutritivo y políticamente positivo lo que en cualquier caso ya no podemos remediar. Eso sí, tongue in cheekcomo dicen los ingleses y creyéndolos lo suficiente pero nunca del todo.

Adolfo Suárez es ya la figura más indudablemente mítica de la Transición democrática y reúne los elementos insustituibles para tal sublimación: origen poco prometedor, traición bienaventurada, orfandad ideológica que dio cauce tolerante a las ideologías, audacia para abrir puertas que sólo querían mantener cerradas los embrutecidos porteros de una discoteca en la que ya nadie bailaba, esa intuición que resulta mejor que la ciencia en momentos de vértigo… en una palabra, los riesgos del azar convertidos retrospectivamente en logros del destino. ¡Y todo resultó bien, aunque ahora lo cuestionen quienes nacieron a tiempo para beneficiarse de ello, pero, a Dios gracias, no para estropearlo! Por supuesto, Suárez no salió indemne de esa travesía: le laminaron, le laminamos entre todos. Su mayor timbre de gloria es que España se llevó los beneficios y él los palos, como debe ser…cuando el político es decente. Sobre Suárez se han escrito ya muchos libros, hagiográficos, desmitificadores, de análisis, de cotilleo o de un cóctel de lo uno y lo otro: los de Gregorio Morán, Juan Francisco Fuentes, Luis Herrero, Manuel Campo Vidal, Fernando Ónega… También ficciones o, mejor, semi-ficciones, como Anatomía de un instante, de Javier Cercas, la miniserie de Antena 3 dirigida por Sergio Cabrera y El encuentro, la pieza teatral de Luis Felipe Blanco Vilches que actualmente se representa en el T. Español de Madrid. Y prepárense, porque vendrán más.

Mucha de la buena gente que ha lamentado públicamente la muerte del expresidente (dejemos de lado a los plañideros oportunistas y a la gentuza que le ha negado el mínimo silencio respetuoso porque no aguanta ninguna unanimidad que refuerce la convivencia democrática) ha deplorado que ahora no haya políticos como él, de los que se ocupaban de las necesidades del pueblo. Por mi parte, lo que echo en falta es más bien aquel pueblo de ciudadanos aún sin ciudadanía que respaldó y posibilitó la Transición, ese pueblo que comprendía las necesidades de la política y computaba como triunfos las concesiones de los políticos siempre que fueran positivamente conciliadoras, que cuando salía a la calle para mostrar su indignación ante crímenes como el de los abogados de Atocha garantizaba su propio servicio de orden para evitar desmanes de los descerebrados, el pueblo que mereció de sobra la democracia y que hoy no merece perderla por culpa de incompetentes, demagogos y disgregadores.

Anexo 12

Muere Adolfo Suárez, el líder que cambió la historia de España

Fallece a los 81 años el primer presidente del Gobierno de la democracia, que dirigió el cambio de un Estado dictatorial hasta la democracia

Joaquín Prieto

Madrid 23 MAR 2014 – 15:05 CET

Suárez, durante una entrevista en 1985.

Suárez, durante una entrevista en 1985

Fue el coraje hecho persona y el más firme defensor de los valores del diálogo y del consenso. Pero por encima de todo, Adolfo Suárez González, que ha fallecido este domingo 23 de marzo a los 81 años tras una larga enfermedad neurodegenerativa, entra en la Historia por haber dirigido un auténtico cambio en el curso de los asuntos públicos de España, que transitó desde el Estado dictatorial hasta la democracia constitucional en solo dos años y medio, a pesar de la intensidad de los esfuerzos de la extrema derecha y del terrorismo de ETA y del GRAPO para impedirlo, y de las conspiraciones de franquistas atrincherados en el inmovilismo.

El portavoz de la familia, Fermín Urbiola, con la cara desencajada ha hecho el anuncio oficial a las puertas de la clínica Cemtro de Madrid ante los medios congregados. Urbiola, en un breve parlamento, ha tenido que improvisar la confirmación de la muerte del expresidente y ha dado las gracias en nombre de la familia, informa Fernando J. Pérez. Los médicos han precisado que ha fallecido por el “deterioro neurológico”.

La capilla ardiente para despedir al expresidente estará instalada desde este lunes a las diez de la mañana y durante 24 horas en el Congreso de los Diputados, donde la bandera ondea ya a media asta. Al día siguiente, el féretro con los restos de Suárez será trasladado a la catedral de Ávila, donde se celebrará una misa en su memoria y será enterrado en el claustro del templo junto a su esposa y junto al que fue presidente de la República en el exilio, el historiador Claudio Sánchez Albornoz. Además, el Gobierno ha decretado tres días de luto oficial, según ha anunciado el presidente, Mariano Rajoy.

Todos los partidos políticos de todo el espectro ideológico han reconocido el papel de Adolfo Suárez y su aportación a la democracia. Al reconocimiento de las formaciones políticas se sumaron los presidentes autonómicos con comunicados o declaraciones. El presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, ha asegurado que el “mejor homenaje” que los españoles pueden rendir a Adolfo Suárez tras su fallecimiento es “seguir el camino que él marcó: de entendimiento, de concordia y de solidaridad entre españoles”.

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El hombre que capitaneó la Transición

Un golpe de timón del rey don Juan Carlos fue precisamente lo que desbloqueó el camino de una reforma política que tuvo muchos padres. Suárez había redactado una hoja de ruta de la futura democracia, “unas cuartillas” que puso en manos del Rey en el mayor de los secretos, según afirma su círculo íntimo. Esa versión contrasta con las Memorias póstumas de Torcuato Fernández Miranda, el maduro profesor que ofició de mentor político de don Juan Carlos en sus primeros años como Rey, en las que se atribuye a sí mismo el papel de diseñador de la Transición. Líderes de la izquierda, como Felipe González y Santiago Carrillo, también participaron de lleno en las decisiones de la Transición, y aunque más tardíamente, también hay que reconocer el papel de Manuel Fraga.

Pero lo cierto es que nada hubiera sido posible si Suárez, al frente del segundo Gobierno del Rey, hubiera titubeado o se hubiera atascado en la conducción del proceso durante el año escaso que transcurrió entre su nombramiento como jefe del Gobierno y las elecciones del 15 de junio de 1977. Decidió una primera amnistía de presos políticos, disolvió el Movimiento Nacional, legalizó a los partidos que pugnaban por la democracia; socialistas y comunistas contuvieron a los más radicales y Suárez se fajó para que las estructuras franquistas se hicieran el haraquiri, como un general que tuerce el brazo a sus tropas, siempre por el procedimiento “de la ley a la ley”. De ahí la inquina que le guardaron los elementos inmovilistas.

El rey Juan Carlos y el presidente del Gobierno Adolfo Suárez, en 1976.

El rey Juan Carlos y el presidente del Gobierno Adolfo Suárez, en 1976.

Don Juan Carlos despidió a Carlos Arias, su primer presidente del Gobierno, el 30 de junio de 1976. Este no había presentado la dimisión, pero tampoco se resistió. En las jornadas sucesivas, Fernández Miranda maniobró para hacer posible que los consejeros del Reino incluyeran el nombre de Suárez en el trío de propuestas para nuevo presidente (“terna”, en la jerga de la época). Era un asunto delicado porque, según la legislación de la dictadura, el jefe del Estado solo podía designar a uno de los tres que le propusiera aquel órgano dominado por franquistas de toda la vida. De ahí la habilidad con que Fernández Miranda condujo las deliberaciones para que el nombre de Suárez figurase como si fuera de relleno. Al término, anunció: “Estoy en condiciones de ofrecer al Rey lo que me ha pedido”, sin especificar en qué consistía. El secreto se guardó hasta el día en que el Monarca convocó a Suárez a La Zarzuela para pedirle “el favor” de aceptar la presidencia del Gobierno. Y al futuro conductor de la Transición solo se le ocurrió esta primera respuesta: “¡Por fin!”.

Suárez contaba entonces con 43 años. Criado políticamente en el Movimiento Nacional (el partido único de Franco, un magma de falangistas, sindicalistas verticales y cargos públicos), llevaba nueve dedicado a la política. Había comenzado como procurador en Cortes (hoy, diputado) por Ávila, su provincia natal, hasta desempeñar la secretaría general del Movimiento en el primer Gobierno del Rey. Una trayectoria con poco brillo y demasiada juventud para la élite intelectual y funcionarial de la época, que compartió con la oposición clandestina, sin quererlo, la impresión de que el Rey había cometido el error de su vida.

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Juan Carlos I

“Obrad sin miedo”

Eso dijo el Rey en la primera reunión del Consejo de Ministros formado por Suárez, según testimonio de su entonces vicepresidente, Alfonso Osorio. No habían transcurrido dos semanas desde la designación cuando el nuevo Ejecutivo anunció la celebración de elecciones en menos un año, y se fijó el plazo máximo del 30 de junio de 1977. Abandonada la titubeante reforma política del Gobierno anterior, el nuevo proyecto pasaba por establecer un objetivo más claramente democrático. La base para ello salió del cerebro de Fernández Miranda, lo que él mismo llamó el documento “sin padre”. Por corto que parezca ahora el objetivo, se trataba de elegir un Parlamento por sufragio universal, por primera vez desde 1936. Para conseguirlo era necesario que las Cortes franquistas lo aprobaran por mayoría de dos tercios. En el intento de salvar obstáculos, Suárez protagonizó el 8 de septiembre una reunión con el alto mando militar de la que salió la versión de que el presidente había prometido no legalizar al PCE. Por eso cuando lo hizo, nueve meses más tarde, una parte del alto mando se sintió traicionado y le pareció pretexto suficiente para protagonizar un conato de rebelión.

Primero fue la ley de reforma política, negociada no con la oposición ilegal -aunque se le tuvo al corriente- sino con Alianza Popular, el grupo que acababa de fundar Manuel Fraga y que contaba con 200 procuradores en las Cortes franquistas. El 18 de noviembre de 1976, una gran mayoría de procuradores en Cortes (425 a favor, 59 en contra, 13 abstenciones) aprobó la ley que autorizaba al Gobierno para convocar elecciones a Congreso y Senado, salvo 40 senadores reservados a la designación del Rey. Inmediatamente se convocó un referéndum de ratificación, que contó con una participación del 77% (pese a la abstención solicitada por la oposición), de los cuales votó a favor el 94%.

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Mariano Rajoy, presidente del gobierno de 2011 a 2018

Suárez consiguió una gran victoria tras torcer el brazo a sus propias tropas. Ese triunfo reforzó al presidente del Gobierno frente a Fernández Miranda, que se había limitado a actuar en la sombra. Ahí comenzó el distanciamiento entre los dos. Suárez tomó decididamente las riendas de la negociación de las condiciones en que iban a celebrarse las primeras elecciones, la legalización de los partidos clandestinos (no todos, pero sí los que se suponía más potentes) y los preparativos para las urnas. El terrorismo de ETA, de los GRAPO y de la extrema derecha se abatió sobre el incipiente proyecto democrático, pero eso no impidió la legalización de los principales grupos de izquierda que iban a ser la base de la estructura política del Estado reformado. El 9 de abril de 1977 quedó legalizado el Partido Comunista, poco después de que fuera retirado el gigantesco yugo y las flechas instalado en la madrileña Alcalá 44, la sede del partido único (hasta entonces).

El 11 de abril dimitió el ministro de Marina, almirante Pita da Veiga, y el 12 se produjo la reunión del Consejo Superior del Ejército que expresó la “repulsa general” a la legalización del PCE “en todas las unidades del Ejército”. La publicación de este comunicado militar coincidió con la primera reunión pública del PCE en Madrid, que trató de contrarrestar la movida militar colocando la bandera rojigualda en la misma sala donde estaba la bandera roja. Su secretario general, Santiago Carrillo, hizo una ostensible declaración de reconocimiento a la Monarquía. La mayoría de la prensa, que en enero había publicado un editorial conjunto contra la desestabilización, volvió a difundir otro en abril, No frustrar una esperanza, en defensa de la democracia y de la neutralidad de los militares.

El presidente del Gobierno confirmó la voluntad de ir a las elecciones. Él mismo quiso competir en ellas: carecía de partido político alguno, pero desembarcó en una coalición de 14 grupos (democristianos, liberales, socialdemócratas) que pululaban bajo el nombre de Centro Democrático y, sobre la base de desplazar a su figura principal, José María de Areilza, se alzó con el mando de la improvisada UCD. También entró ahí mucha gente suya, a la que se llamó los azules por el color de la camisa falangista. De la campaña a las elecciones de 1977 data una de sus frases más famosas, “puedo prometer y prometo”, sugerida por su colaborador Fernando Ónega.

Bipartidismo imperfecto

Los resultados del 15-J diseñaron aquel “bipartidismo imperfecto” que perdura todavía, con un partido dominante, pero sin mayoría absoluta (UCD) que obtuvo 166 diputados, en todo caso muchos más que la Alianza Popular de Manuel Fraga, que se quedó en 16. Mientras, el PSOE se alzaba con la hegemonía de la izquierda, 118, frente al PCE de Santiago Carrillo, que logró 19. La coalición nacionalista de Jordi Pujol obtuvo 11 y el PNV, 8.

Sin mayoría absoluta, pero al frente de la fuerza dominante (UCD), Suárez se lanzó en múltiples direcciones. Por una parte, trató de reforzar su autoridad sobre UCD, empujando a sus diversos partidos hacia la disolución a favor de la unidad, apoyándose para la tarea de gobierno en un número dos de confianza, Fernando Abril Martorell. Por otra, reconoció la legitimidad de la Generalitat de Cataluña en la persona de su presidente en el exilio, Josep Tarradellas. Y al tiempo, lanzó a la arena pública el invento del “consenso”, cuyo primer fruto fueron los pactos de la Moncloa (otoño de 1977), que reunieron a un amplio abanico de partidos y sindicatos en un acuerdo frente a la crisis económica.

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Alfredo Pérez Rubalcaba, secretario general del Psoe de 1997 a 2004

La Constitución fue el segundo fruto del consenso. Fue elaborada a lo largo de 1978, mientras la derecha y parte de los centristas rechinaban contra Suárez, su poder y su actitud presidencialista. El malestar militar iba en aumento y el terrorismo etarra dejó bien claro su intento de acabar con la incipiente democracia. En esas condiciones se cerró el acuerdo de la Constitución y se celebró el referéndum por el que se aprobó, el 6 de diciembre de 1978.

Ni la participación en el referéndum fue demasiado elevada (67%) ni se consiguió el apoyo del PNV al texto constitucional, que optó por la abstención en el País Vasco. En todo caso, se consideró un gran triunfo haber llegado a promulgar una Carta Magna elaborada con participación activa de la derecha (AP), el centroderecha (UCD), el socialismo, el comunismo y el nacionalismo catalán. Pero ahí se acabó el consenso. A partir de ese resultado compartido, cada sector político decidió continuar su propio camino. El presidente disolvió las Cortes constituyentes, convocó nuevas elecciones y volvió a ganarlas en marzo de 1979, en términos similares a las precedentes: sin mayoría absoluta, pero otra vez en posición dominante.

El tren se atasca

El resultado de las elecciones de 1979 marcó una ruptura nítida entre Adolfo Suárez y el grupo socialista situado en torno a Felipe González, cargada de consecuencias para el futuro. Suárez cerró la campaña electoral con una intervención televisada en la que atacó al PSOE como un defensor del “aborto libre”, “la desaparición de la enseñanza religiosa” y “una economía colectivista”. Felipe González le devolvió la pelota en la sesión de investidura de Suárez, exhibiendo su pasado en el Movimiento Nacional. Un año más tarde, la moción de censura socialista contra Suárez no obtuvo votos suficientes para derribarle, pero le fragilizó. Las posiciones dentro de UCD se dividieron; la ley del divorcio y la del Estatuto de Centros Docentes tropezaron con la oposición interna de los democristianos. La opinión publicada de la época usó las palabras desilusión y desencanto para referirse a la situación del país en 1980. El ambiente de confusión y malestar caló en la opinión pública, que retiró rápidamente el apoyo a Suárez, según las encuestas de la época.

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Adolfo Suárez Illana, hijo de Adolfo Suárez

Si la clave del consenso había sido una reforma democrática compartida por la derecha civilizada, la izquierda y el nacionalismo catalán, a finales de 1980 el presidente del Gobierno ya no tenía fuerza para convencer a los barones de su propio partido. Las conspiraciones militares y cívico-militares avanzaban a buen ritmo. Los principales banqueros presionaban a parte de UCD para que abandonara a Suárez —que acaba de implantar una política fiscal digna de tal nombre—. “Querían que nos incorporásemos a la derecha pura y dura, es decir, al grupo de Alianza Popular”, ha explicado el democristiano Fernando Álvarez de Miranda en sus Memorias. El trato entre el Rey y Suárez se enfrió: el presidente quería ser el responsable constitucional de un Rey que se le escapaba, fiel a la idea de que prefería atribuir los éxitos del Gobierno a la Corona y sus fracasos, al propio Gobierno. Y el terrorismo etarra continuaba su tarea de demolición implacable de la confianza en la democracia.

A finales de enero de 1981, Adolfo Suárez decidió tirar la toalla y renunció a la presidencia del Gobierno. Esto aceleró el nerviosismo de los implicados en las diversas conspiraciones militares en marcha. Desconocedor de lo que se tramaba, asistió como presidente dimisionario a la segunda y definitiva votación de investidura de su sucesor, Leopoldo Calvo Sotelo, el 23 de febrero de 1981, cuando el entonces teniente coronel Antonio Tejero asaltó el Congreso al frente de cientos de guardias civiles. Ahí resurgió el mejor Suárez, el hombre arrojado que se enfrentó a los asaltantes sin más respaldo que el de su valor personal frente a las armas sublevadas.

Adolfo Suárez jura su cargo ante el Rey en 1976.

 Adolfo Suárez jura su cargo ante el Rey en 1976. (EL PAÍS)

Salió prestigiado de aquella prueba, pero en realidad fue su canto del cisne: el animal político de raza intentó recuperarse y ya no pudo. España dejó caer al líder genial, considerando que su tiempo había pasado y otros protagonistas pugnaban por abrirse paso. Todavía construyó otro partido, el Centro Democrático y Social (CDS), pero los resultados fueron mediocres. Suárez se retiró del primer plano de la política en 1991 y se refugió en un discreto despacho profesional como abogado. En 2003 empezó a sufrir los síntomas del Alzheimer y la noticia, mantenida en la discreción por su primogénito, Adolfo, se hizo pública 1 de junio de 2005.

Y a partir de entonces todo han sido homenajes y reconocimientos al estadista, al hombre adecuado en el momento oportuno, sublimado en la consideración pública por la nostalgia de un tiempo en que los conflictos políticos se resolvían por el diálogo y la negociación, en una España donde la crispación era de los extremismos y no afectaba a las corrientes centrales de la política. En todo caso, nadie puede regatearle méritos a Adolfo Suárez en la obra de haber conducido el tren de la Transición sin que descarrilara. Y sin conocer la vía por la que circulaba. Como recuerda su biógrafo Juan Francisco Fuentes, Adolfo Suárez había dicho que no había modelos nacionales o internacionales que pudieran servir de falsilla para la transición española, y por eso dijo:  “Nosotros fuimos nuestro propio antecedente”.

Anexo 13

Conversaciones privadas

ARCADI ESPADA

El Mundo 04/04/2014

Querido J:

Aun en tu retiro, al que ya se acerca la gran hora de los lilás, te habrá llegado noticia del libro que acaba de publicar la periodista Pilar Urbano, La gran desmemoria, que lleva un subtítulo muy ceñido: Lo que Suárez olvidó y el Rey prefiere no recordar. Tengo el libro encima de la mesa. Es muy gordo. Y acaba de llegarme uno más gordo aún, La desventura de la libertad, que ha escrito nuestro antiguo director, Pedro J. Ramírez. Los autores de libros gordos, Kahnmenan, Pinker, Ramírez, Urbano, deben de sentir una emoción forzosa al contemplar semejantes fenómenos, que más que de la cultura parecen de la naturaleza. Yo los admiro y me siento casi Yerma, la casada seca. Aún no me he adentrado en la espesura de la desmemoria suarista, pero está la entrevista que hace una semana le hizo Miguel Ángel Mellado a la periodista Urbano, y donde quedaba expuesta su tesis principal, esto es, que el 23-F se produjo, entre otras razones, por la frivolidad del Rey al juguetear con soluciones inconstitucionales como salida de la crisis que atravesaba el proceso democrático. Tú conoces mi opinión sobre la escritura de Pilar Urbano y la relación que mantiene con los complementos. Nada más abrir el librote ya la he visto instalada en el despacho que usaba Alfonso XIII en el Palacio Real, y no en cualquier momento, ¡quia!, sino en la candente mañana del primero de julio de 1976, desbordadas y en naufragio ya las trece horas y cuarto, y oyendo y anotando lo que le decía el Rey a Carlos Arias; que era, en síntesis, sal por la puerta, pero que ella lo adorna, joder si lo adorna. Lo que siempre me fascinará de la escritura de Urbano y asociados es su modestia. Mira este inicio de párrafo, por favor, antes de entrar en materia:

-Bueno, Carlos, te extrañará que te haga venir aquí cuando siempre despachamos en la Zarzuela- El Rey parecía agobiado, titubeaba al elegir las palabras-.

Es supremo. Y una muestra de respeto, verás. Nuestra reportera desafía tiempos, espacios, protocolos, se hace omnipresente y omnipotente y se escurre por la chimenea del despacho alfonsino. Ok. Pero no pierde la compostura. Es decir, no escribe «El Rey estaba agobiado», sino «El Rey parecía agobiado». ¡No fuera a desconfiar el lector del alcance de los superpoderes de nuestra reportera! Bien está penetrar en el despacho a la hora y lugar. ¡Muy otra cosa sería penetrarle por el alma a nuestro Rey! Me divertiría tanto ir por ahí página a página. Pero iba a exigir, en buena lógica, el mismo adelanto editorial.

No sé si es cierto lo que explica Pilar Urbano sobre el Rey, Suárez y el 23-F. Pero sí te puedo dar fe de una certeza más modesta: el expresidente Suárez sí lo daba por cierto y sí lo explicaba. Al menos lo explicó delante de mí una noche del otoño de 1985 en su despacho de Antonio Maura. Yo tenía entonces 28 años y una buena, aunque superficial, relación con él, que venía de los tres años que había trabajado en la sección política de El Noticiero Universal. El diario, que acababa de cerrar, apoyaba de una manera sublime al CDS de Suárez, lo que resulta del todo punto lógico dado que Javier de la Rosa, financiero del suarismo (y de otros ismos), pagaba las nóminas. En la ciudad se había organizado entonces, por el empeño principal del periodista José Antich, el Grupo Periodístico Barcelona, del que yo formaba parte. Su misión era comer o cenar con políticos y explicar luego lo que se pudiera. Hubo cenas memorables, como la del expresidente Tarradellas. Pero la más importante, trascendente e inquietante fue la de Suárez. Cuando se produjo el encuentro, probablemente a finales de noviembre, ya no tenía diario donde escribirla. Pero colaboraba en el semanario El Món (lo recordarás: bueno, socialista y efímero) y allí me compraron la crónica. La leo hoy. Tiene un interés relativo. A pesar de los años, un rastro de piedrecillas blancas aún explica al lector lo que no se podía explicar. Por ejemplo: «Su discurso de estas horas privadas no tiene cabida, ni de lejos, en el discurso periodístico y político de la hora actual de España». O bien: «Lo verdaderamente cabal es el nuevo reparto de méritos que él adjudica, la desmitificación de algunos protagonismos que, prudentemente, es mejor no robar a sus memorias».

La conversación con Suárez duró más de siete horas. Para un hombre que lo único que quería era hablar, es decir, ni comer ni beber ni escuchar, son muchas. La mitad pasaron en una taberna madrileña que malditamente he olvidado, aunque me encantaría que hubiera sido Casa Ciriaco; la otra en su despacho. Creo que despiertos, lo que se dice despiertos, sólo aguantamos Suárez, Antich y yo. Y de allí sólo nos sacó el alba, ni siquiera el expresidente, que parecía dispuesto a seguir con gafas de sol.

El resumen de aquel monólogo tan notable es fácil de escribir. Fue pocos días después del décimo aniversario de la muerte de Franco. Suárez estaba desmoralizado y humillado por el tono que había tenido la conmemoración: creía que el Rey se había llevado injustamente toda la gloria de la Transición y sus sarcasmos sobre el llamado motor del cambio me parecieron escandalosos. Toda la velada discurrió bajo el susurro irresistible de venid muchachos que yo os voy a contar ahora quién es de verdad vuestro Rey. Y su Rey de aquella noche era, en efecto, alguien que, por frivolidad, torpeza o borboneo (Suárez utilizó este verbo) había provocado el intento de golpe, aunque luego hubiera sabido reaccionar in extremis cuando se le fue grotescamente de las manos.

Entonces no escribí sobre ello, atado por el pacto de silencio. Pero, sobre todo, porque la complejísima trama de nombres, lugares y circunstancias que la memoria de Suárez iba hilando necesitaba un trabajo gigantesco de verificación. Éste que habrá hecho Pilar Urbano, a no dudar. Y que en cualquier caso no hizo el propio protagonista. El último párrafo de aquella crónica mía del 85 decía: «Por las calles de Madrid viajaba un “off the record” contra el sistema, una suerte de personaje hoy por hoy indefinible, tal vez cogido a contrapelo en la esquina donde la vida y la historia se disputan sus piezas, no siempre con educación exquisita».

Es evidente que se dejó arrebatar por la historia.

Anezo 14

Ante la “reforma”

El País

1 ABR 2003

Coincide la aparición primera de EL PAIS con momentos singulares de la convivencia española. Desde la muerte del general Franco, y quizá antes, desde el asesinato del presidente Carrero, nuestro pueblo permanece en una constante y prolongada expectativa de cambio político que no acaba de producirse. Cuantos experimentos se han hecho desde el poder en los últimos dos años para tratar de asumir las profundas transformaciones operadas entre los españoles e integrarlas en el régimen vigente han fracasado. La iniciativa reformista que el Rey asumiera en los tempranos días de su llegada al Trono parece condenada a similar destino, dada la actitud del gabinete ministerial. La pérdida de credibilidad de la política gubernamental es, nos tememos, definitiva. Y ni el reciente discurso del presidente Arias ni las promesas, siempre incumplidas, de democratización consiguen ya prender en la esperanza de los españoles.

No es cuestión de impaciencia. Este país lleva esperando cuarenta años -exactamente desde el comienzo de la guerra civil- la normalización de su convivencia política. Este país, cuyas tres cuartas partes de la población no participaron en aquella contienda fratricida, busca inútilmente, por lo mismo, desde hace casi medio siglo unas formas de vida civilizadas y modernas que le permitan encontrar en el concierto de las naciones el lugar que por historia y por derecho le pertenece. Y la espera contenida del pasado, preñada de ilusiones cuando se pensaba en fechas como las que ahora vivimos, se ha visto repetidamente defraudada.

En este primer número de un periódico que nace al amparo de una convicción irrenunciablemente democrática, hay que decir que la reforma política anunciada ni satisface las exigencias mínimas que el respeto a los principios de la democracia y de la libertad exigen, ni puede lograr la adhesión de las nuevas generaciones de españoles.

El reformismo del poder ha naufragado porque no ha sido sincero. En una palabra: porque no ha sido verdadera y realmente reformista. Las esperanzas de un tránsito lineal entre la dictadura de antaño y un sistema democrático han sido siempre pocas; resultaban no obstante plausibles por el deseo de los españoles, repetidas veces demostrado, de encontrar soluciones a una situación sin salida como la provocada por el antiguo régimen. Pero para que la dialéctica de la reforma hubiera podido anular con convicción a la dialéctica de la ruptura, tenía que haber comenzado por el reconocimiento de que las metas de una y otra tienen que ser en cualquier caso parejas: la instauración de una democracia real en nuestro suelo, con el reconocimiento de las libertades individuales y del derecho de los ciudadanos a elegir a sus gobernantes a través del sufragio universal. La reforma que el Gobierno quiere vender hoy a la opinión viene sólo a defender privilegios e intereses de grupo que nos hablan de la continuidad de un pasado sin horizontes.

Quizá todavía sería hoy posible una estrategia de reforma, a condición de que fuera otro gobierno el que la emprendiera y tuviera credibilidad entre los ciudadanos. De otro modo, cuando el presidente anuncie calendarios y programas parecerá que establece un turno ordenado para cometer errores inútiles. No es un prejuicio esto que decimos. Las líneas conocidas de las leyes políticas enviadas a las Cortes hacen subsistir el antiguo aparato burocrático y político del Régimen y del Movimiento bajo la capa medrosa de un nombre venerable, el de Senado; solución esta que no soluciona nada y no satisface a nadie. La existencia de una Cámara Alta con facultades colegislativas de hecho superiores a las de la Baja -elegida por sufragio universal- y con funciones similares al actual Consejo Nacional en lo que respecta a la salvaguarda de las Leyes Fundamentales; la permanencia de los cuarenta consejeros de Ayete -designados por Franco- con carácter vitalicio; la de unos senadores elegidos por representación sindical, con la ambigüedad que supone el legislar tal cosa sin que se tenga noticia previa de cómo va a articularse la propia reforma de nuestros sindicatos; y la existencia final de un Comité de Vigilancia del Senado con notable presencia de senadores de designación franquista y con altas atribuciones sobre todo, el cuerpo legislativo, son ejemplos de que las «soluciones» del gobierno Arias están teñidas de caetanismo y, por tanto, de inutilidad cara a un futuro no lejano. Si añadimos a ello que existe una propuesta para que los principios Fundamentales del Movimiento no sean reformables ni a través de Reférendum, que el antiguo Secretario General del Partido permanece en el gabinete bajo la denominación de Ministro Secretario General del Gobierno, y que finalmente este no es responsable para nada ante una Cámara Baja elegida por sufragio universal -que lógicamente es quien debe representar la voluntad de los ciudadanos- podrá entenderse hasta qué punto la reforma está condenada al fracaso. Porque no ha consistido en una verdadera reforma. Pero amenaza además con arrastrar en su caída a toda otra posibilidad de reformismo auténtico que pudiera haber contado con un asentimiento generalizado.

Y esto es cuanto queríamos decir en nuestro primer día de existencia. Si como saludo resulta intemperante, acéptese al menos como inicial impresión de un diario recién nacido que, apenas abre los ojos y mira en torno suyo, no tiene otro remedio que pronunciar de nuevo las palabras de Ortega, tan entrañables para nosotros: Desde luego, señores «no es esto, no es esto».

Anexo 15

Ápice y declive del aznarato

Javier Tusell 7 SEP 2002

Todos los clásicos de la historia de la teoría política han escrito sobre los momentos de apogeo de los gobernantes que, con el paso del tiempo y de una forma que parece fatal, son sustituidos por los de declive y decadencia. El teórico ofrece remedios empíricos para detener esta marcha, pero sabe que no siempre es atendido e incluso que sus recetas son de valor limitado.

Además, las circunstancias pesan sobre el destino de los humanos, y las actuales, como nos advirtió Miguel Roca en un artículo de hace unas semanas, tienen poco de propicio, tanto en lo político como en lo económico, para el esplendor de quienes ejercen el poder. José María Aznar, durante seis largos años, ha jugado un papel tan crucial en la vida de los españoles que se puede dudar que la etapa previa fuera ‘felipismo’, pero no de que lo que vino después merezca el término de ‘aznarato’. Si bien se mira, el actual presidente ha tenido las capacidades que Maquiavelo atribuyó al buen gobernante: ser ‘un hombre hábil y bien protegido por la fortuna’ y gozar de ‘virtù’, con lo que el pensador aludía al ejercicio del poder con una especie de energía brutal y calculadora.

Sobreabundante en todo ello, quizá el ‘aznarato’ llegó a su punto de esplendor en el Congreso del partido en el que el presidente anunció su deseo de no volver a presentarse. Pero hubiera sido precisa una lectura más amplia del pensador florentino. Maquiavelo también escribió que ‘hay cosas que parecen una virtud y que, si las sigue, le llevarán a la ruina, en tanto que otras, que en apariencia son vicios, le llevarán si las practica a la seguridad y el bienestar’. De estas últimas, la apariencia de grisura, sabiamente cultivada, puede proporcionar resultados óptimos.

El declive comienza cuando el gobernante, desorientado, cree obrar el bien y no mide las consecuencias de sus propias acciones. Los fastos nupciales son objeto de los llamados ‘ecos de sociedad’, pero es obvio que también reflejan no sólo la colusión entre lo público y lo privado, sino también un estilo y un estado de ánimo. Su contenido ofrece una imagen de la desmesura, pero sobre todo de ese ‘mal de altura’ que el general Kindelán ofrecía como característica de Franco en las cartas que le enviaba a don Juan. El ‘mal de altura’ supone, a la vez y de forma proporcional, alejamiento de la realidad y extravagancia en el comportamiento. La negativa a la selección del sucesor, aun si estuvo guiada por propósitos óptimos, crea sensación de agotamiento de un periodo, sin fácil relevo, por otro de idénticas características políticas. Carecer de punto de referencia personal es para cualquier partido político una máquina de hacer crecer la desafección entre los sectores sociales que pueden apoyarlo. Si los tiempos no son fáciles y se suma el ya citado ‘mal de altura’, el panorama no puede menos de aparecer turbio a los ojos del espectador independiente.

A muchos esta situación les podrá parecer regocijante; en realidad resulta motivo de alarma, porque conduce a una de las dos grandes ruedas con las que se mueve la política española, a una virtual parálisis que puede ser, además, indefinida, al depender de tan sólo la voluntad de una persona. Una situación como la descrita traslada la iniciativa política a la otra rueda. Ahora, por vez primera en mucho tiempo, el PSOE puede estar en condiciones de ganar. El fardo del pasado sigue pesando sobre las espaldas de sus dirigentes, pero se ha dibujado ya de forma nítida un estilo personal del que las encuestas revelan que es apreciado por el electorado, aunque pongan nervioso a los adictos proclives a la impaciencia. Se han apaciguado las disputas internas, enfermedad crónica de un partido incluso cuando tenía las máximas responsabilidades del poder. Pero el PSOE debe ser consciente de que le es exigible aún mucho más. Quizá en el ejercicio de la oposición haya pecado de demasiado simple o de desaprovechar oportunidades. Pero lo importante es que las circunstancias le marcan ya otra obligación: la de dar una idea suficientemente clara de lo que quiere hacer con España. Y ello sólo podrá lograrse mediante un serio ejercicio de la virtud de la imaginación.

Anexo 16

Aznar el arrojado

1 marzo, 2016 Javier Casqueiro

El día que José María Aznar entró al fin en La Moncloa como cuarto presidente del Gobierno de España tras la transición, se quitó de encima muchas asignaturas y rencores pendientes. No todos. Cuarto hijo de una familia de clase media acomodada del barrio de Salamanca de Madrid, estudiante aseado en el prestigioso Colegio del Pilar, sacó una oposición de inspector de finanzas, se casó con su primera novia universitaria y se afilió a Alianza Popular casi por mimetismo. Su esposa, Ana Botella, ya era una gran fan de Manuel Fraga y ese era su entorno natural. No destacaba en nada, pero era arrojado. Ese talante marcó su trayectoria.

Su primera experiencia política de campaña fue con 29 años, en 1982, en Ávila, de diputado cunero. No fue bien acogido. Entró en la sede con su loden verde, su pelo engominado y su gesto adusto. No se dejó amedrentar, se pateó toda la provincia y resultó elegido contra pronóstico. En 1987 una alianza con el CDS le promocionó a la presidencia de la Junta de Castilla y León. Lo primero que hizo fue eliminar las tarjetas visa de los consejeros.

En septiembre de 1989, Aznar cogió el relevo de toda la organización con la refundación del Partido Popular “sin tutelas ni tu tías” con respecto al pasado en el ya famoso Congreso del partido en Sevilla. En un giro teatral que marcó su carrera, Fraga rompió allí en pedazos ante todos los militantes y las cámaras la carta de dimisión que Aznar le había entregado poco antes de ser nombrado como sucesor tutelado para que hiciera con ella lo que quisiera y cuando quisiera. Fraga arriesgó con un flemático y aún desconocido dirigente que apenas llevaba dos años como presidente autonómico pero que ya había enseñado sus dientes en una descarada conferencia política en el Club Siglo XXI.

Aznar recogió aquel PP, eliminó sus capillas de familias, influencias, opositores y tecnócratas, se rodeó de un equipo muy leal, con su misma ambición y sin complejos, y se atrevió a enfrentarse electoralmente contra Felipe González en menos de dos meses. Parecía un suicidio y se quedó solo en una dura derrota: 175-107.

Persistió. Tenaz y rencoroso, Aznar se sentía minusvalorado y despreciado por González, por gran parte de los medios de comunicación y por un sector muy anticuado en sus propias filas. Le costó asentarse. Pulió algo su imagen, pero le era imposible mostrarse simpático o accesible. Tampoco para los suyos, que le profesaban más temor que respeto. Se rodeó cada vez mejor, aguantó y en 1993, en plena vorágine de la corrupción socialista, estuvo a punto de tumbar a su gran enemigo. Le faltó o le sobró esa campaña: 159-141.

Elecciones generales de 1993. Elecciones generales de 2000.

Aznar dedicó los tres años siguientes a perfilar ya su programa de gobierno. En 1996 efectivamente ganó pero por poco y gobernó gracias a los nacionalistas: 156-141. Uno de sus jóvenes altos cargos de entonces, Javier Fernández-Lasquetty, ahora en la oposición más crítica a Mariano Rajoy, ensalza cómo se atrevió al mes de ocupar el Consejo de Ministros a firmar dos polémicos decretos ley liberalizadores de los principales sectores del mercado casi en secreto. Y lo interpreta: “Quería evitar que los ministros, recién llegados a sus carteras, se atraparan a sí mismos en el bucle de pasividad que suelen recomendar los burócratas, los sindicatos y –más que nadie- los lobbies corporativos empresariales que defienden privilegios, monopolios y proteccionismos que benefician a unos a costa de perjudicar a los consumidores”.

Aznar estuvo dos mandatos muy dispares en La Moncloa, el segundo marcado por su mayoría absoluta y su desconexión de la realidad del país en aspectos tan evidentes como la oposición a la guerra de Irak. Aguantó con el bastón de mando del PP 14 años. En el verano de 2003, con el mismo método personalista con el que había actualizado al PP, Aznar señaló como heredero a Rajoy y le cedió el despacho. No era ni su mejor amigo en el partido ni la personalidad más arrolladora. Le creyó el más fiable frente al incierto futuro de Rodrigo Rato y ante el nulo entusiasmo que provocaba Jaime Mayor Oreja. No tardó mucho en darse cuenta de que se había equivocado.

Evolución del paro en España (1996 a 2014)

Desde que Rajoy perdió las elecciones de 2004 por la nefasta gestión personalista de Aznar tras los atentados del 11-M en Madrid, el ahora presidente de honor del PP apenas ha vuelto a participar dos veces más en órganos internos del partido. Y siempre para regañarle o ponerle deberes. Rajoy hace como que le escucha y luego pasa. A Aznar esa actitud le pone de los nervios. Ahora apenas se hablan.

Anexo 17

José María Aznar (Wikipedia)

VI Legislatura (1996-2000)

Aznar alcanzó el Pacto del Majestic con CiU mediante el cual recibirían su apoyo en el Congreso de los Diputados a cambio del apoyo del Partido Popular de Cataluña en el Parlament autonómico. El pacto incluía asimismo el traspaso de competencias y el final del servicio militar obligatorio. El porcentaje del IVA y el IRPF transferido a las Comunidades Autónomas pasó del 15 al 30 % del total recaudado.22 Además Aznar tuvo que prescindir de Alejo Vidal-Quadras como presidente del PP de Cataluña.23

1996

El 5 de mayo, José María Aznar tomó posesión ante los Reyes de España como el cuarto Presidente del Gobierno después de la Transición.24 Al día siguiente, juraron o prometieron su cargo los miembros del nuevo Gobierno, en el que había cuatro ministras.25 El día 7 de ese mes, el gobierno anunció un recorte de gasto de 180 000 millones de pesetas, la medida que más destacó fue la supresión de 90 directores generales.26 El 7 de junio, el ejecutivo anunció la liberalización y desregulación de la vivienda, el suelo, los colegios profesionales, los servicios funerarios, los combustibles y otras energías, así como la matriculación de vehículos.27

El 2 de agosto, el ejecutivo negó todos los papeles del CESID a los jueces apelando a la seguridad del Estado.28

El 19 de septiembre, el gobierno congeló el sueldo de los funcionarios (cerca de dos millones), a excepción de los médicos.29

El día 28 de ese mismo mes, el gobierno aprobó los Presupuestos más austeros de los últimos veinte años. Con un gasto público que crecería en 1997 por debajo de la inflación prevista, el Presupuesto redujo el gasto corriente y la inversión pública.30

El 9 de octubre, Aznar firmó junto con los secretarios generales de UGT y de CC.OO. un acuerdo sobre las pensiones públicas.31 Antes de que se acabara el mes de mayo de ese año, el ejecutivo de Aznar confirmó que la Seguridad Social se encontraba con un déficit de 1,5 billones de pesetas.32

En esta etapa de mejora económica tuvo un papel crucial el entonces director de la Oficina Presupuestaria del Gobierno: José Barea que ocupó ese cargo desde 1996 hasta 1998.33

1997

El 1 de julio de 1997, la Guardia Civil liberó de un zulo en un taller industrial de Mondragón a José Antonio Ortega Lara. Ortega Lara había sufrido el secuestro más largo de la historia de ETA (532 días).

Diez días después, el 10 de julio, la banda terrorista ETA secuestró al concejal del PP de la localidad vizcaína de Ermua Miguel Ángel Blanco. El posterior comunicado de la organización terrorista es un ultimátum: si en 48 horas el Gobierno de Aznar no decide el acercamiento de todos los presos etarras al País Vasco, Miguel Ángel sería asesinado. Esta amenaza suscitó una movilización popular sin precedentes en todo el territorio español, y en particular, en el País Vasco para reclamar la liberación del joven concejal. A las 4 de la tarde del sábado 12 de julio, se terminó el plazo del ultimátum y el ejecutivo no cedió al chantaje. ETA cumplió su amenaza al disparar mortalmente a Miguel Ángel Blanco.34 Dos días después, el 14 de julio, toda España salió a la calle para condenar su asesinato. En Madrid, acudieron unas 1.500.000 personas. Estas históricas manifestaciones de repulsa marcaron un antes y un después en la postura social ante el terrorismo (Espíritu de Ermua).35

Entre los años 1997 y 1998, el Estado ingresó 25.000 millones de euros (lo que equivalió a un 2,5 % del PIB) gracias a privatización de las empresas: Telefónica, Repsol YPF, Endesa y Tabacalera.36 La economía española terminó el año 1997 cumpliendo los criterios de convergencia fijados en el tratado de Maastricht para acceder a la Unión Monetaria el 1 de enero de 1999, con una inflación en el entorno del 2 %, un déficit público por debajo de los límites de Maastricht y unos tipos de interés inferiores al 5 %. La economía española atravesaba desde ese año 1997 un tiempo de crecimiento, ensombrecido por el alto nivel de paro que azotaba al país y que afectaba a una de cada cinco personas en edad de trabajar.37 No obstante entre enero y septiembre de ese mismo año se crearon 317 200 puestos de trabajos netos y la tasa de desempleo se redujo hasta el 20,55 %.38 El año 1997 terminó con el índice de la Bolsa de Madrid al 632,6 —tras un crecimiento anual de más del 40%—.39 40

1998

El 2 de mayo, se reunieron jefes de Estado y de Gobierno en Bruselas para designar la lista de países aptos para el Euro y para nombrar al presidente del Banco Central Europeo. Los países que formarían parte del euro serían 11, entre ellos España.41

El 16 de septiembre de ese mismo año, la organización terrorista ETA declaró por primera vez en su historia, un «alto el fuego total e indefinido».42 En ese año, antes de haber declarado la tregua, la banda terrorista había asesinado a 6 personas.43

El 3 de noviembre, Aznar declaraba que «el Gobierno y él personalmente ha autorizado contactos con el entorno del Movimiento Vasco de Liberación». Había comenzado los contactos entre ETA y el gobierno.44 Durante la negociación, el gobierno del Partido Popular acercó a 135 presos.45

El gobierno tuvo como intermediarios al entonces obispo de Zamora, Juan María Uriarte, tres enviados por Aznar: el jefe de su gabinete, Javier Zarzalejos, el secretario de Estado para la Seguridad, Ricardo Martí Fluxá, y el sociólogo Pedro Arriola se reunieron el 19 de mayo de 1999 en Zurich (Suiza) con el dirigente de ETA Mikel Albizu Iriarte, “Antza”, y Belén González Peñalva, “Carmen”. En la reunión, que tuvo una duración de más de dos horas y media, no se llegó a ningún acuerdo pues los enviados por el gobierno se negaron a aceptar la autodeterminación, tal y como reclamaba ETA, y a discutir con la banda cuestiones políticas. Aunque se acordó celebrar una nueva reunión, para la que no llegó a fijarse fecha, no hubo segundo encuentro.46 El día anterior, se anunció la firma de un pacto de legislatura en el cual el gobierno autonómico del PNV y Eusko Alkartasuna (EA) recibirían el apoyo parlamentario de la coalición proetarra Euskal Herritarrok (EH).47

Después de que las negociaciones cesaran, el PNV inició conversaciones con ETA por su cuenta y logró una tregua. El conocimiento de esta noticia provocó una ruptura del PP con el PNV que perdura aún hasta la actualidad. El PNV retiró el apoyo a Aznar en el Congreso (aunque pudo seguir legislando con el respaldo de CiU y CC) y convocó elecciones en Euskadi.

El 25 de octubre se celebraron elecciones al Parlamento del País Vasco, en las que una vez más se impuso el PNV por 21 escaños, los cuales perdieron un escaño respecto a la anterior cita electoral. Euskal Herritarrok (EH) se situaron como la tercera fuerza política del País Vasco con 14 escaños.48 El segundo partido más votado fue el Partido Popular con 16 escaños (subieron 5 más).49

1999

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Aznar durante su rueda de prensa ante los medios de comunicación en el Foro Económico Mundial o de Davos de 2000.

El 1 de enero, entró en vigor el Euro en bancos y sistemas financieros (aunque no existía físicamente) y se fijó el tipo de cambio irrevocable de la peseta en 166,386.

El día 18 de ese mes, Aznar realizó su primera remodelación de Gabinete, aunque sólo se redujo en el cese de Javier Arenas en la cartera de Trabajo y Asuntos Sociales (Arenas pasó a desempeñar el cargo de secretario general del PP) que fue relevado por Manuel Pimentel; además cesó en Educación y Cultura, Esperanza Aguirre, quien fue sutituida por Mariano Rajoy, hasta ese momento ministro de Administraciones Públicas, puesto para que fue nombrado Ángel Acebes.50

El 24 de marzo, la OTAN inició el bombardeo de Yugoslavia, ordenado por su secretario general, el español Javier Solana para frenar los planes de limpieza étnica de Milosevic contra la población civil de Kosovo. En el ataque aéreo participaron dos cazas F-18 y un Hércules KC-130 españoles.51 El día 30, el Congreso apoyó la intervención española en la operación de la OTAN, excepto Izquierda Unida.52

El 29 de abril, Jesús Posada fue nombrado nuevo ministro de Agricultura en sustitución de Loyola de Palacio.53 El 19 de febrero de 2000, Pimentel dimitió al haberse desvelado que uno de sus subordinados en el ministerio, Juan Aycart, había cometido irregularidades al favorecer con contratos a una empresa de su mujer.54 Le sustituyó en el cargo el entonces secretario de Estado para la Seguridad Social, Juan Carlos Aparicio.

El domingo 13 de junio fue jornada electoral en España. En las elecciones al Parlamento Europeo, el PP se impuso por cuatro puntos de ventaja al PSOE, que no obstante, mostró síntomas de una evidente recuperación, no solo en estos comicios sino también en las municipales y autonómicas.55

En las elecciones municipales, celebradas en todo el Estado y autonómicas celebradas ese mismo día en todas las Comunidades menos en Andalucía, Cataluña, Galicia y País Vasco, el PP se mantuvo como el partido más votado en toda España, pero con el PSOE pisándole los talones; gano en Castilla y León, Cantabria, Aragón, Navarra, Baleares, Comunidad de Madrid, Murcia, La Rioja y Comunidad Valenciana, mientras que los socialistas vencieron en Asturias, Castilla-La Mancha y Extremadura.56 No obstante, gracias a los pactos electorales no siempre el candidato con más escaños asumió la presidencia de la Comunidad. Estos fueron los casos de Aragón y Baleares (en las islas se rompieron 16 años de gobierno popular).

El 17 de octubre tuvieron lugar las elecciones autonómicas en Cataluña se alzó con el triunfo (por sexta vez consecutiva) el candidato de CiU, Jordi Pujol. Pujol superó en cinco escaños a su principal rival, Pasqual Maragall (PSC-PSOE), aunque no en votos, ya que el socialista obtuvo 6000 votos más.57 No obstante, Pujol consiguió en la investidura en la primera votación gracias a los votos afirmativos del PP y a la abstención de ERC, que en un principio había decidido votar en contra.58

El 28 de noviembre, ETA rompió la tregua, terminándose así el período más largo en democracia sin asesinatos cometidos por los terroristas hasta entonces, cerca de 14 meses y 16 días.59 El 21 de diciembre, la Guardia Civil interceptó en la autovía A-2, en su tramo por Calatayud, una furgoneta de ETA con más de 1700 kilos de explosivos.60 Su intención, según algunos medios, era la voladura de la Torre Picasso.61

Elecciones generales de 2000

Artículo principal: Elecciones generales de España de 2000

El Partido Popular gana las elecciones generales del 12 de marzo del año 2000 por mayoría absoluta. Con cerca del 70 % de participación electoral, el PP obtiene 10 321 178 votos, los cuales son un respaldo del 44,2 por 100 de los votantes y 183 escaños. De ello hay que destacar que por primera vez en Democracia ocurría que el partido que presidía la nación, no perdía, sino que sumaba escaños (El PP aumentó en 27 su número de escaños). También fue la primera vez desde el final de la dictadura de Franco en la que el centro-derecha superó al centro-izquierda en número de votos.62 El PP se consolidó en todas las Comunidades, dado que fue el partido más votado en todas las Comunidades Autónomas, excepto en Andalucía (pese a ello, ganó en las provincias de Almería, Málaga, Córdoba y Cádiz), Cataluña (donde el PP sumó cuatro escaños más de los ocho que tenía gracias a los más de 70 000 nuevos votos que ganó)63 y el País Vasco. Aquí, el crecimiento fue espectacular, ganó más de 100 000 votos, subió 10 puntos porcentuales y conquistó dos nuevos escaños.64

Dicha mayoría le permitió a Aznar gobernar en solitario, deshaciendo el pacto de gobierno que tenía con CiU, PNV y CC.

VII Legislatura (2000-2004)

2000

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El presidente de Rusia, Vladimir Putin junto a Aznar en el Palacio de la Moncloa. Junio de 2000.

El 5 de abril, por primera vez en la Historia de España, dos mujeres fueron elegidas presidentas del Congreso y del Senado, dichos cargos recayeron en Luisa Fernanda Rudi y Esperanza Aguirre.65 El 26 de abril, Aznar fue investido presidente del Gobierno para la nueva VII Legislatura con 202 votos a favor (los de su partido, CiU y CC) y 148 en contra.66 Al día siguiente, tomó posesión de su cargo ante los Reyes de España y presentó a su nuevo Gobierno.67

El día 15 de septiembre, la policía francesa junto a la Guardia Civil detuvieron en Bidart (Bayona) a Ignacio Gracia Arregui, alias «Iñaki de Rentería», el número uno de ETA.68

El 22 de noviembre, en el pueblo de Carballedo (Lugo) se detectó el primer caso en España de las «vacas locas».69

El 12 de diciembre, Aznar y el secretario general del PSOE, José Luis Rodríguez Zapatero firmaron el Acuerdo por las Libertades y contra el Terrorismo o Pacto Antiterrorista.70

El año 2000 acabó tras una brutal ofensiva etarra en la cual fueron asesinadas 23 personas.

El 21 de enero, 19 meses después, ETA volvía a asesinar, un coche bomba acabó con la vida del teniente coronel Pedro Antonio Blanco en Madrid.71 El 22 de febrero, en Vitoria, fueron asesinados el diputado socialista Fernando Buesa y su escolta Jorge Díaz mediante la explosión de un coche bomba.72 El 7 de mayo fue asesinado en la localidad guipuzcoana de Andoáin, de varios disparos, el periodista y miembro del Foro de Ermua, José Luis López de Lacalle. Los días 4 de junio y 15 de julio fueron asesinados mediante disparos los concejales del Partido Popular de Durango (Vizcaya), Jesús María Pedrosa Urquiza y José María Martín Carpena de Málaga.73 El 29 de julio, fue asesinado a tiros en Tolosa el socialista Juan María Jauregui, ex gobernador civil de Guipúzcoa. El 8 de agosto, José María Korta, presidente de la patronal guipuzcoana Adegi, fallece al hacer explosión de un coche bomba estacionado junto a su empresa en Zumaya (Guipúzcoa). Sus dos siguientes víctimas mortales fueron los concejales del Partido Popular por Zumárraga, Manuel Indiano (29 de agosto) y el de San Adrián de Besós, José Luis Ruiz Casado (21 de septiembre). Sus dos siguientes asesinatos tuvieron lugar en Andalucía, el 9 de octubre y el día 16 de ese mismo mes se les arrebató la vida siendo tiroteados a Luis Portero, fiscal jefe del Tribunal Superior de Justicia de Andalucía y a Antonio Muñoz Cariñanas, teniente coronel médico. El 22 de octubre, el funcionario de prisiones Máximo Casado Carrera es asesinado en Vitoria al hacer explosión una bomba lapa. El 30 de octubre, nuevamente Madrid fue el escenario de una matanza etarra provocada por coche bomba, donde fueron asesinadas el general de la Armada José Francisco Querol, su chófer, Armando Medina y su escolta Jesús Escudero: la onda expansiva además causó numerosos heridos y uno de ellos, el conductor de un autobús, Jesús Sánchez, fallecería el 8 de noviembre a causa de las heridas.74 El 21 de noviembre, los etarras mataron al ex-ministro socialista Ernest Lluch de varios disparos, mientras éste dejaba su vehículo en apartamento de su domicilio en Barcelona.75 La repulsa de la ciudadania y de los partidos fue clamorosa y en la capital Condal un millón de personas se manifestaron contra el terror etarra, al final de la manifiestación la periodista Gemma Nierga76 mientras en algunos sectores político y sociales se reclamaba al ejecutivo de Aznar que reabriera el diálogo con el sector nacionalista del PNV, con el que se había roto toda relación. El día 24 de noviembre, Aznar hizo unas duras declaraciones en las cuales rechazó reunirse con Ibarretxe, hasta que su Gobierno y su partido (el PNV) no recuperen la «conducta democrática» exigiendo una condena explícita del terrorismo etarra, la liquidación del pacto de Estella y la convocatoria de elecciones autonómicas.77 Sus dos últimos atentados mortales volvieron a ser en Cataluña, el 14 de diciembre un coche lapa con entre 750 o 1000 gramos de dinamita colocado en su vehículo asesinó en Tarrasa al concejal del PP en Viladecavalls, Francisco Cano Consuegra.78 Seis días después, dos etarras asesinaron de dos disparos al guardia urbano, Juan Miguel Gervilla Valladolid en la capital Condal después de que se hubiera interesado por su coche, cargado con 13.5 kilos de explosivos, que empujaban por un lateral de la Diagonal.79

2001

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Aznar junto al presidente ruso Vladimir Putin en el Kremlin de Moscú. 22 de mayo de 2001.

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El presidente de los Estados Unidos, George W. Bush y Aznar en las escalinatas del Palacio de la Moncloa (Madrid). 12 de junio de 2001.

El 27 de febrero, Jaime Mayor Oreja fue elegido candidato por el PP a lehendakari, Mariano Rajoy le sustituiría en la cartera de Interior y Juan José Lucas ocupó el Ministerio de la Presidencia.80

El 9 de marzo, el gobierno aprobó por decreto el final de la incorporación obligatoria al ejército para todos los varones españoles que alcanzaban la mayoría de edad (la llamada popularmente «mili») a partir del 31 de diciembre de ese mismo año.81

El 13 de mayo, se celebraron elecciones anticipadas en el País Vasco, en la que resultó vencedora la coalición integrada por el PNV y Eusko Alkartasuna (EA), que obtuvo 33 escaños (uno más que los obtenidos por la suma del PP y el PSE-EE). Aunque sin mayoría absoluta, Juan José Ibarretxe renovó su cargo como Lendakari. Cabe resaltar la perdida de la mitad de escaños de Euskal Herritarrok (EH) que pasó de 16 a 8 representantes en el Parlamento Vasco.82

El 12 de junio, el recién elegido presidente de los Estados Unidos, George W. Bush visitó España. Se trataba del primer país europeo que visitaba en su primera gira por la Unión Europea. En el primer encuentro entre ambos presidentes, se saldó con una muestra pública de Aznar de apoyo al proyecto norteamericano del escudo antimisiles83 y el sello de unión de la lucha contra el terrorismo de ETA por parte del presidente norteamericano.84

El día 29 de ese mes, por primera vez, un civil Jorge Dezcallar dirigiría el Cesid (Centro Superior de Investigación de la Defensa) que durante su etapa de director cambiaría su nombre por el de Centro Nacional de Inteligencia (CNI).85

El 21 de octubre, se celebraron las elecciones autonómicas en Galicia, en ellas volvió a vencer el PP por mayoría absoluta y Manuel Fraga (79 años) sería presidente de la Junta de Galicia en un cuarto mandato.86

El 1 de diciembre, se celebró en Madrid la Marcha contra la Ley Orgánica de Universidades, convocada por UGT, CC.OO. y organizaciones estudiantiles (secundada por 350.000 personas según los organizadores y 50.000 según la Delegación de Gobierno en Madrid) en donde pidieron la retirada del texto y la apertura de un proceso de negociación.87

2002

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Aznar en un apretón de manos con el presidente de Rusia, Vladimir Putin durante una cumbre UE-Rusia en Moscú. Mayo de 2002.

El 1 de enero del año 2002, se pusieron en circulación tanto en España como en otros 11 países de la Unión Europea, las monedas y los billetes del Euro.88 Esto supuso el final tras 134 años, de la peseta en la vida española. En 2011, se publicó que en diez años después, la inflación general (los precios) ha subido de diciembre de 2001 a noviembre de 2011 un 31,6 %, según los cálculos de un INE que cambió de metodología en 2002.89

Ese mismo día y durante el primer semestre de ese año, España presidía por tercera vez la Unión Europea.90 Durante esos meses, la política internacional española cambia y se sitúa definitivamente al lado de los Estados Unidos.

El 30 de diciembre, el entonces secretario de Estado de Economía, Luis de Guindos, reconoció que el redondeo por la llegada del Euro había subido los precios en España.91 Concretamente en los productos básicos una media del 8 %.92

En enero de 2002, llegó el primer contingente militar español en misión de paz a Afganistán bajo los auspicios de las Naciones Unidas.93 Unos tres meses antes, el 7 de octubre de 2001, se inició una operación militar estadounidense-británica en Afganistán denominada «Operación Libertad Duradera»,94 después de que la Administración Bush acusara al régimen talibán (y estos se negaran a entregarlo) de ocultar al líder de Al-Qaeda, Osama bin Laden autor de los atentados del 11 de septiembre de ese mismo año, en las ciudades de Nueva York y Washington DC y en donde murieron cerca de 3 000 personas. Estos primeros efectivos de España en Afganistán no actuarían de forma autónoma, sino que participarían en las misiones de la Fuerza Internacional de Asistencia para la Seguridad, al mando del Reino Unido.

El 24 de mayo, tres días después de la ruptura del diálogo social entre los sindicatos, el Gobierno aprobó el Real Decreto Ley para la Reforma del Sistema de Protección por Desempleo y Mejora de la Ocupabilidad. El nuevo decreto, bautizado por los sindicatos mayoritarios (UGT y CC.OO.) como «decretazo», disponía, entre otros asuntos, la supresión de los salarios de tramitación y el recorte de las prestaciones por desempleo. Debido a ello, al día siguiente, los sindicatos anunciaron una huelga general (la primera que sufría Aznar desde su llegada al poder en 1996) el 20 de junio.95

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Aznar durante el transcurso de la Cumbre entre Rusia y la Unión Europea. 29 de mayo de 2002.

El 9 de julio, Aznar llevó a cabo la más amplia remodelación de un Ejecutivo desde que llegó al poder en 1996, salieron seis ministros (Juan José Lucas, Anna Birulés, Celia Villalobos, Juan Carlos Aparicio, Jesús Posada y Pío Cabanillas), entraron cinco nuevos: Ana de Palacio, ministra de Asuntos Exteriores; Josep Piqué, de Ciencia y Tecnología; Eduardo Zaplana (que al asumir esa Cartera tuvo que dejar la presidencia de la Comunidad Valenciana), de Trabajo; Javier Arenas, de Administraciones Públicas; Ana Pastor, de Sanidad y Consumo; y José María Michavila, de Justicia y otros dos cambiaron de cartera: Ángel Acebes, asumió Interior y Mariano Rajoy, cuya figura se reforzó ya que pasaba a ocupar la vicepresidencia primera, ministro Portavoz y de la Presidencia.96

El 11 de julio, una docena de gendarmes marroquíes desembarcaban en Perejil, un islote deshabitado, situado al oeste de Ceuta. Ésta estaba considerada parte del territorio español. Los militares después de ocupar Perejil, clavaron en su superficie banderas de Marruecos.

Al día siguiente, España reforzó sus posiciones en el Norte de África. Rabat anunció que no retirará a los soldados de la isla. La Comisión Europea reclamó a Marruecos «una solución rápida». El día 13, España exhibió ante Marruecos tres buques de guerra en Ceuta y Melilla. El primer ministro marroquí, Abderramán Yusufi se comprometió ante el presidente de la Comisión Europea, Romano Prodi, «a trabajar en una solución muy rápida».

La Unión Europea exigió a Marruecos su retirada. El ministro de Exteriores marroquí aseguró que «se podía llegar a encontrar una fórmula para colaborar juntos con España sobre los problemas pendientes incluido el de Perejil». El día 15, Marruecos anunció oficialmente que no abandonaría Perejil. España rechazó todos los argumentos expuestos por Rabat. Aznar eludió hablar de Perejil en el Debate sobre el estado de la Nación. Al día siguiente, Aznar retiró de forma «indefinida e inmediata» al embajador español en Marruecos

El día 17, dio comienzo la operación Romeo Sierra en donde el ejército español desalojó a los soldados marroquíes del islote e izó la bandera española.97

El secretario de Estado de los Estados Unidos, Colin Powell tuvo que mediar entre los países, lo que permitió un final pactado al conflicto: las tropas españolas abandonaron Perejil (día 20), sobre el que se estableció el «statu quo» anterior a la invasión marroquí.98

El día 29 de junio, entró en vigor la Ley Orgánica de Partidos Políticos, que permitió la ilegalización de formaciones que amparen y apoyen políticamente el terrorismo.99

El 4 de agosto, la explosión de un coche bomba de los terrorista de ETA en el Cuartel de la Guardia Civil en Santa Pola asesinó a dos personas (una niña de 6 años y un hombre de 57) además, provocó 34 heridos.100

Los dirigentes proetarras de Batasuna rehusaron condenar este atentado terrorista, con lo que inclumpieron uno de los preceptos de la nueva ley. Ante ello, el gobierno promovió una sesión parlamentaria con el objetivo de elevar al Tribunal Supremo una petición para que procediera a la ilegalización de Batasuna. La moción fue aprobada con los votos afirmativos del PP y el PSOE y la férrea oposición del PNV. El 26 de agosto, el juez de la Audiencia Nacional, Baltasar Garzón, ordenó la suspensión cautelar de todas las actividades de Batasuna debido a su relación orgánica con la banda terrorista ETA.101 El 7 de mayo del año siguiente, 102

El 5 de septiembre, se produjo en El Escorial la boda de la hija de Aznar; Ana con Alejandro Agag donde acuadieron hasta más de 1.100 invitados, entre ellos los Reyes de España, tres jefes de Gobierno y un jefe de Estado y todos los ministros y ex ministros de los ejecutivos de Aznar.103

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El entonces Alto Representante del Consejo para la Política Exterior y de Seguridad Común de la UE, Javier Solana, junto a Aznar y Putin en el transcurso de una rueda de prensa en Moscú (mayo de 2002).

El gabinete de José María Aznar hubo de enfrentarse al más duro de los escollos en su etapa gubernamental hasta en ese momento; la mayor catástrofe ecológica de la Historia de España.

El 19 de noviembre, el petrolero Prestige se hundió a unos cien kilómetros de Galicia, con más de 77 000 toneladas de combustible a bordo. Esto provocó una marea negra que afectó al litoral cantábrico y a las costas de Portugal y Francia, teniendo especial incidencia en Galicia. El derrame de petróleo del Prestige fue el tercer accidente más caro de la humanidad, sólo por detrás de la desintegración del Columbia (2003) y el accidente nuclear de Chernobyl. La limpieza y sellado costó 12 000 millones de dólares.104 El vertido de fuel afectó asimismo a los fondos marinos, a la fauna y flora ribereñas y, subsidiariamente a la mayor parte de pescadores y habitantes en general de las regiones afectadas, lo que a su vez conllevó cuantiosas pérdidas económicas.105

A raíz de este desastre se produjeron multitudinarias manifestaciones en Galicia, muchas de ellas encabezadas por la plataforma Nunca Máis, en las que se responsabilizaba al Gobierno de distorsionar y ocultar información, así como de una mala gestión del suceso. El Colegio de Periodistas de Galicia llegó a denunciar el “intolerable apagón informativo” y lamentó que sus periodistas tuvieran que acudir a fuentes extranjeras para poder hacer su trabajo. A esta carencia de información se suma la censura que llegó hasta tal punto que se impidió obtener imágenes de la zona del hundimiento del Prestige prohibiendo sobrevolar esa área.[cita requerida] Por su parte el Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), en un comunicado aprobado por el claustro, criticaba el “menosprecio” y “silencio” al que los científicos se vieron sometidos.[cita requerida] Los partidos de la oposición, especialmente el PSOE y el BNG, criticaron la actitud del entonces presidente de la Junta de Galicia, Manuel Fraga, por tardar 8 días en aparecer en público tras el desastre. Aznar tardaría 31 días en ir a Galicia desde que se produjera la catástrofe.106 Nunca llegó a visitar las costas afectadas, ni compareció en el Congreso, en su lugar lo hizo el entonces vicepresidente Mariano Rajoy. Este dijo que «no es en ningún caso una marea negra, se trata sólo de manchas muy localizadas»[cita requerida] y «unos pequeños hilillos que se han visto, cuatro regueros que se han solidificado con aspecto de plastilina en estiramiento vertical».107 El entonces Diputado regional por Madrid del PSOE, Antonio Miguel Carmona, tuvo que dimitir de su cargo al ser grabado bromeando sobre el desastre: «porque estamos sobrados de votos, y si hace falta hundimos otro Prestige».108

Entre los índices macroeconómicos correspondientes a los dos primeros años de legislatura (2000-2002) destaca la tasa de crecimiento económico, que se mantenía en más de un 3 % en términos reales de la economía española, el déficit público se redujo hasta el 0,3 % aunque la inflación se disparó en este año hasta el 4 %, la tasa más alta desde 1996, no obstante lo más destacable de todo es que la tasa de paro bajó hasta el 13,6 por 100, ya que la creación de empleo aumentó en 600 000 empleos nuevos.

2003

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Durão Barroso, Tony Blair, George W. Bush y José María Aznar en la Cumbre de las Azores.

La guerra como amenaza es lo que domina el ambiente político en toda la parte del mundo a inicios del año 2003.109 Desde septiembre de 2002, se temía un ataque contra Irak, después de que la coalición aliada derrocara al régimen talibán en Afganistán, aunque esta no pudo ni atrapar y ni asesinar a Osama bin Laden (su asesinato ocurriría en mayo de 2011), Bush puso como siguiente objetivo el régimen iraquí de Saddam Hussein, acusándolo de apoyar y fomentar el terrorismo de Al Qaeda y de poseer armas de destrucción masiva, y por ello, significar una amenaza a la paz mundial.110

El 15 de febrero, se celebró la mayor manifestación mundial de la Historia, para mostrar un rechazo hacia la ya inminente guerra contra Irak.111 En España, salieron en torno a tres millones de personas en todas las ciudades del país, pero es en Madrid y Barcelona donde se desbordaron todas las expectativas más optimistas de los convocantes, al haber largamente más de 2 millones de personas. El lema de éstas fue: «¡No a la guerra!». Fue una oleada de contestación social contra un Gobierno inédita en la historia de la democracia española.112

Siete días después, el 22 de febrero, se celebró una reunión entre Bush y Aznar en el rancho de la localidad texana de Crawford.113 En ésta se supo cuatro años después que el presidente estadounidense le dijo a su homólogo español: «Quedan dos semanas. En dos semanas estaremos militarmente listos. Estaremos en Bagdad a finales de marzo»114

El 16 de marzo, se celebró en la isla portuguesa de Las Azores, una cumbre con Bush, Aznar, el primer Ministro del Reino Unido, Tony Blair y el primer Ministro de Portugal, Durão Barroso, anfitrión de ésta. Dos años después, en 2005, se supo que Aznar propuso como lugar de reunión Las Azores, en lugar de la que en un primer momento había propuesto el presidente Bush en la isla Bermudas.115 En dicha cumbre se pidió a los miembros del Consejo de Seguridad de la ONU, que aprobasen una resolución que incluyese la advertencia a Irak de una intervención militar, y al régimen de Sadam Husein se le pidió que se desarmara.116

Al día siguiente, Bush le dio a Saddam Hussein un ultimátum de 48 horas para que abandonara el poder; de no ser así, se iniciaría una acción militar.117

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Aznar y Bush en el transcurso de una rueda de prensa en el Cross Hall en la Casa Blanca en mayo de 2003.

Dos días después, el 20 de marzo, a las 03:35 horas de la madrugada, hora española, una coalición estadounidense-británica iniciaba un bombardeo sobre Bagdad (la capital iraquí) y con ello dio comienzo a la Guerra de Irak.118 Por la mañana de ese mismo día, Aznar compareció desde el Palacio de la Moncloa ante la nación y los medios de comunicación.119 Por la tarde, en prácticamente todos los lugares de España y del mundo, se produjeron manifestaciones contra el estallido de la guerra. En Madrid, acabada la concentración antibelicista en la Puerta del Sol, la policía tuvo que intervenir contra un grupo de manifestantes que pretendían llegar a la sede del Partido Popular.120

A pesar de que España no participó militarmente en la invasión, esto no impidió la muerte de dos ciudadanos españoles. El 7 de abril, fallecía el corresponsal del diario El Mundo, Julio Anguita Parrado en un ataque contra una compañía estadounidense con la que se desplazaba en territorio iraquí. Únicamente transcurridas unas horas después, moría un cámara de Telecinco, José Couso debido a que fue alcanzado por un misil disparado por un tanque estadounidense contra el Hotel Palestina donde se alojó la prensa internacional.

El apoyo de Aznar a Bush fue rechazado por la mayoría. Los sondeos de opinión hablaron de un 91 % de rechazo al conflicto bélico de Iraq.121 A pesar de esto y de tener a todos los demás partidos políticos en su contra, el gobierno de Aznar apoyó a los EE.UU. y ordenó el envío de tropas a Iraq, con fines humanitarios, pudiéndose realizar debido a la mayoría absoluta de la que gozaba el Partido Popular en el Parlamento.

El 29 de noviembre, siete agentes del CNI fueron asesinados en una emboscada al sur de Bagdad.122

El 25 de mayo, se celebraron las elecciones municipales en todo el Estado y regionales en 13 Comunidades Autónomas. El Partido Popular vence en las municipales porque logra mayor número de concejales y más alcaldías. Pero en número de votos el PSOE supera al PP por apenas 120.000 en toda España. A pesar de ello, todos dan por vencedor al Partido Popular, que lo es realmente en términos e poder, y casi toda la sociedad y analistas interpretaron que los españoles no han castigado a Aznar en las urnas por su apoyo en la Guerra de Irak.123

El PP mantuvo las alcaldías de las capitales de provincia en las que ya gobernaba y mantuvieron su hegemonía en Madrid y Valencia, a excepción de Zaragoza, en donde el socialista Juan Alberto Belloch sería el nuevo alcalde.124 En cuanto a los resultados autonómicos, el PP tuvo mayoría absoluta en los Parlamentos autonómicos de Castilla y León, La Rioja, Navarra, Valencia y Murcia (además de Ceuta y Melilla), y fue la lista más votada en Madrid y Cantabria; por su parte el PSOE alcanzó la mayoría absoluta en Extremadura y Castilla La-Mancha, y fue la candidatura más votada en Aragón y Asturias.

Una alianza entre el PSOE e Izquierda Unida (IU) garantizaba el gobierno de izquierdas en la Comunidad de Madrid. Sin embargo, la defección de dos diputados socialistas; Eduardo Tamayo y María Teresa Sáez —que faltaron de manera intencionada a la elección de la mesa parlamentaria— dejó la presidencia de la Cámara en poder del PP e impedió la investidura del candidato socialista, Rafael Simancas.125

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Aznar estrecha la mano al Primer Ministro de Francia, Jean-Pierre Raffarin en diciembre de 2003.

El 31 de agosto, Aznar propuso a Mariano Rajoy para sucederlo como candidato del Partido Popular a la presidencia del Gobierno, y la Dirección Nacional del PP aprobó la candidatura.126 En noviembre de 2012, Aznar reveló que éste había ofrecido su secesión a Rodrigo Rato, pero Rato la rechazó hasta en dos ocasiones.127 El expresidente cumplía así su palabra de no estar más de ocho años en el Gobierno y además se convertía así en el primer gobernante español en ejercicio que renunciaba voluntariamente a seguir en el poder128 a pesar de las presiones de dentro de su partido para que continuara.

El día 3 de septiembre, Aznar remodeló por última vez su Gabinete, Eduardo Zaplana asumió Portavoz y siguió con su cartera de Trabajo; Javier Arenas pasó a Presidencia y se convirtió en vicepresidente segundo y Rodrigo Rato se convirtió en vicepresidente primero. Además, el gobierno contaría con dos miembros nuevos: Juan Costa (Ciencia y Tecnología) y Julia García-Valdecasas (Administraciones Públicas).129

En las nuevas elecciones que se tuvieron que repetir en la Comunidad de Madrid el 26 de octubre, el PP consiguió la mayoría absoluta y Esperanza Aguirre se convertía en la primera mujer en ser presidenta de una Comunidad Autónoma.130

El 16 de noviembre hubo una nueva cita en las urnas, en Cataluña se celebraron las elecciones autonómicas. Esta convocatoria electoral marcaba el final de la «era Pujol», por primera vez en 23 años, Jordi Pujol no volvería a presentarse como candidato a la presidencia de la Generalidad. No obstante, volvió a vencer CiU con Artur Mas de candidato con una ventaja de cuatro puntos sobre el PSC (46 escaños a 42).131 A pesar de esa victoria, el PSC junto a la ERC (que había logrado un gran aumento de escaños, pasó de 12 a 23) y a ICV firmaron el 14 de diciembre el Pacto de Tinell, y estas tres fuerzas políticas formaron el Gobierno tripartito con Pasqual Maragall como presidente de la Generalidad.132

El 9 de diciembre, la policía francesa desarticuló en Pau a la cúpula militar de ETA y detuvo a su jefe de comandos, Gorka Palacios.133 La banda terrorista seguía activa y con sus mismas intenciones asesinas, pero su capacidad de matar había quedado muy mermada.134 En el año anterior, 2002 fueron detenidos 191 terroristas y colaboradores de ETA.135 Además para finalizar, en ese mismo año la actividad terrorista había descendido un 44% respecto a 2001 y un 52,8% respecto al año 2000, y las acciones violentas de la «kale borroka» se redujeron un 52% respecto a 2001.136 En 2003 hubo que lamentar el asesinato de tres personas, Joseba Pagazaurtundúa 137 138

2004

El jueves 11 de marzo de 2004, tres días antes de que se celebraran las elecciones generales, se produjo en Madrid el mayor ataque terrorista de la historia de España y uno de los más trágicos en Europa (el peor producido en el Viejo Continente en tiempos de paz). A partir de las 7:39 horas de la mañana hicieron explosión diez mochilas cargadas de bombas en cuatro lugares diferentes. Las primeras explosiones ocurrieron en un tren de cercanías que acababa de hacer su entrada en Atocha. A continuación, hicieron explosión varias bombas en la calle Téllez, a 800 metros de Atocha, y finalmente en las estaciones del Pozo del Tío Raimundo y Santa Euguenia. Estos atentados yihadistas causaron la muerte de 191 personas y provocaron más de 1500 heridos.139 El caos y el pánico se apoderaron de la capital española.

Todos los partidos políticos cancelaron sus agendas y dieron por acabada la campaña electoral en señal de duelo y repulsa por lo sucedido.140

Durante las primeras horas tras la masacre terrorista la convicción generalizada en la sociedad y en las fuerzas políticas fue de atribuir la autoría a ETA.141 La única excepción fue Herri Batasuna. Arnaldo Otegi, fuentes próximas a ETA y portavoces habituales de la banda negaron que ésta fuera la autora del atentado y además en hecho insólito de la izquierda abertzale condenó la cadena de atentados terroristas.142 El presidente Aznar se dirigió a la nación desde el Palacio de la Moncloa en una declaración institucional poco antes de las 15.00 horas de la tarde. En ella, no se citó en ningún momento expresamente a la organización terrorista ETA.143

Aznar llamó personalmente a los directores de los principales periódicos nacionales que estaban preparando ediciones especiales para sacarlas a primera hora de la tarde144 para transmitirles su absoluto convencimiento de que ETA era la autora de la matanza.145 La Ministra de Exteriores, Ana de Palacio, presiona a los cónsules y diplomáticos españoles para que difundieran en el extranjero la tesis de la autoría de ETA.146

A partir de las ocho de la tarde cuando compareció el ministro del Interior, Ángel Acebes anunció que en Alcalá de Henares se había encontrado una furgoneta en cuyo interior había varios detonadores idénticos a los usados en los atentados y una cinta con versículos del Corán. A pesar de la información dada, el Gobierno siguió afirmando que la línea de investigación era ETA, pero sin descartar a Al Qaeda.147

Por la noche, una organización terrorista ligada a Al Qaeda (las brigadas de Abu Hafs Al Masri) reivindicaba el atentado ocurrido en la capital de España en un periódico árabe editado en el Reino Unido.148

A las 22.00 horas de esa noche, la cadena SER informaba que «en el primer vagón del tren que explotaba antes de llegar a Atocha iba un terrorista suicida», información que resultó ser falsa.149

Al día siguiente, el 12 de marzo, tras haberse producido el último Consejo de Ministros de la Legislatura, Aznar compareció por segunda vez ante los medios de comunicación y afirmó que «el Ejecutivo no descarta ninguna línea de investigación»150

Esa misma tarde, más de 11 millones de españoles se manifestaron en las principales vías de todas las ciudades del país para expresar su repulsa al terrorismo y su solidaridad con las víctimas del atentado.151 En la capital de España, fueron más de 2,3 millones de personas,152 y por primera vez el Príncipe de Asturias y las Infantas participaban en una manifestación, a ellos le acompañaron, el presidente Aznar y los expresidentes González y Calvo Sotelo, Zapatero, Jordi Pujol, el primer ministro francés, Jean-Pierre Raffarin y su homólogo italiano, Silvio Berlusconi, por citar a algunos.153

Muchos ciudadanos consideraron que el Gobierno mentía acerca de la autoría del atentado, culpando a ETA para que no se considerase el atentado como una represalia por parte de Al Qaeda al apoyo del Ejecutivo a la invasión de Irak. Durante la jornada de reflexión del 13 de marzo se produjeron movilizaciones, convocadas a través de mensajes SMS, en contra del PP delante de sus sedes, siendo la movilización más multitudinaria en su sede principal de la calle Génova de Madrid. El principal motivo de estas concentraciones era saber la verdad de la autoría antes de ir a votar.154

En noviembre de 2013, Aznar reveló que el CNI mantenía las dudas sobre la autoría de las acciones terroristas dos días después de que se produjesen.155

Debido a estas concentraciones, el candidato del Partido Popular a la presidencia del Gobierno, Mariano Rajoy compareció en televisión para pedir que cesaran unas «manifestaciones ilegales», las cuales calificó «hechos antidemocráticos».156 Cerca de media hora después, compareció Alfredo Pérez Rubalcaba el cual afirmó que «los ciudadanos españoles se merecen un gobierno que no les mienta, un gobierno que diga siempre la verdad».157

En la madrugada del 14 de marzo, antes de que los españoles acudieran a votar, Ángel Acebes anunció el hallazgo de un vídeo en el que el presunto portavoz “militar” de Al Qaeda en Europa reinvindicaba la autoría de la matanza terrorista, además horas antes, se anunciaron las primeras detenciones por el atentado, se trataban de dos indios y tres marroquíes.158 Con estos hechos, se vinculaba al terrorismo islámico como la principal autora, pero el ministro del Interior seguía sin descartar la autoría de ETA, organización terrorista que lo negó en un comunicado.159

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Aznar junto al presidente de Argentina, Néstor Kirchner y su esposa, Cristina Fernández, quien en 2007 le sucedería en la presidencia. Foto tomada en el Palacio de la Moncloa, enero de 2004.

En las elecciones generales del 14-M, en las que acudió a votar el 77,2 % del censo electoral, el Partido Popular fue derrotado, logró 9 763 144 votos (37,71 %) y 148 escaños, perdiendo 35 de ellos y la mayoría absoluta con respecto a las elecciones de hace cuatro años. El PSOE resultó vencedor y se convirtió en la candidatura más votada en unas elecciones generales; con 10,9 millones de votos. Los socialistas tendrían en el Congreso 164 escaños.160 Antes de la tragedia terrorista del 11-M todos los sondeos electorales pronosticaron que los populares obtendrían por tercera vez consecutiva el triunfo en las urnas.161 162 Por lo que se trató de un vuelco electoral inesperado y sin precedentes.

El 2 de abril, se evitó una nueva masacre terrorista, al ser encontrada a tiempo una bomba con 12 kilos de Goma 2-ECO en la vía del AVE Madrid-Sevilla.163

Al día siguiente, en Leganés (Madrid) se produjo el primer atentado suicida de la historia de Europa. Siete terroristas del “comando 11-M” se inmolaron en un piso cuando estaban siendo rodeados por la policía,164 a consecuencia de esa explosión asesinaron al agente Francisco Javier Torronteras, primera baja que sufrían los GEO desde su creación en 1978.165

El 17 de abril, José Luis Rodríguez Zapatero tomó posesión como el quinto presidente del Gobierno de España en Democracia,166 y al día siguiente se formó el nuevo Gobierno de la nación, que relevó al del Partido Popular.

En abril de 2004, último mes en el que Aznar ocupaba la presidencia de España, se dio a conocer que el número total de desempleados fue de 1 743 706 personas, el 9,18 % de la población activa.167 En su segunda legislatura, se habían creado en España 2.4 millones de puestos de empleo.168

Cuando Aznar dejó el poder, la vivienda costaba más del doble que en 1996 y su precio aumentaba a un ritmo superior al 17 % anual.169 170 Pese a estas cifras, Aznar no reconoce ninguna responsabilidad en la burbuja especulativa del sector inmobiliario que se inició en su mandato, afirmando que «lo de las burbujas vino después» de su presidencia.171

Anexo 18

Aznar y la vertebración de España

Javier Tusell 19 JUN 2001

Este artículo no pretende en absoluto ser regocijado ni tampoco denigratorio. Sería lo último si quisiera centrarse en el uso que se ha hecho de los medios públicos en una campaña electoral. No puede ser lo primero porque, por más que la polémica acerca de las elecciones vascas haya dominado la escena política española durante meses enconando posiciones contrapuestas, a fin de cuentas, son los vascos quienes han decidido y no el resto de los españoles. Además, ni las elecciones se van a repetir, ni tiene sentido abundar en argumentos que en su momento se utilizaron hasta la saciedad, ni menos aún hacerlo al ritmo de las acciones de ETA. Tendríamos, por el contrario, que hacer un serio esfuerzo por respetar los resultados, tratar de aprender de ellos y situar la polémica en terreno distinto de aquel en que la hemos tenido durante muchos meses. Así llegaría a ser constructiva y no exasperante, como ha acabado por resultarnos a todos. Así, además, cabría referirse a algunas cuestiones de principio con cierta distancia y ánimo de entendimiento.

Uno de los aspectos de la lucha electoral pasada está relacionado con el propósito, genérico pero persistente, del presidente del Gobierno por vertebrar España. Con eso no quiero decir ni que todos los que se alineaban con la llamada opción ‘constitucionalista’, calificativo que habría que comenzar por desterrar, pensaran ni remotamente lo mismo ni tampoco que el propósito de Aznar carezca de sentido. Sin duda ésa ha sido una preocupación primordial del presidente del Gobierno que nace de convicciones profundas. Nada de lo sucedido en cuestiones como la reforma de las Humanidades puede entenderse sin partir de ellas. Pero, con mayoría absoluta o antes sin ella, lo que ha cosechado por el momento a la hora de tratar de llevar a la práctica ese propósito han sido espejismos, actos fallidos, alguna derrota y sobre todo mucha gresca. Cuando, a comienzos de siglo, Unamuno y Maragall debatieron sobre la España plural, el primero recordaba que en tal tipo de controversias muy a menudo se acudía a rebatir no lo que se decía, sino lo que cada uno imaginaba que se había dicho. El desencuentro de esta manera suele convertirse en agónico e interminable.

El propósito, por otro lado, puede ser considerado deleznable por algunos, pero no tiene por qué serlo en una sociedad muy fragmentada y necesitada de coincidencias. A mí me parece correcto; lo que me resulta profundamente errado es el método para llegar a él. No se trata, por tanto, de que la sociedad o la situación vasca no estén maduras para un Gobierno no nacionalista como de que el procedimiento para lograrlo es tan desacertado como para resultar contraproducente por completo.

No se vertebra mediante la confrontación. No ya el caso de Cataluña durante los años ochenta, sino también el de Andalucía en los setenta, como el País Vasco luego, testimonian que en el momento en que existen unos temores -reales o imaginados- sobre el respeto a la propia identidad la confrontación concluye en un resultado reactivo. A algunos comentaristas les hemos leído que, tras la supuesta victoria ‘constitucionalista’, vendría la inyección de sentimiento nacional (español, por supuesto); otros han recordado que bastante habían hecho ellos con admitir el Estatuto. Debían saber que la confrontación en materias de identidad colectiva tiene efectos lamentables, incluso para quien la provoca. Los ultraespañolistas del pasado no nacieron en Valladolid; fueron, como Maeztu o Sánchez Mazas, vascos o, como D’Ors, catalanes. Igual sucede en el momento actual: Jiménez Losantos fue aragonesista radical en Barcelona y Jon Juaristi nacionalista vasco. Lo pésimo, en fin, del propósito de crear conciencia de identidad nacional española desde fuera es que, como mínimo, se pretende un resultado ucrónico. Bien se puede decir de él, en efecto, que no sólo no ha sido viable en ningún lugar, sino que es impropio del tiempo en que vivimos. Si éste impulsa a la globalización también incita, en cierta manera y como actitud inevitable, al cuidado de la propia identidad.

Un propósito de vertebración de España debe basarse en un programa a largo plazo en que la política cultural juegue un papel determinante y la voluntad de diálogo sea permanente. De esta manera se descubre que la civilización española es siempre el producto de miradas que se entrecruzan desde puntos de vista distintos, pero siempre entrelazados. Lo peor de la realidad actual española no es, siquiera, la confrontación, sino a menudo el olvido de esta realidad. Carles Riba recordaba que los intelectuales catalanes no han sido separatistas sino por excepción y se han convertido en tales tan sólo cuando han sentido en su interior la desesperanza ante un diálogo inexistente o interrumpido. Cuando existe un reconocimiento mutuo desde la conciencia de pluralidad el acuerdo es posible, incluso inevitable. Lo pésimo es la ignorancia radical de la alteridad. Por eso resulta un error elemental, impropio de un Bachillerato bien cursado, ignorar que el catalán o el vasco han sido perseguidos; viene a ser algo parecido a situar el Museo del Prado en Lanzarote.

El Estado, en vez de ocuparse en proporcionar esas inyecciones artificiales de españolidad -que pueden sentar como una purga de aceite de ricino-, debiera ocuparse de lo que la Constitución le prescribe, es decir, de poner en comunicación a las distintas culturas de los pueblos de España. ¿Se puede decir que verdaderamente lo ha hecho en los últimos tiempos? Tiene sentido rememorar el pasado y celebrar grandes acontecimientos colectivos. Pero, ahora que proliferan las sociedades estatales de carácter cultural, no vendría mal una dedicada a satisfacer aquella necesidad. De hecho, cuando se ha intentado esta operación de altos vuelos se ha hecho desde la periferia y no desde el centro. Hoy en Madrid se exhibe una exposición titulada Cataluña hoy; en el pasado reciente fue la Comunidad de Madrid (no el Estado central) quien acogió otra dedicada a la relación Madrid-Barcelona. La vida cultural española en el siglo XX no se entiende sin una relación dialéctica entre los distintos mundos culturales de sus capitales más importantes. Reconstruirla es hacerla perdurar y eso tiene más trascendencia que una actitud impositiva (o que lo parezca) durante una consulta electoral ocasional.

En España, hoy y ahora, lo que tiene sentido no es ni predicar la uniformidad, aunque sea por el procedimiento de eludir la pluralidad, ni tampoco pretender simplemente la adhesión a unos principios genéricos de carácter democrático que todos comparten. Estos últimos deben, por supuesto, ser defendidos a ultranza en cada caso concreto, en especial si existe el peligro de la mínima discriminación personal. En este punto no se alabará nunca lo suficiente a las entidades que tienen ese propósito; hay que alinearse con ellas sin el menor titubeo. Pero eso no basta. Elías Canetti decía que el internacionalismo -es decir, una vaga adscripción a principios de carácter general- no puede ser la cura contra el nacionalismo; quien lo resulta es el plurinacionalismo, en definitiva, esa conciencia de pluralidad. En un caso como el español todavía se podría añadir algo más. Es de sobra sabido que la conciencia de las colectividades en buena parte se construye mediante actos voluntarios y prácticas cotidianas. Un ministro canadiense habla, por ejemplo, en francés y en inglés en cada párrafo de sus discursos. De parecido modo nada sería mejor que el propio Gobierno de Madrid fuera consciente de la necesidad de hacer emerger un ‘patriotismo de la pluralidad’ que no sólo supusiera lealtad constitucional, sino que contribuyera a movilizar los afectos colectivos. No lo ha hecho hasta el momento cuando es posible llevarlo a cabo. Si así se hiciera, el resultado habría de ser enormemente positivo. No sólo tendríamos los sentimientos de identidad superpuestos de forma orgánica y coherente -como en Suiza y no como en la antigua Yugoslavia-, sino que además lograríamos que los nacionalismos impositivos -el vasco, el catalán y también el español- resultaran más tolerantes y sobre todo más propios de los tiempos en que vivimos. Por desgracia no ha existido una auténtica pedagogía de la pluralidad. Pero todavía es tiempo para rectificar el rumbo.

Se dirá que no tiene sentido hacer todas estas afirmaciones dirigiéndolas al actual presidente del Gobierno. Ni aunque así fuera habría que dejar de recordarlas, pero, además, no viene mal tomar en cuenta que el actual Ejecutivo ha hecho en más de una ocasión buena la afirmación de Fraga durante la etapa socialista. En algunos casos, menos de los deseables, ha acertado rectificando. Sería bueno que ahora meditara de nuevo la posibilidad de hacerlo. Porque, aunque estas cuestiones parezcan excesivamente alejadas de la política diaria, no cabe la menor duda de que en la próxima campaña electoral de una manera u otra, quizá incluso en forma decisiva, estarán sobre el tapete. Y quien tiene esa acusada avaricia de poder y ese sentido para captar la ventaja electoral debe darse cuenta de ello.

Javier Tusell es historiador

Anexo 19

Don José María Aznar

Manuel Vazquez Montalban

23 ABR 2003

Llegué a conocer personalmente a Don Pedro Go…, nombre con el que identificábamos a Don Pedro Gómez Aparicio buena parte de los radioyentes del diario hablado de Radio Nacional. Lo tuve de profesor de Historia del Periodismo en el tercer curso de la Escuela Oficial, obligatorio entonces seguirlo en Madrid, y gracias a ello pude recibir docencia o claridades de algunos miembros de la plana mayor intelectual del Régimen. Por ejemplo, Adolfo Muñoz Alonso, franquista agustiniano, y Don Pedro Go…, de la democracia cristiana colaboracionista. La abreviatura del nombre se debía a que, comentarista de fondo del diario hablado de Radio Nacional, bastaba que el locutor anunciara… a continuación el comentario de Don Pedro Go… para que muchos radioyentes se precipitaran hacia el aparato y lo desconectaran, porque el diario hablado de Radio Nacional fue obligatorio para todas las emisoras durante la mayor parte de la larguísima posguerra. El recuerdo de Don Pedro Go…, enfático apologeta del Régimen y lento e irrelevante profesor que se limitaba a repetir en clase, año tras año, su libro de texto salió del desván de mi postadolescencia al advertir que Don José María Aznar está provocando reacciones similares y nada más aparecer en pantalla o en las ondas sonoras, las gentes cambian de canal o de emisora de radio. A continuación, el jefe del Gobierno, Don José María Az… No sólo desconectan de Don José María sus antagonistas políticos naturales o profesionales, sino también muchos, muchísimos peatones de la Historia que lo consideran sonoramente insoportable, argumentalmente torpe, gestualmente insuficiente y además armador de guerras santas, armador de guerras santas en las que no pega un tiro, a lo sumo se limita a enviar la Legión para el desfile de la victoria. Sospechoso Don José María Az… de graves deficiencias por el mero hecho de ser apreciado por George Bush y sospechoso también de extrañas connivencias dado que un hermano de Bush, casi tan inteligente como el emperador, declaró que el apoyo de Aznar a la guerra de Irak representaría muchos beneficios para los españoles. Estremecedor que Don José María Az… no tuviera ni una palabra sobre los muertos que iba a provocar la guerra santa, hasta que se puso aritmético el hombre y llegó a la conclusión de que Sadam Husein había matado a más iraquíes que los que pudieran liquidar Bush, Blair y él juntos. Hay que reconocer que no llegó a la línea Maginot argumental de un alto cargo o alta carga del PP, experto o experta en muertes comparadas, por ejemplo, las que causan los accidentes de tráfico en España, y las que han conseguido los misiles inteligentes en Irak. El tráfico es mucho más mortífero que los misiles inteligentes.

A otros tampoco les gusta que Don José María bautizara el aquelarre de las Azores como Eje Atlántico, porque deseuropeiza el futuro e incluye a España otra vez en el Eje, en el pasado formado por la Alemania nazi, la Italia de Mussolini y el Japón de Hiro Hito. Otros recuerdan que se escondió en una torre gallega para no pisar chapapote o que conserva en su despacho una foto conmemorativa de la conquista de la isla Perejil o que tuvo que envainarse el decretazo sobre la reforma laboral tras padecer una huelga general o que quiere trasvasar ríos a pesar de que no le salen los trenes de alta velocidad: los trenes de alta velocidad de Don José María no sólo resultan de baja velocidad, sino que además no llegan a su destino, engullidos por los alevosos socavones que le ponen los socialistas bajo los raíles.

Atraído por la posibilidad de escribir un libro sobre la aznarización de España o simplemente una epopeya titulable La Aznaridad, hace meses que he recuperado cuanto he escrito durante más de diez años sobre el todavía jefe de Gobierno español, desde sus tiempos de joven con cara de pésame, presentado en sociedad como nieto de Don Manuel Aznar, polifónico personaje que dirigió El Sol de Ortega y Gasset y contribuyó a la creación del mito de Franco durante la guerra de África. La polifonía final de Don Manuel tal vez se debiera a que, a riesgo de morir a manos de los incontrolados de la República, se refugió en Salamanca, capital del franquismo, y allí estuvieran a punto de liquidarle los del Movimiento, hasta que Franco le echó naturalmente un capote. Curioso que aquel periodista criado intelectualmente a los pechos de la España liberal más avanzada fuera incluso biógrafo canonizador del Caudillo, fugaz embajador del Régimen y director de La Vanguardia, que por entonces era el diario Pravda del franquismo moderado editado en Barcelona. El mito de Franco como genial guerrero durante la guerra de África fue elaborado entre Manuel Aznar y otro abuelo de brillante político del PP hoy en ejercicio, el periodista Ruiz-Gallardón, Tebib Arrumi (así firmaba en Abc las glosas de la irresistible ascensión de Franquito a Franco, Franco, Franco, el abuelo del hoy aspirante a la alcaldía de Madrid).

La irresistible ascensión de Don José María Az… a la presidencia del PP fue consecuencia de los problemas de representatividad política de la derecha española. Cómplice en la Guerra Civil y en el uso y abuso de la victoria, la derecha social y económica no se despegó del Régimen y llegó a la Transición sin líderes ni aparatos presentables en el mercado democrático. El simple recuerdo de aquel frente compuesto por Fraga Iribarne, Silva Muñoz, Gonzalo Fernández de la Mora, Laureano López Rodó inspira terror y de fracaso en fracaso las derechas incluso promocionaron a un joven encantador que había cantado rock y se sabía las canciones de Conchita Piquer, Hernández Mancha, y a continuación pasaron por encima del cadáver de su político mejor preparado, Rodríguez de Miñón. La larga complicidad con el franquismo tenía aquel precio, nada menos que elegir a un joven inspector de Hacienda que dirigía la comunidad autónoma de Castilla-León con cierto sentido del marketing personal, pero sin resultados gestores apreciables, aunque supo crearse la imagen de político austero, reductor de consejerías, del uso de las tarjetas de crédito por parte de altos funcionarios y vigilante disuasor de las croquetas que se comían los periodistas cuando llegaba la inevitable copa de vino español.

Solo, fané y descangayado ha quedado Don José María Az… tras el desdichado Vía Crucis de su mayoría absoluta llena de fracasos políticos como el fallido intento de destruir a ETA por el procedimiento de convertir al PNV en un exceso periférico del Imperio del Mal o de respaldar con usura y mala sombra, con mucha usura, con mucha mala sombra, el gobierno autonómico de Pujol en Cataluña o de tratar de despegar como un líder absoluto a la medida de su mayoría absoluta. Ni siquiera consiguió quedar en la consideración popular suficientemente por encima de Rodríguez Zapatero, un recién llegado al star system y a la vista del carrerón internacional que está cumpliendo durante el curso 2002- 2003 parece como si la última esperanza de promoción globalizada sea que Bush le nombre Secretario General de la ONU, previa ocupación militar de la sede de las Naciones Unidas. Tal vez le quede el recurso de encabezar simbólicamente el Eje Atlántico, si pilla a Blair distraído, siempre y cuando Bush y todo lo que representa vuelva a ganar las elecciones presidenciales de los Estados Unidos.

Hagiógrafos próximos insinúan que cuando deje de ser jefe del Gobierno español, Don José María Az… incluso podría dedicarse a la poesía, más en la línea veneciana que en la de la nueva sentimentalidad. Siempre es una salida prestigiosa, habida cuenta de que su carrera política europea parece no imposible pero difícil, a no ser que Europa sea ocupada, militar y preventivamente desde luego, por el ejército de Estados Unidos. Menos mal que casi todos los presuntos delfines de Don José María Az… han procurado quemarse mínimamente en la guerra de anexión de Irak, aunque a veces recurriendo en exceso a la palabra humanitaria hasta provocar náuseas y mareos semánticos casi imposibles de paliar. Partidarios de la paz, los santones del PP respaldaban la guerra siempre que fuera humanitaria, naturalmente. Los errores de estrategia personal cometidos por Don José María Az… en la película que ha cointerpretado con George Bush y sus mariachis, alarman incluso a sus aparentemente más incondicionales seguidores y le restan apoyos como el de Pastor Ridruejo, uno de los inventores en 1990 de Aznar como gran esperanza blanca de una derecha española entonces todavía entre el caqui y el infinito pasando por el azul, aquel azul de la camisa de trabajo glosada por los teóricos de la Falange en los libros de Formación del Espíritu Nacional.

Aunque por su edad, Don José María Az… podía haber extrañado la cultura de Por el Imperio hacia Dios o de España, como unidad de destino en lo universal, se siente atraído por ella, como las aguas se sienten atraídas por los sumideros. Para el futuro del PP, Don José María Az… representa la tozuda quinta columna de un proyecto nacionalcatólico malencarado, pretendidamente adaptado a la estrategia de la globalización vista por la extrema derecha norteamericana, personalista, cejijunto, servido por una voz llena de gallos. Además, sus correligionarios corren el riesgo de que, empecinado como sólo consiguen serlo los caudillos civiles, pretenda reinar después de morir, sobre todo después de su decisiva vivencia de héroe de hazañas bélicas: la conquista de Bagdad.

Anexo 20

EL FIN DE LA TRANSICIÓN

En las elecciones de 1982 se produjo un nuevo escenario que habrá de prolongarse hasta 1996 y que sólo se invertirá en 2000. En aquella ocasión votaron 3.200.000 ciudadanos más que en 1979. El PSOE le arrebató al PCE la mitad de los votos que éste había logrado antes; y el 30 por ciento del electorado de UCD le confió su destino. AP-PDP mejoraba sustancialmente, pero quedaba muy lejos, con algo más del 50 por ciento de los votos recaudados por el candidato vencedor.

-¿Se había convertido el PSOE en un partido de centro?

-En aquellos años se decía que España se gobernaba desde el centro. En 1982 ya es un PSOE cuyo apoyo electoral no se limita a un espectro ideológico. Las políticas que se hacen entre 1982 y 1990 (luego estallan los escándalos de la corrupción y los GAL) son importantísimas y se ve cómo los socialistas -al principio inexpertos, sesentayochistas y con toda clase de herencias radicales- se convierten, al día siguiente de ganar las elecciones, en hombres de Estado responsables, sabedores de en qué país se encuentran y de cuáles son sus necesidades inmediatas. Creo que, efectivamente, el electorado español siempre ha ido apoyando opciones moderadas. Primero apostó por la UCD de Suárez y, luego, por otro líder joven y atractivo, como Felipe González, hombre con un gran interés en la política internacional y que tomó iniciativas a la vez valientes e impopulares en el ámbito económico, cuando emprendió la reconversión industrial. También muy discretamente pone en marcha una reforma militar que no hiere la susceptibilidad de los viejos mandos y que transforma el ejército heredero de la guerra civil en otro moderno. Fue una etapa de gran importancia para la estabilización de España tras el 23-F y, claro, para la de la izquierda desde 1936: su retorno al poder no fue rencoroso, ni vengativo ni dramático.

-Su amigo Javier Tusell -cuyo libro sobre «La Transición a la democracia» (Espasa) ha prologado- situaba el fin de ese periodo en la victoria electoral socialista. -Otros historiadores aplazan el fin de la Transición hasta 85-86, cuando España ingresa en la CE y confirma su permanencia en la OTAN, aunque el gran impulso de todo ello se produjo durante el Gobierno Calvo Sotelo, pero lo materializan los socialistas. Creo que ahí se completa la Transición.

-Una de las «razones» de la Ley de Memoria Histórica fue el rechazo a un «pacto de silencio»…

-Parafraseando a Günter Grass, la guerra dejó una huella indeleble en la conciencia y en la historia de los españoles. Pero no hubo ningún «pacto de silencio» sino un «nuevo comienzo» desde la conciencia, el recuerdo, la memoria y el conocimiento de lo ocurrido.

-Entonces, el pasado ¿no se «echó al olvido»?

-Yo invito a los lectores a ver los anuarios de publicaciones de los años 77 y 78, que difunde el Ministerio de Cultura, y verán que el tema dominante era la República y la Guerra Civil. El retorno de los exiliados lo vimos en directo ya fuera Madariaga, Pasionaria o Sánchez Albornoz. Un millón de personas acompañó los restos de Largo Caballero al cementerio. La guerra civil española, de Thomas, se ha vendido en quioscos lo mismo en libros que en fascículos. Los premios Planeta durante esos años han reflejado la guerra y la posguerra. En 1981 se conmemoró el cincuentenario de la República y ahí están todas las revistas, especializadas o no. También se constituyó en el País Vasco una comisión para el estudio del bombardeo de Guernica. TVE hizo una serie documental sobre la guerra de cuarenta y tantos capítulos con un plantel presidido por Tuñón de Lara y donde figuraba, entre otros, García de Cortázar; es decir, muy amplio y plural. En 1986 y 1987 Valencia acogió encuentros sobre la República y el Congreso de intelectuales antifascistas del 37. En 1990, siendo ministro Semprún, se celebró el año Azaña. Sobre Lorca se ha hecho hasta una serie de TVE dirigida por Bardem. ¿Pacto de silencio? La atención ha sido permanente y la bibliografía supera a la de la Segunda Guerra Mundial.

-Ahora también se han cumplido 25 años del juicio del 23-F. ¿No puso en evidencia que el ejército no era tan golpista en 1981?

-Tomado en su conjunto, ello es así. Al fin y al cabo, sólo se movilizan y apoyan el golpe una capitanía general y algunos regimientos de las cercanías de Madrid. Y esto será así se descubra lo que se descubra. Tal fue la realidad. La investigación histórica, como es natural, buscará aclarar mejor dónde estaba cada uno; y si es que había más implicados, por qué no se sumaron.

-La gente prefiere creer en grandes conspiraciones tras algunos accidentes históricos; por ejemplo, que hubiera no uno sino tres golpes y que estuvieran implicados el Rey y figuras del PSOE.

-Pero la realidad suele ser mucho más aburrida que esa fértil imaginación. Los historiadores tenemos prevención contra todas esas fabulosas y laberínticas teorías conspirativas. Es verdad que hay acontecimientos que ocurren con auténtica fatalidad y no ocultan ninguna trastienda; como es verdad, también, que hay otros a los que se quiere explicar mediante grandes fuerzas impersonales, cuando en realidad se deben al error o al acierto de algún actor político. Cualesquiera que sean las tramas, las posiciones, las conversaciones que pudiera haber habido, lo cierto es que al final Milans se sublevó casi solo. Y creo que pueden concluirse dos cosas. 1) Si bien es verdad que al ejército no le agradaba lo lejos que se llevaba el proceso democratizador, y que muchos militares compartían las críticas que el propio Milans había hecho, por ejemplo, desde ABC… todo eso no significa que participaran en la conspiración y el golpe. Y 2) Con placer o sin placer, con más o menos titubeos, el hecho cierto es que el ejército obedeció al poder civil, bien sea por respeto y lealtad al Rey, y no secundó aquel golpe de Estado.

-Este año también se cumple el centenario de Tarancón. No se ha ponderado lo suficiente el papel que la Iglesia desempeñó bajo la guía de aquel cardenal ilustrado, aperturista y conciliar.

-A partir de finales de los 50 y ya en los años 60, España se va convirtiendo en una nación cada vez más secularizada. La educación, sobre todo la secundaria, había sido un monopolio de la Iglesia hasta los 60, y sólo en 10 años se invierte la balanza: la educación pública controla más del 60 por ciento de la enseñanza. También se produce una gran crisis vocacional que hace disminuir la dimensión del mundo eclesiástico. A la vez, está ocurriendo un cambio interior muy profundo que coincide con el Vaticano II, en el sentido de una apertura hacia la vida moderna de las formas de entender la fe; y por tanto, una modernización de la vida religiosa. Todo eso se transforma en poco tiempo y dramáticamente. Hubo dos nuncios: Riveri y Dadaglio, que mediados los años 60, y de acuerdo con Pablo VI, empezaron a nombrar obispos auxiliares, dejando las sedes oficiales vacantes -para eludir el privilegio de presentación que tenía Franco-, desmantelando su Conferencia Episcopal. Todo eso culmina en los 70 con el nombramiento de Tarancón. Esa Iglesia aperturista tuvo una importancia mayor de lo que parece, porque contribuyó a la progresiva deslegitimación del régimen. Y fue algo que personalmente el general resintió muchísimo. Si uno lee el libro de conversaciones con su primo y secretario privado, Franco Salgado-Araujo, es lo que más le irrita, por encima de las huelgas sindicales o las protestas estudiantiles. El conflicto con Don Juan, por un lado, y el conflicto con la Iglesia católica, por el otro, son los dos grandes torpedos a su línea de flotación.

-¿En qué sentido deslegitimaban a todo el régimen?

-Porque éste tenía una legitimidad de origen de corte religioso y en 1966 comienza a recibir alfilerazos de la misma Iglesia que consagró la guerra como cruzada. Y porque, habiendo instituido España como un Reino en la Ley de Sucesión, el heredero de la legitimidad histórica de la Dinastía no lo acepta y vive en el exilio, impulsando una monarquía parlamentaria y democrática.

Anexo 21

La Monarquía y los valores republicanos

Resulta paradójico que el Parlamento catalán, que ha vulnerado las leyes de la democracia, pretenda reclamar ahora unos abstractos valores republicanos

Juan Luis Cebrián (elpais.com)

15 OCT 2018 – 00:00 CEST

En 1789, la Declaración de los Derechos del Hombre y del Ciudadano que alumbró la Revolución Francesa establecía que “los hombres nacen y permanecen libres e iguales en derecho”. Al margen de que su lenguaje no fuera inclusivo como ahora se demanda, algo consecuente con las costumbres de la época, esta es probablemente la mejor definición posible de la esencia de los valores republicanos, recientemente reclamados por diversos portavoces políticos españoles. Con ocasión de la resolución para abolir la Monarquía que aprobó la semana pasada el Parlamento catalán, una portavoz de los llamados comunes declaró a la prensa que dichos valores republicanos son mayoritarios en la sociedad catalana. Y dijo bien. Tan mayoritarios son, habría que añadir, como en el resto de la geografía española, o quizá algo menos a juzgar por los excesos verbales y la demagogia provinciana que viene practicando el actual Govern de la Generalitat. ¿Pues en definitiva qué son los valores republicanos sino los que sustentan cualquier régimen democrático de corte liberal, como el que tenemos desde hace cuarenta años? Están inmejorablemente descritos por lo demás en el eslogan de la propia Revolución Francesa: libertad, igualdad, fraternidad.

Para defender esos principios son precisas elecciones libres y periódicas; una separación de poderes que permita el control del Ejecutivo por el Parlamento y la existencia de tribunales de justicia independientes. Un sistema así perdura desde hace décadas en la Europa democrática bajo dos formas de gobierno, diferentes en sus protocolos, pero sustancialmente iguales en lo que importa, que es garantizar la libertad y la prosperidad de sus ciudadanos; la Monarquía parlamentaria y la República. Al comienzo de la Transición política se planteó de forma temprana el debate sobre el caso. La Monarquía no gozaba de especial reconocimiento entre la ciudadanía, independientemente de la adscripción ideológica de cada cual. Los herederos directos del franquismo, y de manera singular los falangistas, se habían hartado de cantar a voz en grito en los fuegos de campamento juveniles que “no queremos reyes idiotas que nos quieran gobernar” y la derecha española, salvo un puñado de leales a la Corona, se hallaba dividida en torno a la funcionalidad de la emoción monárquica a la hora de perseguir la deseada reconciliación entre españoles. Pero sobre los sentimientos prevalecieron los hechos: la existencia de un Rey que había heredado todos los poderes del dictador y que libremente renunció a ellos para devolver la soberanía a los ciudadanos. Y su actitud decidida, repetidas veces demostrada, de defensa de la democracia frente a las tentativas golpistas y las militaradas. Así nació el juancarlismo, sometido hoy a un proceso revisionista que nada tiene que ver con la innegable contribución de Juan Carlos I a la recuperación de nuestras libertades.

Los líderes que encabezaron el consenso que fructificó en la Constitución de 1978 coincidieron desde un primer momento en que no era la forma de Estado lo que estaba en juego, sino la existencia o no de un régimen democrático. Que este se lograra a través de una Monarquía parlamentaria o de una República al uso resultaba algo accesorio. Lo importante era recuperar los valores republicanos dinamitados por el franquismo y la devolución de las libertades a los españoles. Los representantes históricos de la izquierda y el republicanismo liberal, derrotados décadas atrás en una cruenta Guerra Civil, consideraron entonces útil mantener la Monarquía de la que se distanciaban intelectualmente para recuperar la democracia.

Demasiadas voces alertan ya sobre los peligros que amenazan el ejercicio de la democracia

Hoy en día existen siete monarquías en la Unión Europea, a las que cabría añadir las de Mónaco, Liechtenstein y Noruega, que, aunque no pertenecen a ella incorporan sus directrices y cultura política. Hace ahora cinco años, el profesor Lluís Orriols publicó un artículo en el que ponía de relieve que dos prestigiosas organizaciones no gubernamentales, Polity y Freedom House, y la Universidad de Gotemburgo habían realizado encuestas para testar la opinión pública sobre la calidad de las democracias coronadas en comparación al resto de las europeas. Para sorpresa de algunos, pero no de quienes prefieren reconocer los hechos, aunque desmientan sus obsesiones, el resultado fue que a juicio de los ciudadanos era mayor la calidad democrática en las monarquías parlamentarias. Y mucho mejor aún el funcionamiento de sus Gobiernos y la proximidad de los mismos a sus electores en países en los que paradójicamente el jefe del Estado no es votado democráticamente.

Hablando de paradojas, la más relevante de todas es que el Parlamento catalán, que viene vulnerando desde hace más de un año el Estado de derecho, definido en la Constitución y en el Estatuto que rige la autonomía de Cataluña, pretenda alzarse ahora en defensa de unos abstractos valores republicanos, y se apreste a acabar con la democracia en nombre de la democracia misma. El objetivo declarado no es otro que destruir el régimen del 78, incompatible con el independentismo unilateral pero también con el programa hecho público repetidas veces por Podemos. Conviene reconocer por eso que al margen de cuales sean los sentimientos y emociones que despierte a cada cual, la figura del Rey es pieza clave en la arquitectura constitucional de nuestra democracia y lo podría ser aún más si al final se lograra una reforma que reconociera el federalismo de la misma. Por último, pues paradójicos andamos, no estaría de más que el caballero Puigdemont explique por qué ha elegido una Monarquía parlamentaria para fugarse de la justicia española, si en tales regímenes se vulneran los valores republicanos que él pretende enarbolar. La experiencia histórica enseña que las dos Repúblicas que en los doscientos últimos años acometieron la tarea de promover en nuestro país esos principios fracasaron en el empeño, mientras que han sido reconocidos y defendidos por nuestro actual sistema. Habida cuenta de la fragmentación política hoy imperante, y la violencia del lenguaje tanto del poder como de la oposición, no parece este el mejor momento para emprender un experimento así, que en definitiva trata de resolver un problema que por el momento no tenemos.

Tenemos una clase política coherente con el universo mediático que algunos definen como la jauría

Demasiadas voces alertan ya sobre los peligros que amenazan el ejercicio de la democracia. La libertad es un bien escaso y siempre en riesgo, que demanda una defensa permanente. La mejor de todas ellas en aquellos países que la disfrutan es el respeto a las instituciones y la contribución a su fortalecimiento. El filibusterismo parlamentario de la oposición y las triquiñuelas jurídicas del poder para perseguir sus objetivos que últimamente jalonan la actualidad política, no se encuentran en ese recorrido. Tampoco el empobrecimiento de un debate político cada vez más trufado de oportunismo, demagogia y ambición, no pocas veces teñido de una especie de iluminismo mesiánico, que desdice precisamente de los valores republicanos. Tenemos la clase política que tenemos, coherente por lo demás con el universo mediático que algunos definen como la jauría. Entre unos y otros han convertido el debate sobre el poder en un reality show que puede llegar a ser la envidia del propio Donald Trump. Ya que nuestros líderes no han decidido todavía teñirse el pelo, no estaría mal que algunos de ellos se tiñeran por lo menos las ideas, de descoloridas que las tienen.

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Gaytud

Doy al neologismo gaytud un significado similar a negritud. Según el DRAE, negritud es el conjunto de valores culturales de la comunidad negra. Representa, pues, la base sobre la que se asientan las reivindicaciones de los derechos de los hombres y mujeres de raza negra”.

Parafraseando la definición de negritud, llamo gaytud al conjunto de valores culturales de la comunidad gay. La gaytud, pues, constituye la base sobre la que se asientan las reivindicaciones de derechos de los hombres y mujeres homosexuales. Tanto la negritud como la gaytud tienen en común el hecho de hacer referencia a minorías que padecen represión y discriminación por parte de las sociedades en las que se encuentran inmersas.

Reflexionar sobre la gaytud es algo que se viene haciendo desde tiempo inmemorial pero en este momento obedece, en primer lugar, a la reciente entrada en vigor de la ley que permite que, en España, hombres y mujeres homosexuales puedan contraer matrimonio en igualdad de condiciones con los hombres y mujeres heterosexuales. Y, en segundo lugar, a la noticia también reciente de la condena a muerte de horca en Irán de dos hombres, Mojta, de 24 años, y Alí, de 25, por haber mantenido relaciones sexuales.

Ante todo buscaré una explicación de la homosexualidad como hecho biológico y, más tarde, cultural y, si lo consigo de un modo aceptable, aportaré argumentos para dirimir si es posible considerar matrimonio a los contratos civiles que declaran cónyuges a los componentes de las uniones de dos hombres o de dos mujeres.

Todas las sociedades cuentan entre sus miembros con minorías homosexuales. Quiero decir que la gaytud está ahí y de nada sirve ignorarla. Hay quien sostiene que es algo natural, inherente a la naturaleza animal e incluso humana. Hay también quien sostiene que es un vicio contra natura. Entre ambas posturas se encuentran los que creen que es una opción natural o cultural que ha de ser permitida por las leyes y la sociedad, y los que insisten en verla como una anomalía o como una enfermedad. La postura que ve en la homosexualidad un vicio a erradicar ha sido la más frecuente y se puede encontrar tanto en pueblos atrasados como en sociedades avanzadas. En general, la homosexualidad es rechazada por la sociedad como un tabú, una prohibición drástica, una sanción mágica o religiosa cuya trasgresión lleva aparejada un castigo fulminante por parte de los poderes constituidos.

En efecto, en la actualidad hay numerosos países en los que la gaytud no es admitida y en muchos de ellos, como los musulmanes, es castigada con penas que van desde la muerte a la tortura, la cárcel o el destierro. Durante el franquismo, en España a los homosexuales se les aplicaba la ley de vagos y maleantes que les imponía penas de cárcel. Incluso en los países en los que la homosexualidad no está tipificada como delito por la ley la sociedad la rechaza e incluso la somete a escarnio.

El genetista Bryan Sykes en un libro de recomendable lectura “La maldición de Adán”, incluye un capítulo dedicado a la búsqueda de una explicación científica de la gaytud bajo el expresivo título de Nueva visita al gen gay, título que adelanta que la explicación que busca es de tipo biológico o, mejor dicho, genético. Según Sykes, si la homosexualidad tiene una base genética ha de haber genes implicados. La primera consecuencia de las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo es la imposibilidad de la reproducción. Hasta aquí todo muy obvio y conocido hasta por el más lerdo. Sykes casi no se atreve a insinuar que la homosexualidad presenta algunas características parecidas a las de las enfermedades genéticas. Y no se atreve porque sabe que puede ser excomulgado por las asociaciones de gays y lesbianas cuyo poder mediático es considerable en algunos países, entre ellos el nuestro.

Como la curiosidad es la primera característica del científico, Sykes se arriesga a explorar la posibilidad de que la homosexualidad pueda heredarse. La primera objeción que se le presenta es la de que, si fuera así, como los homosexuales integrales, sobre todo si son hombres, no se reproducen, cómo iban a poder transmitir el supuesto gen de la homosexualidad a su descendencia.

Aún así, no descarta esta línea de investigación y, después de minuciosas explicaciones, llega a las mitocondrias y a su lucha sorda contra los cromosomas.Combinando la investigación genética con la investigación sociológica, Sykes revela que hay homosexuales masculinos que proceden de familias en las que predominan las hijas sobre los hijos, realidad ésta que achaca al hecho, al parecer comprobado, de que en esa lucha de las mitocondrias por perpetuarse hay mujeres que consiguen un enorme éxito evitando que nazcan hijos ya que estos no las trasmiten y facilitando en cambio que nazcan hijas por la razón contraria. De esta forma, al parecer, garantizan la perpetuación de las mitocondrias.

Llega a tal extremo esta lucha que hay ocasiones en las que, cuando no resulta posible que se engendre una hija y el feto se conforma a pesar de todo anatómicamente como un hijo puede haber casos en los que se induzca a que ese hijo sea homosexual ya que esto sería un “mal” menor para las hembras. Casi todos hemos podido conocer niños criados entre numerosas hermanas mayores con inclinaciones más o menos acusadas hacia la homosexualidad.

Sykes refuerza su hipótesis contando el caso de una pareja que tuvo once hijas. El caso me recordó que, en mi pueblo, había una familia en la que el padre era guardabarrera del ferrocarril. Vivían en una vivienda que era conocida por todos los vecinoscomo “la casilla de las once rajas”. El genetista Sykes es consciente de que hay abundantes pruebas que demuestran que la cultura y el entorno tienen una importante influencia en la orientación sexual, pero que también hay indicios muy serios de la existencia de mecanismos biológicos que podrían dar a la madre la oportunidad de influir genéticamente en la orientación sexual de sus hijos varones durante los nueve meses que los lleva en el útero, admitiendo, sin embargo, que sobre el particular no hay un acuerdo generalizado.

Al parecer, la homosexualidad masculina se explicaría por un fallo en la en la transición desde la indefinición sexual del feto hasta que se alcanza, pero al mismo tiempo con un desarrollo cerebrar que puede llevarlos a comportarse sexualmente como mujeres de un modo más o menos completo. Los que tienen orientaciones invertidas pero no completas serían homosexuales, mientras que los que desarrollan una orientación invertida completa serían transexuales, es decir, mujeres alojadas en cuerpos de hombre, anomalía que hoy se trata de paliar por medio de la vaginoplastia.

Según esta teoría, la homosexualidad o transexualidad sería una anomalía heredada por vía materna, no paterna. Un indicio que Sykes refuerza por la mayor aceptación de las madres frente al rechazo generalizado de los padres con respecto a los hijos con orientación sexual invertida.

Sykes termina este capítulo de su libro reconociendo que es perfectamente consciente de que su explicación de la homosexualidad masculina puede no ser la adecuada, pero insiste en su hipótesis de que tanto el hombre homosexual como su cromosoma Y pueden ser víctimas de la guerra que los sexos tienen entablada a nivel genético. Se lo confirma el hecho observable de los beneficios que las madres pueden extraer de la ayuda que un hijo gay le podría brindar para criar a sus hermanas como una hermana más, lo que, dice, constituiría una ventaja para los fines de perpetuación de las mitocondrias. A su juicio, cualquier pequeña ventaja de este tipo es muy importante para la supervivencia del ADN mitocondrial aunque sea a costa de condenar a la esterilidad a los hijos varones, un sutil plan de este ADN no solo para librarse en la medida de lo posible del cromosoma Y en su descendencia sino también para poner cuantos más medios mejor en beneficio propio.

En la parte segunda expondré la explicación de la gaytud como hecho mental, psicológico y cultural para mostrar una visión antropológica de las uniones gay en diferentes culturas. Será entonces cuando podamos pronunciarnos sobre la procedencia o improcedencia de llamar matrimonio a esas uniones.

Los intentos de explicar la homosexualidad por medio de la ciencia genética solo han conseguido indicios que aconsejan avanzar en esta línea de investigación, aunque, de momento no ha sido posible identificar un hipotético gen gay. En espera de que en el futuro haya aportaciones más sustanciales por parte de la genética, conviene cambiar de campo de estudio para profundizar en el conocimiento de la gaytud, pero ahora combinando la historia, la sociología y la antropología, sobre todo de esta última, combinada con la economía.

Recordemos que la humanidad procede de la animalidad y que en ella pasó millones de años. Observando la conducta de muchos animales podemos descubrir en ellos prácticas homosexuales. El hecho de que sean esporádicas y que las heterosexuales sean preponderantes no hace al caso. Todos hemos visto a un perro acosando sexualmente a otro perro. Con los monos pasa lo mismo. Ignoro si hay casos de animales con prácticas homosexuales completas, sobre todo si tales prácticas son preponderantes o incluso excluyentes, pero imagino que no será así.

No tiene sentido, pues, llamar homosexuales a esto animales, sino tan sólo que tienen relaciones sexuales esporádicas con otros machos. De aquí que si algunos ejemplares de homo sapiens hacen lo mismo que esos animales tampoco tiene sentido hablar de homosexuales sino de relaciones sexuales no reproductivas. Durante miles de año fue así. La categoría hombre-homosexual fue identificada no hace tanto y se debe a la sociología victoriana del siglo XIX. Esa sociedad, obsesionada por la productividad y el desarrollo industrial necesitaba aislar y rechazar a los hombres con una orientación sexual que se percibía como peligrosa para los fines supremos de la producción. Fue entonces cuando se acuñó el concepto hasta entonces desconocido de la homosexualidad. De esta forma, identificado el colectivo con conductas poco recomendables para la generación de riqueza con una denominación aportada nada menos que por la ciencia del momento, los ecos del tabú milenario pudieron ser convenientemente recogidos por la moral de la sociedad victoriana, extremadamente puritana como es sabido, con lo que fue posible intensificar el rechazo de la sociedad y su tipificación legal con fines represivos.

Retrocediendo en el tiempo podemos estudiar de qué forma fueron tratados los hombres con una orientación sexual diferente según épocas y sociedades. Para ello podemos clasificar las sociedades en dos grandes tipos: las sociedades productivistas y las no productivistas. Durante millones de años, estas últimas fueron las únicas existentes. Eran las que hoy llamamos arcaicas, las que vivían como hordas, como los animales, puesto que vivían al día, es decir, sin conciencia del tiempo por venir. Fue la aparición de hombres con conciencia del porvenir como consecuencia de lo que he llamado deriva económica, simbolizada por la expulsión del Paraíso, el hecho clave para que surgieran las primeras sociedades productivistas.

Dentro de las sociedades productivistas o desarrollistas las hubo y las hay de religión politeísta, como la Grecia antigua, el Egipto faraónico y el Imperio Romano, por poner tres ejemplos conocidos. En ellas las prácticas sexuales no reproductoras eran aceptadas o al menos no rechazadas de una forma represiva. Es curioso constatar que en Grecia y Roma, estas prácticas podían no solo estar aceptadas sino que incluso podían llegar a ser recomendadas. Como las mujeres tenían en estas sociedades un estatus inferior a los hombres, lo humillante no era la sexualidad entre hombres sino el papel del hombre que hacía de mujer con otros hombres. ¿Cómo es posible, pensaban griegos y romanos, que un ser superior como el hombre se rebaje hasta asumir semejante humillación?

Las culturas mediterráneas abandonaron el politeísmo hacia el siglo IV y aceptaron el monoteísmo de origen judaico por medio de la generalización progresiva del cristianismo y de las enseñanzas evangélicas. Es cierto que durante la Edad Media estas culturas eran ya monoteístas pero aun no habían desarrollado una orientación claramente productivista. Fue a partir de la reforma luterana cuando el productivismo se desarrolló con fuerza y llevó al Occidente cristiano a las sucesivas revoluciones tecnológicas que desde entonces han tenido lugar y cuyos efectos se están expandiendo desde entonces a todos los países del mundo. Y con ellos, la generalización del fuerte rechazo social e institucional a la homosexualidad que aun hoy prolifera.

Tampoco las tribus semitas nómadas rechazaban las prácticas homosexuales, pero el islamismo acabó con la ineficiencia de estas conductas como un obstáculo para la generación masiva de riqueza y les infundió una fuerte tendencia al productivismo al mismo tiempo que acabó con el politeísmo, sustituido como se sabe, debido a la doctrina de Mahoma, por un intenso y profundo monoteísmo. Las prácticas homosexuales, antaño toleradas, fueron radicalmente prohibidas en los países que abrazaron el islamismo y, en consecuencia, condenados de un modo inmisericorde los acusados por este nuevo delito a la muerte de horca y a otros castigos, como ya expuse antes.

La situación no ha cambiado de un modo generalizado en el mundo en la medida en que el modelo altamente productivista sigue practicándose en todos los países. Sin embargo, así como cuando lo que imperaba eran modelos de producción intensivos en trabajo tenía sentido prohibir la homosexualidad, habida cuenta de que ponía en peligro la disponibilidad del factor trabajo humano, aportado por nuevas generaciones de hombres reproductores, esa prohibición empieza a dejar de tener sentido en los países altamente desarrollados, en los que el viejo modelo ha sido sustituido por otros modelos en los que el trabajo humano está siendo sustituido por enormes inversiones en capital gracias al desarrollo tecnológico. Se trata de modelos de producción que continuamente aumentan su eficiencia para la generación de riqueza. Los países que lo adoptan son países más que ricos, son opulentos. En estos países la producción ya no depende tan estrechamente como hace un siglo del factor trabajo, con lo que en ellos tiene menos sentido proteger y fomentar la natalidad, como así ocurre, en efecto. Las mujeres utilizan anticonceptivos, se permite el aborto y se tolera en cierto modo la homosexualidad.

Pues bien: si unimos el cambio de modelo de producción con la vigencia en los países occidentales de sistemas políticos democráticos se comprenderá mejor que cada vez en más países occidentales se esté alcanzando una situación en la que la gaytud está siendo aceptada por la sociedad y despenalizada por las leyes. Cada vez tiene menos sentido mantener las viejas penalizaciones contra las prácticas homosexuales y, en consecuencia, aumenta el número de países en los que estas prácticas están dejando de ser nefandas. Holanda y el Reino Unido admiten ya las uniones de dos personas del mismo sexo con idénticos derechos civiles que las uniones de personas de diferente sexo, y España ha ido aún más lejos al dar estatus de matrimonio a estas uniones e incluso reconociéndoles el derecho de adopción.

Josefa Barranco, más conocida como Laberinta

(esto no es un cuento)

Josefa era aún una niña cuando llegó a Los Nardos con su madre, allá por mitad del siglo XX. En Almería el hambre azotaba sin tregua y había que emigrar a tierras menos duras. La madre de Josefa se había quedado sola con su hija al morir el hombre con el que había malvivido durante los diez últimos años. Mientras la madre servía haciendo limpiezas y recados para los ricos Josefa, jugaba sola en las acequias de riego chapoteando agua y barro. A la escuela no iba. Vestida de andrajos no creía la madre que pudiera juntarse con otras niñas. Pasó una infancia miserable y a la postre quedó huérfana también de madre, cuando tenía algo más de quince años. Un verano conoció a uno de tantos andarríos como llegaban a Los Nardos todos los años, atraídos por la zafra azucarera. El tracoma ya le asomaba a los ojos a Josefa dándole a la cara esa mirada enferma y sombría que tanto destacaba en su torturado rostro. Pero a su amigo no le importaba. Ella era joven y él necesitaba hembra. Así que terminaron emparejándose. Romualdo, que así se llamaba el amante de Josefa, decidió quedarse en Los Nardos y se hizo una choza a la vera de la vereda de carne, lindando con el limonar de Las Motillas, propiedad del Conde de Urbina, que también lo era de Las Altas Torres.


Josefa, que sería fea y enferma pero era también muy cristiana, no quería vivir en pecado y aspiraba a santificar su pecaminosa relación con Romualdo casándose con él, pero Romualdo le decía una y otra vez que ya había pedido los papeles que no tenía y sin los que no le era posible matrimoniar. Pasaba el tiempo y los papeles no llegaban. Romualdo, que consiguió un trabajo en la Azucarera, ya era uno más entre tantos forasteros que se habían quedado a vivir en Los Nardos. Sólo le faltaba tener un mote y pronto lo tuvo. En la fábrica dieron en llamarle Laberinto, tal vez porque su vida era eso, un intringulado laberinto: no se sabía de donde venía, ni qué había hecho hasta entonces, ni cómo se apellidaba, ni qué edad tenía.


Un buen día Laberinto enfermó de una enfermedad sin remedio y murió en su choza ante la perplejidad de Josefa. Como la choza estaba en el término de un municipio cuya capital distaba varias leguas, al otro lado del río Grande, el cadáver de Laberinto estuvo insepulto varios días por falta de papeles y de recursos para enterrarlo en el cementerio que le pertenecía. La vida de Laberinto respondió a su mote hasta después de muerto.

Por fin salió el pobre féretro de la choza con los malolientes restos de Laberinto y, a bordo de un carro hacia el lejano cementerio que le correspondía, pasó el río en la barca de maromas para ser enterrado en la zona destinada a los pobres de solemnidad. Josefa volvió a Los Nardos donde le esperaba la choza, el heredado mote de Laberinta y la más atroz de las miserias, adobada con un tracoma ya en fase muy avanzada. Laberinta se ganó la poca vida que tenía recogiendo aceitunas después del vareo, robando limones de la finca de Las Motillas que lindaba con su choza y limosneando por Los Nardos cuando no tenía otra  cosa.

El tracoma la dejó casi ciega y algunos vecinos piadosos solicitaron que le dieran los cupones. Vendiendo cupones Laberinta mejoró a ojos vista. Seguía siendo como un espantajo y mirando sin mirar, como al bies, pero se vistió con algo más de decencia y se mandó hacer una casita de ladrillo donde antes había estado la mísera choza que hiciera su difunto. La Laberinta mejoró tanto que hasta tuvo pretendientes entre los infaltables andarríos que todos los años llegaban a la zafra de Los Nardos. Debió amistar con más de uno y uno de ellos la dejó preñada sin querer. Laberinta quedó también, además de preñada, desolada. Algo tenía que hacer pero no sabía qué. Veía que un futuro negro se abría ante ella: temía, y con razón, que le quitaran los cupones si se descubría el desliz y que con ello volviera de nuevo a la miseria. Una noche de angustia se decidió. Con un pincho de atizar el fuego abrió sus entrañas y echó fuera al intruso, a aquel que, sin llamarlo, amenazaba su recién conquistado bienestar. Saltó la tapia del limonar de su vecino el señor Conde y enterró el andrajo de sus entrañas a los pies del limonero más próximo, el que derramaba sus ramas por encima de la tapia, como ofreciendo con generosidad cristiana sus frutos a los más necesitados. Pasó varios días sin salir de casa y a punto estuvo de perder no los cupones, como temía, sino la vida misma, pero milagrosamente consiguió sobrevivir gracias a la ayuda de las vecinas. Cuando mejoró, Laberinta seguía siendo igual de fea, pero pudo seguir vendiendo los cupones que le daban todos los días la suerte de vivir con cierta dignidad.

En lo sucesivo, Laberinta aprendió a tomar precauciones en sus escarceos amorosos con los andarríos, por los que, en verdad, sentía una inclinación atávica tan fuerte que no era a controlar. Dicen que murió de vieja y que fue muy querida por el vecindario, al que en varias ocasiones vendió cupones premiados.

(Este texto, acompañado de una carta anónima, lo recibí poco después de que el NJ publicara la entrada “Los limones de la Laberinta” (ver NJ del 27 de octubre de 2009). La carta no da explicaciones. ¿Querrá decir mi corresponsal que aquella entrada es pura fiction y que existió una faction? Tal vez, pero quién puede saber lo que realmente quiso decir.)

Impresiones de Alemania

La llamada locomotora de Europa hace años que pierde velocidad y los vagones de los que tira se resienten. ¡Qué país, Dios! Solo un país tan grande como Alemania puede enorgullecerse de suscitar tanto amor y tanto odio a la vez. Acontece (aconteció) algo similar con España, también con Francia, y con Gran Bretaña. Hoy es USA el país que más puede enorgullecerse de ese totum revolutum que forman sus amigos y sus enemigos, siempre al unísono por serlo a ultranza.

He estado en dos ocasiones en Alemania cuando solo contaba la parte occidental, la democrática, la que no tenía que apellidarse “democrática” como hacía la que no lo era. La verdad es que la Alemania que conocemos es un país y una cultura más joven que Francia, España, Inglaterra o Portugal. Su idioma, el alto alemán, es un idioma construido por especialistas sobre la base de los dialectos regionales. Y qué bien lo hicieron, señores. También el idioma suscita filias y fobias a gogó, las fobias, como siempre, corren a cargo de quienes lo desconocen. Y que conste que yo lo conozco muy superficialmente debido a mi dureza de oído y también a sus dificultades para un hablante de español. Con grandes dificultades he logrado traducir al español obras de economía agraria y de turismo escritas en alemán y puedo atestiguar que en las dos materias citadas incrementé muy significativamente mis conocimientos gracias a las enseñanzas que ellas me aportaron. Es una pena que en España, después de unos años en los que se nos fue la mano en germanofilia, hablo de los años treinta y cuarenta, hoy nos encontremos en unos momentos de progresiva indiferencia con respecto a lo alemán. ¿Cuántos españoles saben alemán? ¿Cuántos españoles estudian un idioma que hace de la precisión su objetivo negando a quienes creen que los idiomas nacieron con la intención de mentir y engañarse mutuamente?

Mi primera estancia en Alemania tuvo lugar en la capital de la República Federal aun no reunificada, en la deliciosa ciudad de Bonn, la cuna de Ludwig Van, ese genio sordo de la música. Fue el año 1964. Trataba de estudiar análisis de la demanda en la Universidad pero tuve que empezar tratando de conocer algo más del idioma. Comía en los comedores de la Mensa donde hice amistad con numerosos latinoamericanos, con muchos de los cuales aun la conservo, sobre todo con los chilenos. Buscar habitación fue un propósito harto complicado, y lo fue aun más, y yo en la inopia, porque me acompañaba en la búsqueda un estudiante dominicano subido de color. Cuando la Frau de la casa abría la puerta y veía al negrito, la cerraba violentamente como si hubiera visto al mismo diablo. Así una vez y otra hasta que decidí hacerlo yo solo. En efecto: el racismo fue, es y sigue siendo una lacra de la cultura alemana que tal vez no logre erradicar nunca.

Eran aquellos los tiempos del milagro alemán del que puso los cimientos el Plan Marshall, la política económica de Conrad Adenauer y aquel ministro de economía, orondo y rubio, que le sucedió como canciller. Los alemanes trabajaban como máquinas durante los días laborables y los sábados se emborrachaban como Baco. Si te los encontrabas por calle en trance etílico había que tratar de cederles el paso sin cortapisas porque si reparaban en ti y sospechabas que eras extranjero podían enfadarse violentamente. Los estragos de la guerra todavía eran palpables en ciudades como Colonia. La mayor parte de las autopistas, muy buenas, cuando pocos países europeos las tenían, eran las que se construyeron durante el III Reich, una herencia del nazismo que, como el Volkswagen, aceptó como suyos la democracia sin el menor escrúpulo. Recuerdo que el presidente de la República de Chile, Frei, el padre, visitó la ciudad de Bonn y todos los latinoamericanos, y yo con ellos, fuimos a expresarle nuestra simpatía en alegre y pacífica algarada callejera. Si ustedes han leído la novela del peruano Brice Echenique “La vida exagerada de Martín Romaña”, que narra la divertida vida de los estudiantes latinoamericanos en París en, durante y después del mayo del 68, pueden hacerse una idea de la no menos contable vida que dos o tres años antes ya vivían sus compatriotas dizque estudiaban en Bonn. El argentino Norberto Minatti, por ejemplo, estudiaba física con una beca, y su esposa, Elenita, trabaja en la embajada de España de Bag Godesberg. Minati era un comunista sin fisuras pero con un corazón tan grande como él, que era casi un gigantón. Aquel viajó a España y en lugar de ver catedrales se entretuvo en ir por los barrios obreros de las ciudades hablando amistosamente con los españoles pobres que encontraba en su camino. Como leía “Bandera Roja” y oía “Radio Pirenaica” estaba convencido de que en la España de entonces, la de Franco, había un ministerio de la Guardia Civil cuyo presupuesto “era dos o tres veces mayor que el de Cultura”. Y, si tratabas de convencerle de que no había tal ministerio, te decía, muy enojado, que sos un despreciable franquista. Minatti era así. Y si Elenita intervenía en aquellas animadas y ruidosas reuniones, la paraba con energía diciéndole: Y vos callate, Elenita, que también sos una tremenda mandarina”. A lo que la dulce Elenita, de cuyas rentas vivía Norberto sin dar un palo al agua, rezongaba tímidamente, y en voz baja musitaba: Pero ángel… Tantas veces le decía ángel a su dulce esposo que yo creí durante mucho tiempo que Norberto se llamaba Ángel. Norberto ni se llamaba Ángel ni lo parecía, pero la verdad es que era un gran buenazo. Cuando me llegó el momento de volver a España, Minatti obstaculizó la puerta de la habitación en la que estábamos en alegre charla y, visiblemente emocionado, decía que por allí no pasaba, que él iba a impedir a toda costa mi marcha. Yo era para él un redomado franquista porque no daba la razón a todo lo que leía y oía en Bandera Roja y en Radio Pirenaica o Radio España Independiente, pero en el fondo me llegó a tomar un sincero afecto. Como yo a él.

La segunda vez que estuve en Alemania fijé mi residencia en Calw, la ciudad donde nació Herman Hesse, así que pasé de la ciudad natal del más grande genio de la música a la del novelista que escribió la más bella biografía poética de Buda, Sidarta. Calw está en plena Selva Negra, en una empinada ladera que cae violentamente hacia el río que corre a sus pies. La pequeña ciudad tenía un estupendo gimnasio, una orquesta de cámara excelente y magníficas bibliotecas públicas cuando los pueblos de su tamaño, en España, seguían siendo pobres, atrasados y sin equipamientos de cualquier tipo excepto el consabido templo parroquial. Estar en Alemania es vivir en una atmósfera musical de la que ya no es posible salir. La radio, las calles, las fiestas, los centros de enseñanza, todo está en Alemania empapado en música. Alemania era entonces toda ella como una enorme ciudad cuyos bosques hacían la función de parques urbanos. Estuve en algunos bosques en los que había farolas, bancos y papeleras. Lo que no eran ciudades, bosques y ríos eran autopistas. Cuarenta años después imagino que será aun más marcada esta sensación, al menos en la zona occidental, la que yo conocí.

Con la reunificación de Alemania se cerró una de las más profundas heridas que dejó la guerra y bien está que se consiguiera. Sin embargo, a menudo llegan voces de que los alemanes orientales se quejan del sistema. Creían, al parecer, que después de la reunificación se iban a resolver, de la noche a la mañana, los duros años de comunismo de estado y hambre que los empobreció. No ha sido así, como se sabe, y ellos se quejan con razón, pero de un modo un tanto infantil. Ignoran que toda la Unión Europea ha tenido que aceptar un empobrecimiento relativo como consecuencia de una reunificación cuyas consecuencias todos los europeos estamos pagando. La locomotora económica alemana se para. Los alemanes son conscientes de que están padeciendo una profunda crisis. Las elecciones del 18 de septiembre han dejado la solución en el alero. Se habla de lo que los alemanes llaman “eine Grosse Koalition”, el pacto entre el SPD y la CDU, los dos grandes partidos de ayer y de hoy. Cuando yo conocí Alemania hubo ya una gran coalición cuyos frutos fueron visibles. No la habrá ahora con casi toda seguridad, y es por ello muy probable que tengan que ir a unas nuevas elecciones o, lo que es peor, a pactos con pequeños partidos que no dejarán de pasar factura.

Todos los europeos seguimos estando hoy como ayer pendientes de la situación política y económica en Alemania. Mucho depende el futuro de la Unión Europea de la solución de la crisis alemana, una crisis que es también europea.

Coda final: Hay analistas que ven en la caída del euro frente al dólar una muestra de esa crisis. Seamos coherentes: Si llevamos diciendo que la fortaleza del euro está frenando las exportaciones europeas y concretamente las alemanas, no veamos en su caída un agravamiento de la crisis sino su posible suavización.

(Escrito -después de las elecciones generales que ganó Angela Merkel)

Viaje a Telpaneca

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Durante una de mis largas estancias en la ciudad de León, al oeste de Nicaragua, tuve la oportunidad de visitar como patrono de una fundación española el estado de los trabajos que con la ayuda de una Comunidad Autónoma se estaban ejecutando en cuatro comunidades campesinas del municipio de Telpaneca, un núcleo fundado por los españoles a principios del siglo XVII sobre un poblado chorotega preexistente.



Telpaneca tiene una población de casi 20.000 habitantes, el 80 de los cuales vive en pequeñas comunidades rurales. Se encuentra situado a 218 Km. al Norte de Managua en el departamento de Madriz. Su extensión rebasa los 350 km2. El territorio está cruzado por el río Coco que, con sus cerca de 700 km., es uno de los más largos de Centroamérica. El curso es muy sinuoso y discurre por una zona montañosa de clima tropical con estaciones muy secas y lluvias torrenciales. El río Coco es conocido también con otros dos nombres, el muy castellano de río Segovia y el nahualt de río Wanki. Transcurre por el sudeste de Honduras y el norte de Nicaragua y está formado por la confluencia de los ríos Comali (Honduras) y Tapacali (Nicaragua). Su cuenca ocupa un área de 24.767 km2. Nace cerca de la localidad hondureña de San Marcos de Colón y desemboca en el Caribe, formando un pequeño delta en el cabo Gracias a Dios. Cuando tuve la oportunidad de ver este majestuoso río aun se notaban en él y en sus riberas los estragos que en la zona causó el mortífero huracán Mitch de 1998.

La población de Telpaneca habla mayoritariamente un español enjaezado de palabras y nombres de origen nahualt, el idioma que se hablaba antes de la conquista. Al parecer existen comunidades que llaman garifunas que hablan un inglés criollo trufado de términos africanos, pero yo no las conocí.

La contraparte de la fundación española que canalizaba la ayuda era una comunidad religiosa que llevaba varios años catequizando a los campesinos. Cuando se percató de que estos no sólo eran analfabetos sino también derrotistas, convencidos de que la miserable vida que llevaban era insuperable, decidieron poner en marcha un plan de alfabetización radiado aprovechando que no había familia por pobre que fuera que no tuviera un transistor a pilas. Cuando el plan había conseguido casi erradicar el analfabetismo milenari decidió enseñar a los campesinos a salir de la pobreza. Para ello construyó en la ciudad de Condega el Centro de Capacitación Las Segovias (CECASE), una institución dedicada a la capacitación de campesinos de ambos sexos en una serie de materias entre las que destacan los cultivos frutales y herbáceos, los principios de la alimentación equilibrada, rudimentos de diagnóstico de enfermedades, elaboración casera de medicamentos naturales, técnicas de defensa del medio ambiente, manualidades y autoconstrucción de viviendas, entre otros muchos rubros. Las mismas comunidades campesinas eligen a la persona que asistirá a los cursillos de capacitación de cinco días que continuamente se imparten por monitores especializados en el CECASE. Quienes han seguido los cinco módulos que conforman el programa de formación reciben el título de Técnico Agrícola Popular.

El CECASE existe desde 1995. El complejo está formado por diferentes pabellones y dos grandes salas polivalentes, dormitorios colectivos con literas, aseos y un amplio comedor en régimen de autoservicio capaz para más de cien personas. Los pabellones se encuentran rodeados por varias hectáreas de tierras dedicadas a los cultivos piloto en los que los asistentes a los cursos ponen en práctica las enseñanzas recibidas (cultivos de frijoles, maíz, caña de azúcar, hortalizas, café, agrios, achiote, etc.)

Mi visita empezó en la sede de Managua en la que se encuentra el estudio de grabación de los programas de alfabetización que se emiten por diferentes emisoras. Después de saludar al director del programa salí en dirección a Condega donde, después de cenar, fui presentado a los dos grupos de campesinos que estaban finalizando ese día su capacitación. Me explicaron las técnicas de enseñanza aplicadas y se me dio la oportunidad de dirigir unas palabras de saludo a los cursillistas. El acto se cerró con un animado coloquio durante el que pude constatar la admirable fluidez verbal de los asistentes, sin duda un buen indicador tanto de su elevado nivel de inteligencia como de la eficacia de los métodos de enseñanza utilizados por los experimentados monitores de la ONG.



Terminado el acto de recepción y bienvenida me llevaron a una habitación individual limpia, cómoda y amueblada con sobriedad donde pasé la noche. Al día siguiente, muy de mañana, antes de salir para Telpaneca, participé en un acto religioso especialmente emotivo en una de las salas de actos. Los cursillistas formaron un amplio círculo y uno de los monitores leyó unos versículos de los evangelios, concretamente el referido al tullido que se encuentra a las puertas del templo. Después de la lectura, los cursillistas fueron invitados a glosar el texto. Muchos de ellos aceptaron la invitación e hicieron comentarios en los que destacaron el paralelismo entre el tullido y la pobreza para llegar a la conclusión de que con fuerza de voluntad es posible salir de ella.

Después del desayuno, emprendimos el viaje a las cuatro comunidades de la municipalidad de Telpaneca beneficiadas por la ayuda española. La ruta que seguimos pasa por Palacagüina, el encantador lugar popularizado por la canción de Carlos Mejía Godoy que asegura que Cristo ya nació allí, en un lugar ciertamente pintoresco que no desmerece de lo que sugiere la célebre canción. En el camino hicimos una breve parada en el núcleo de Los Lirios, una comunidad campesina en formación en la que desde hace varios años se viene aplicando el programa de desarrollo y asistencia rural de la ONG. El núcleo de Los Lirios tenía ya un grado de desarrollo relativamente avanzado. Estaba formado por dos tipos de viviendas, las anteriores a la intervención del programa, sin ambientes internos separados, estaban construidas en materiales prefabricados, y las promovidas por la ONG en régimen de autoconstrucción, con tres o cuatro ambientes aislados (dormitorios, sala y cocina con hogar hecho con ladrillo cuarterón, plancha de hormigón y chimenea de tubo preconstruido, el conocido como modelo Lorena mejorado, que estaba sustituyendo al hogar tradicional, construido en barro y sin salida de humos), muros perimetrales de adobe y techo de zinc. El poblado contaba también con letrinas exentas de reciente construcción. Las viviendas tenían parterres en los que los pobladores cultivan hortalizas para el autoconsumo con técnicas aprendidas en el CECASE de Condega.

En el momento de mi visita, los pobladores de Los Lirios se dedicaban con entusiasmo a construir una iglesia con gruesos muros perimetrales de abobe. Los muros alcanzaban ya un metro y medio de altura. En los aledaños había gran cantidad de adobe dispuesto para ser mampuesto. En lo que ya se adivinaba que sería la avenida central del núcleo, otros pobladores se afanaban en dar los últimos toques a las instalaciones de un parque infantil.

Y, por fin, llegamos hasta la zona de las cuatro comunidades que se estaban beneficiando de la ayuda española: El Achiote, Las Trojas, Amucayán y Encuentros de Cuje. En cada una de ellas tuve oportunidad de conocer y charlar con la mayor parte de los campesinos, los cuales habían realizado ya las obras básicas de aterrazamiento o abancalamiento del lugar en el que se proponían vivir y donde estaban autoconstruyendo las viviendas unifamiliares y las letrinas colectivas. Junto a ellas se veían apilados los bloques de adobe elaborado con tierra, obtenida de los aterrazamientos de la tierra destinada a cultivos, y “paste”, una materia vegetal que, cuando no tienen follusca de maíz, recolectan de ciertos árboles en los que es parasitaria como en nuestras latitudes ocurre con el muérdago. Algunos pobladores se encontraban en plena faena de elaboración de adobe en el momento de la visita. Las pilas de adobe ya elaborado estaban protegidas por grandes sábanas de plástico negro para protegerlo contra los efectos de la lluvia, muy frecuente en la zona incluso en la época seca en la que hice la visita, un día durante el cual cayó un fuerte aguacero a última hora de la tarde.

Junto a las pilas de adobe, la mayor parte de los beneficiarios tenían también montones de piedras destinadas a los cimientos de las viviendas, la mayor parte eran cantos rodados, aunque vi también algunas piedras de cantería. Casi todos los beneficiarios tenían ya a su disposición las vigas y los maderos necesarios para encofrar muros y para techar. Al desplazarnos de una a otra comunidad pude ver al contraluz y por las lomas a los campesinos transportando a hombros las vigas hasta su vivienda desde el lugar donde los camiones de reparto las habían dejado.

La accesibilidad de las cuatro comunidades visitadas era harto precaria, incluso en la época seca. Gracias a las obras de mejora de caminos que se habían realizado recientemente con ayuda española, había mejorado apreciablemente, pero aún era muy precaria. Por ello los camiones con los que la ONG realiza el transporte de materiales de construcción (piedras, vigas, cemento y arena) no pueden acercarse hasta los lugares en los que se construirán las viviendas y las letrinas. Por esta razón, los beneficiarios se ven obligados a acarrearlos a mano, lo que les supone un esfuerzo agotador y muchas horas de trabajo.

Los pobladores beneficiarios de la ayuda vivían en condiciones literalmente infrahumanas. Sus moradas eran precarias construcciones hechas de vegetales o de materiales de desecho. Los hogares donde cocinaban eran de barro, como ya he dicho, y sin salida de humos. Dado que algunos de estos hogares eran de gran belleza plástica encarecí a los pobladores que tuvieran la precaución de conservar algunos de ellos junto con algunos utensilios de cocina con destino a un futuro y deseable museo etnográfico para guardar la memoria del pasado y como seña de identidad cultural de la comunidad. Entre estos utensilios debo citar algunas piezas de cerámica utilitaria, hechas por las mujeres y de singular belleza.

Como ya he dicho, el CECASE impartía cursillos de capacitación dedicados a diferentes materias. Tengo que resaltar entre estas materias o rubros un elemento ciertamente sobresaliente: la “Manzana Familiar Modelo”. Con ella se estaba introduciendo una racional ordenación de cultivos basada en una explotación familiar mínima. La manzana, aproximadamente una hectárea de terreno, se ofrecía como modelo a los participantes de los cursos de capacitación, orientado a la implantación de explotaciones para una agricultura de autoabastecimiento, modelo encaminado a una alimentación equilibrada con la que se pretendía erradicar las principales enfermedades carenciales de los pobladores. En los cursos de capacitación no se olvidaba, pues, una materia de tanto relieve en el desarrollo sustentable humano como es el conocimiento de normas prácticas sobre abastecimiento y consumo de agua potable.

Las comunidades campesinas visitadas se localizaban en una zona montañosa y en muchos casos con pendientes muy pronunciadas. Por esta razón, los beneficiarios reciben también capacitación en técnicas de abancalado de terrenos siguiendo curvas de nivel con muros de contención de piedra para conservar el suelo y luchar contra la erosión que causan las frecuentes lluvias de marzo a octubre, la época húmeda. En el mismo orden de cosas, los beneficiarios están siendo mentalizados en profundidad para que no practiquen los inveterados incendios de pastos, tan dañinos para el mantenimiento del precario equilibrio ecológico del trópico.Como especialista en desarrollo de zonas desfavorecidas nunca había conocido un plan de colonización más realista que el de estas cuatro comunidades de Telpaneca. Si existe lo que llamamos eficiencia, aquellos resultados eran la demostración palpable de que con muy modestos recursos se pueden conseguir impresionantes realidades en materia de desarrollo social. Una apreciación crítica, sin embargo, me atreví a hacer a los monitores del CACESE y al director de la ONG: La Manzana Familiar Modelo es un instrumento que tiene capacidad para sacar de la miseria y la subalimentación a las comunidades campesinas que lo apliquen pero de ahí no van a poder pasar porque, como está orientada al autoconsumo en idénticos productos, nunca podrá promover el necesario intercambio, que, como es sabido, se basa en la especialización que acompaña al desarrollo sostenido y sostenible. Por esta razón les sugerí que la construcción y el acondicionamiento de cabañas de madera orientadas al alojamiento de vacacionistas podrían aportar los medios de pago necesarios para que los campesinos pudieran adquirir mercancías no autoproducidas. La belleza del paisaje es sin duda un factor incentivador de estancias pasajeras de turistas lo que se podría comportar como un interesante complemento de la renta familiar. Creo que no me hicieron caso. Tal vez porque siendo como eran los monitores y el personal de la ONG tan religiosos puede que temieran que el contacto con gente extranjera cambiara para mal las costumbres de los campesinos.


Río Coco o Segovia

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Delta del río Coco en el Caribe

Esperando el tren de Corumbá

(Un viaje circular por Los Llanos, segunda parte)

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El mal estado del camino hasta San Matías, en la frontera oriental de Bolivia con Brasil, nos obligó a virar hacia el sur en nuestro viaje por los Llanos del Departamento de Santa Cruz. En vista de las penalidades sufridas entre Santa Cruz de la Sierra y San Javier de Velasco no era aconsejable regresar siguiendo el mismo camino. Nuestra única esperanza era llegar a San José de Chuiquitos, capital de la Chuiquitania, y abordar allí el tren que procedente de la brasileira ciudad de Corumbá se dirige a la capital departamental. El camino, por suerte era cuesta abajo y presentaba un estado bastante transitable debido a que el terreno era menos permeable que los que habíamos dejado atrás. A San José llegamos a la hora de comer y lo hicimos en una fonda en la que pudimos descabezar un sueño en el corralón porticado que tenía justo a la entrada. El tren de Corumbá no llegaba hasta media noche.

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Después de una siesta reparadora hicimos caso a la señora de la fonda y fuimos a conocer lo que queda de la primera fundación de la ciudad de Santa Cruz de la Sierra por el conquistador extremeño Ñuflo de Chávez después de llegar a los llanos chiquitanos el 26 de febrero de 1561. El nombre que le dio fue el de su tierra natal. Veinte años más tarde, el gobernador Lorenzo Suárez Figueroa recibió la orden de trasladar la nueva ciudad hacia el oeste para defenderla de los fieros ataques de los indios chiriguanos y también para tener un control más eficaz sobre sus inquietos habitantes. Por esta razón Santa Cruz es conocida como la ciudad errante. La verdad es que pronto se nos acabó la diversión porque allí queda muy poquito más que el sitio.

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Vueltos a San José mi contraparte, su sobrino y el chofer se dispusieron a realizar los trámites en la estación del ferrocarril para contratar los servicios de una plataforma en la que transportar la movilidad y asegurarla con las cuerdas que adquirieron en un comercio. Mi compañera y yo nos quedamos en la fonda tomando un matesito de coca y matando el tiempo con una partida de cartas con la dueña de la fonda. Fue entonces cuando sentí que perdía la visión repentinamente. Mi hipocondría irredimible me llevó a encontrar la explicación en la herida en el pie que me hice buscando palmas para calzar la movilidad atascada poco después de abandonar el curichi en el quedamos atrapados toda una noche. Nos habían recomendado no beber agua de los pauros que encontráramos por el camino a pesar de la sed que estuviéramos pasando. El peligro de hacerlo era sufrir una peligrosa y pertinaz amebiasis. Yo no había bebido agua pero sí me había herido en una zona pantanosa y por ahí me había agarrado la temida amebiasis. La dueña de la fonda me recomendó que fuera al hospital ferroviario que había cerca de la estación y a ella me fui solo. Sonia no le dio importancia porque como médica que era estaba convencida de que todo era psicológico.

Carmelo Flores, el sanitario del hospital me puso una dosis de suero antetánico y de repente me preguntó a bocajarro:

-¿Usted cree?

Juro que lo que menos podía esperar era una pregunta así y, con el fin de no complicar las cosas le dije que sí.

-Me lo temía, comentó con cierta sorna Carmelo Flores. Y continuó sin dejar que me repusiera de la sorpresa:

-Tengo la obligación de informarle que nosotros no procedemos de los Monos ni del barro sino que estamos aquí porque procedemos de los astronautas.

Por un momento pensé que me hablaba de los antepasados de los habitantes de aquel pueblo perdido en la selva chiquitana, pero no, Carmelo Flores quería decir que él y yo y todo el género humano teníamos nuestro origen en los seres de otros planetas. En una de sus muchas exploraciones cósmicas hubo algunos que se extraviaron en el espacio y lograron llegar a la tierra y se vieron obligados a iniciar desde cero el mismo proceso que les había llevado a alcanzar el progreso que en su planeta habían logrado.

-Recién ahora, afirmó Carmelo Flores envalentonado por mi mutismo, es que estamos consiguiendo algunos de los grandes adelantos de los que ellos disfrutaron miles de años antes de su naufragio. Si no te importa, ahorita, cuando venga mi compañero para hacer el turno de noche, te llevo a mi casa. Allí te voy a enseñar los libros en los que se demuestra lo que acabo de decirte, dijo abandonando el usteo para pasar sin transición al tuteo. Lo demás no son más que cuentos infantiles que nos contaron los misioneros jesuitas que nos adoctrinaron hace ya cuatro siglos.

Hecho el relevo, nos disponíamos a subir a su motocicleta para ir al cercano pueblo cuando ví aparecer entre las sombras la figura de Sonia. Cuando se acercó pude leer en su rostro la preocupación que parecía haber tenido por mi tardanza en regresar. El sanitario se deshizo en atenciones con Sonia y muy cortésmente se ofreció a llevarla a ella antes que a mí. Y se perdieron entre la bruma. Cuando dejó de oírse el metálico sonido de la movilidad me dije que lo mejor era volver caminando hasta el pueblo con lo que si el sanitario volvía me cruzaría con él y así ahorraría tiempo. No fue así y me dio tiempo de llegar hasta la fonda, le pregunté a la dueña y me dijo que aún no habían llegado. Esperé, pero inútilmente. La ansiedad iba subiendo grados y en pocos minutos ya estaba imaginándome todo tipo de desgracias, que habrían tenido un accidente en la moto, que la moto se había descacharrado, que el sanitario había raptado a Sonia que tal vez la estuviera violando. No me llegaba la camisa al cuerpo. Las preocupaciones por mi supuesta enfermedad habían dejado paso a otras, éstas mucho más acuciantes. ¿Cómo puede dejar a Sonia con ese loco de Carmelo, porque ahora lo veía aún más claro, Carmelo era un loco, un violador tal vez. De repente alguien me puso una mano en el hombro al tiempo que oía:

-¿Pero dónde te metés? Tres veces he hecho el camino de la estación al pueblo y no te encontré.

-¿Dónde está mi esposa?

-En mi casa, ¿no te dije que era allí donde iríamos a enseñarte mis libros?

En casa de Carmelo Flores nos esperaban su mujer y Sonia sentadas en un abigarrado zaguán que parecía hacer de sala de visitas y también de dormitorio. Silvería, la tercera esposa de Carmelo como luego supe, me saludó con una mirada ausente. La cara de Sonia mostraba que la preocupación por mí estaba dando paso a un malestar de esos en los que caen las mujeres y que tan dificultosamente podemos gestionar con una mínima eficacia. Poco después llegó un amigo de Carmelo que él nos presentó como Cecilio Monteagudo dejando entrever que su visita le había chafado el plan de demostrarme el origen cósmico de la humanidad. En su lugar tuvimos que oír la narración de las andanzas por Sao Paulo de Cecilio Monteagudo con una amante bastantes años mayor que él dedicados a un negocio que él nunca entendió. A él le bastaba según decía con conocer el ancho mundo y hacer el amor con Ceomar de Oliveira, que así se llamaba su amiga y compañera, hasta que un día, pelo sim e pelo nao, así dijo, lo abandonó sin más explicaciones y tuvo que regresar a San José.

La tarde iba cayendo y la tertulia dejando de tener sentido si es que alguna vez lo tuvo. Así que en un receso de la conversa dije que había que regresar a la fonda para recoger el equipaje para ir a la estación a esperar la llegada del tren de Corumbá. Pero el tren, debido al fuerte surazo que estaba azotando la región no llegó hasta las tres de la mañana. Por fin nos encontrábamos instalados en nuestros duros asientos de madera. Carmelo Flores y Cecilio Monteagudo, que habían subido con nosotros para despedirse a bordo del tren nos abrazaron efusivamente y descendieron para situarse bajo nuestra ventanilla. Cuando el tres se puso en marcha, por fin, y me atreví a mirar a Sonia presentía con claridad que me siba a ser casi imposible disolver su fastidio y que tardaría mucho tiempo en romper la fría y dura máscara con la que había revestido su rostro, preparado sin duda para rechazar mis previsibles ataques, dirigidos a poner en marcha la averiada comunicación de la que siempre habíamos disfrutado.

El viaje se nos hizo muy largo. Y muy incómodo, no sólo físicamente. El tren resoplaba como falto de fuerza para avanzar contra el fuerte viento que lo azotaba. A las siete de la mañana llegamos a la estación de Santa Cruz de la Sierra y acudimos prestos a encontrarnos con el resto de la expedición ya que ellos habían tomado la decisión de viajar dentro de la movilidad con el fin de evitar lo que ellos sabían que podía suceder. Nos contaron que pasaron una noche infernal pero no de calor sino de frió. La plataforma se había ido llenando de polizones en cada una de sus muchas paradas. El frío que traía el viento del sur era tan insoportable que los polizones intentaron forzar las puertas de la movilidad para entrar en ella. Hasta trataron de romper los vidrios de las puertas. Si no lo consiguieron fue porque el sobrino de mi contraparte y el chofer llevaban armas de fuego. Pensaba que tendrían oportunidad de cazar algún pejichi durante el viaje.

El viaje circular por los Llanos había terminado al cumplirse una semana de nuestra salida del origen y destino del mismo: la más brasileira que boliviana ciudad de Santa Cruz de la Sierra.

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Viaje a Bolivia

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La Paz, plaza de San Francisco

Sufría una vez más la cíclica e imprevisible erupción del volcán en que se había convertido mi relación de pareja cuando me propusieron llevar a cabo un trabajo de consultoría en Bolivia. La propuesta me pareció providencial porque evitaba tanto continuar la ya imposible convivencia como la no deseada separación. Aceptar la propuesta podía servir para abrir un largo paréntesis y dejar que el tiempo remediara lo que parecía no tener remedio. Así, pues, sin pensarlo acepté el duro encargo incluso con cierta alegría.


Cuando el vuelo de Avianca Bogotá – La Paz se aproximaba al aeropuerto de El Alto sentí los primeros síntomas del temido soroche altiplánico y tuve que pedir una mascarilla de oxígeno. Ya en el edificio terminal me dieron el primer mate de coca y una pastilla de coramina para reforzar la función cardíaca. En la ciudad volví a tomar más mates y más pastillas pero de poco sirvieron los remedios y esa noche la viví como la última de mi vida. Durante dos semanas mejoré lentamente hasta conseguir un nivel de adaptación a la altura tan excelente que si viajaba a Los Llanos no sufría de soroche al volver, algo que pocos nativos conseguen.

La Paz, ubicada en una honda depresión altiplánica (su nombre en aymara es Chuquiago, El Hoyo) era entonces una ciudad de medio millón de habitante; su aspecto y tipo de vida eran marcadamente provincianos; había muchos aymaras, unos deambulando como zombis por las calles, otros vendiendo dos o tres montoncitos de limones, sentados en el suelo a la morisca, y todos comiendo a todas horas en los mercados callejeros. Después de unas cuantas noches de hotel conseguí un apartamento en el traspatio de una casona de la vieja burguesía cercana a la plaza Noroña, en la cual se exhibe un monumento a los héroes de la guerra del Pacífico, de la que ese año se celebrada a bombo y platillo el primer centenario. Una cholita eficiente se hacía cargo de la limpieza y en poco tiempo logré desarrollar la misión que me había llevado a aquella perdida ciudad en un país que se llamó el Kollasuyo en tiempos del Gran Imperio Inca y Alto Perú en los del Virreinato, cuya capital fue la ciudad de Lima.

El Supremo Gobierno de Bolivia había contratado los servicios de una consultora norteamericana para realizar un ambicioso estudio integral del transporte a fin de romper la secular desmembración de un país de un millón de km2 que seguía sin caminos transitables en toda época en las postrimerías del siglo XX. El numeroso equipo de trabajo necesitaba un economista con experiencia en agricultura y en evaluación de inversiones que hablara castellano. El puesto lo desempeñé yo. La sección que dirigí contaba con tres técnicos bolivianos, un ingeniero agrónomo jubilado, un economista senior y un economista junior. El primero cumplía el papel de ser mi contraparte y fue con él con quien más intensa y frecuentemente me relacioné. Amisté algo con el economista junior, con apellido catalán, Clará. Era animoso, sentía un amor ardiente por su país y no ocultaba su ideología militarista, claramente xenófoba y fascistoide. No ocultaba su pertenencia innata a la Rosca, nombre que en Bolivia se da a lo que en España llamamos fachas y en chile momios.

Hugo Banzer convocó elecciones en julio de 1978 cuyos resultados le fueron adversos y las anuló, lo que provocó que el ejército, al mando del general Pereda, diera el enésimo golpe militar y se hiciera con el poder. Solo gobernó durante cuatro meses ya que a fines de noviembre el ejército dio un nuevo golpe. A mi llegada a Bolivia el país estaba gobernado por una Junta Militar presidida por el general David Padilla Arancibia, la cual se había pronunciado partidaria de implantar la democracia parlamentaria a través de las elecciones que estaban convocadas para julio de aquel mismo año. Faltaban pues cinco meses para los comicios.

Admiro la buena fe y el entusiasmo de los bolivianos. Daba la impresión de que nunca habían padecido la falta de libertades que sufrieron durante los siete años de la dictadura de Banzer. Se les veía disfrutando pacíficamente del fin de la dictadura. El país vivía una cierta etapa de bonanza económica que muchos atribuían a la política económica neoliberal de Banzer combinada con la consabida represión policial. Conocí a muchos militantes del MIR (Movimiento de Izquierda Revolucionaria) que no dudaban en reconocer méritos indudables a la época de Banzer hasta el punto de lamentar que hubiera perdido las elecciones. El economista Clará no estaba contento con la vuelta de la democracia. Más de una vez me aseguró que algún día, cuando ya estuviera yo de vuelta en España, oiría hablar de él como cabecilla de un golpe de estado gracias al cual se impondría en Bolivia el sistema político que haría del Corazón de América (así llamaba a su país) la nación más poderosa de América y una de las más grandes del mundo.

Mi contraparte, el ingeniero agrónomo, era de origen polaco y había sido combatiente en la guerra del Chaco siendo muy joven. Su padre, un oficial del ejército del Imperio Austrohúngaro, se vio obligado a huir del país porque había dado muerte a otro por una mujer. Llegó a América a fines del siglo XIX y se ganó la vida con un barco mercante por los ríos de Brasil, Bolivia y Paraguay. Eran los tiempos de otra guerra, la del Acre, que terminó, como la del Chaco, con un desgarrón territorial de la nación boliviana que ya había sufrido otro, la pérdida del Departamento Marítimo, como consecuencia de la guerra del Pacífico, también llamada del salitre, contra Chile. Después de las tres guerras citadas, Bolivia perdió la mitad del territorio que el general Bolívar le adjudicó en 1825, año de su independencia de España, en reconocimiento a los servicios prestados por el general Sucre.

Mi contraparte me hablaba a menudo de su padre, marino mercante fluvial como ya he dicho, prófugo de la justicia de su país y aficionado a la arqueología cultural. Que él hubiera nacido en Bolivia se debía a que su padre oyó hablar de las viejas y olvidadas ruinas que había cerca del lago Titicaca. La imaginación del mercante prófugo apasionado por las mujeres y por las ruinas del pasado le llevó a La Paz, ciudad en la acabó estableciéndose para así estar más cerca de las ruinas y poder dedicar más tiempo a su hobby, las investigaciones arqueológicas. Como consecuencia de ellas, el viejo mercante escribió un grueso y prolijo libro, que publicó la Universidad neoyorquina de Columbia, en el que aventuró las hipótesis, hoy superadas por la investigación posterior sobre la cultura del Tahuantinsuyo, así como esquemas y dibujos sobre los elementos arquitectónicos y escultóricos de una cultura que tiene diez mil años de antigüedad. La casa que se construyó en La Paz la decoró con reproducciones del Tahuantinsuyo. En esa casa vivía mi contraparte y en ella estuve en varias ocasiones. Intenté que me regalara un ejemplar de la obra de su padre pero no lo conseguí.

Mi contraparte era un acendrado y visceral anti español al que tuve que soportar sus continuas diatribas contra los españoles y sus supuestas prácticas antiecológicas. Era amigo de la naturaleza y como tal fue el fundador de la Asociación Ecologista Boliviana. Estaba convencido de que si los indios, así los llamada él, quemaban los pastos era porque lo habían aprendido de los españoles. De nada me sirvió decirle que está demostrado que la quema de rastrojos y pastos es una mala y ancestral práctica universal. No tenía por costumbre atender a razones. Fue esta mala práctica la que, según él sostenía, hizo que se descubriera la enorme riqueza argentífera del monte de Potosí. La quema, decía, derritió la plata más superficial y los españoles se la llevaron en lingotes, o amonedada en la Real Ceca que fundara Felipe II. Con mi contraparte lo único que conseguí es que me acompañara en los grandes viajes de reconocimiento del extenso territorio boliviano a fin de recoger datos sobre la calidad de los terrenos y su aptitud para los cultivos. Fue imposible conseguir que se dedicara a elaborar los proyectos agronómicos imprescindibles para proceder a la estimación de los posibles excedentes de los futuros productores gracias a los cuales evaluar empresarial y económicamente las inversiones del plan integral de transportes que el gobierno había encargado a la consultora norteamericana. El agrónomo llegaba diariamente al estudio con una sonrisa en su enrojecido pero afable rostro de anciano, se sentaba, suspiraba, se levantaba, se sentaba de nuevo, haraganeaba por la oficina y daba su amable aquiescencia a los proyectos agronómicos que tuve que hacer en su lugar antes de llevar a cabo la evaluación económica de los mismos. Todo parecía discurrir dentro de la mejor y más idílica de las relaciones profesionales y personales. Él no hacía nada de lo que tenía que hacer y yo hacía lo mío y lo de él. Me sentía tan bien en Bolivia que incluso una sobredosis de trabajo me parecía un lenitivo si la comparaba con los duelos vividos en Madrid, aunque bien es verdad que a la sensación de bienestar colaboraba el haber encontrado una compañera culta e inteligente con la que estaba viviendo un romance reparador.

Al finalizar mi participación en el estudio, mi complaciente contraparte me traicionó sin mover un músculo facial manifestando ante el comité director del estudio que no estaba de acuerdo con la contribución al proyecto que presenté en nombre del equipo del que él mismo formaba parte, lo que demuestra que la condescendencia con los haraganes no da buenos resultados ni para el trabajo ni para las relaciones personales. Aquella situación fue muy penosa para mí en el terreno profesional pero mi estancia había terminado y abandoné Bolivia desgarrado por la separación forzada de una compañera cuya bondad nunca sabré encomiar bastante.

Al volver al hogar, mis hijos jugaban en la puerta de mi casa. Me miraron y me dio la impresión de que no me estaban reconociendo. Había pasado casi un año en Bolivia y mi aspecto era talmente el de un boliviano nativo, mal vestido y con barbas de guerrillero, lo que probaba de un modo palpable que había logrado lo que me propuse al llegar al país andino, ya que o me adaptaba o tendría renunciar al objetivo que me había marcado. Desde entonces siempre pienso en Bolivia como se piensa en un país al que supe convertir en mi propio país.

Al abrirme la puerta, mi mujer leyó en mi cara síntomas de ausencia y, a bocajarro, me espetó si estaba libre. No me vi con fuerzas para mentir, con lo que el drama estaba servido. Cuando nos fuimos a la cama mi mujer temblaba y los dientes le castañeteaban. Incluso vomitó compulsivamente. Como el menos avisado de los lectores podrá imaginar, la solución del problema estaba en mis manos sólo si era capaz de poner punto final, aquella misma noche, a la relación amorosa que había mantenido en Bolivia, lo cual quiere decir también que la fórmula parecía haber dado unos resultados más favorables de lo que hubiera podido imaginar cuando me fui.

Durante dos meses experimenté en la meseta castellana (a setecientos metros sobre el nivel del mar) sensaciones físicas inversas a las del soroche que sufrí a cerca de cuatro mil de altitud en el altiplano: al sobrarme al menos dos o tres litros de sangre, tenía una oxigenación cerebral excesiva. Una sensación de modorra y laxitud extrema me impedía trabajar con normalidad.

Cuando desperté, la crisis seguía allí.

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El Inti Ilimani con la ciudad de La Paz a sus piés

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Escrito por:  Protactínio28 de diciembre de 2008, 11:39:00 CET

Amigo Desdeluego: el agrónomo no tenía ni idea. Es imposible que la quema de unos rastrojos herbáceos funda algo de plata, ya que su punto de fusión es algo más de 960ºC, temperatura que no se alcanza con un fuego de paja. Por otra parte, es discutible que la quema de rastrojos (sobre todo en suelos ácidos, donde el potasio cambiable es escaso) sea exactamente una mala práctica agrícola. También tiene algunas ventajas (por ejemplo, acabar con las malas hierbas cuando no existían herbicidas ni nada parecido) y la afectación del suelo no va más allá de los primeros centímetros. Si luego se da una labor medianamente profunda (que igualmente se facilita tras la quema), el asunto puede ser hasta interesante.

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Escrito por:  El Crítico Constante28 de diciembre de 2008, 11:34:00 CET

Excelente entrada, Desdeluego. No nos prive de sus historias, se leen con deleite.

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Escrito por:  Lehningen28 de diciembre de 2008, 11:38:00 CET

Enhorabuena, Sr. Desdeluego. Por sus aventuras y por lo bien que las cuenta.

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Escrito por:  El Crítico Constante28 de diciembre de 2008, 11:41:00 CET

Van 271 muertos y más de 800 heridos. En este Día de los Inocentes es obligado recordar a Herodes.
Repito mi cita de anoche del teólogo Hans Küng: “Es mala la doctrina judía del ojo por ojo y diente por diente porque ignora la caridad cristiana pero lo que es inadmisible es dos ojos por un ojo y, además, todos los dientes”.

Anoche Mandarin advirtió que se trataba de un reto a Obama. Hoy EP opina lo mismo. Malditos retos que hacen correr la sangre de seres humanos.

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Escrito por:  schelling28 de diciembre de 2008, 11:58:00 CET

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Me sumo a las felicitaciones, Desdeluego. Contada con ritmo, la entrada engancha desde el principio. Tuvo que ser complicada la vuelta.

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Escrito por:  Neguev and me28 de diciembre de 2008, 12:04:00 CET

El odio es unos de los motores mas persistentes. Algunos se nutren de el para justificar sus opiniones y poder seguir mirándose en un espejo, que cada vez, les devuelve una imagen mas decrépita. Como ocurre con el inombrable PO.
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(0)Me ha gustado su entrada Desdeluego, que cuando una relación se acaba, lo mejor es no insistir en ella.
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u viaje circular por los llanos de bolivia

por Francisco Muñoz de Escalona (Desdeluego, en nickjournalarcadiano.blogspot.com)

Un viaje circular por Los Llanos (Bolivia)

Las peripecias de mi primer viaje en Bolivia como consultor en el Estudio Integral del Transporte, el que hice al Departamento de Pando, cuya capital es Cobija, ya las he contado aquí. El segundo lo hice al Departamento de Santa Cruz, el más extenso del país con sus 370.000 Km2 de extensión y más de un millón y medio de habitantes en la actualidad. Limita al norte con el Departamento de Beni y con Brasil; al este, también con Brasil; al sur, con Paraguay y el Departamento de Chuquisaca, y al oeste con los departamentos de Chuquisasa, Cochabamba y de nuevo Beni. La riqueza actual de Santa Cruz se basa en los ricos yacimientos petrolíferos situados en los sureños llanos de Chiquitos, entre la capital, Santa Cruz de la Sierra, y Camiri, ciudad próxima al escenario de la guerrilla del Che durante los años sesenta.

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Como se sabe, el primer viaje lo hice en avión. Este viaje sí parecía posible hacerlo por tierra, sobre todo si elegíamos la época seca, porque, como sostenía con firmeza mi contraparte, si bien los caminos eran malos, podían ser transitados sin grandes problemas con movilidades de doble tracción o todoterreno. Fue él quien se encargó de solicitar un Toyota al jefe boliviano de la oficina del estudio, del avituallamiento de alimentos y combustible y de la provisión de viáticos para cubrir las necesidades de una semana estimada de viaje a la ciudad de San Matías, en la frontera oriental con Brasil, ya en las zonas pantanosas del río Paraguay. La comitiva estaba compuesta por cinco personas, mi contraparte, su sobrino, el chofer, mi compañera y yo. Un lunes de madrugada abordamos el vehículo y enfilamos el camino de tierra que descendía hacia el sureste y unía la ciudad de La Paz con la ciudad de Cochabamba, capital del Departamento de su nombre, atravesando una sucesión interminable de altiplanos, esos áridos y fríos valles andinos situados entre los dos mil y los tres mil metros de altitud, sin ríos apreciables y enteramente rodeados de lejanas cadenas montañosas. No recuerdo lo que tardamos en llegar a Cochabamba, pero creo que ya caía la tarde porque, estando a una latitud de 17º de l. s., los rayos del sol no tardan en caer de forma un tanto repentina. Pernoctamos en Cochabamba, ciudad de clima amable que nada tiene que ver con el frío, seco e inhóspito de La Paz. De Cochabamba dicen los bolivianos que vende la clima, tan grato es, sobre todo en un país en el que se puede pasar del pegajoso calor tropical al frío inmisericorde de la alta montaña. Cenamos en una de esas famosas quintas que tanto abundan en Cochabamba cuyo nombre no he olvidado porque se llamaba Guadalquivir, como el río de mi niñez. Cochabamba es una ciudad jardín.

A la madrugada siguiente proseguimos viaje, ahora hacia Santa Cruz de la Sierra. El camino seguía bajando de un modo a veces muy brusco en busca de los Llanos orientales. Al pasar cerca del Chapare, una comarca andina de la sierra de Cochabamba de altitud media y limítrofe con el Departamento de Santa Cruz, cuyo clima y suelo son especialmente apropiados para el cultivo de la coca, como había llovido recientemente contra todo pronóstico, el camino estaba muy embarrado. La circulación empezó a ser dificultosa y llegó un momento en que no fue posible seguir. Las ruedas de la movilidad giraban como locas levantando ráfagas de barro, pero sin avanzar un milímetro. Gracias a la ayuda de un enorme camión pudimos salvar el tramo más conflictivo. Al caer la tarde llegamos a la ciudad de Santa Cruz de la Sierra. Hoy tiene poco menos de un millón de habitantes pero entonces solo superaba en algo los doscientos mil. Habíamos descendido desde los 3.700 metros de altitud de La Paz a los poco más de 300 de Santa Cruz. Estábamos en el trópico y el calor húmedo se pegaba a la piel de forma insistente. Buscamos hotel y, cuando lo encontramos, en él nos dimos al descanso después de cenar un filete a la brasa de carne de pejichi, ese armadillo de gran tamaño entonces abundante en las zonas boscosas amazónicas (no me extrañaría que hoy se encuentre extinguido o casi como consecuencia de la sobrecaza que viene sufriendo) cuyo caparazón es o era utilizado para la construcción de charangos, el instrumento de cuerdas característico de los pueblos andinos. Habíamos abandonado la patria de los collas y estábamos en plenos dominios de los cambas, dos pueblos mal avenidos que siguen conviviendo a trancas y barrancas y que, cada vez más conflictivamente, comparten la extensa y pobre nación boliviana sin que nadie se atreva a pronosticar cuando se irá cada uno por su lado.

Antes de seguir viaje la madrugada siguiente, ahora hacia el norte, cargamos de combustible el depósito de la movilidad y llenamos un bidón de cien litros que llevábamos a bordo sin el que no es aconsejable viajar por un territorio donde pueden acontecer toda clase de imprevistos y en el que, entre otras cosas, puede no haber manera de repostar. En la tienda donde nos avituallamos estuve tentado de comprar un machete o catana, como los que usan los cultivadores de caña de azúcar, y que también sirve para chaquear la intrincada selva tropical si hay que penetrar en ella. No lo hice y pocos días después lo tuve que lamentar.

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De Santa Cruz de la Sierra llegamos a Warnes y más tarde a Montero, siempre por el camino que transcurre por la arenosa margen derecha del río Grande, un río que todos los años se da el capricho de cambiar de cauce cuando se recoge después de las lluvias, dejando lagos ribereños que fueron cauce algunos años antes. Toda la zona estaba deforestada desde hacía algunas décadas para poder dedicar enormes superficies planas al cultivo de soja, maíz, caña de azúcar y mandioca. Fue la consecuencia dramática de la errada política de sustitución de importaciones que habían adoptado los mal aconsejados gobiernos de turno. Eran, sí, suelos muy fértiles gracias al aporte milenario de materia orgánica procedente de la vegetación tropical. Pero las riadas periódicas y sus efectos devastadores en un suelo desprotegido de su vegetación natural se llevaron los humus y los rendimientos cayeron año tras año, el medioambiente se degradó sin recuperación posible y, para más inri, los costes de los cultivos introducidos superaron los precios de importación. Así estaban las cosas a fines de los años setenta. La política de sustitución de importaciones significó pan de momento, hambre para un largo futuro y destrucción de los recursos naturales para un futuro incierto. Todo de una tacada.

A las pocas horas de viaje caímos en uno de los numeroso curichis o charcos pantanosos que abundaban en el camino. Más que un charco aquel era casi un pozo, tal era su profundidad imprevisible. La movilidad quedó inmovilizada en su interior tan pronto como penetró en él y no éramos a sacarla. Los viajeros tuvimos que salir chapoteando agua terrosa y con cara de circunstancia penosa ante la incidencia. Pero la providencia quiso que cerca hubiera una cuadrilla de obreros con una excavadora, nos auxiliaron y con su ayuda pudimos salvar el obstáculo con una facilidad que no éramos a creer momentos antes.

Desde entonces decidimos que antes de cruzar un curichi convenía inspeccionar su profundidad, una operación que me encargué personalmente de realizar. Cada vez que veíamos uno a nuestro frente, bajaba y me metía en el agua pateando aquí y allá para saber si se podía cruzar y evitar por todos los medios que nos ocurriera un percance como el que habíamos sufrido. Fueron casi cincuenta los curichis que inspeccioné antes de cruzarlos. Todo iba bien, la belleza de la selva que estábamos cruzando y las narraciones de los combates de mi contraparte, que intervino en la guerra del Chaco en su ya lejana juventud, animaban el lento paso del tiempo.

De pronto vimos un nuevo curichi frente a nosotros. Yo era partidario de repetir la misma operación que en los anteriores pero los demás estaban convencidos de que podía cruzarse sin problemas porque, en efecto, su apariencia era inofensiva. Estábamos en un tramo del camino que atraviesa la selva tropical, relativamente abierto, y el agua se extendía por los bordes del charco de una forma que parecía superficial. El chofer avanzó, entramos en lo que parecía un inofensivo charco y las ruedas quedaron colgadas en el vacío, sin contacto con la tierra. Las reductoras no lograron mover la movilidad. Bajamos y comprobamos que los bajos del vehículo habían quedado encima de un montículo de tierra. Las ruedas no llegaban al suelo. El curichi ocultaba los dos profundos surcos hechos por el paso de camiones con grandes ruedas y al pobre Toyota aquello le venía demasiado grande para sus facultades. Calzar las ruedas con piedras era una solución descartada porque en los Llanos no hay áridos, una de las razones que iban a encarecer la futura construcción de las carreteras del Plan de Transportes. Un campesino que vivía en una cabaña cercana al curichi nos indicó que cerca había una estancia ganadera en la que tal vez nos hicieran la caridad de prestarnos dos cebúes para arrastrar la movilidad fuera del agua. Así lo hicimos y tuvimos la suerte de que accedieron a nuestra petición. Pero, entre lo que tardamos en llegar a la estancia y volver con la yunta hasta el charco, la tarde fue cayendo y las sombras nocturnas se adivinaban cercanas. Cuando logramos atar la yunta al eje delantero de la movilidad estaba ya tan oscuro que hubo que alumbrarse con linternas para poder operar. La luz de las linternas inquietó a los cebúes que, como tiraban de un modo transversal al coche, no ejercían la fuerza necesaria para sacarlo del agua. Después de numerosos intentos infructuosos hubo que desistir y hacerse a la idea de que había que parar y pasar la noche allí, en medio de la selva. Mi contraparte, su sobrino y el chofer decidieron que ellos la pasarían dentro de la movilidad, que parecía un barco varado. Mi compañera y yo aceptamos la hospitalidad del campesino, quien nos ofreció la posibilidad de dormir en la puerta techada de su cabaña, ella en una hamaca y yo en un banco apontocado en un muro porque hacerlo en una estera en el suelo no estaba indicado por el peligro que suponían las picaduras de las abundantes culebras del lugar. Por este peligro, la tierra que rodea una cabaña tiene que mantenerse sin vegetación para poder advertir con facilidad si alguna de ellas se acerca con malas intenciones. Así pues, la tercera noche del viaje dormí en un hotel desde cuya ventana veía la miríada de estrellas que tachonaban un cielo alto y sereno, inmerso en el sonido del silencio, sólo roto por algún animal amante de la vida nocturna. Ni que decir tiene que no pegué ojo en toda la noche, no sé si por la singular belleza del medio o por miedo a caerme del estrecho e inestable banco que me servía de improvisada cama si me dormía.

Serían las tres de la madrugada cuando el campesino, que dormía con su familia en el interior de la cabaña, salió a la puerta y nos dijo que una movilidad estaba viniendo por Santa Rosa y que tardaría en llegar cuatro horas. Se trataba de una gran noticia que anunciaba que pronto podríamos salir del curichi y seguir nuestro viaje hasta San Matías, en la frontera brasileira. Fueron las cuatro horas más largas de mi vida pero el fino oído del campesino había advertido a ochenta kilómetros el sonido de una movilidad y, en efecto, a las siete de la mañana exactamente vimos alborozados que llegaban dos grandes camiones cargados de coches “fúcar” (nombre que en Brasil dan al “escarabajo” o Volkswagen) ,por supuesto de contrabando, procedentes de la frontera brasileña, para ser vendidos en Santa Cruz, una ciudad en la que circulaba más la moneda brasileña que la boliviana.

Por fin salimos de aquel traicionero claro del bosque después de despedirnos del providencial campesino. Su mujer y sus hijos seguían dentro de la humilde cabaña hecha con maderos y techada con grandes hojas de la palmera motacú, autóctona de los Llanos. Durante unas dos horas todo fue bien, pero el camino atravesaba ya un nuevo trecho conflictivo. En esta ocasión no era un curichi sino un suelo tan húmedo que no era posible rodar sobre él. No había otra solución que conseguir calzar una y otra vez las cuatro ruedas de la movilidad pero, como ya he dicho, no con piedras, dramáticamente inexistentes por aquellos pagos, sino con vegetales que teníamos que desgajar a mano ya que no habíamos previsto aprovisionarnos de machetes como yo había propuesto. Si al menos me hubiera concedido el capricho de comprar uno en la tienda en la que nos servimos a la salida de Santa Cruz…. En el fragor del trabajo me hice una herida en un pie. Yo entonces no era tan consciente como lo soy ahora de que todo viaje ha de ser debidamente planificado, tanto más cuanto menos desarrollado es el país por el que se va a viajar. Aun no está reconocida la profesión de ingeniero turístico pero sin duda lo estará algún día.

Muchas fatigas costó salir de la nueva penosidad del viaje pero a poco recibimos la compensación en forma de uno de los paisajes más fascinantes que he visto en mi vida. Ni siquiera el cine los ha mostrado. Enormes árboles cubiertos de una tela de araña tan tupida que parecían novias gigantescas preparadas para celebrar sus bodas con algún gigante que aun no había llegado a la cita. Otros árboles esperaban cuajados de grandes flores amarillas, rojo sangre y azul añil como si estuvieran en un paraíso recién estrenado, envuelto en las brumas lechosas de la mañana. Calles de una ciudad fantasmagórica bordeaban el camino, formadas por las viviendas como de duendes que formaban las plantas trepadoras que cubrían los matos de la selva. Ya faltaba poco para llegar a Santa Rosa, ciudad que dejamos atrás como San Javier y Concepción, esta última cuna del dictador Hugo Banzer (1924 – 2002) un general que dio uno de tantos golpes militares en Bolivia y que gobernó durante siete años la República con mano férrea.

El camino pasaba por zonas de selva especialmente cerrada. A veces se veían letreros anunciadores de la dirección que había que tomar para llegar a las numerosas estancias ganaderas de la zona, una de ellas de nombre “Berlín” escrito en una tabla adornada con esvásticas. Muchas de estas explotaciones eran propiedad de viejos nazis que huyeron de Alemania al final de la Segunda Guerra Mundial. Por fin llegamos a San Javier de Velasco, una ciudad en la que, a la entrada había una sorprendente gasolinera, algo que nos pareció una alucinación producida por el agotamiento del viaje y los trabajos forzados que todos los viajeros tuvimos que realizar hasta ese momento. El viejo señor que nos sirvió el combustible solo hablaba alemán. Ya nos habían dicho que en Los Llanos los grandes estancieros se oponían frenéticamente a la construcción de carreteras. Empezábamos a comprender las razones. Allí nadie las necesitaba. Unos, los ricos propietarios de estancias ganaderas, porque tenían avionetas y campos de aterrizaje propios en sus fincas. Otros, porque eran tan pobres que nunca viajaban. Dentro de todo, en San Javier habían acabado de inaugurar un coquetón hotelito y allí nos hospedamos la cuarta noche del viaje. ¿Es difícil comprender que estuviéramos mi compañera y yo dos horas seguidas bajo la lluvia artificial y cálida de una ducha reparadora? Después de unas fatigas tan agotadoras como las que habíamos pasado una ducha de agua caliente es una buena metáfora de la gloria celestial. ¡Cuánta razón tienen los ingleses cuando usan el término travel (del francés travail, trabajo) para referirse a un viaje. Aquel viaje hasta San Javier era, en efecto, un travel, es decir, un duro trabajo de cinco días agotadores.

Como todos los camiones cargados de fúcares de contrabando con los que nos cruzábamos nos informaron de que ellos habían tardado desde San Matías hasta San Javier toda una semana por el mal estado del camino decidimos cambiar el rumbo de nuestro viaje y tomar dirección sur hacia San José de Chiquitos, ciudad en la que esperábamos poder tomar el tren que procedente de Corumbá (Brasil) y se dirige a Santa Cruz de la Sierra.

Pero esta parte del viaje prometo contarla otro día porque tiene su propia historia.

(Escrito por Desdeluego)

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Escrito por:  memoria histérica22 de febrero de 2009, 9:45:00 CET

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[0] – ¡Bravo, bravo, bravísimo, Desdeluego! -Aunque eso de ‘pero el fino oído del campesino había advertido a ochenta kilómetros el sonido de una movilidad’ precisa explicarse con algún detalle o corregirse-.
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[Y los hay que ufanos estiman epopeya el ir en biciclos de seis mil euros a ochenta kilómetros de su casa o hacer a pie bien calzado recorrido por esta manoseada -o pisoteada, si se quiere- piel de toro por largo que sea y así le digan el Camino de Santiago. Eso que nos cuenta Desdeluego es lo aventurado y no tales machangadas].

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Escrito por:  Miramelindo22 de febrero de 2009, 10:41:00 CET

¿Éste Desdeluego no será por un casual el mismo Hércor?

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Aventura, lo que se dice aventura, la que hace un amigo mío, señor Memoria Histérica: va todos los días a comprar el periódico y luego se toma un café. Y eso con noventa y dos años.
O la del filósofo Ignacio Gómez de Liaño en su primer viaje por las islas griegas, trabajando de fogonero en un barco y sin manchar su impecabe traje blanco.

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Escrito por:  Adrede22 de febrero de 2009, 10:57:00 CET

Joder, los escritos bolivianos de Desdeluego son un peñazo comparable a “Los hijos de Sánchez”, de Óscar Lewis. El curichi, el fúcar, la movilidad…Uff, qué pesantez.

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Escrito por:  Adrede22 de febrero de 2009, 11:00:00 CET

“Dentro de todo, en San Javier habían acabado de inaugurar un coquetón hotelito y allí nos hospedamos la cuarta noche del viaje. ¿Es difícil comprender que estuviéramos mi compañera y yo dos horas seguidas bajo la lluvia artificial y cálida de una ducha reparadora? Después de unas fatigas tan agotadoras como las que habíamos pasado una ducha de agua caliente es una buena metáfora de la gloria celestial.”

“Coquetón”, dice. Vaya prosa, ay, vaya prosa. Una mezcla insoportable de “Peñas Arriba” y “Hombres de maíz”.

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Escrito por:  Adrede22 de febrero de 2009, 11:06:00 CET

Pido a los administradores que no pidan más entradas a Desdeluego, pues nada nos interesan sus peripecias selváticas con una “compañera” -hay que echarle huevos-, y menos la prosa de las guías turísticas. Si un día no hay entrada, da igual. Se pone un enlace a cualquier sitio, o se prorroga la entrada del día anterior. Todos menos un coñazo como el de hoy, que nos llena el domingo de verde letargo.

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Escrito por:  Adrede22 de febrero de 2009, 11:14:00 CET

“En esta ocasión no era un curichi sino un suelo tan húmedo que no era posible rodar sobre él. No había otra solución que conseguir calzar una y otra vez las cuatro ruedas de la movilidad”
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Jajajajajaja

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Escrito por:  memoria histérica22 de febrero de 2009, 11:19:00 CET

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A quien deben echar de aquí sin contemplaciones es a las mariconas que no hacen sino abanicarse con afectación y con prosa ¡peor cuando lo hacen con versos! de eunucos literarios abominando de lo viril, tal esto de Desdeluego de hoy. ¡Fuera con ellos o con ellas o con lo que coño sean realmente!

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Escrito por:  Adrede22 de febrero de 2009, 11:34:00 CET

“A las pocas horas de viaje caímos en uno de los numeroso curichis o charcos pantanosos que abundaban en el camino. Más que un charco aquel era casi un pozo, tal era su profundidad imprevisible. La movilidad quedó inmovilizada en su interior tan pronto como penetró en él y no éramos a sacarla. Los viajeros tuvimos que salir chapoteando agua terrosa y con cara de circunstancia penosa ante la incidencia. Pero la providencia quiso que cerca hubiera una cuadrilla de obreros con una excavadora, nos auxiliaron y con su ayuda pudimos salvar el obstáculo con una facilidad que no éramos a creer momentos antes.”
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El batuqueo de las ruedas movía a engaño: la movilidad, como un buey topón, quedó inmovilizada en un cuchiri. Una gran chingada. Tras platicar con unos lambiscones de la patria de los collas, que nos ofrecieron armadillo recocido y tortilla de grillo chamuscado, nos dispusimos a seguir andando, a través de los maizales y con la movilidad de las águilas como guía, rumbo a Cochabamba, donde me esperaba mi compañera, una hembra de tetas como papayas, impaciente y fértil en la soledad de la recámara.

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Escrito por:  Lehningen22 de febrero de 2009, 11:41:00 CET

[0]

Bravo, Sr. Desdeluego. Espero impaciente la próxima entrega de sus aventuras bolivianas.

No haga caso de los cagapoquito relameprosas. Cambiarían todos sus adjetivos por un solo minuto acompañándole en sus viajes.

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Escrito por:  Adrede22 de febrero de 2009, 11:42:00 CET

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJAJA

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Escrito por:  Adrede22 de febrero de 2009, 11:44:00 CET

La entrada de Desdeluego es un mojón. Excepto yo, y para reírme de su inefable prosa, nadie la ha leído.

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Escrito por:  Adrede22 de febrero de 2009, 11:46:00 CET

“Antes de seguir viaje la madrugada siguiente, ahora hacia el norte, cargamos de combustible el depósito de la movilidad y llenamos un bidón de cien litros que llevábamos a bordo sin el que no es aconsejable viajar por un territorio donde pueden acontecer toda clase de imprevistos y en el que, entre otras cosas, puede no haber manera de repostar.”
—————-

Oooohhhhhhhh, qué perspicacia de viajero experimentado.

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Escrito por:  Adrede22 de febrero de 2009, 11:47:00 CET

De hecho, las entradas de Desdeluego podrían servir como mojones para el deslinde.

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Escrito por:  el comerciante de ultramarinos22 de febrero de 2009, 11:50:00 CET

[0]

“Habíamos abandonado la patria de los collas y estábamos en plenos dominios de los cambas, dos pueblos mal avenidos que siguen conviviendo a trancas y barrancas y que, cada vez más conflictivamente, comparten la extensa y pobre nación boliviana sin que nadie se atreva a pronosticar cuando se irá cada uno por su lado”.

Desdeluego: para conocer la diferencia entre cambas y collas he buscado y he encontrado esto:

http://espanol.answers.yahoo.com/question/index?qid=20080128123634AASe8gI

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Escrito por:  Adrede22 de febrero de 2009, 11:51:00 CET

JAJAJAJAJAJAJAJAJAJA

(Jódete -sí, tú, tú-, que siempre te las meto dobladas. Ahora qué vas a decir, ¿lo de siempre? Eres previsible. Y aburrido)

Me voy de paseo, chau.

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Escrito por:  Desdeluego22 de febrero de 2009, 11:57:00 CET

Uy, acabo de despertar, hace un día glorioso, abro el NJ y leo con doleza los comentarios que van cayendo, comentarios todos ellos alentadores ya que su sola lectura es una dulce caricia al socaire de los juicios que la historia merezca. Memoria y Lehninguen: gracias por sus palabras de aliento. Adredinga, los mismo para ti, pues que tener un lector de tu talla es todo un regalo imprevisible. Archivo tus críticas porque a la vista está que son bienintencionadas, pero debes saber que a estas edades ya no hay remedio para mis males. Cabra Montanesa, no te apoyes en mi entrada para tratar de embadurnarnos con tu tan infumable como pretencioso blog.
Gracias anticipadas a quienes en este día tan poco propicio para estar delante de un ordenador lean la entrada y la comenten en el sentido que les pete.

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Escrito por:  memoria histérica22 de febrero de 2009, 12:02:00 CET

*
Quien haya mamado sus primeras letras en Salgari, Karl May, Dumas, Verne, Stevenson, Melville, el Poe de ‘Las aventuras de Arthur Gordon Pyn’ y tantos otros maestros en embelesar la imaginación, ha de apreciar -guardando las distancias que haya que guardar- lo que escribe aquí Desdeluego de sus viajes porque es el mismo espíritu de sorpresa y aventura el que ahí late. Bien por él, y por esto, otra vez.

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Escrito por:  Adrede22 de febrero de 2009, 12:07:00 CET

[37] Escrito por: memoria histérica – 22 de febrero de 2009 12:02:00 CET

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Quien haya mamado sus primeras letras en el Poe de ‘Las aventuras de Arthur Gordon Pyn’
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Tú lo que has mamado, belabodrio, es el pene gordo de Arthur.

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Escrito por:  Sorensastre22 de febrero de 2009, 12:11:00 CET

Ya asomó la jeta Neguev (y bien fea, por cierto). Alguno de por aquí le llamó “sionista de extrema derecha”. Pues resulta que sí, que es partidaria del Likud y su alianza con el nazi Lieberman. O sea, garrotazo y tentetieso, a tomar por el culo los planes de paz y toda Palestina para los judíos. Y al que proteste, ya sabes.

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Escrito por:  memoria histérica22 de febrero de 2009, 12:12:00 CET

*
Joder, hoy estás saliendo escaldado, gato relamido de prosa revenida. Creías que ibas a darte otro paseo de abofeteo maricón al autor de la entrada y te ha salido el tiro por la culata.
*
Bravo por los viajes de Desdeluego y mierda para las caquitas dulzarronas del monflorita Adrede.

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Escrito por:  Mercutio22 de febrero de 2009, 12:19:00 CET

Interesante artículo en El País:

http://www.elpais.com/articulo/internacional/prohibido/fumar/prohibido/pensar/elpepiopi/20090222elpepiint_9/Tes/

e interesantísimo enlace:

http://drogasydemocracia.org/blog/archives/category/destaque

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Escrito por:  Sorensastre22 de febrero de 2009, 12:19:00 CET

Adrede dijo…

Tú lo que has mamado, belabodrio, es el pene gordo de Arthur.
_____________

A mí me dan igual los maricones y las bolleras. La maldición -injusta- que pesa sobre ellos proviene de la tradición judía (las ciudades de la llanura y el fuego divino) y no del cristianismo propiamente. Jesucristo no hizo un solo comentario sobre la vida sexual de las personas y defendió a una ramera de la turba que intentaba lapidarla.

Advertido esto, Adrede, ¿de verdad opina que el belabodrio es maricón?

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Escrito por:  memoria histérica22 de febrero de 2009, 12:36:00 CET

*
Sorensastre, midesisas y palpagüevos boreal, Adrede está missing, muerto, momia, o séase, que no está.
*
No le preguntes eso -si soy maricón- a él, que no sabe: pregúntamelo a mí. Y si lo haces delante de tu madre, tendrás la respuesta entre sus nalgas.

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Escrito por:  Adrede22 de febrero de 2009, 12:43:00 CET

No sé si belabodrio es gay o no. Sospecho que quisiera serlo, para tirarme los tejos, pero la naturaleza tiene razones que el corazón no entiende. A mí belabodrio me recuerda, no sólo por su prosa, a los muy machos españoles que retrataba Álvaro de Laiglesia en obras como “Fulanita y sus menganos”, “El sexy mandamiento” y “Todos los ombligos son redondos”.

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Escrito por:  memoria histérica22 de febrero de 2009, 12:47:00 CET

*
Ja, ja, ja… ¡Aleluya, aleluya! ¡Lázaro, digo Adrede, ha resucitado!
*
Mira, déjalo por hoy, ¿vale? Bastante has hecho el tonto, y encima aplaudido por ese gilipollas camuflado de cortaretales nórdico. ¡Como si no supiese quién es! Todavía más fantasma que tú, y ya es decir.
*
Déjalo, te digo, como yo lo dejo. Y hasta más ver, umbralito.

Desdeluego:

Aunque eso de ‘pero el fino oído del campesino había advertido a ochenta kilómetros el sonido de una movilidad’ precisa explicarse con algún detalle o corregirse-.

Se me había pasao, con los emocionantes piropos invertidos de Adredinga no es de extrañar. Lo que he querido decir es que este campesino providencial, como tantos otros habitantes de los desiertos, como están inmersos en el silencio, tienen un oído tal es de las serpientes: yo estaba despierto y fuera de la cabaña pero nada había oído. Sin embargo, él había percibido a ochenta quilómetros el motor del camión que se acercaba. A mí me sorprendió que fuera cierto como se demostró cuatro horas más tarde. ¿No le parece prodigioso?

Muchas gracias por los comentarios elogiosos de schelling. Y no, Miramelindo, Hércor no soy yo ni yo soy Hércor. No somos más que compatriotas, a los dos nos apasionan las cosas del Nuevo Mundo. Creo que los españoles deben conocer ese Nuevo Mundo, algo así como si fuera un mandamiento coránico.

Comerciante, miraré lo que ha encontrado, ahora estoy ocupado en preparar las chuletillas de cordero a la brasa para comer con mi santa.

(Y en lo que se refiere a los lindos improperios de Adredinga, créanme: lo mejor es leerlos como lo que son: provocaciones de un desocupado que se muere por parecer un crítico genial)

((Peor me parecen los críticos que critican sin haber leído lo criticado. Y no digo más porque se entiende de sobra))

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Escrito por:  JollyRoger22 de febrero de 2009, 14:50:00 CET

Fusca, Desdeluego. Al VW Beetle en el Brasil le dicen ‘Fusca’, ‘Fusquinha’ o ‘Fuscão’. Eso de Fúcar suena medio murciano.

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Escrito por:  Desdeluego22 de febrero de 2009, 16:05:00 CET

Desdeluego: para conocer la diferencia entre cambas y collas he buscado y he encontrado esto:

http://espanol.answers.yahoo.com/question/index?qid=20080128123634AASe8gI

Es obvio, comerciante: quien lo escribió es un camba y, com o tal, desprecia a los collas. Trocando los sustantivos y las explicaciones podría haberlo escrito un colla. Si en el mundo hay alguna nación que sea nación de naciones esa nación es la boliviana. Na que ver un altiplánico (colla) con un llanisco (camba). Si no se han ido ya cada pueblo por su lado es por la férrea dictadura de la geopolítica en la región. Ni separatismo ni anexionismo son hoy viables en la zona. De momento.

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Escrito por:  Hércor22 de febrero de 2009, 16:24:00 CET

Hace menos de dos años hice el mismo viaje de Desdeluego entre La Paz, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra.
Ahora el camino, donde su automóvil quedó empantanado, está totalmente pavimentado, en muy buenas condiciones. Ni siquiera tuvimos que pernoctar en Cochabamba sino que seguimos viaje hasta un lugar paradisíaco: Villa Tunari, la capital del Chapare, de donde surgió Evo Morales como dirigente de los productores de cocaína.
Y digo “productores de cocaína” y no “productores de coca” porque la producción de hojas de coca destinado al coqueo (esa costumbre antigua y asquerosa de mascarlas) se hace en la zona de las Yungas, donde las plantaciones son de fácil control y acceso.
En cambio en el Chapare toda la coca se destina a producir cocaína, las plantaciones están diseminadas en la selva tropical.
Allí, en el Chapare, se hizo una experiencia fracasada de reforma agraria: le entregaron fracciones de cincuenta hectáreas a indios del altiplano. En lugar de destinarlas a la producción de alimentos se dedicaron a producir cocaína, que fabrican en “cocinas” organizadas por tres o cuatro cocaleros vecinos.
La gente con la que hablé de Villa Tunari y que no está relacionada con la cocaína está muy amargada por la situación. Hasta conocer el lugar yo me creía que los cocaleros eran campesinos al borde de la miseria. Por el contrario son dueños de los mejores automóviles de la zona y refriegan su reciente riqueza en la jeta del resto de los bolivianos. La dueña del hotel donde me alojé me dijo que los enormes camiones que pasaban son todos de propiedad de los cocaleros.
El camino pavimentado que pasa por Villa Tunari es el único que conecta La Paz en el altiplano con el llano de Santa Cruz de la Sierra. Para Evo Morales y sus cocaleros era muy fácil dividir el país en dos cuando cortaban armados el camino.
Por desgracia siendo Bolivia lindero con Argentina los mayores consumidores de “paco”, el más barato subproducto de la fabricación de cocaína, es la juventud de mi país. Pero los bolivianos no se salvan de la lacra. Me contaron también que un gran porcentaje de la juventud de Santa Cruz de la Sierra se han hecho adictos.
Desgraciadamente ahora está en el poder de Bolivia el representante mismo de los productores de cocaína. Creo que ya conté aquí que una madre boliviana, cuyo hijo es adicto, pero que vive en Argentina me consultó porque a su hijo le habían ofrecido rehabilitarlo los de REMAR, esa secta destructiva.
Me asombró que esa mujer, cuya familia es víctima de la cocaína, cuando hablé sobre el tema defendía la política de Evo Morales. Reconoce que en Bolivia se produce la cocaína que envenena a su hijo, pero dice que los culpables no son los productores de cocaína sino los gobiernos, entre ellos los de Argentina, España y USA, que no saben impedir que la entren de contrabando.
Es el mismo argumento de los productores de cocaína de Colombia cuando destruían sus plantaciones: ellos consideraban que tenían derecho a producir cocaína y que los yanquis se debían ocupar solamente en tratar de impedir que entre en su país.
Estuvimos dos días en Villa Tunari y hasta llegué a ver plantas de coca. Luego llegamos a Santa Cruz de la Sierra. Pese al nombre se encuentra ubicada en pleno llano.
Esa zona ha enriquecido enormemente gracias a la producción petrolera y la soja. Muchos argentinos se han instalado allí justamente para producir soja. En esa zona no ha habido problemas de pérdida de fertilidad del terreno por el nuevo cultivo.
Me asombró en Santa Cruz de la Sierra que, por ejemplo, en un cineclub de la ciudad se proyectaba un film en alemán, sin subtítulos en español, tal es la cantidad de descendientes de alemanes que siguen hablando el idioma.
Y sí, tal como cuenta Desdeluego, hay un gran enfrentamiento entre los cambas, descendientes de alemanes y de croatas de Santa Cruz de la Sierra con los aborígenes collas y aymarás del altiplano.
Los blancos no pueden soportar que en el gobierno esté un indio. Además contraponen el origen “lícito” de la producción petrolera y de soja con la que se han enriquecido, con la riqueza proveniente del delito que exhiben los cocaleros, todos ellos de origen indígena.
Por supuesto, la inmensa mayoría de los aborígenes bolivianos no tienen nada que ver con la cocaína, pero el sambenito les cayó a todos por igual.
Ha habido amenazas de secesión, algunos hasta han hablado de sumarse a la Argentina. Porque, de hecho, Santa Cruz de la Sierra hace casi doscientos años votó para pertenecer a Bolivia y no a Argentina, porque en aquellos años Bolivia era más rica que Argentina. Ellos esgrimen el argumento de que así como votaron en su momento para integrar Bolivia ahora podrían votar para sumarse a Argentina.
En mi país la mayoría tiene un racismo soterrado. La incorporación utópica de los racistas de Santa Cruz de la Sierra tendría un efecto nefasto para la Argentina.

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Escrito por:  memoria histérica22 de febrero de 2009, 16:51:00 CET

[67] – Excelente complemento a la entrada de Desdeluego.
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Esto, como aquella y con independencia del juicio que pueda merecer en lo estético y literario, es escritura viva, en tanto que la de quienes la han denigrado está muerta.

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Escrito por:  Desdeluego22 de febrero de 2009, 16:54:00 CET

[67] Escrito por: Blogger Hércor – 22 de febrero de 2009 16:24:00 CET

Hace menos de dos años hice el mismo viaje de Desdeluego entre La Paz, Cochabamba y Santa Cruz de la Sierra.
Ahora el camino, donde su automóvil quedó empantanado, está totalmente pavimentado, en muy buenas condiciones. Ni siquiera tuvimos que pernoctar en Cochabamba sino que seguimos viaje hasta un lugar paradisíaco: Villa Tunari, la capital del Chapare, de donde surgió Evo Morales como dirigente de los productores de cocaína.
Y digo “productores de cocaína” y no “productores de coca” porque la producción de hojas de coca destinado al coqueo (esa costumbre antigua y asquerosa de mascarlas) se hace en la zona de las Yungas, donde las plantaciones son de fácil control y acceso.
En cambio en el Chapare toda la coca se destina a producir cocaína, las plantaciones están diseminadas en la selva tropical.

Ya me lo suponía, Hércor. El Estudio Integral del Transporte que empezó en 1979 parece que ha dado sus frutos. Me alegro porque algún granito de arena puse yo en la mejora de las comunicaciones de Bolivia.

En lo que no estoy tan de acuerdo con usted es en que la antigua costumbre de masticar hojas de coca sea asquerosa aunque a nosotros nos lo parezca. Y esa costumbre no sólo se da en Los Yungas, los hermosos valles tropicales del norte de La Paz, se practica, o al menos se practicaba, en todo el territorio boliviano. Tengo in mente la idea de narrar otros viajes, el que hice al sur, por tierras del Chaco Boreal, en el que me adentré en territorio argentino. Los campesinos de esta zona eran consumidores adictos de hojas secas de coca. La coca se transforma en cocaina con los alcaloides de la saliva y su ingesta les induce un estado de euforia suficiente para afrontar los duros trabajos que realizan para malvivir. Ese hábito les deforma uno de los carrillos en el que se advierte una protuberancia en la que almacenan el bolo del que toman la cantidad necesaria para masticar y transformar en cocaina.

Es un consumo controlado que nada tiene que ver con el que hacen los cocainómanos de los países ricos. Pero sin olvidar que el proceso de transformación que tiene lugar en la boca es el mismo que el que se realiza en los centros de producción de cocaina del Chapare con el sometimiento del jugo de las hojas a los alcaloides de la ceniza.

En cualquier caso se trata de una producción integrada de cocaína pero es evidente que una cosa es el cultivo agrícola del arbusto y otra muy distinta su transformación industrial en cocaína.

En todos los mercados de Bolivia, tanto en los urbanos como en los rurales, es habitual la presencia de vendedores de hojas secas de coca para su consumo de boca.

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Escrito por:  Desdeluego22 de febrero de 2009, 16:58:00 CET

[62] Escrito por: Blogger JollyRoger – 22 de febrero de 2009 14:50:00 CET

Fusca, Desdeluego. Al VW Beetle en el Brasil le dicen ‘Fusca’, ‘Fusquinha’ o ‘Fuscão’. Eso de Fúcar suena medio murciano.

Pues es posible que le suene a murciano, no lo discuto, pero lo cierto y verdad es que yo en Brasil siempre oí que al escarabajo le llamaban fúcar, qué quiere que le diga, amigo.

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Escrito por:  Juli022 de febrero de 2009, 18:31:00 CET

THE ELECTRIC LIGHT ORCHESTRA
Yo y mis Ciento Volando encontramos, por fin, un nuevo local de ensayo: el cocherón de un pariente de nuestro bajista, bastante alejado del centro, pero amplio y de pasable acústica. Al principio todo iba bien, pero pronto empezaron los mamoneos en forma de cortes de luz, provocados, sin duda, por los agentes a sueldo de Esperanza Aguirre, que nos persiguen allá donde vayamos… Y en eso que estábamos buscando una fuente de energía alternativa, cuando vino Desdeluego a darnos, sin quererlo, una idea con su relato del “viaje circular”. Entonces, con la ayuda de unos amigos de la Anti-Universidad Popular AGC, nos pusimos manos a la obra y en dos días tuvimos a punto un prototipo de generador eléctrico a partir de esfuerzo humano, que bla bla bla…

Adrede, que vino a hacernos una visita, fue el primero en ofrecerse como voluntario para probarlo, a cambio de que le dejáramos comernos la polla a todos los miembros del grupo y a los investigadores de la A-UP AGC. Pero… esto… ejem, preferimos una energía más limpia y barata y quién mejor para ello que el propio Desdeluego, que con su eterno espíritu de boy-scout y a cambio sólo de un Gatorade por sesión nos ha sacado del problema.

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Escrito por:  J. A. Montano22 de febrero de 2009, 21:52:00 CET

[14] Escrito por: Adrede – 22 de febrero de 2009 11:06:00 CET
Pido a los administradores que no pidan más entradas a Desdeluego
________________________

Apoyo la moción! Señores administradores: no se le puede pedir entradas a cualquiera. El filtro debería ser un poco más rigurosos. Tirón de orejas, pues! Tirón de orejas!

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Escrito por:  J. A. Montano22 de febrero de 2009, 21:54:00 CET

16] Escrito por: Adrede – 22 de febrero de 2009 11:10:00 CET
Montano, ¿has leído el libro de entrevistas con escritores españoles, de los años setenta, que preparó Federico Campbell y que lleva por título “Infame turba”?
__________________________

Me suena que ese título me suena (de alguna bibliografía de mis años universitarios, si es que el libro es antiguo; o de alguna otra referencia, si es más reciente). Pero no me lo he encontrado jamás, ni lo he leído.

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Escrito por:  J. A. Montano22 de febrero de 2009, 21:55:00 CET

Desdeluego y Hércor pasaron por Bolivia: y desde entonces Bolivia no levanta cabeza.

En cambio, mis viajes al Brasil fueron seminales y propulsores para el país. Hasta el punto de que ya es, casi, casi, “primeiro mundo”. ¡Y seguirá subiendo!

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Escrito por:  J. A. Montano22 de febrero de 2009, 21:57:00 CET

Por cierto, lo de los “fusquinhas” me lo encontré en “Bossa Nova”. Antonio Carlos Jobim, sin ir más lejos, se compró uno con sus primeros dineros por derechos de autor. Yo lo traduje, naturalmente, sustrayéndole todo exotismo al lector, como “Volkswagen”

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Escrito por:  Hércor22 de febrero de 2009, 23:46:00 CET

Dice Desdeluego:

“En lo que no estoy tan de acuerdo con usted es en que la antigua costumbre de masticar hojas de coca sea asquerosa aunque a nosotros nos lo parezca. Y esa costumbre no sólo se da en Los Yungas, los hermosos valles tropicales del norte de La Paz, se practica, o al menos se practicaba, en todo el territorio boliviano.”

– – – – – – – – – – – – –

Es cierto lo que dice. Tanto en el norte de Chile, Perú y todo Bolivia a cada rato ofrecen a los viajeros el te de coca. En el hotel donde me alojé en Cuzco el te de coca era uno de los servicios a los que se accedía gratuitamente.
Lo alaban diciendo que da resistencia ante el mal de alturas, que quita el hambre, que da resistencia, etc. Yo tomé varias veces. Para mí fue una simple infusión, nada extraordinario y nada de viajes astrales.
De hecho a los que utilizan las hojas de coca para mascar (el “acullico”) los arruina tanto como arruina a alguien el alcoholismo o el tabaquismo extremo.
Reseca los labios, tiñe y arruina los dientes. Su uso provoca desnutrición al neutralizar el hambre, justamente lo que los bolivianos presentan como ventaja.
En la orina del que mastica coca aparecen rastros de cocaína tanto como en la de un adicto.
Copio algo: El argentino Carlos Caglioti señala que “por el estado de varios test relativos al cociente intelectual y por observación de las manifestaciones visibles que muestra el masticador consuetudinario de coca, se infiere el estado de subdesarrollo mental en el que se encuentra y la consiguiente anomalía de su comportamiento social. El masticador vive en condiciones higiénicas deprimentes, tiene aspecto físico repelente, sus labios secos y verdosos…”. Luego Caglioti acusa al acullicador de “indolente, torpe, lento, perezoso e inaccesible”. Es más, asegura que “muchos de ellos presentan estigmas degenerativos como la sordomudez, malformaciones craneanas, deformaciones de la columna vertebral, raquitismo y oligofrenias”
El doctor Franklin Alcaraz, director ejecutivo del Centro Latinoamericano de Investigación Científica (Celin BOLIVIA), afirma que no existe un uso de la hoja de coca que no sea dañino para el organismo, “dos de sus principales alcaloides, la benzoilecgonina y el metilester de la ecgonina, han demostrado ser hepatotóxicos (que hacen daño al hígado) en pruebas realizadas en animales. Otro tema es el efecto anorexígeno de la hoja de coca; es decir, el suprimir el hambre, que en Bolivia se toma como una cualidad de esta planta, es dañino porque impide una nutrición adecuada”, explica.
De acuerdo con sus informes, “el consumo de la hoja de coca no muestra beneficios que no puedan ser reemplazados por otras sustancias y alimentos”, además de que la tierra donde la coca se cultiva sufre, dejándola “prácticamente inservible para otros cultivos”. Según Alcaraz, ni siquiera la harina de la hoja de coca tiene beneficios, ya que “la hoja molida de coca, tiene cocaína”. El científico apoya sus aseveraciones en estudios realizados en Perú y Bolivia, que han encontrado cocaína (benzoilecgonina) en la orina de acullicadores en cantidades similares a las encontradas en la orina de drogodependientes de cocaína, “lo mismo podemos decir de aquellos bebedores de mate de coca”.

la sangre.

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Escrito por:  Hércor23 de febrero de 2009, 0:54:00 CET

En relación con el coqueo referido por Desdeluego habría que recordar que los indígenas a fin de desprender el alcaloide de las hojas utilizan ceniza volcánica llamada “llipta” en Bolivia y “yisca” en el norte argentino.
Es ceniza volcánica les desgasta los dientes a los indios que cayeron en esa verdadera adicción. Por eso sigo diciendo que el coqueo es una asquerosa costumbre. Aclaro que también considero asqueroso el hecho de fumar, más aún luego de haberme salvado de un cáncer de pulmón hace seis años.
Y que da asco también a lo que se llega por el alcoholismo. Con perdón de los seres humanos que caen en esas adicciones.

El franquismo y yo

El franquismo y yo

por

Francisco Muñoz de Escalona

La Devesa (Asturias)

Febrero, 2016

Índice

Pórtico, 3

I   Una larga posguerra, 6

II  Un cirujano de hierro, 76

III Reflexión final, 89

Anexo I      La noche de los cuchillos largos, 92

Anexo II    Convicto, 111

Anexo III   Una foto completa de Franco y su dictadura

                   cuarenta años después, 116

Anexo IV   El contexto totalitario, 123

Pórtico

Los expertos, que son muchos, establecen el periodo 1936 – 1975 como aquel en el que dominó en España la dictadura de Franco, el Franquismo o, como propone Ramón Tamames, la Era de Franco. Pero si lo observamos con algún detenimiento nos daremos cuenta de que esa Era no acabó con la muerte en el hospital madrileño de La Paz del dictador. Como es sabido, inmediatamente le sucedió en la Jefatura del Estado el denominado príncipe de España, Juan Carlos de Borbón y Borbón, el cual, de acuerdo con la llamada Ley de Sucesión (26 de julio de 1947) juró el cargo a título de Rey y con estricto acatamiento de los llamados Principios Fundamentales del Reino, un reino que, por fin, consiguió ajustarse a su nombre para ser, de nuevo, un reino con Rey.

La mera lectura de lo que acabo de decir ha de ser interpretado, textualmente, como la continuación del Régimen franquista aunque ahora, sin Franco, su sucesor heredó todos los poderes de Franco. Todo siguió igual de iure aunque de facto algo empezaba a cambiar. Nacía la Transición desde la Dictadura, que legalmente no había muerto, a la Democracia, que aún no había nacido. Pues, como digo, el Rey heredó todos los poderes de Franco, por lo que el entramado normativo siguió siendo el mismo. Que el Rey albergara el proyecto de continuar el Régimen sin continuismo, valga el oxímoron, no equivale a decir que el Régimen estuviera muerto. Es más exacto decir que había empezado a morir.

Hay quien sostiene que el franquismo ha de ser computado desde el 1 de julio de 1936. Esto es verdad, al menos para los territorios que iban ganando los rebeldes. De aceptarlo, el poder de Franco duró treinta nueve años, hasta su muerte en 1975. Mejor dicho, treinta y nueve años, ocho meses y dos días. Pero no es menos cierto que el franquismo, un franquismo sin Franco, continuó hasta 1978, año en el cual entró en vigor la Constitución en virtud de la cual España dejó de ser una dictadura, un Régimen autoritario sin libertades, a ser una Monarquía parlamentaria, una democracia homologable y homologada con las existentes en su entorno. De aquí, que, si aceptamos que el franquismo estuvo en el poder desde 1936, la Era de Franco, duró cuarenta años, dos años y nueve meses.

En lo que sigue voy a tratar de exponer los hitos más destacados de esta larga etapa de la historia de España, etapa que, como la viví íntegramente, entretejiéndola con las  vivencias personales y familiares que puedan ilustrar las diferentes etapas del franquismo.

De entrada diré que nunca fui ni me consideraré franquista. Mi primera convicción de ello estuvo presente en mi pensamiento desde que, ya en mi adolescencia, me percaté de que el conflicto armado fue, simple y crudamente, una despiadada guerra civil. Hoy puede parecer algo de Perogrullo, pero en los años cincuenta eso suponía desmarcarse de la altisonante calificación oficial y admitida de la guerra como Cruzada. Cruzada fue el tratamiento que le dieron los jefes de la Iglesia española desde sus púlpitos, los cuales, con contadas excepciones, apoyaron a los rebeldes, aunque solo fuera por el hecho obvio de que estos se oponían a la República, durante cuya vigencia se quemaron iglesias y conventos y se fusilaron curas y monjes por el mero hecho de serlo. Años después, el papa Juan Pablo II los canonizó a todos en base al reconocimiento de que murieron porque profesaban la fe cristiana, católica, apostólica y romana. En fin, cada colectivo está en su derecho de condecorar a quienes estime oportuno, y los demás no debemos rechazarlo y mucho menos zaherirlos por ello.

Mi exposición se dedica a narrar los hechos de unos tiempos en los que España y los españoles se vieron obligados a cumplir una penitencia de cuatro décadas de palo y tentetieso por culpa de los errores cometidos durante la década anterior. Me baso para decirlo así en la exposición que hice en mi escrito anterior, titulado “La Segunda República Española y yo”.

I

Una larga posguerra

Tras la Década Negra, la de los treinta, los españoles fuimos castigados con una penitencia larga, oscura, opaca y anodina que yo viví desde su inicio en 1939 hasta su final en 1978, si bien es verdad que el rigor del castigo fue suavizándose a partir del segundo decenio. En este largo paréntesis de casi cuatro décadas  tuvo lugar mi formación académica, humana, profesional y ciudadana. Su insólita duración obstaculiza la posibilidad de evaluarlo de forma precisa. Políticamente, fue una dictadura que pasó de la dureza policíaca y autárquica  del primer decenio a la tímida apertura al exterior del segundo como consecuencia del pacto con Estados Unidos y el Vaticano y al inicio de la homologación económica con Europa, financiada con las remesas de los emigrantes a los países europeos y a los ingresos por el turismo durante el tercer decenio. En el cuarto decenio España entró con la esperanza de que se cerrara el largo paréntesis de penitencia con la muerte del dictador, acontecimiento que tuvo lugar, como digo, a fines de 1975.

Después de la muerte del denominado Caudillo se abrió una corta coda que quedó cerrada en 1978 con el inicio de la Monarquía parlamentaria después del referéndum de la Constitución, el 6 de diciembre de dicho año. Es a esta coda a la única que tiene sentido designarla como La Transición, es decir, como el paso o tránsito desde un Régimen autoritario, sin libertades, a la instauración de la democracia, con libertades.

En mi exposición considero que el franquismo fue el régimen que rigió los días y noches de los españoles entre el 1 de abril de 1936 y el 6 de diciembre de 1978. Incluyo, pues, la llamada Transición dentro de la Era de Franco. Aunque en esta ya no estuviera vivo Franco sí estaban en pleno vigor las normas jurídicas implantadas durante el franquismo así como sus tres sólidos pilares: la Iglesia, el Ejército y el Partido Único.

El primer decenio

Dos meses antes de finalizada la guerra, cuando ya hasta los republicanos la daban por perdida, Franco aprobó la llamada Ley de Responsabilidades Políticas, una norma que pretendía dar cobertura legal a la puesta en marcha de la feroz represión política que inmediatamente después se practicó sin contemplaciones en todos aquellos territorios que habían sido “liberados”. Se aplicó tanto a los que habían tenido responsabilidades políticas como a los sospechosos de haber sido simpatizantes de la República, sobre todo a los que habían luchado en su defensa en las milicias, primero, y en el Ejército Popular más tarde.

Recuerdo que mi padre contaba el peligro que tuvo de que le aplicaran esta norma a poco de ser tomado mi pueblo por las fuerzas rebeldes. La cosa fue así: Al conocerse el intento de golpe del 18 de julio, los republicanos asediaron la casa cuartel de la Guardia Civil desde la cercana torre de la iglesia. Envenenaron el agua freática para que no pudieran beberla los guardias y sus familiares. Se decía que habían tenido que beber sus propias orinas. Obviamente, los milicianos impidieron que pudieran abastecerse de alimentos. Parece que a alguien se le ocurrió la idea de echar gasolina a la casa cuartel para incendiarla con una bomba impelente de agua que encontraron en una finca. Pero la bomba estaba averiada. Por eso la llevaron a mi padre, que entonces trabajaba en la fábrica azucarera del pueblo como mecánico para que la reparara. Sabiendo las intenciones, mi padre, en lugar de repararla, la dejó inutilizada. Días después, a finales de julio, cuando ya el pueblo fue “liberado” los guardias salieron del cuartel y se pusieron al servicio de la represión con una furia comprensible contra los republicanos. En ese contexto, a un vecino se le “ocurrió” propalar por el pueblo que mi padre había reparado la bomba. No eran tiempos de aclaraciones. Por mucho menos bastantes vecinos fueron fusilados sin contemplaciones. Mi padre, al conocer el infundio, logró convencer al autor del bulo para que firmara una declaración reconociendo que lo había dicho en estado de embriaguez. Recuerdo haber visto y leído su declaración. Estaba escrita de su puño y letra y firmada en un papel que ya estaba amarillo del tiempo y casi roto por las veces que debió ser doblado y desdoblado. Lamento haber perdido este testimonio porque gracias a él mi padre no fue fusilado. También recuerdo haber visto al acusador. Vivía en la capital, a donde se fue porque en el pueblo todos lo señalaban como la mano asesina a sueldo de los que fueron represaliados durante los últimos años de la República, pues en mi pueblo gobernaba un consistorio del Frente Popular. En uno de los viajes que mi padre hacía a la capital le acompañé. Casualmente lo encontramos deambulando como un fantasma por el centro. Mi padre lo invitó a tomar café en un bar y estuvo conversando con él. Yo tendría unos doce años y recuerdo aquel momento de forma indeleble.

Los años cuarenta fueron los años del hambre, la represión y el miedo. Muchas familias sufrieron la visita de los guardias que se llevaron a sus miembros al cuartel con el pretexto de que tenían que “declarar” y nunca más los vieron. Los niños jugábamos en la calle al guá (las bolas), a piola (pídola), al truco (rayuela) o a la rata, (pañuelo), angelicalmente ajenos a estos hechos. Recuerdo que un niño mayor que yo, al ver entrar a un destacamento de soldados en nuestra calle, levantó el puño creyendo que eran de los “suyos”. Un soldado disparó al aire con el que le dio a entender que no eran de los “suyos” sino de los “otros”, de los que acababan de ganar la guerra. Se llamaba Viriato, como el pastor lusitano. Su padre era albañil y masón. Su hermana, Orofrigia, fue “paseada” por las calles del pueblo con la cabeza rapada porque se había significado como activista durante los años de la guerra. Después del “paseo” la llevaron junto con otros como ella a las tapias del cementerio, donde los vencedores habían cavado una fosa, profunda y alargada, ante la que iba a ser fusilada y enterrada. Antes de que le llegara su turno la sacó de la fila de espera un hacendado para el que siempre había trabajado su padre.

Mi barrio no era un barrio bien visto por las nuevas autoridades municipales. Mi barrio, según esas autoridades y los que estaban de parte de los vencedores de la guerra, era un barrio maldito, un barrio cuyos vecinos, se murmuraba, habían cometido el pecado de estar a favor de la República y de sus gobiernos del Frente Popular. Era, pues, lo que se dice un barrio de izquierdas. Se comentaba que las nuevas autoridades se habían planteado en algún momento la conveniencia de derribarlo casa por casa después de que las tropas rebeldes tomaran el pueblo el 29 de julio de 1936. No lo derribaron materialmente, no, pero sí quedó estigmatizado. Se decía que por eso las procesiones religiosas, una práctica abandonada hacía años pero que los vencedores habían recuperado ipso facto como una destacada seña de identidad del nuevo orden, no procesionaban por el barrio. Las cofradías de Semana Santa no querían que sus imágenes desfilaran por sus calles, cuatro en total, de unos cien metros de longitud de casas unifamiliares adosadas, que iban desde la carretera de acceso al pueblo hasta las vías del tren. Todas recibieron el nombre de algún caído local por Dios y por España. Ni siquiera el llamado Señor de la Vera Cruz, el milagroso patrono del pueblo, era llevado en procesión por el barrio.

La primera procesión que pasó por mi barrio fue la de la Virgen de Fátima, aquella que llamaban “peregrina”. Debió ser años más tarde, a primeros de los cincuenta, pero fue de forma marginal, a las tres de la madrugada. A pesar de la hora, todo el vecindario trasnochó para presenciar un espectáculo tan desacostumbrado: ver pasar por sus humildes calles, las mismas que días antes se habían esmerado en engalanarlas con arcos de luces y banderas de España y de alfombrar el suelo con ramas y flores, una imagen de la Virgen en andas. Fue todo un acontecimiento que los vecinos aprovecharon para dejar constancia de que ello también eran tan devotos como los demás. Querían dar a entender que su izquierdismo no fue más que una enfermedad infantil ya superada gracias a Dios.

De todas formas en mi familia no éramos, gracias a Dios, nada meapilas. Mis padres eran católicos, sí, pero en absoluto practicantes. Mi madre sí lo fue, y mucho, de soltera. La religión no nos mortificaba. Yo creo que se debía a que solo iban a misa los domingos las familias   de los vencedores. Mi hermano y yo hicimos la primera comunión con más años de lo que era habitual, con 12 años, y sin trajes blancos, lazos o misales forrados con incrustaciones de nácar, y solo por mandato del centro escolar al que asistíamos. También recibimos la confirmación años más tarde. Nos la dio el cardenal Segura, aquel que se oponía a recibir al Caudillo cuando iba a la capital en represalia por no haberle dado el Primado de Toledo que tenía antes de la guerra. Era pública y notoria se enemistad con él. No se lo perdonó.

La gente de mi barrio, como digo, estaba atemorizada. Miraban cabizbajos por temor a que el vecino los delatara en el cuartel en base a cualquier vieja rencilla o por haber dicho algo que pudiera delatar su adscripción ideológica. No había qué comer. Durante los últimos años las fuerzas populares habían sacrificado todo el ganado, vacas, cabras y ovejas, y habían repartido la carne entre los vecinos. Muchos recogían yerbas de las cunetas en las que quedaba un rastro de humedad. Era lo que comían cuando comían. La mortalidad aumentó por desnutrición y por la tuberculosis producida por dieta insuficiente. Las tiendas se veían obligadas a vender a crédito (“fiado”) porque nadie tenía dinero para pagar más que cuando había conseguido hacer algún trabajo mal remunerado y puntual. Iban a rebuscar las aceitunas que quedaban en el suelo después de la cosecha y espárragos trigueros, que algunas esparragueras había en los olivares. También recolectaban cardillos, una planta tierna que si se desarrollaba se hacía un cardo duro y espinoso. También cogían ranas en los regatos de agua. La mortalidad infantil era muy alta, morían tísicos por desnutrición y achicharrados por haber ingerido sosa cáustica que sus madres tenían en botes de leche condensada para ablandar el agua de los pozos. Creían que en la lata había algo para comer. Solo durante las zafras del campo había trabajo en el pueblo, aunque mal pagado. Recuerdo a las mujeres que iban a trabajar al campo. Llevaban con pantalones de hombre bajo las faldas y se cubrían la cabeza con pañuelos y sombreros de paja. Las manos las cubrían con manoplas. Solían llevar un hocino en la mano y un saco a la espalda, por si encontraban, decían, algo que fuera comestible, casi siempre yerbas que también servían para alimentar a los cerdos, como las abulagas.

Porque sus modestas viviendas tenían detrás un corral y en él criaban algún cochino, algunas gallinas y algunos conejos en un cajón que llamaban la conejera.

No se podía hablar. Había que hacerlo con harto cuidado por temor a que el vecino adivinara tus inclinaciones políticas. Siendo ya adolescente, cuando se fue formando mi capacidad de observación y crítica, mi padre me reñía por hacer comentarios adversos al Régimen. No se puede hablar así, es peligroso, me decía. Reconozco la suerte que tuvo mi familia por no haber sido represaliada. Mi padre fue movilizado durante la guerra, pero consiguió no ir al frente gracias a que aprobó el examen de acceso a la fábrica de artillería. Había sido secretario de UGT en la fábrica azucarera donde trabajó desde su adolescencia y nunca se mostró simpatizante con los adeptos a quienes apoyaban al Régimen, así se le llamaba a la Dictadura de Franco.

Al terminar la guerra, mi padre fue traslado desde la fábrica del pueblo donde vivíamos a otra fábrica azucarera, a 700 km. de distancia, en la dura, seca, fría, inhóspita y desabastecida Castilla la Vieja. No quiso llevarse a la familia. Al cabo de dos años dejó su trabajo en la empresa y volvió al pueblo, donde abrió un taller de reparaciones. Los cortes de energía eléctrica eran tan frecuentes que tuvo que construir un motor de gasolina para mover las máquinas del taller cuando no había corriente. Tenía derecho a un cupo de hierro, pero no se lo enviaban por no ser adicto al Régimen. Tenía que comprarlo a los chatarreros. También tenía derecho a que le facilitaran carbón para la fragua, pero tampoco se lo facilitaban por la misma razón. Se veía en la necesidad de comprarlo a los que lo robaban en los trenes cargados de carbón procedente de una mina cercana.

Mi familia pasó muchas dificultades, pero mi hermano y yo no fuimos conscientes de ello. Mis padres actuaron como muro de contención para que las penurias no llegaran a nosotros. Los alimentos estaban racionados. Las familias recibían una cartilla, la llamaban de racionamiento, Sus hojas eran cupones para cada alimento, Mientras mis padres comían el pan de maíz del racionamiento, mi hermano y yo comíamos pan de trigo candeal, pan blanco o de “maquila”, un pan que solo comían las familias pudientes. Mi abuelo, que tenía una parcela de cultivo, nos daba dos sacos de trigo cada año. Ese trigo se entregaba a los panaderos y los panaderos nos lo devolvían en forma de pan, dos hogazas diarias. A pesar de que la abundancia brillaba por su ausencia en mi casa, mi hermano y yo, como digo, nunca pasamos hambre. Incluso nos permitíamos el lujo de ser desganados y melindrosos a la hora de comer.

Cuando los rebeldes ganaron la guerra aplicaron disposiciones que habían desarrollado durante la guerra. Franco fue nombrado Jefe del Estado el 1 de octubre de 1936, cargo al que unió el de Jefe Nacional del que sería el único partido del Régimen, un conjunto de normas basadas en los principios de Falange Española y de las Jons después de ser fundida con la Comunión Tradicionalista (los requetés o carlistas) por lo que pasó a llamarse FET de las JONS. El 19 de abril de 1937, el que había sucedido a José Antonio como segundo jefe nacional de FE de las JONS, Manuel Hedilla, fue sorprendido por el llamado Decreto de Unificación de acuerdo con el cual nació la citada FET y de las JONS, la cual quedaba desde ese momento bajo la jefatura impuesta de Franco quedando Hedilla apartado sin miramientos.

Hedilla insistió en mantener los postulados sindicalistas y el reformismo social de la Falange originaria oponiéndose a que Franco asumiera la jefatura por decreto de 25 de abril por lo que fue arrestado bajo la acusación de haber conspirado contra Franco y condenado a dos penas de muerte por un consejo nacional de guerra por conspirar contra la seguridad del Estado. El programa falangista fue considerado por Franco como demasiado revolucionario. Como sucesor de Hedilla se nombró a Raimundo Fernández – Cuesta.

A Hedilla le conmutó Franco las penas de muerte y, tras cumplir cárcel en Canarias hasta 1943, fue confinado en Mallorca. En 1947 recobró la libertad. Hedilla no volvió a desempeñar rol político alguno en España ni volvió a integrarse en la Falange. Se retiró a la vida privada y murió olvidado en Madrid el año 1970. El capítulo de Manuel Hedilla ilustra de forma harto macabra el destino que le podía aguardar a todo aquel que discutiera las decisiones tomadas por el Caudillo de España Francisco Franco Bahamonde.

El 11 de marzo de 1938 se implantó el llamado Fuero del Trabajo, un conjunto de normas ordenancistas con las que quedaban controladas las relaciones laborales y la protección de los trabajadores. En España, el punto de partida de esta protección data de 1883 con la Comisión de Reformas Sociales. En 1900 se creó el primer seguro social, la ley de accidentes de trabajo; en 1905 se creó el Instituto de Reformas Sociales, en 1908 el Instituto Nacional de Previsión, en 1919 el Retiro Obrero y en 1929 el Seguro de Maternidad, todo ello bajo gobiernos conservadores. Pero fue la II República la que, en la Constitución de 1931, introdujo implantó el derecho a la protección social en su artículo 46, en el cual se dispone:

“El trabajo, en sus diversas formas, es una obligación social, y gozará de la protección de las leyes. La República asegurará a todo trabajador las condiciones necesarias de una existencia digna. Su legislación social regulará los casos de seguro de enfermedad, accidentes, paro forzoso, vejez, invalidez y muerte; el trabajo de las mujeres y de los jóvenes y especialmente la protección a la maternidad; la jornada de trabajo y el salario mínimo y familiar; las vacaciones anuales remuneradas; las condiciones del obrero español en el extranjero; las instituciones de cooperación, la relación económico-jurídica de los factores que integran la producción; la participación de los obreros en la dirección, la administración y los beneficios de las empresas, y todo cuanto afecte a la defensa de los trabajadores.”

Como ya he dijo, en 1938, en plena guerra civil, se promulgó el llamado Fuero del Trabajo, que entró en vigor en el bando nacional o franquista.  Esta norma puede considerarse el cimiento sobre el que se construyó la Seguridad Social tal y como se entendió durante el franquismo. En el Fuero del Trabajo se dice lo siguiente, casi en línea con la legislación republicana:

“El Estado valora y exalta el trabajo y lo protegerá con la fuerza de la ley, otorgándole las máximas consideraciones y constituyéndolo en uno de los más nobles títulos de jerarquía y honor’’. En el mismo documento, el Estado se compromete a ampliar los seguros de vejez, invalidez, enfermedad y paro forzoso”

El Fuero de los Españoles fue reformado en 1945 introduciendo un cuadro bastante completo de seguros sociales. En el artículo 28 se dice:

«El Estado español garantiza a los trabajadores la seguridad del amparo en el infortunio y les reconoce el derecho a la asistencia en los casos de vejez, muerte, enfermedad, maternidad, accidentes del trabajo, invalidez, paro forzoso y demás riesgos que pueden ser objeto de seguro social».

La ley del 30 de enero de 1938 creaba además el llamado Ministerio de Organización y Acción Sindical, que a partir de entonces se convirtió en el organismo estatal encargado de las cuestiones laborales y sindicales. Un antecedente de la Organización Sindical fue la Central Obrera Nacionalsindicalista (CONS) fundada en 1935  por FE de las JONS, aunque durante buena parte de su existencia la CONS tuvo una influencia muy limitada. Después de 1938, la Organización Sindical Española fue el resultado de la fusión de las organizaciones obreras cercanas a la Falange y las organizaciones patronales, con el fin de organizar a trabajadores, técnicos y a patrones dentro de una sola estructura vertical, el modelo de la Italia fascista, para alcanzar las relaciones laborales propias de un estado corporativo, frente al ideal nacionalsocialista de la Falange que, en teoría, parecía quererse seguir pero que nunca se aplicó. En ella, todos los trabajadores, llamados “productores”, y sus patronos tenían el derecho de elegir sus representantes mediante elecciones.

Aunque el Sindicato vertical comenzó a tener una cierta actividad a partir de 1940, como resultado de las legislaciones aprobadas ese mismo año por la dictadura, paradójicamente no celebró su primer congreso hasta marzo de 1961

El 26 de enero de 1940 se promulgó la llamada de Unidad Sindical que establecía que empresarios y trabajadores  integrarían en una única organización sindical bajo el mando de FET y de la JONS, el partido único de los primeros años del franquismo. En el preámbulo de la ley se decía:

«Tres son los principios que inspiran la organización nacionalsindicalista prevista en el Fuero del Trabajo, reflejo fiel de la organización política del nuevo Estado, a saber: unidad, totalidad y jerarquía».

El nuevo aparato sindical se organizaría a su vez en ramas de producción, cada una de las cuales se denominaría Sindicato Nacional. Por otra parte, las localizaciones geográficas se hicieron llamar  Centrales Nacionalsindicalistas”. El conjunto de todo ello era la “Organización Nacional-Sindicalista” prevista por el Fuero del Trabajo de 1938, aunque a partir de los años 1940 empezó a ser llamada simplemente Organización Sindical. Desde el comienzo quedó claro que el Estado controlaba todo el sistema. El 6 de diciembre de 1940, con la promulgación de la llamada Ley de Bases de la Organización Sindical se hizo implícita la afiliación forzosa de todos los trabajadores y empresarios (todos considerados como “productores”) en la estructura sindical del Régimen bajo los principios de «verticalidad, unidad, totalidad y jerarquía»

Como más adelante manifestó uno de los dirigentes de los Sindicatos, «los sindicatos verticales no son instrumentos de lucha clasista. Ellos, por el contrario, sitúan como la primera de sus aspiraciones, no la supresión de las clases, que siempre han de existir, pero sí su armonización y la cooperación bajo el signo del interés general de la Patria».

Uno de los posibles ámbitos de actuación sindical, la conflictividad laboral, quedó cercenado ya que el Fuero del Trabajo atribuía directamente al Estado las competencias en este ámbito, para lo cual fueron creados Magistraturas del Trabajo que debían resolver en caso de que fracasara la conciliación sindical.

La Organización Sindical Española (OSE) conocida como Sindicato Vertical en oposición a los sindicatos de clase de la República, a los que se veía como “horizontales”, fue la única central sindical que existió en España entre 1939 y 1976. Durante casi cuarenta años se convirtió en el único sindicato legal que estuvo autorizado.

Como ya he dicho, todos los trabajadores y empresarios, que pasaron a ser conocidos como “productores” en la terminología franquista, estaban obligados por ley a estar afiliados al Sindicato Vertical. Las organizaciones sindicales republicanas como la anarquista CNT y la socialista UGT fueron proscritas y pasaron a la clandestinidad. Por el contrario, esto no fue un impedimento para que organizaciones clandestinas como las Comisiones Obreras se infiltraran en su seno y lideraran la lucha obrera antifranquista.

El franquismo impuso de nuevo la consideración propia del catolicismo a la mujer y al matrimonio que la República había eliminado. El aborto fue tipificado como delito en el Código Penal, el divorcio fue prohibido y el matrimonio volvió a celebrarse en las iglesias. En 1938 se prohibió que las mujeres se inscribieran como trabajadoras en las oficinas de colocación salvo si eran cabezas de familia o poseían algún título que les permitiera ejercer alguna profesión. Si el marido tenía unos ingresos mínimos, la mujer casada no podía trabajar. En 1942 las solteras en activo que se casaran tenían que abandonar su trabajo al contraer matrimonio. Empresas como Telefónica exigían que en el contrato de trabajo constara que si una empleada se reincorporaba después de casada tenía que contar con la autorización del marido. Hasta los veintiún años, edad en la que se alcanzaba la mayoría, pero las mujeres no podían abandonar el hogar familiar hasta los veintitrés ya que seguían sometidas a la tutela paterna. Las mujeres casadas estaban sometidas a la tutela del marido. Tampoco podían realizar operaciones de compraventa, firmar contratos de trabajo o abrir una cuenta corriente sin previa autorización marital. Tampoco podían disponer de sus propios bienes sin la autorización del marido. Las mujeres solo podían ser reinas o telefonistas.


Hasta 1966 no se permitió a las mujeres ejercer como magistrados, jueces y fiscales de la Administración de Justicia. La autorización marital para firmar un contrato laboral y ejercer el comercio no fue abolida hasta la reforma de los Códigos Civil y de Comercio de 1975.
Cuando el régimen económico del matrimonio era la sociedad de gananciales, los salarios de ambos cónyuges constituían bienes comunes cuya administración siguió correspondiendo al marido en exclusiva hasta 1981. Por último, a finales de 1975 el acceso a algunos puestos de trabajo permanecía cerrado para las mujeres, por ejemplo, la Policía y las Fuerzas Armadas.

El organismo que en España asumió la organización de las mujeres fue la Sección Femenina de FET y de las JONS, cuya jefatura ostentaba la hermana del fundador de Falange, Pilar Primo de Rivera. Esta organización desempeñó la tarea de fomentar los bailes y las canciones populares, el deporte femenino, el bordado, la costura y las tareas domésticas, entre ellas la cocina tradicional durante la estancia casi obligatoria en establecimientos adecuados en los que tenían que cumplir el llamado Servicio Social. El Régimen se interesó en diseñar un prototipo de mujer acorde con la religión y las buenas costumbres para alcanzar el fin al que estaban llamadas, ser buenas esposas y madres amantísimas de cuentos más hijos mejor.


Las mujeres debían ir convenientemente vestida, es decir, es decir, con vestidos de mangas largas o hasta el codo, faldas holgadas que no destacaran las formas del cuerpo con el fin de no acaparar las miradas de los varones. Pues, además de ser decentes, las mujeres debían parecerlo. Las mujeres jóvenes no debían salir solas ni ir acompañadas de hombres que no fueran de la familia.

El artículo 416 del Código Penal castigaba con arresto mayor o multa a todos aquellos que indicaran, vendiera, anunciaran, suministraran o divulgaran cualquier medio o procedimiento capaz de facilitar el aborto o evitar la procreación. Sin embargo, en el caso del aborto, se contemplaba la reducción de la condena si se alegaba la deshonra que suponía para la familia tener en casa una madre soltera. El aborto como ya he dicho era delito. No había ni información ni información sexual ni medios anticonceptivos.

El adulterio estaba especialmente penado, pero solo si lo cometía una mujer.

El carnaval dejó de celebrarse durante la Era de Franco porque esta festividad se consideraba propicia para actos deshonestos y la comisión de delitos. Se desautorizo el día internacional del trabajo (1º de mayo), porque era tachado de festividad “comunista”. En su lugar se fijó el día de San José Obrero, el 19 de marzo.

 
El 22 de abril de 1938 se impuso la regulación de la prensa por medio de la llamada ley Serrano Súñer con el objetivo de suprimir la prensa republicana. La ley convirtió al conjunto de la prensa en una institución al servicio de los intereses del Estado encargándole la función pública de hacer de transmisor de los valores del franquismo y medio para el adoctrinamiento político. Se quería que los periodistas fueran auténticos apóstoles del pensamiento del Régimen y de la fe en la Patria para salvarla del comunismo, la masonería, la anarquía y el judaísmo, los enemigos del Nuevo Estado. Se imitaba con el sistema que se estaba aplicando en la Alemania nazi y en la Italia fascista y, aunque no se decía así, en los métodos que se aplicaban en la Rusia soviética de Stalin, es decir, en los Estados totalitarios del momento.

Aunque con carácter transitorio, la ley instauró unos mecanismos de control efectivo muy rígidos que estuvieron vigentes hasta la reforma de 1966 con la conocida como Ley Fraga:

  • La censura previa, que en la forma de consignas fue un sistema habitual para la emisión de instrucciones dirigidas a todos los diarios del país. Esta censura es aplicada por el Servicio Nacional de Prensa de manera genérica y en cada una de las provincias por el jefe provincial del Servicio de Prensa. La práctica de la censura delegada también fue común.
  • El director de los diarios era nombrado -y podía ser cesado- por el Ministerio del Interior a propuesta de la empresa.
  • Se sancionaban las faltas de desobediencia (sic), resistencia pasiva y, en general, las de desvío de las normas dictadas”.
  • Ordenaba la inserción obligatoria de cuantas informaciones, comentarios, crónicas y fotografías se estimaran pertinentes.
  • El Registro Oficial de Periodistas.

Como ya dije, el 13 de febrero de 1939, poco antes de acabar la guerra, el Caudillo promulgó la Ley de Responsabilidades Políticas con la que se implantó la represión de todos aquellos que fueran denunciados como republicanos activos, condición que fue declarada como delictiva habida cuenta de que los sublevados se propusieron “limpiar” el país de estos españoles, algo en lo que seguían al pie de la letra las mismas pautas de la extinta República en su afán por limpiar en España de aquella parte de la población que al parecer preferían el fascismo aun a pesar de que muchos no supieran lo que era el fascismo. Unos, pocos, lo sabrían, otros estarían de acuerdo con los rebeldes, algunos más, y otros se someterían a la fuerza de los acontecimientos en función de la parte de España en la que vivían. Españolito del alma te libre Dios, había cantado años antes el poeta sevillano Antonio Machado, una de las dos Españas ha de helarte el corazón. Es cierto que la República procuró aplicar la fuerza de la razón para cambiar España, pero en la práctica se usó la razón de la fuerza. En cambio, el franquismo se propuso cambiar España por la razón de la fuerza y ello de forma premeditada, programada y planificada. No se anduvo con ambigüedades: el franquismo se propuso acabar con los españoles que no estaban de acuerdo con él. Y lo puso en práctica sin dilación y sin titubeos. ¿Cómo? Estableciendo un Estado policial y amedrentando a los españoles. Sus pilares fueron tres: Ejército, Iglesia y Orden.

La llamada ley de educación primaria fue adoptada en 1945 y fue completada con referencia a los siguientes niveles en 1967. El Régimen consideraba la educación como un derecho de la familia, dentro del espíritu del pensamiento nacional –católico propio de los principios del Movimiento basados en el pensamiento de José Antonio Primo de Rivera. Por ello, la educación primaria tenía un carácter confesional, patriótico, social, intelectual, físico y profesional. Establecía su obligatoriedad, gratuidad y la separación de sexos, así como el uso preceptivo de la lengua española en todo el territorio nacional. La enseñanza primaria comprendía desde los seis a los doce años y se impartía en diversos tipos de escuelas: nacionales, de la Iglesia, de patronato y privadas. El currículo estaba centralizado y organizado de forma cíclica, agrupando los conocimientos en tres tipos: instrumentales, formativos y complementarios. La ley establecía los derechos y deberes de los maestros y determina su formación y el sistema de ingreso mediante oposición en el Cuerpo del Magisterio Nacional Primario.

EL 1 de marzo de 1940 se dictó la Ley para la Represión para la Masonería y el Comunismo «El primer artículo de la ley es suficientemente ilustrativo del extraordinario alcance punitivo que se otorgaba a su aplicación» ya que «prácticamente cualquier conducta heterodoxa podría caer en el ámbito de una política represiva»

Se tipificó como figura delictiva el pertenecer a la masonería, al comunismo y a las demás asociaciones clandestinas a que determinada la ley. El Gobierno quedó incumbido de añadir a dichas organizaciones las ramas o núcleos auxiliares que juzgara necesario y aplicarles las mismas disposiciones debidamente aceptadas.

En su artículo n° 12, la ley creó el Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo. Las penas iban desde la incautación de bienes hasta la reclusión mayor. Los masones, aparte de las sanciones económicas, quedaban automáticamente separados de cualquier empleo o cargo de carácter público. Se establecieron penas de veinte a treinta años de prisión para los grados superiores, y de doce a veinte para los cooperadores. El tribunal, a pesar de estar constituido en junio de 1940, no comenzó a funcionar hasta el 1 de abril de 1941. Fue suprimido el 8 de febrero de 1964, después de que gran parte de sus funciones fueran transferidas al Tribunal de Orden Público en 1963.

El simulacro parlamentario del nuevo Estado, Las Cortes, se creó el 17 de julio de 1942, órgano que sustituyó al Consejo Nacional de FET de las JONS, encargado hasta entonces de oír al jefe nacional, el Caudillo, o al secretario general del Movimiento con nivel de ministro. Los 26 puntos de FET de las JONS cumplían la función constitucional hasta que en 1945 se aprobó el llamado Fuero de los Españoles, norma que fue sustituida en 1958 al ser promulgados los Principios del Movimiento Nacional. Por medio de esta normativa ordenancista el Caudillo tenía en sus manos los tres poderes del Estado. Tenía capacidad de legislar por medio de la promulgación de normas después de deliberar en las Cortes los proyectos que a este cuerpo sometía el gobierno cuyo jefe era Franco y que sancionaba él mismo como Jefe del Estado.

El 26 de julio de 1947, la Dictadura implantó la ley de sucesión en la Jefatura del Estado, cargo que vitaliciamente ocupaba el Caudillo, la quinta  norma entre las que formaban su entramado dizque legal, las llamadas Leyes Fundamentales del Reino.  Porque España fue declarada Reino, un reino sin rey, pantomima que el dictador creyó conveniente hacer para contentar a los monárquicos que le apoyaron en la guerra y seguían apoyándolo después, pero dejando en el aire si se decantaba por los carlistas o por los alfonsinos, un gusto por la ambigüedad que sería una de las señas de identidad de su forma de gobernar. Recuerdo que, como el proyecto de ley fue sometido a referéndum, antes de ir a votar, mi padre y un amigo, bromeaban diciendo uno que el sí era para que se fuera Franco y el no, que no se fuera, una duda que reflejaba la falta de información que tenía el electorado. ¿España un reino? Sí, puede ser, un reino en el que reinaba un rey sin corona que no reinaba pero sí gobernaba, con mano dura. En mi pueblo le pusieron de mote de Manosduras, las mismas manos que terminarían presa del Parkinson muchos años después.

Al final de la guerra civil, de acuerdo con los cálculos del régimen, había más de 270.000 hombres y mujeres detenidos en las prisiones del Estado y unas 500.000 huyeron al exilio. Una gran cantidad de los capturados fueron devueltos a España o internados en campos de concentración nazis como enemigos sin estado. Entre seis y siete mil exiliados españoles murieron en el campo de concentración de Mauthausen – Gusen. Otros acabaron en los más de 180 campos de concentración franquistas Algunos historiadores estiman que entre 23 000 y 46 000 personas fueron ejecutadas en la posguerra. Según distintos informes coincidentes, España es el segundo país del mundo en número de desaparecidos cuyos restos no han sido recuperados ni identificados, tras Camboya.

Debo terminar este decenio haciendo referencia a la construcción de las escuelas públicas de mi pueblo. Todos los vecinos colaboraron obligatoriamente, unos con dinero y otros con trabajo. Mi padre construyó la verja. Tenía cuatro aulas separadas por un amplio hall. En este centro cursé mi enseñanza primaria. Antes de entrar en las aulas, los alumnos tenían que formar militarmente para cantar el Cara al Sol, un himno falangista con el brazo derecho haciendo el saludo de las legiones romanas. A terminar íbamos en fila al aula correspondiente. En la puerta nos parábamos y decíamos brazo en alto: Ave María Purísima. Y hasta que el maestro no decía el obligado Sin Pecado Concebida no podíamos entrar. En este centro escolar había instalaciones del Frente de Juventudes de FET y de las JONS. Participaba en los juegos de salón y en las competiciones deportivas que allí tenían lugar. Escribí artículos para una revista falangista editada a multicopista de nombre Amanecer. También teníamos una emisora de onda corta, Radio Oducia, y en ella leí mis primeros escritos. Todavía recuerdo los que titulé Azorín como poeta y De nuevo Unamuno, con los que exteriorizaba mi admiración por la generación del 98. Los adolescentes de entonces éramos muy lectores. Pio Baroja, Benavente, Ortega y Gasset, Gregorio Marañón, Antonio Machado, Juan Ramón Jiménez eran los autores de los libros que devorábamos y comentábamos entre nosotros

El segundo decenio

Los años cincuenta nacieron sometidos a las mismas condiciones del anterior. El taller de mi padre ya tenía 3 trabajadores: un ajustador, un herrero y un aprendiz. Con un torno de dos metros de bancada, comprado a un chatarrero, hizo el torno, una máquina en cuyo manejo se había especializado como trabajador de la fábrica azucarera, que manejaba a diario. Él mismo fabricaba en la fragua las cuchillas de acero que cada trabajo requería utilizando para ello las limas viejas. Recuerdo muy bien cómo las templaba enfriándolas en agua. Las miraba atentamente para ver cómo el color azul subía cambiando de intensidad, y volvía a sumergirlas tantas veces como su buen experto le recomendaba. Decía que había aprendido la técnica del templado del acero de un viejo herrero gitano.

Tuvo un asalariado encargado de la fragua que llegó al pueblo buscando trabajo. A mi padre nunca le gustó como trabajaba. A veces le quitaba el hierro candente de las manos y se ponía a martillearlo en la bigornia al tiempo que le decía: así, así, así se hace. Un día al herrero le cayó una mota en el ojo y se fue a que lo viera un médico. Como este le dijo que él no tenía la iguala del taller, en vez de ir al médico que la tenía, denunció a mi padre a la Magistratura del Trabajo. Ante su manifiesta mala fe, mi padre lo despidió y fue entonces cuando el asalariado recurrió de nuevo a la Magistratura alegando que él era un trabajador de primera clase pero que recibía un sueldo como si fuera de tercera. Hubo una comprobación oficial con un tribunal ante el que mi padre tuvo que nombrar un perito a su costa. El tribunal se decantó a favor del trabajador siguiendo el principio tuitivo del derecho del trabajo del franquismo. La Magistratura condenó a mi padre a pagar la diferencia de salario durante los años que llevaba trabajando, un golpe que dejó a mi padre casi en la ruina. Cuento este suceso porque la Magistratura tenía por norma sentenciar a favor del trabajador y en contra del empleador, una práctica que estaba en contradicción con la acusación que se hacía al Régimen de estar al lado de los empresarios.

Mi padre era un modesto empresario que al mismo tiempo era un trabajador. Hoy le llamaríamos autónomo. Como trabajador, su jornada laboral era de doce o catorce horas siete días a la semana. Y como empresario pagaba religiosamente la remuneración acordada a sus tres asalariados semanalmente pero él tenía serias dificultades para que sus clientes le pagaran las facturas si es que se las pagaban. Por esta razón, mi familia tenía serios problemas para cubrir sus necesidades.

Afortunadamente, a poco de empezar el segundo decenio mi padre fue contratado por una familia de terratenientes como jefe de mantenimiento de sus aperos y maquinarias de labranza, a los que vendió también todo el equipamiento de su taller. Gracias a este cambio fue como mi hermano y yo pudimos estudiar el bachiller en un internado.

El 27 de agosto de 1953, el Régimen firmó un concordato con el Vaticano, y con él, el país inició su salida del aislamiento político y comercial al que había sido sometido por los Aliados que ganaron la II Guerra Mundial, en represalia por su a apoyo a las potencias del Eje.  El 23 de septiembre de este mismo año, España firmó los acuerdos económicos y militares con Estados Unidos. En base a ellos, los Estados Unidos establecieron bases militares en Torrejón de Ardoz, Marón de la Frontera y Rota a cambio de apoyo económico y diplomático. Gracias a estos acuerdos, muy criticados por la oposición clandestina, España ingresó en la ONU respaldada por Estados Unidos. Los efectos de la llamada Guerra Fría que se desencadenó entre los viejos Aliados (las democracias occidentales por un lado y la URSS por otro) que vencieron en la Segunda Guerra Mundial, obraron en favor del Régimen franquista por las condiciones estratégicas que ofrecía España de cara a un posible conflicto bélico. Los mismos que se abstuvieron durante la guerra civil de apoyar a la República, sometieron al Régimen a un bloqueo internacional y ahora reconocían interesadamente que la España franquista, condenada ayer por fascista, era hoy un baluarte a tener en cuenta contra el comunismo internacional de la Komintern. Los vencidos republicanos, sobre todo el clandestino PCE, lamentaron amargamente este inesperado golpe de suerte favorable a la Dictadura. Una sonrisa del destino que Franco supo aprovechar en beneficio de su poder personal y, por ende, de su Régimen y de su proceso de reconocimiento internacional.

En 1953 se dictó la ley de enseñanza secundaria que sustituía a la de 1938. Esta ley, homologó a la anterior y fue reformada en 1967. Era, como es de esperar, una ley confesional e ideológica. A las enseñanzas medias se accedía mediante una prueba de ingreso. La ordenación establecía bachilleratos de plan general y de plan especial. El bachillerato de plan general constaba de un bachillerato elemental de cuatro años de duración, una reválida para acceder al bachillerato superior de dos cursos más y otra reválida. El bachillerato de plan especial, laboral, constaba de cinco cursos y otras dos reválidas. Además, existía un curso de preparación para la Universidad.

Precisamente en octubre de 1953 ingresé en un internado a 50 km. de mi pueblo para hacer el tercer años de bachiller todavía según la normativa de 1938. Pertenecía a una orden religiosa tenida por especialmente severa. En él pasé cuatro largos años con escasos periodos vacacionales durante los meses de verano durante los cuales volvía a mi casa. Durante las vacaciones íbamos mi hermano y yo en bicicleta al cortijo en el que estaba el taller cuyo jefe era mi padre para aprender el oficio de ajustador. Muchos internos pertenecían a familias acomodadas e incluso muy ricas, hijos de terratenientes y de grandes comerciantes. Como mi padre iba a verme al colegio con traje de dril, todos mis compañeros sabían que yo era un niño pobre. Por eso, cuando comenté que en mi casa teníamos un receptor de radio nadie me creyó. Eso no lo creían posible.

En 1955 recibí mi título de bachiller superior por el nuevo plan de 1953 que empecé con el plan de 1938 y el año siguiente hice el curso de ingreso en la universidad. Antes de ingresar en la universidad estuve en un campamento de verano del Frente de Juventudes con la esperanza de que fuera como unas gratas y gratuitas vacaciones al aire libre. Tuvo lugar en Covaleda, Soria, a los pies de los Picos de Urbión, pero se trataba de un curso casi premilitar para optar al cargo de jefe de falange. En el Frente de Juventudes había tres grados: jefe de escuadra, jefe de falange y jefe de centuria. La escuadra era la unidad básica. Se agrupaban en una falange. La centuria se componía de tres o más falanges. En uno de los exámenes escritos, una especie de encuesta, se me ocurrió  responder de forma irrespetuosa. El jefe de mi centuria montó en cólera. Amenazó con enviar a la Jefatura Nacional aquellas respuestas para que se tomara conciencia de los graves derroteros por los que se estaba perdiendo la juventud española. Dijo, muy enojado, que el delito se podía castigar con la reclusión en un las mazmorras de un castillo. No llegó a saber que yo era el delincuente, pero creo que sí llegó a sospecharlo, y por eso desde entonces no perdía ocasión de encargarme las órdenes más degradantes.

Meses antes de mi ingreso en la Universidad tuvo lugar en Madrid un suceso al que se le ha otorgado la consideración de ser el primer conato de oposición y rechazo de la Dictadura. Me refiero a lo que dio en llamarse “La noche de los cuchillos largos”. Hay tratadistas que consideran que a partir de entonces, el 9 de febrero de 1956 nada fue lo mismo.

El periodista Luis de la Cruz escribe que:

Por aquel entonces, en el viejo edificio de la Universidad Central en San Bernardo, quedaba aún, renqueante y superpoblada, la Facultad de Derecho. En menos de un año se acabaría de construir la Ciudad Universitaria.

1956 es el año en el que España entra en la ONU y Estados Unidos manifiesta su intención de que ingrese también en la OTAN. Los peores momentos de necesidad y represión de la posguerra están cesando. Abren cineclubes, vuelven emigrados y algunos hijos díscolos de la burguesía franquista coincidirán en espacios de sociabilidad con abiertos opositores al régimen.

Inmediatamente antes, en 1955, cuando apenas ha levantado cabeza la universidad de la cruda depuración franquista, se organizó un homenaje a Ortega y Gasset, coincidiendo con su muerte. Ortega era tenido por liberal por la oficialidad franquista. Mientras, se ponía en pie un Congreso Universitario de Escritores Jóvenes, bien visto por Pedro Laín Entralgo, rector de la universidad. El congreso fue finalmente prohibido, pero sembró la semilla de los acontecimientos que se habrían de producir en 1956.

Dentro del emergente movimiento universitario de contestación se congregaban nombres hoy conocidos como Ramón Tamames, Enrique Mújica, Fernando Sánchez Dragó o Javier Pradera.

En estos intentos de renovación, que pusieron en el punto de mira del ala dura del régimen al ministro de Educación aperturista Ruiz Jiménez, militaban también una serie de muchachos nacidos de las entrañas del mismo. Son los Dionisio Ridruejo, Miguel Sánchez Mazas, Juan Sebastián Garrigues o José María Ruiz Gallardón. Resulta curioso hoy encontrarlos involucrados en las mismas páginas de la historia que a los Jorge Semprún, responsable de estudiantes del Partido Comunista, Juan Antonio Bardem o Alfonso Sastre. Significativamente, un comunicado que saldrá del entorno de la universidad el 5 de abril, después de las detenciones por los sucesos que estamos viendo, estará firmado por “nosotros, los hijos de los vencedores y de los vencidos”.

Parte de este grupo – en realidad Mújica, Pradera y Tamames – redactó un documento aperturista, que mentaba la Declaración de Derechos Humanos antes que ningún texto revolucionario. Fue concebido en el café La Mezquita, actual cafetería Santander (en la Plaza de Santa Bárbara). Fue leído en todas las clases, que pararon para discutirlo, y firmado por tres mil estudiantes.

El escrito, que se repartió el primer día de febrero, era un llamamiento a la formación de un Congreso Nacional de Estudiantes y un intento de romper el SEU (Sindicato Español Universitario). Sus prebostes reaccionaron suspendiendo las elecciones sindicales del 7 de febrero. Posteriormente, se decretará también la suspensión de las clases y se declarará el Estado de Excepción en todo el país.

Estas decisiones represivas supusieron, el mismo día 7, la salida en manifestación de los estudiantes, por primera vez desde la Guerra Civil, por la calle San Bernardo y hacia el Ministerio de Educación.

El 8 de febrero, mientras se discutía en las aulas sobre el documento,los falangistas irrumpieron en la universidad provistos de porras, palos y calcetines llenos de arena. Amedrentaron a los estudiantes, los golpearon y arrasaron con el mobiliario de la facultad. Los estudiantes, lejos de quedarse quietos, respondieron atacando los locales del SEU, arrancando el escudo y otros símbolos falangistas.

Al día siguiente, y en un clima de crispación humeante, se había de conmemorar la muerte del falangista Matías Monter y, provocativamente, se anunció que se celebraría una misa en la Facultad de Derecho. Cuando un grupo de estudiantes de Falange regresaba de la manifestación conmemorativa, por la calle Alberto Aguilera, otro grupo de estudiantes contrarios, que había salido de nuevo en manifestación por San Bernardo, se les enfrentaron.

Se produjeronencontronazos y un disparo – no se sabe si de un policía o de otro falangista por error – alcanzó a un joven derechista de 18 años. El estado de salud deMiguel Álvarez se convirtió en un asunto de interés nacional en la España de Franco, convirtiéndose en asunto de interés propagandístico. Finalmente Álvarez no moriría, pero estuvo mucho tiempo en estado grave.

Falange clamaba venganza. Arriba y otros diarios franquistas agitan el fantasma del anticomunismo y empezó a cundir el miedo ante la posibilidad de que se produjera una noche de los cuchillos largos enMadrid. La cosa no era para menos, parece que una lista negra con medio centenar de nombres corría de mano en mano en círculos falangistas. En ella figuraban, incluso, los nombres del ministro de Educación Nacional, del rector y de Torres López, decano de la Facultad de Derecho que, atemorizado, huyó a París.

El generalato franquista hizo lo posible por sujetar la situación mientras se sucedían interrogatorios a los estudiantes participantes. Pronto son detenidos Dionisio Ridruejo, Ruiz Gallardón, Múgica, Tamames…Son destituidos Ruiz-Jiménez, Laín Entralgo como rector, Fraga como secretario general técnico y el Ministro del Movimiento, Fernández-Cuesta.

Algunos hombres del régimen intercedieron por sus cachorros, otros acabaron con los huesos en la Dirección General de Seguridad y en la cárcel (es el caso de los Sánchez Dragó, Julio Diamante y otros). Pronto se hablaría de Los 30 de Carabanchel. Varios de los implicados eran estudiantes de clase media-alta cuyos padres eran prohombres del régimen y finalmente el juicio se anula in extremis.

Los hechos dan como resultado una reacción del Régimen, que frena los tímidos impulsos aperturistas desde dentro. El franquismo se enrocará en torno al Opus Dei. Pero también suponen una grieta en el dique del Movimiento a través de la cual fluiría el naciente movimiento estudiantil.

Ya definitivamente lejos de la vieja universidad de San Bernardo ­ – la propia Facultad de Derecho se trasladaría inmediatamente a la Ciudad Universitaria –nacerán nuevas células activas en la universidad, como la Asociación Socialista Universitaria o el Frente de Liberación Popular (los llamados FELIPES).

Los sucesos de 1956 en San Bernardo son el preámbulo de un relato, la prehistoria cercana de las tantas veces contadas carreras delante de los grises.

En el verano de 1956 el Generalísimo hizo una visita triunfal a Sevilla y con ese motivo las jefaturas locales del Movimiento de toda la provincia llevaron al Frente de Juventudes al mitin que daría el Caudillo como Jefe Nacional de Falange en el gran patio de los Reales Alcázares. Yo estuve allí. Por primera y única vez vi a Franco. Allí dijo aquello de que “somos una monarquía sin realeza pero somos una monarquía. Los falangistas, antimonárquicos por principios no solo no rechistaron sino que uno de ellos dio un  gran grito que se oyó en todo el recinto para decir: Franco, haz la Revolución. El silencio se oyó también hasta que Franco dijo con su conocida voz aflautada: Ya la estamos haciendo. Se refería, claro, a la llamada Revolución Nacionalsindicalista, meta propuesta por Onésimo Redondo que hizo suya el Fundador al proceder a la fusión con las JONS.

En el mes de septiembre de 1956 llegué a Madrid para matricularme en el primer curso de licenciatura en la Facultad de Económicas de la Universidad Central. Para entonces, la famosa noche no era más que un mero recuerdo. La Universidad Central pasaría a llamarse años más tarde Universidad Complutense. Después de matricularme en el llamado Caserón de San Bernardo, pasé a inscribirme, era obligatorio, en el Sindicato Español Universitario. En la facultad pude desarrollar mi incipiente crítica al Régimen gracias a mis conversaciones con compañeros mejor informados que yo. Algunos de ellos militaban en el clandestino PCE. Jorge Semprún, bajo el nombre de Federico Sánchez, hacía proselitismo del PCE. Yo no me afilié a este partido, el único que desarrollaba una labor de crítica del Régimen.

Teníamos profesores que ocupaban cargos destacados en el organigrama del Régimen. Uno de ellos, el hacendado valenciano Manuel de Torres Martínez, era miembro del Consejo de Estado. Otro, Alberto Ullastres, del Opus Dei, fue muy pronto ministro de comercio. Recuerdo, cómo no, a Manuel Fraga Iribarne, un falangista que ya daba señales de estar haciendo méritos para ser presidente del primer gobierno del rey a la muerte de Franco. No lo consiguió. Le birló el puesto un anodino falangista. A Fraga le llamábamos “el abominable hombre de las nueve”. A esa hora en punto llegaba al aula, subía al estrado, declamaba su lección de pie mirando a las ventanas de la derecha y, cuando acababa, se marchaba precipitadamente con su gran cartera y a grandes zancadas atropellando a quien se le pusiera por delante. Puso como lectura obligada un libro escrito por él que casi tenía más páginas con notas a pie de página que de texto. Su erudición era torturante.

También recuerdo a Enrique Fuentes Quintana, de convicciones tan falangistas que declinó ir a El Escorial a dar lecciones de economía a Juan Carlos de Borbón en su fase de preparación como futuro rey. También rehusó hacer lo mismo José Luis Sampedro, pero este por motivos diferentes. Alegó que si el Borbón quería estudiar economía que se matriculara en la facultad como los demás españoles. Sampedro no aspiraba a la política. A él le tiraba más la literatura. Andando los años llegó a ocupar un sillón en la Real Academia Española. Ya entonces había publicado su novela Congreso en Estocolmo. Fuentes Quintana sí ocupó un relevante puesto en el gobierno de Adolfo Suárez como vicepresidente. Tuvo un papel muy destacado en los Pactos de la Moncloa de 1977.

Los estudiantes universitarios, cualquiera que fuera su facultad, tenían, además de las específicas de cada curso, tres asignaturas que fueron llamadas “las tres marías”: formación del espíritu nacional (sobre las bases doctrinales e ideológicas del Régimen), religión (sobre la doctrina de la Iglesia Católica, Apostólica y Romana) y formación física (gimnasia de salón y atletismo)

De cara al interior, el Régimen continuó desarrollando su superestructura ordenancista implando el 17 de mayo de 1958 la ley del Movimiento Nacional,  nombre que se le dio al partido único del Régimen, inspirado en Falange Española y de la JONS y en el Tradicionalismo una vez que estas dos fuerzas habían quedado integradas en FET de las JONS durante la guerra. De cara al exterior, España ingresa el 15 de septiembre del  mismo año en la Organización Europea de Cooperación Económica (OECE) predecesora de la actual OECDE, en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y en el Banco Mundial.

El 2 de abril de 1959 fue inaugurado por Franco el mausoleo del Valle de los Caídos, un monumento de calibre faraónico en el que trabajaron los presos republicanos y en el que reposan los restos de los vencedores y hay quien dice de los vencidos aunque, también se dice, sin contar con el permiso de sus familiares. Es el mausoleo al que fueron traslados desde Alicante los restos del fundador de Falange, José Antonio Primo de Rivera, por los camaradas falangistas en una espectacular comitiva a pie con antorchas y pendones. Años más tarde se inhumaron los restos del dictador en una tumba aledaña uniendo en la muerte a los que en vida habrían estado llamados a disentir políticamente. Se ha dicho que la muerte del Fundador le fue favorable a Franco y que esa es una de las razones por las que naufragaron las negociaciones con los republicanos para salvarlo del fusilamiento. Lo que sí es cierto que, de haber estado vivo José Antonio, Franco no habría sido el Jefe Nacional de Falange. Su muerte le permitió a Franco usurpar su lugar y suprimir en 1938 el punto 27 de este partido, justo el que impedía la fusión que ordenó Franco con el Tradicionalismo para constituir FET de las JONS, la espina dorsal de la doctrina franquista, un falangismo sin Falange. Con esta usurpación, Franco, que ya había sido autonombrado Jefe Supremo del Ejército Nacional, consiguió ser también el Jefe Supremo del Parido Único. Las bases de su encumbramiento al poder total y vitalicio quedaron puestas sin oposición real. Solo le faltaba que la guerra que iba a ganar terminara.

El decenio se cerró con el Plan de Estabilización el 21 de julio de 1959 tras el visto bueno del FMI y la OECE. El plan, elaborado por los tecnócratas del OPUS Dei que sustituyeron en el Gobierno de Franco a los falangistas, se propuso sanear la economía española, acabar con el Comercio de Estado, fijar un valor de cambio de la peseta en el concierto de las divisas mundiales, establecer intercambios comerciales libres con el resto del mundo y contener y reducir la alta tasa de inflación. Como se sabe, un plan de estabilización ortodoxo equivale a hacer caer el peso del saneamiento del sistema productivo en los trabajadores mediante la congelación de sus salarios y en fuertes recortes del gasto social. Lo cual supone que tanto los salarios como los gastos sociales habían estado subiendo por encima de la productividad del trabajo y de la competitividad en el exterior contradiciendo de alguna forma la acusación que la oposición clandestina venían haciendo al Régimen de practicar una política antisocial. En este sentido siempre recordaré el enojo que mostraban los terratenientes que contrataron a mi padre por lo que consideraban como una legislación laboral y fiscal perjudicial para los intereses de las clases altas.

Los estudiantes universitarios de mi pueblo creamos el Centro Cultural Oducia en el que dábamos conferencias sobre historia, cultura, humanismo, arte y pensamiento político. En alguna de ellas se expuso la teoría darwiniana de la evolución de las especies. El párroco arremetió contra nosotros en una de sus homilías dominicales para rebatir agriamente que defendiéramos que el hombre procede del mono. Lo cuento porque estos debates expresaban una cierta libertad de expresión contra lo que se venía diciendo por los críticos del Régimen.

El tercer decenio

Durante los tres meses de verano de los dos primeros años del nuevo decenio hice en un campamento de la Instrucción Premilitar Superior los cursos de sargento y de alférez de complemento. Se trataba de cumplir el obligatorio servicio militar de todos los españoles varones pero bajo un sistema especialmente diseñado para estudiantes universitarios, las llamadas milicias universitarias. El campamento era en realidad una academia de formación más cuartelera que militar. Los aspirantes vivíamos en tiendas de lona con doce plazas. Comíamos el rancho cuartelero en grandes barracones. Las materias que se impartían en el campamento eran topografía, estrategia, historia del ejército, instrucción para los desfiles, tiro con fusil CETME, lanzamiento de granadas y prácticas nocturnas de campo. Los participantes quedaban así convenientemente formados y adiestrados para, en caso de guerra, servir a los intereses de la Patria entendidas de acuerdo con el Régimen. El campamento estaba a los pies del monte de Matabueyes, lugar de las prácticas de la Academia de Artillería cercana. Por esta razón, a menudo los cabaleros cadetes y los sargentos tuvimos que apagar los fuegos que provocaban los obuses. El día de la Fiesta Nacional del 18 de julio de 1962 desfilamos ante el Generalísimo de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire y Jefe del Estado Español para lo cual recibimos dosis extraordinarias de instrucción en el espacio conocido por el Llano Amarillo, un espacio que era verde y terminaba pajizo a base de los ejercicios de instrucción que hacíamos diariamente los aspirantes a alféreces provisionales.

En 1963 aparece la llamada ley de Bases de la Seguridad Social, cuyo objetivo principal fue la implantación de un modelo unitario e integrado de protección social, con una base financiera de reparto, gestión pública y participación del Estado en la financiación. A pesar de esta definición de principios, muchos de los cuales se plasmaron en la Ley General de la Seguridad Social de 1966, con vigencia de 1 de enero de 1967, lo cierto es que aún pervivían antiguos sistemas de cotización alejados de los salarios reales de trabajadores, ausencia de revalorizaciones periódicas y la tendencia a la unidad no se plasmó al pervivir multitud de organismos superpuestos.

En lo que mejor y de forma más contundente se apreciaba la más pura esencia del franquismo era en el campo de las libertades cívicas. Empezaré por referirme a la libertad de asociación y reunión. Para la celebración de reuniones o manifestaciones se requería la autorización del Ministerio de la Gobernación, pidiéndose con amplia antelación y por vía del Gobierno Civil de la provincia. En la solicitud debía constar el objeto del acto, quiénes intervendrían y los temas que iban a tratar. De esta obligación sólo quedan exentas las reuniones de las asociaciones legítimamente establecidas y las procesiones religiosas. En 1964 se implantó la ley de asociaciones, la cual fijaba que las “sesiones generales” de las asociaciones acogidas a dicha disposición legal debían comunicar al Gobernador Civil con setenta y dos horas de antelación la fecha y la hora de las mismas.

Esta Ley de Orden Público no sería derogada hasta la ley de mayo de 1976, ya en plena Transición, y aún ésta «regulaba, con muchas cautelas todavía, el derecho de reunión», lo que significaba  que la vida de las asociaciones aún estaba sometida a una legislación muy restrictiva. Sin embargo, y hasta que llegue ese momento, la propia Ley de Asociaciones introducía fuertes restricciones a la libertad de expresión y reunión, pues estipulaba en su artículo 10.2. 1º, que las autoridades podían suspender hasta por tres meses aquellas cuyo funcionamiento no se ajustase a lo establecido, por el 10.3. 2º, que sus propias decisiones y acuerdos podían ser suspendidos y, por el 10.6. 3º, que los gobernadores civiles podían multarlas con hasta con 25.000 pesetas y el Ministerio de Gobernación con hasta 500.000

Es más que significativo sobre las precauciones acerca del orden público que toma el régimen franquista que en una ley que regula la mayor parte del asociacionismo se hable de las penas y sanciones posibles. De este modo y como afirma Pere Ysàs, «las acciones que respondían al simple ejercicio de derechos básicos, como organizar una concentración o una manifestación, comportaba inevitablemente la transgresión de la legalidad dictatorial, como lo era la difusión escrita de un determinado problema o demanda»

Otro de los campos más fuertemente regulados, y reprimidos durante el franquismo fue, como ya se ha dicho, el de la libertad de expresión. Los vencedores aprendieron de la guerra que los medios debían cumplir una función social de servicio público. Se desarrolló entonces la teoría de la responsabilidad social de los medios.

Entre 1945 a 1970 se vivió una etapa de expansión económica que repercutió en el desarrollo del sector informativo. Los Estados democráticos se caracterizan por defender, entre otras, la libertad de expresión y, al mismo tiempo, establecen normas de control de los medios. Paralelamente, los Estados se convierten en dueño de diarios, emisoras de radio y cadenas de televisión públicas. El negocio informativo crece y las empresas de información aumentan su poder. Esto favorece la concentración de los medios (cada vez menos empresas son dueñas de más medios), a pesar del control de los Estados que promulgan leyes antimonopolio. Sin embargo, mientras que en los Estados democráticos se asienta definitivamente la libertad de expresión, esto no representa la situación de la España del franquismo, donde se mantuvo la ley de prensa de 1938, pensada para el control férreo de las publicaciones durante la Guerra Civil hasta 1966. Sus características más importantes son la censura previa y las llamadas “consignas” a través de las cuales el ministerio de Información y Turismo podía ordenar la inserción de artículos, incluso de editoriales, con una determinada tendencia o contenido. Las cabeceras de los periódicos de Madrid representaban la mínima pluralidad que se consentía entre las distintas familias del régimen.

El 18 de marzo de 1966 se implanta la ley de prensa e imprenta. En 1962, Manuel Fraga Iribarne, uno de los franquistas considerados “liberales” del Régimen fue nombrado por Franco ministro de Información y Turismo. Fraga pretendía iniciar un tímido proceso de liberalización y de reducción de las consignas que culminaría con la Ley de prensa e imprenta del 66, complementada por el Estatuto de la Publicidad de 11 de junio de 1964, el Estatuto de Publicaciones Infantiles y Juveniles de 19 de enero de 1967 y el Estatuto de la Profesión Periodística, entre otros textos normativos. Fraga impulsó 1966 una nueva que abolió la censura previa y las “consignas”. Sin embargo, esta liberalización fue sólo parcial, ya que siguió prohibida la publicación de ciertas opiniones, por ejemplo, la crítica abierta del régimen. Además, se reforzó el principio de la responsabilidad civil e incluso penal de los redactores que infringieran las disposiciones de la ley. De esta forma, se pretendió sustituir el sistema de censura previa por un sistema de autocensura de los órganos de prensa.

El artículo segundo de la ley de 1966 establecía que la libertad de expresión y el derecho a la difusión de información, reconocidas en el artículo primero, no tendrán más limitaciones que las impuestas por las leyes: el respeto a la verdad y a la moral; el acatamiento a la Ley de Principios del Movimiento Nacional y demás Leyes Fundamentales; las exigencias de la defensa Nacional, de la seguridad del Estado y del mantenimiento del orden público interior y la paz exterior; el debido respeto a las instituciones y a las personas en la crítica de la acción política y administrativa; la independencia de los Tribunales y la salvaguardia de la intimidad y del honor personal y familiar.

Los principales cambios de esta ley con respecto a la anterior de 1938 se pueden resumir en:

  • La empresa periodística pasa del dominio del interés nacional al dominio de la iniciativa privada.
  • Se anulan las consignas y la censura previa como procedimiento normal, reservadas a partir de ahora solamente a casos de emergencia nacional o guerra.
  • Impone el depósito previo de publicaciones.
  • Establece el concepto de información de interés general por la cual el gobierno podía obligar a cualquier publicación a insertar gratuitamente notas provenientes de la Dirección General de Prensa.
  • Contempla el secuestro administrativo de publicaciones.
  • Prevé sanciones para quien escriba o publique lo que se considere contrario a los Principios Fundamentales del Movimiento y el ordenamiento jurídico general del franquismo.
  • Permite a los/las periodistas recurrir las posibles sanciones administrativas a través del contencioso-administrativo.

No obstante, durante los próximos años, varios periódicos trataron de explorar los límites de lo que se consideraba como cierto aperturismo en las restricciones a la libertad de expresión, a través de textos provocadores y críticas más o menos encubiertas del régimen. En este contexto, tuvieron especial importancia los diarios Madrid, El Alcázar y Nuevo Diario. Los tres periódicos, que formaron la autodenominada prensa independiente, fueron dirigidos por miembros aperturistas del Opus Dei, quienes intentaron aprovechar los lazos de esta organización católica para liberalizar el régimen (a pesar de que, justamente, los ministros opusdeístas formaron parte del núcleo más conservador dentro del gabinete franquista). Sin embargo, a partir de 1968 el desafío de la prensa independiente al régimen provocó reacciones drásticas por parte del ministerio de Información, que finalmente llevaron a un relevo de las empresas editoras de El Alcázar y de Nuevo Diario en 1969 y al cierre de Madrid en 1971.

Después del cese de Fraga como ministro de Información en 1969, además, se volvieron a intensificar la censura y los secuestros de periódicos. Sin embargo, durante los últimos años del régimen, también los periódicos más establecidos (como La Vanguardia y, en menor grado, ABC y Pueblo) aprovecharon el relativo liberalismo de la ley de prensa para diversificar el discurso político y criticar —aunque siempre de forma moderada solapada— las políticas del régimen. De esta manera, en el momento de la muerte de Franco, los periódicos fueron el lugar donde se llevaron a cabo los debates políticos más controvertidos e importantes del país. Mientras las instituciones políticas como Las Cortes seguían controladas por los sectores ortodoxos del régimen, la Prensa se había convertido, según una expresión de la época, en un parlamento de papel.

Los años del franquismo fueron también los del florecimiento de publicaciones periódicas infantiles, entre las que sobrevivía el TBO. Alguna hubo de claro encuadramiento político en el Régimen, como Fledhas y Pelayos. La revista de humor gráfico La Codorniz, el periódico para más audaz para el lector más inteligente, cuyos orígenes intelectuales estaban inspirados en el falangismo, las vanguardias artísticas y el surrealismo, evolucionó pronto hacia un humor amargo y desencantado que le trajo no pocos problemas con la censura y dio paso en los años setenta a otras publicaciones de humor adulto que siguieron rozando el límite de lo permitido, desde una posición claramente progresista: Hermano Lobo, El Papus y El Jueves.

Lo que pretendía esta ley era crear un marco jurídico intermedio entre la restrictiva ley de 1938 y las libertades de los países democráticos de nuestro entorno. Aunque no fue una panacea, sí permitió una mayor libertad de movimiento de ideas de la que algunos medios se valieron para mostrar una actitud abiertamente más crítica con el régimen.

Los llamados planes de Desarrollo Económico y Social introdujeron en España la moda entonces en vigor de la planificación que se dio en calificar de indicativa para diferenciarla de la planificación central que se estaba practicando en la URSS desde los tiempos de Stalin. Fueron tres los planes que se ejecutaron. Con ellos se superó el período estructural económico denominado Autarquía, que se remontaba a los dos decenios anteriores. Arrancan del ya citado plan de estabilización. Se reconoce que estos planes provocaron un potente crecimiento económico, con una tasa media acumulativa del 7,2% anual en el aumento del PIB. A esos años se les conoce como la época del desarrollismo. Buena parte del éxito de los planes estuvo basado una balanza comercial desequilibrada (las importaciones permitían el take-off económico), cuyo déficit se compensaba con remesas de la emigración obrera a Europa y con ingresos por turismo, así como con las entradas directas de capital extranjero que fueron liberalizadas. La subsecuente industrialización contó con la existencia de los denominados polos de desarrollo: zonas de preferente instalación de empresas industriales, como Valladolid y Vigo (donde se instalaron fábricas automovilísticas de Renault y Citroën, respectivamente), Puertollano (refinería), etc.

Se creó un ministerio ad hoc, el de Planificación, que desde 1967 a 1973 ocupó Laureano López Rodó, persona destacada entre los llamados tecnócratas del Opus Dei, grupo que actuaba como una de las familias del franquismo con mayor control sobre el área económica, las cuales cayeron en desgracia con el escándalo Matesa del que más adelante me ocuparé.

El Tercer Plan de Desarrollo tuvo que declararse inconcluso, por estrangulamiento financiero, iniciándose la transición estructural de la economía española, que se solaparía con la Transición a la Democracia política tras la muerte del Dictador. Los analistas reconocen que esta política económica fue la llave de lo que se llamó el milagro económico español, un milagro, que, como ya he apuntado, recayó en los trabajadores. Los que emigraron a la Europa industrializada (Francia, Suiza, Alemania….) afrontaron un sinfín de penalidades (desarraigo, separación familiar, adaptación…) y los que se quedaron, muchos de los cuales también emigraron pero a regiones industrializadas (País Vasco, Madrid, Cataluña…), asumieron una rebaja salarial real considerable.

El 31 de julio de 1961 se creó la organización vasca ETA para conseguir la independencia de las entonces llamadas Provincias Vascongadas, Guipúzcoa, Vizcaya y Álava por medio de la violencia armada. Todos fuimos tan inocentes que creímos que ETA era una forma de antifranquismo y por eso cometimos la iniquidad de verla con buenos ojos. El antifranquismo en la oposición clandestina fue por eso cómplice de los asesinatos de ETA. Tuvo que desaparecer el franquismo sin que desapareciera ETA para que se pusiera de manifiesto tan incalificable error. Pues ETA siguió matando después de la muerte de Franco. La izquierda aún no lo ha reconocido.

Del 5 al 8 de junio de 1962 tuvo lugar el llamado por el Régimen “Contubernio de Múnich” por la ciudad alemana en la que tuvo lugar el encuentro de los representantes de todas las tendencias democráticas para solicitar a la Comunidad Económica Europea que exigiera al Régimen la democratización de España para poder ingresar en este club.

La primera legislación sobre viviendas de protección oficial (VPO) en España arranca del Decreto de 24 de julio de 1963, desarrollado por el reglamento de 24 de julio de 1968. La norma diferenciaba dos grupos de vivienda, las de Grupo I, orientadas a clases medias y altas, y cuyo principal incentivo era la financiación, y las de Grupo II, que además recibían préstamos, primas e incluso subvenciones.

Mención especial tiene la creación del Tribunal de Orden Público el 1 de abril de 1963. El nuevo organismo se hizo cargo de las funciones que venía ejerciendo el llamado Tribunal Especial para la Represión de la Masonería y el Comunismo creado el 1 de marzo de 1940.

Antes de terminar este decenio hay que mencionar que durante el mismo el Régimen siguió desarrollando su entramado digamos legislativo. En 1967 se implantó la llamada ley Orgánica del Estado mediante la cual se estableció por primera vez en el Régimen la división de funciones entre el Jefe del Estado y el Presidente del Gobierno aunque de momento las dos funciones quedaron en manos del Caudillo. Pero fue el 22 de julio de 1969  cuando las Cortes franquistas nombraron a Juan Carlos de Borbón como sucesor de Franco a título de Rey previo juramento del para entonces príncipe de España de los Principios del Movimiento Nacional, el sucedáneo franquista de una Constitución.

En 1964 decidí formar una familia gracias a que, por ser ya titulado, pude opositar a un puesto de investigador en el centro donde trabaja desde antes de terminar la licenciatura. Ese centro era el Consejo Superior de Investigaciones Científicas. El CSIC entroncó desde su creación en 1940 con la Junta de Ampliación de Estudios e Investigaciones Científicas (1907–1939) que, surgida en el seno de la Institución Libre de Enseñanza e inspirada en la filosofía krausista, fue en España la institución encargada, con algunos éxitos notables, de sacar a la ciencia española de su atraso. Sin embargo la JAE fue desmantelada por un decreto del gobierno de Burgos, presidido por Franco, de 19 de mayo de 1938, traspasando sus servicios al llamado Instituto de España y a las universidades.

Los años sesenta, los llamados años del desarrollismo, España, sin dejar de ser un país políticamente fuera de la órbita occidental, en la cual la democracia era la norma, empezó a homologarse con los países de su entorno desde el punto de vista de su sistema productivo. Cada vez más familias podían optar a uno niveles de consumo en sostenido crecimiento. El coche se popularizó con el Seat 600. La segunda residencia despuntó y con ella la proliferación de urbanizaciones alrededor de las grandes ciudades. Dado que su sistema político no estaba en línea, el ingreso en el Mercado Común quedaba fuera de sus posibilidades.

Antes de que acabara el decenio, en julio de 1969, estalló el caso Matesa. Por su carga de desprestigio de un Régimen que tanto blasonaba de dignidad y corrección merece la pena copiar el texto que sigue tomado del periódico El Mundo de 19 de enero de 2007 cuyo autor es J. M. Bustamante:

 ESCÁNDALO ECONÓMICO DEL FRANQUISMO

  • La empresa de telares de Vilá Reyes se benefició fraudulentamente de créditos oficiales
  • El caso enfrentó en 1969 a dos facciones del régimen: ‘azules’ y ‘tecnócratas’

Franco, aunque entre persistentes rumores sobre su delicado estado de salud, se preparaba para celebrar el trigésimo quinto aniversario de su elevación a la Jefatura del Estado. El 22 de julio de 1969, el dictador había designado sucesor a Don Juan Carlos, cerrando un periodo traumático. Pero el final de ese año le tenía reservado una desagradable sorpresa: un escándalo económico daría paso al definitivo ocaso del régimen.

En la primera quincena de septiembre, el Gobierno encargó investigar un caso de corrupción. Informaciones inquietantes sobre una desconocida empresa llamada Matesa (Maquinaria Textil del Norte de España, S.A.) fueron conquistando las páginas de la prensa del Movimiento, desbancando a las noticias sobre el veraneo en Palma o en Marbella y demás cotilleos del relajado periodo estival. Creada por un financiero catalán, Juan Vilá Reyes, aventajado hijo de la emprendedora burguesía barcelonesa y más conocido para el gran público por presidir el club de fútbol “Español” de Barcelona, la compañía fue saludada como la primera multinacional española.

Su éxito se basó en la fabricación de un revolucionario telar sin lanzadera, marca Iwer, cuyas piezas importaba desde EEUU y que se montaba en España. El telar era presentado como un producto nacional del que supuestamente se exportaban miles de unidades, vendidas a numerosas empresas filiales que la propia empresa había establecido en varios países. Un modelo de ‘holding’ financiero en pleno auge del desarrollismo.

En realidad, el telar se vendía muy poco y mal en el mercado internacional. La empresa empezó a exportar sin freno para beneficiarse de los créditos y ayudas oficiales. Cientos de telares se almacenaban en los depósitos de la compañía, dentro y fuera de España, mientras las empresas filiales los compraban en una operación de ‘autoventa’. Hasta agosto de 1969, Matesa había recibido créditos por valor de unos 10.000 millones de pesetas, y se había beneficiado de un 11% de desgravación fiscal. Un escándalo financiero de esa magnitud no podía pasar desapercibido a pesar de la opacidad del régimen, y mucho menos si hacían su aparición fuertes intereses políticos.

La ocasión parecía que ni pintada para que los dirigentes del Movimiento – los llamados azules o franquistas -plantaran batalla al sector emergente que le hacía sombra: los todopoderosos ministros económicos salidos del Opus Dei – los llamados tecnócratas, profesionales del Opus Dei, los cuales habían propiciado las operaciones fraudulentas de Matesa.

El 28 de julio de 1969, Vila Reyes fue detenido en su domicilio. Su hermano Fernando y su cuñado Manuel Salvat Dalmau, directivos de la empresa, ingresaron en la cárcel de Carabanchel. Todo estaba preparado cuidadosamente para el asalto final. La estrategia de los ‘azules’, con Manuel Fraga, ministro de Información, y José Solís, como cabezas visibles, era clara: descargar la artillería pesada de la prensa del Movimiento contra las huestes de los ‘tecnócratas’.

El diario ‘SP’, próximo a Falange, entró al trapo el 9 de agosto con un editorial de primera página: “El control público de la empresa privada Matesa lleva camino de convertirse en “affaire” más sonado de los últimos 30 años, es decir, desde 1939, pues sus incidencias económicas y financieras (…) bordean las fronteras del escándalo, la ligereza y el fiasco”. Los lectores asistían atónitos a una libertad informativa sin precedentes, que no tardó en volverse contra sus instigadores. Así lo intuía ‘Nuevo Diario’: “El hombre de la calle, espectador mudo y asombrado (…) adivina que, en el fondo, se está ventilando una durísima y nada académica lucha por el poder”.

El propio Vilá Reyes denunció posteriormente la ‘confabulación’: “Así se provoca el mayor escándalo público del franquismo. Todos los medios de comunicación oficiales desencadenaron una intensa campaña (…) Tan sólo en los diarios de Madrid aparecieron, en un mes y referidos a este tema, 44 editoriales, 14 chistes, 371 informaciones -74 en primera página- …”. Uno de los chistes más celebrados lo firmó el viñetista Chumy-Chúmez en el diario ‘Madrid’: dos caballeros barrigones toman el sol en la playa. Uno dice: “Pues yo, hasta que empiece la Liga, tengo bastante con lo de Matesa…”.

El cerebro del Régimen, el almirante Carrero Blanco, alter ego del Caudillo, y por entonces aún más que nunca por el ya inocultable deterioro físico de Franco, no se había pronunciado claramente, pero no tardó en hacerlo. Para el almirante Carrero Blanco, el asunto Matesa era uno de los “cuatro problemas políticos que si no se resuelven en su conjunto con la debida urgencia” podrían “erosionar seriamente nuestro régimen”.

Carrero Blanco estaba ultimando la mayor crisis de gobierno del franquismo: “En el ‘caso Matesa’ hay que distinguir su vertiente económica y su vertiente política, es decir, entre el hecho del fallido bancario de mayor volumen registrado en España y el de su escandalosa politización mediante una campaña de Prensa que ha lesionado no sólo el crédito exterior de nuestra economía, sino incluso la fama del Régimen al presentarlo como minado por la corrupción…”.

Era la sentencia de defenestración para los ‘azules’. Los ministros ‘tecnócratas’ del Opus Dei, que aparecían en los primeros momentos como seguras víctimas, saldrían finalmente reforzados de la crisis, gracias a la bendición de Carrero Blanco. El 29 de octubre se materializa la mayor remodelación ministerial del franquismo. El nuevo Gobierno fue identificado como “monocolor” por la abrumadora mayoría de los miembros del Opus Dei. Era la victoria completa de Carrero y del ‘tecnócrata’ Laureano López Rodó. Fraga y Solís salieron del Gabinete y se preparó el procesamiento de los ex ministros Espinosa San Martín, García Moncó y Navarro Rubio.

Los implicados en el caso se beneficiaron de una amnistía, después de que Vilá Reyes escribiera una atrevida carta a Carrero Blanco advirtiendo de que si no le absolvían haría pública una voluminosa documentación en su poder sobre evasión de divisas al extranjero. Aunque las acciones judiciales prosiguieron, la Audiencia Provincial de Madrid dictó sentencia en 1975 condenando a Vilá Reyes por estafa. Pasó cinco años en la cárcel y se benefició finalmente de la amnistía promulgada por el rey Juan Carlos por su nombramiento como sucesor de Franco.

Vilá Reyes intentó hasta su muerte aclarar el caso y salvar su nombre. El empresario -“de singulares cualidades humanas, buen deportista y gran intérprete de piano”, según Navarro Rubio, gobernador del Banco de España durante el escándalo- consideraba que, con el ‘caso Matesa’, a Franco “por primera vez algo se le fue de las manos. Sus intervenciones personales iban a ser tardías y torpes”.

Sin duda, el caso puso de relieve la escasa maniobra que le quedaba al Caudillo, dejándose llevar en todo momento por Carrero Blanco. Lo que Ricardo de la Cierva, nada sospechoso, definió como “el preludio de la agonía del régimen”. “Probablemente, un descrédito muy superior al de cualquier otro incidente de su larga historia”, según palabras del historiador Stanley G. Payne.

En el tercer decenio la tradicional dureza del Régimen estaba ya, pues, muy apaciguada. Había quien decía que la Dictadura era ya, como se decía, una dictablanda. La vida se hizo más llevadera. La gente se expresaba ya con más libertad, con menos miedo. Se criticaba abiertamente al gobierno en las conversaciones privadas y se hablaba mal de Franco sin tapujos. Los chistes sobre el Dictador eran frecuentes. Las monedas tenían la leyenda de que Francisco Franco era el Caudillo de España por la Gracia de Dios, pero muchos la parafraseaban cambiando la última parte por esta otra: Porque Dios es un Gracioso. Se comprende que Gustave Flaubert amara los sistemas políticos decadentes. Las ínfulas reformistas y los afanes inquisitoriales de todo nuevo régimen quedan suavizados más por cansancio que por convicción.

En julio de 1969 me propusieron trabajar en Porto Alegre (Brasil) en un proyecto para el gobierno de la Región Sur como técnico en comercialización de productos agrícolas y pesqueros. Se trataba de sustituir a otro técnico que había dejado el equipo justo dos meses antes de que acabara el contrato. Acepté y fui. Tuve la suerte de que el proyecto acabara a satisfacción del cliente y la empresa me contrató para participar en un nuevo proyecto. Volví a Porto Alegre con mi mujer y mis tres hijos. Más adelante volveré sobre este asunto.

El cuarto decenio

Tras la muerte de Franco y el comienzo de la “Transición”, el gobierno de Adolfo Suárez decidió la disolución del Sindicato Vertical, que para entonces se hallaba muy afectado por la infiltración de las Comisiones Obreras, de obediencia comunista. No obstante, la antigua estructura sindical se mantuvo y fue reconvertida en la Administración Institucional de Servicios Socioprofesionales (AISS), organismo que se hizo cargo del inmenso fondo documental y patrimonio inmobiliario que poseían la Organización Sindical, la cual tuvo categoría de ministerio. Posteriormente, dicho patrimonio fue transferido a las dos grandes centrales sindicales, UGT y CCOO.

La necesidad de cambio en los años setenta era ya patente en España en el nivel social, en el político y en el educativo. Era necesaria una ley que abarcase la totalidad del sistema educativo nacional que se implantó en 1970. Se pretendía dotar al país de un sistema educativo más justo, más eficaz y más en consonancia con las necesidades de los españoles. Los criterios básicos para esta ley fueron la unidad, abarcando los distintos niveles educativos, la interrelación entre ellos, y la flexibilidad. La promulgación de esta trascendental ley educativa tuvo lugar siendo ministro de Educación J. L. Villar Palasí, verdadero artífice de la misma

La estructura del sistema educativo quedó establecida como sigue:

  • Educación Maternal, de dos a cuatro años. Era voluntaria y se impartía fundamentalmente en centros privados y guarderías.
  • Educación Preescolar, de cuatro a seis años. Era voluntaria y se impartía en centros públicos y privados por profesores especialistas en Preescolar. El currículo se limitaba a los aspectos madurativos y a la preparación para las materias instrumentales: prelectura, preescritura y precálculo.
  • (EGB), de seis a catorce años. Era obligatoria y gratuita. Los ocho cursos estaban divididos en dos etapas (Primera Etapa los cinco primeros cursos y Segunda Etapa, los tres restantes) y tres ciclos.
  • El Ciclo Inicial, de seis a ocho años de edad, comprendía los dos primeros cursos.
  • El Ciclo Medio, de ocho a once años, abarcaba los cursos tercero, cuarto y quinto.
  • El Ciclo Superior, de doce a catorce años, comprendía los tres últimos cursos.

El alumnado podía obtener uno de estos dos títulos:

  • Graduado Escolar, cuando se superaban con éxito los objetivos de los ocho cursos de EGB. Permitía al alumnado continuar estudios de Bachillerato o de Formación Profesional.
  • Certificado de Escolaridad, que acreditaba haber cursado los ocho años de escolaridad pero no informaba de su aprovechamiento. Sólo daba acceso a la Formación Profesional o al abandono del sistema educativo.

La estructura interna de las materias se estableció en las Nuevas Orientaciones Pedagógicas (1970). El profesorado en esta Ley abarcó a los antiguos Maestros de Primaria homologados con los procedentes de la Reforma que por primera vez los incluía en la Universidad con rango de Diplomados Universitarios y títulos de profesores de Educación General Básica.

  • Bachillerato Unificado y Polivalente (BUP). Constaba de tres cursos, de los quince a los dieciocho años. Había materias comunes en el primer curso y una moderada diversificación después en función de la especialidad (letras, ciencias, y mixtos de ambos). A su término, si se superaban con éxito las enseñanzas, se obtenía el título de Bachiller. Para acceder a la Universidad era preciso hacer el Curso de Orientación Universitaria (COU), en sustitución del Curso Preuniversitario, que nació con la pretensión de orientar al alumno en la elección de carrera y terminó siendo un cuarto curso de Bachillerato, destinado, si acaso, a superar la llamada prueba de selectividad previa al ingreso den la Universidad.
  • Formación Profesional, destinada a los alumnos que no obtuvieran del Graduado Escolar o bien a los que les interesase una cualificación profesional para el mundo del trabajo. Tenía dos niveles: Formación Profesional de Primer Grado, de dos años de duración, y a cuyo término se obtenía el título de Técnico Auxiliar si se superan los estudios (o el Certificado de Escolaridad si no se superan); y Formación Profesional de Segundo Grado, de tres curso de duración, que permitía obtener el título de Técnico Especialista. La Formación Profesional se cursaba en Institutos de Formación profesional. La Formación Profesional fue duramente contestada por la oposición clandestina. En la Asociación de Vecinos de mi barrio la izquierda la atacó con dureza tachándola de ser la fórmula para evitar que los hijos de los trabajadores eligieran la que se consideraba elitista Universidad, reservada para las clases pudientes. Tardaría la izquierda en admitir su error.
  • La Educación Especial se vio fuertemente potenciada con esta ley, al igual que la Educación de Adultos y la Educación a Distancia, con la creación del CENEBAD (Centro Nacional de Educación a Distancia), el INBAD (Instituto Nacional de Bachillerato a Distancia) y la UNED (Universidad Nacional de Educación a Distancia)).
  • La Educación Superior se impartía en las Universidades, a las que se accedía después de cursar el COU o la FP2. Tenía tres niveles:
    • Diplomatura o primer ciclo, de tres años de duración. Se cursaba en las Escuelas Universitarias y no era preciso superar la Selectividad. A su término se obtenía el Título de Diplomado.
    • Licenciatura, Ingeniería o Arquitectura, de cinco años de duración. Se cursaba en las Facultades Universitarias después de superar la Selectividad.
    • Doctorado, máximo título universitario. Exigía cursar determinados créditos repartidos en dos años y terminaba con la presentación de la tesis doctoral.

El modelo de enseñanza seguido en esta Ley fue tecnocrático, de línea conductista. Seguía en términos generales una idea del aprendizaje de tipo proceso-producto. El modelo de profesor fue consecuentemente técnico y competente en el diseño de programas con objetivos claros y medibles.

La Ley General de Educación supuso un fuerte impulso a la educación española al reforzar y unificar el sistema educativo, e introducir innovaciones curriculares, organizativas y tecnológicas. Entre las medidas más progresistas y avanzadas de la LGE destacan:

  • Era la primera vez que en España, después de la Ley de Moyano, se promulgaba una ley que regula todo el sistema educativo, desde la educación preescolar hasta la universitaria.
  • Creó un tronco común, la Educación General Básica, de ocho años de duración.
  • Introdujo la Formación Profesional en el sistema educativo ordinario y su conexión con la Universidad.
  • Dignificó y elevó la carrera de Magisterio al rango universitario.
  • Estableció un sistema de becas para lograr la igualdad de oportunidades entre los estudiantes.
  • Institucionalización de la orientación escolar, personal y profesional.
  • Consiguió, por primera vez, la plena escolarización de los españoles en los niveles obligatorios, evitando la prematura selección.
  • Recomendó el desarrollo de métodos activos, individuales, originales y creativos.

La Ley de Financiación y Perfeccionamiento de la Acción Protectora de 1972 intentó corregir los problemas financieros existentes en las instituciones de la Seguridad Social, si bien, agravó los mismos al incrementar la acción protectora, sin establecer los correspondientes recursos que le dieron cobertura financiera.

El tercer plan de desarrollo se inició en 1972 y acabó en 1975 coincidiendo con el fin de la Dictadura con la muerte de Franco en 1975. Durante los últimos años del Régimen tuvieron lugar hechos en los que se reflejaron de forma sangrienta las señas de identidad con las que nació en 1936. En 1970 tuvo lugar el proceso de Burgos en el que fueron juzgados 16 etarras que habían ejecutado el jefe de la Brigada de Investigación Social de la comisaría de San Sebastián, Melitón Manzanas.

En febrero de 1970 me despedí de mi puesto de trabajo en Brasil y volví a Madrid con mi familia después de haber trabajado como consultor de Tecniberia en el proyecto que antes he citado. Me di de baja como consecuencia de que mi jefe, un economista que había sido adjunto en la facultad donde me licencié, dejó de darme trabajo como represalia por mi defensa de quien era el jefe de ambos, el cual se oponía a que no cumpliera el horario de la oficina. Había ido no a dirigir un estudio, cosa que no sabía hacer, sino a vender barcos de astilleros españoles a comisión. Añadiré que era franquista, rama falangista. Me reintegré en mi puesto de trabajo en el Departamento de Economía Agraria del CSIC como Ayudante Científico.

El Ayuntamiento de Madrid acababa de convocar elecciones a concejal por lo que el Régimen llamaba el tercio familiar (cabezas de familiar). Nostálgico de algún tipo de aventura que me compensara de mi experiencia en Brasil decidí presentarme como candidato. De acuerdo con las normas electorales redacté una declaración programática que fue publicada por la prensa y leída en las emisoras de radio de Madrid. Durante años conservé una copia de mi programa pero ya no la tengo. Pero sí recuerdo que mi intención con ella fue hacer una exposición abiertamente democrática. Debo añadir que el Régimen no la censuró, algo que, obviamente, me sorprendió. Mi candidatura fue objeto de sospechas por parte de la de un vecino. Nadie me conocía en mi barrio ni qué organización podía apoyarla. Por eso dieron en creer que esta tenía como finalidad dividir el voto de mi barrio para que no saliera elegido el candidato que podía vencer al candidato oficial, un falangista que además era el presidente de un conocido club de fútbol que aún existe.

Cuando los candidatos fuimos al Ayuntamiento de Madrid con el fin de recibir el documento acreditativo de nuestra candidatura de manos del alcalde, Carlos Arias Navarro, tuve oportunidad de conocer a mis tres adversarios. Fue entonces cuando decidí no hacer campaña electoral con el fin de no dividir el voto en mi barrio y reforzar con ellos las posibilidades de quien tenía alguna chance de salir elegido en vez del candidato gubernamental. Como era de esperar este candidato fue el elegido.

En respuesta a mi actitud, la Asociación de Vecinos del barrio, organización que apoyaba al candidato no elegido, me cooptó como vocal de su Junta Directiva en reconocimiento a mi actitud. La Asociación había sido creada en los años sesenta para apoyar las reivindicaciones de los compradores de viviendas ante URBIS, una empresa asimilada al Opus Dei, que había construido y vendido el reciente barrio. Cuando yo llegué a la asociación, esta estaba ya muy agotada. Al poco de estar en ella, la Junta Directiva me propuso como nuevo presidente. Acepté con reticencias pero me animó el objetivo de hacer de la asociación una escuela de democracia, una opción que ya se venía vislumbrando en el horizonte. En su boletín interno escribí varios artículos en los que me mostraba partidario de ella y lo mismo hice en las asambleas que presidí. En mis intervenciones no dejaba de promocionar la necesidad de conquistar las libertades que teníamos secuestradas por el Régimen. Procuraba, eso sí, dejar la convicción de que la democracia era una condición necesaria aunque no suficiente para mejorar el nivel de vida. Pues ya barruntaba que si la gente creía en ella como en una especie de bálsamo de Fierabrás podría caer en el desencanto de quien se puede sentir defraudado porque algunos problemas no fueran resueltos de la noche a la mañana. Un día me enteré de que uno de los miembros de la Junta era el Comisario político del Régimen, y que, antes de mi nombramiento, se había informado en el Secretariado General del Nacional del Movimiento de que yo figuraba como afiliado en el mismo. Me sorprendí al saberlo porque lo ignoraba. Luego deduje que el Jefe Local de Falange de mi pueblo me había afiliado al Movimiento sin informarme de ello, al Partido Único del Régimen, una vez cumplida mi mayoría de edad y mi consiguiente salida del Frente de Juventudes. Durante mi actividad asociativa supe que en el barrio había células de varios partidos clandestinos. Además del PCE estaba al ORT de filiación maoísta, el PCE, sección internacional, crítica con el PCE, y los llamados Cristianos de Base, dirigidos por párrocos del barrio que militaban en el sindicato comunista Comisiones Obreras. Eran los llamados “curas obreros”, de filiación comunista. Uno de ellos era Mariano Gamo, cura, obrero, comunista y afiliado al sindicato CCOO. Estuvo preso en Carabanchel. Otro era uno de los hermanos Fernández Ordoñez, no recuerdo su nombre, Su hermano Francisco pasó del Régimen a la UCD de Suárez y después al PSOE, un caso destacado de transfuguismo político. Ocupó varios ministerios durante la Transición. Debo constatar que en el barrio los socialistas brillaban por su clamorosa ausencia.

Durante el ejercicio de mi presidencia, la Asociación centró toda su actividad en la denuncia de la falta de colegios estatales y gratuitos. Propicié la formación de la Comisión Mixta de Enseñanza con la Asociación de Amas de Casa. Los grupos clandestinos vieron en ella la ocasión para hacer política de oposición al franquismo de forma abierta y “legal”. En 1974, la Comisión Mixta de Educación decidió pedir una entrevista al entonces Ministro de Educación, Cruz Martínez Esteruelas, pero no previa y oficialmente, sino de inmediato, por sorpresa, habida cuenta de que lo que se buscaba (por las fuerzas de la oposición clandestina) era hacer una demostración de fuerza, bajo el amparo de una asociación legal, y no tanto resolver la carencia de colegios en el barrio, un asunto que era más un pretexto que una meta a conseguir. Para ello se fijó el día 13 de septiembre. Un grupo de asociados se presentaría en el zaguán de la calle de Alcalá, 34, sede del ministerio y allí mismo se “exigiría” ser recibidos por el mismísimo ministro. Previamente, presentaríamos un escrito en el Registro del Ministerio.

Cuando amaneció el día 13 de septiembre de 1974 nos enteramos de que había tenido lugar un atentado de ETA-V Asamblea en la cafetería Rolando causando un total de trece muertos y varias decenas de heridos. El atentado tuvo diversas implicaciones políticas: contribuyó a frenar el tímido aperturismo del gobierno franquista Carlos Arias Navarro y salpicó al clandestino PCE, que fue acusado de colaboración con el terrorismo. El atentado marcó definitivamente a ETA como una organización terrorista y agravó su preexistente división interna que conduciría poco después a la escisión de la llamada ETA militar. ETA-V Asamblea no llegó a reivindicar la autoría del atentado e, incluso, afirmó que había sido cometido por grupos de extrema derecha próximos al Régimen. Los autores nunca llegaron a ser juzgados y pocos años después, en 1977, se beneficiaron totalmente de amnistía general que concedió el gobierno de Adolfo Suárez.

Obviamente, ese día no era adecuado para que se forzara una entrevista con un ministro del Régimen que había sido tan duramente golpeado y la pospusimos. Meses más tarde la Comisión decidió ejecutar lo que había sido abortado con prudencia. Como presidente de la Asociación y de la Comisión yo portaba el escrito a registrar. Llegué al zaguán antes que los demás y decidí aprovechar la espera registrando el escrito. Pero en el Registro me dijeron que tenía que presentarlo en el registro personal del ministro porque iba dirigido nominalmente a él. Así que subía a la primera planta. Cuando presenté el escrito me dijeron: pase a esta sala de espera y aguarde. La sala era la dedicada a la Comisión de Enseñanza. Tenía una mesa de varios metros de longitud y muchos sillones alrededor. Y seguí aguardando, los minutos pasaban y yo seguía aguadando. Tanto que pensé que mis compañeros podían estar esperándome en el zaguán, donde habíamos quedado. No sabía qué hacer, si seguir esperando y bajar para dar señales de vida cuando por el extremo opuesto de aquella larga sala se abrió una puerta y apareció un señor que le llamó y me invitó a pasar a un lujoso despacho. Era el despacho del ministro y quien fue a buscarme era el subsecretario, Federico Mayor Zaragoza. Saludé al ministro que me señaló un sillón para tomar asiento. La entrevista estaba teniendo lugar, sí, pero sin los demás comisionados. ¿Qué hacer? Opté por exponer al ministro las carencias que el barrio tenía de plazas escolares “estatales y gratuitas” (la frase fue elevada a eslogan por su fuerza reivindicativa por sugerencia del militante de un partido de izquierdas). En el barrio, le informé, hay solares disponibles con destino a la construcción de centros escolares. El ministro escuchó mis quejas y llamó al concejal de Educación del Ayuntamiento que estaba destinado en el Ministerio, Enrique Villoria. Cuando este se presentó, el ministro le dijo: Pida usted un coche oficial y acompañe a este señor al barrio para que se informe de la localización de solares disponibles para colegios.

Villoria y yo salimos del despacho del ministro y, al llegar al zaguán, mis compañeros me miraron con caras de pocos amigos. Aun así, subimos al coche el concejal y yo, no sin antes informar a mis compañeros de que nos veríamos en el barrio. Una vez en el barrio mostré a Villoria los solares disponibles para colegios.

Pero no quedó todo ahí. Los asociados, sobre todo los militantes de los partidos clandestinos existentes en el barrio, me acusaron de que yo me había comportado según un plan urdido por mí, por personalismo y por abuso de poder. Fui sometido a las deliberaciones de un colectivo, abierto a todos los que quisieran participar, a modo de tribunal, cuyo objetivo no era otro que pedirme explicaciones por lo que se consideraban una  conducta reprochable. No sé ni cómo pude soportar aquel extraño juicio de cariz inquisitorial. Pude haberme negado y, en pleno acoso, haberme marchado a mi casa sin más, puesto que nada me obligaba a soportar aquel interrogatorio cuasi policial, máxime cuando todo había sido como yo contaba. Recuerdo que, extrañamente, como yo percibía que nadie me estaba creyendo, hasta a mí mismo tuve la sensación de mis explicaciones eran falsas. Aquella experiencia tuvo la virtud de enseñarme hasta qué punto pueden llegar los procesos colectivos de acusación, en los que no se busca la verdad, sino la represalia.

Poco después, cuando dejé de ser presidente, pero formando parte todavía de la Junta de la Asociación de Vecinos como vocal, pedí mi ingreso en el clandestino PCE. Me convenció la lectura de “Eurocomunismo y Estado” del que era secretario general del PCE. No estuve mucho tiempo en este partido, el único en el que he militado. Las disidencias entre los asistentes a mi célula eran harto irritantes. Pero participé en manifestaciones no autorizadas como la que contó con al menos mil participantes ante la cárcel de Carabanchel para exigir la amnistía de los presos y exiliados políticos al grito de Amnistía y Libertad. Recuerdo que la Asociación convocó una asamblea vecinal en un colegio del barrio que fue multitudinaria. Como presidente de la Asociación estuve en la mesa moderadora junto a Ramón Tamames, economista muy conocido y destacado militante del PCE pues formaba parte del Comité Central del mismo. Sabíamos que la policía estaba en el local debidamente de incógnito. Hubo un momento en el que los asistentes iniciaron claros movimientos hacia el altercado. En ese momento tomé la palabra para pedir un minuto de silencio por todos aquellos que ya no podían beneficiarse de la amnistía que exigíamos por haber sido asesinados. Fue el bálsamo que calmó la protesta y la asamblea pudo desarrollarse en orden.

El 11 de junio de 1973 fue nombrado presidente del gobierno nº XIII el almirante Carrero Blanco, el cual pocos meses después, el 20 de diciembre, murió víctima de un atentado de ETA cuando, después de oír misa en la iglesia de los jesuitas de la calle Serrano de Madrid, se dirigía al edificio de la Presidencia del Gobierno en el Paseo de la Castellana. Le sustituyó el que era en ese momento ministro de la Gobernación, Arias Navarro, que antes había sido alcalde de Madrid y durante los primeros años de la Dictadura fiscal en Málaga, ciudad en la fue conocido como “el carnicerito” por su adicción a pedir pena de muerte para los acusados.

El 2 de marzo de 1974 fue ejecutado por garrote vil Salvador Puig Antich, militante del Movimiento Ibérico de Liberación de filiación anarquista. El 19 de julio de este año, el designado como sucesor a la Jefatura del Estado, Juan Carlos de Borbón asume de forma interina dicho cargo por enfermedad del titular. Ya para entonces la oposición se atrevió a salir a la luz. El 24 de julio fue creada la Junta Democrática por iniciativa del PCE. Un año después se crea la Plataforma de Convergencia Democrática nucleada por el PSOE.

Como evento destacable de 1974 debo mencionar el XIII congreso del PSOE celebrado en una localidad cercana a París, Suresnes, entre los días 11 y 13 de octubre. Como se sabe, en dicho congreso la agrupación andaluza, encabezada por Felipe Gonzáles y Alfonso Guerra, se impusieron a los viejos militantes del exilio, lo que supuso un drástico cambio en la orientación política e incluso ideológica de dicho partido. Quedaba así en la rampa de lanzamiento para su participación en la previsible transición hacia la democracia.

El 27 de septiembre  de 1975 fueron fusilados dos militantes de ET y tres del FRAP con grandes muestras de repulsa internacional por parte de los comunistas. El 20 de noviembre de este año muere Francisco Franco en el hospital de la Paz después de una larga y artificiosa agonía. La capilla ardiente quedó instalada en el Palacio de Oriente. Por delante de su cadáver desfiló una muchedumbre. Algunos lloraban por lo que consideraban como una pérdida dolorosa e irreparable. Otros se cuadraban y hacía ante él el saludo fascista musitando el Cara al Sol. El cortejo fúnebre salió del Palacio en un armón de artillería escoltado por la guardia a caballo. Fue enterrado en una fosa delante del altar mayor de la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos, junto a la que contiene los restos del fundador de Falange Española, José Antonio Primo de Rivera, fusilado en la cárcel de Alicante el 20 de noviembre de 1936.

El 20 de noviembre murió tras una expectante agonía el Dictador de Todas las Españas en el Hospital de La Paz atendido por el Dr. Pozuelo. Carlos Arias Navarro lo comunicó al mundo en un mensaje radiotelevisado haciendo pucheros de dolor. Su cadáver fue expuesto en el Palacio de Oriente para que los españoles que tanto le amaban desfilaran ante el catafalco escoltado por fuerzas de la Guardia Civil en traje de gala. Muchos no pudieron contener el llanto, otros se persignaban respetuosos y algunos no pudieron reprimir las lágrimas. Fue inhumado en la Basílica de la Santa Cruz del Valle de los Caídos en una fosa vecina a la de José Antonio ante el altar mayor de la misma. La fosa fue sellada con una losa de granito de diez toneladas. Dos días después de la muerte de Franco, en aplicación de lo que establecido por la Ley de Sucesión en la Jefatura del Estado, fue proclamado, el 22 de noviembre de 1975, en sesión plenaria de Las Cotes del Régimen, Juan Carlos de Borbón y Borbón –Dos Sicilias, otorgándosele la jefatura del Estado a título de Rey de España. La Carta Magna de 1978 confiere a su dignidad el rango de símbolo de la unidad nacional. Anteriormente a su proclamación había desempeñado funciones interinas en la jefatura del Estado durante la enfermedad de Franco.

Carlos Arias Navarro continuó presidiendo el gobierno pero por pocos meses. El Rey lo cesó y pidió al Consejo del Reino presidido por Torcuato Fernández Miranda la presentación de una terna donde escoger el nombre del sustituto. El elegido fue un escasamente conocido falangista de Ávila, protegido por Herrero Tejedor, Adolfo Suárez, el cual era a la sazón ministro secretario general del Movimiento. Ricardo de la Cierva dijo en El País que el nombramiento “era un error, un inmenso error”.

Un amigo mío ya fallecido, Eduardo Gorostiaga, que había trabajado como experto en derecho en el ente público Radio Televisión Española, del que Suárez había sido director general me comentó textualmente: Puede dar juego. Y a fe que lo dio. El mismo año, el nuevo presidente del Gobierno logró la insólita proeza de que las Cortes aprobaran la muy destacada Ley para la Reforma Política el 18 de noviembre de 1976 con el apoyo del 81% de los procuradores. Fue sometida a referéndum el 15 de diciembre del mismo año con una participación del 77% y el 94 % a favor de los participantes. La ley tuvo el carácter de Ley Fundamental del Régimen, siendo la última de las llamadas Leyes Fundamentales del Reino.

Conviene resaltar la ley de prensa e imprenta de 1966 continuó vigente y aplicable en su integridad, lo cual generaba no pocos conflictos para los diversos rotativos que pretendían recoger la nueva información generada por la mayor presencia pública de fuerzas políticas, al estar sometidos aún a una legislación autoritaria.

En este contexto surgió, al abrigo de la Ley para la Reforma Política, un Real Decreto de 1 de abril de 1977 por el que suprimía parcialmente el secuestro administrativo de publicaciones (se mantenía en casos de informaciones contrarias la unidad de España, la Monarquía o las Fuerzas Armadas) y derogaba el polémico artículo 2 por el cual se sometía la libertad de expresión a los Principios del Movimiento Nacional. Otro decreto posterior se encargó de desmantelar formalmente la estructura de medios de comunicación al servicio del Movimiento y adscribirlos a un organismo autónomo dependiente del Ministerio de Información y Turismo.

Legalizado el Partido Comunista el llamado Sábado Rojo de 1977 las condiciones para confirmar el paso de la Dictadura a la Democracia, lo que dio en llamarse la Transición, habían quedado establecidas. Recuerdo que ese día, una compañera de mi mujer en la Facultad de Derecho, que se había casado con un agente de la Policía Nacional con el grado de Capitán, nos invitó a comer en su casa, en la Comisaría de la Dehesa de la Villa. Ellos conocían que yo militaba en el PCE. Cumpliendo la consigna de reconciliación nacional, bajé al coche y volví a subir llevando conmigo un poster de Dolores Ibarruri, Pasionaria. Le hice entrega del poster y él, en reciprocidad me regaló un pergamino con el texto del testamento de Franco que copio:

Españoles: Al llegar para mí la hora de rendir la vida ante el Altísimo y comparecer ante su inapelable juicio pido a Dios que me acoja benigno a su presencia, pues quise vivir y morir como católico. En el nombre de Cristo me honro, y ha sido mi voluntad constante ser hijo fiel de la Iglesia, en cuyo seno voy a morir. Pido perdón a todos, como de todo corazón perdono a cuantos se declararon mis enemigos, sin que yo los tuviera como tales. Creo y deseo no haber tenido otros que aquellos que lo fueron de España, a la que amo hasta el último momento y a la que prometí servir hasta el último aliento de mi vida, que ya sé próximo.

Quiero agradecer a cuantos han colaborado con entusiasmo, entrega y abnegación, en la gran empresa de hacer una España unida, grande y libre. Por el amor que siento por nuestra patria os pido que perseveréis en la unidad y en la paz y que rodeéis al futuro Rey de España, don Juan Carlos de Borbón, del mismo afecto y lealtad que a mí me habéis brindado y le prestéis, en todo momento, el mismo apoyo de colaboración que de vosotros he tenido. No olvidéis que los enemigos de España y de la civilización cristiana están alerta. Velad también vosotros y para ello deponed frente a los supremos intereses de la patria y del pueblo español toda mira personal. No cejéis en alcanzar la justicia social y la cultura para todos los hombres de España y haced de ello vuestro primordial objetivo. Mantened la unidad de las tierras de España, exaltando la rica multiplicidad de sus regiones como fuente de la fortaleza de la unidad de la patria.

Quisiera, en mi último momento, unir los nombres de Dios y de España y abrazaros a todos para gritar juntos, por última vez, en los umbrales de mi muerte, 

¡Arriba España!  ¡Viva España!

La lectura de este texto pone en evidencia que quien alardeaba de no hacer política la hizo hasta el fin de sus días, es decir, que utilizó la ficción y el mito como purpúreo paño para enmascarar la realidad con el fin de sacrificarla en aras de sus más inconfesables e interesados fines personales.

Un momento después de tan emotivo trueque de papeles le llamaron sus compañeros para que fuera al cuerpo de guardia. Me invitó a acompañarle. Algo había pasado en Madrid. Se trataba una manifestación espontánea en la calle de San Bernardo en la que los militantes celebraban efusivamente la legalización del PCE. Los policías que habían acudido a dispersarla estaban en contacto por radio con la Comisaria. En el momento en el que llegábamos mi amigo el capitán y yo oí que uno de los agentes decía: tengo retenido a un manifestante, ¿qué hago? A lo que el interlocutor le respondió: Dale dos hostias y ponlo en libertad.

Cuando volvimos a su residencia, el capitán, fuera de sí, bramaba: Para esto no hizo mi padre una guerra. Porque, en efecto, estaba quedando en evidencia que el objetivo de aquella guerra, la eliminación de rojos, había quedado sin cumplir cuarenta años después.

El 15 de junio se sometió a referéndum la ley de reforma política, la cual fue masivamente aprobada por los españoles. Las nuevas Cortes se reunieron en Asamblea a la que se le dio carácter de constituyente y en cumplimiento de esta función aprobaron un texto constitucional. La nueva Constitución instituía una monarquía parlamentaria. El nuevo Jefe del Estado perdía los plenos poderes que había tenido su antecesor quedando confirmado como rey constitucional. La Dictadura había dado paso a una Democracia coronada. Las grandes conquistas de la II República en materia de libertades cívicas que habían sido perdidas en la Dictadura fueron de nuevo recuperadas y con ello cumplida la consigna de la reconciliación nacional.

II

Un cirujano de hierro

Joaquín Costa (1846 – 1911) hizo célebre su defensa de que España necesitaba un “cirujano de hierro” que la sacase de la crisis que, en 1898, provocó la pérdida de sus últimas colonias. Desde entonces, en nuestro país, hay quien sugiere que, cuando se llega a situaciones similares, se requiere contar con un cirujano de hierro, es decir, con un gobernante carismático pero duro como un padre autoritario que gobierne al país durante un periodo más o menos largo hasta que superara el trance. ¿Fue el general Francisco Franco Bahamonde (1892 – 1975) el cirujano de hierro que la España que siguió a la Década Negra (1931 – 1939) necesitaba? Puede que para unos, los vencedores de la guerra, así fuera, mientras que para otros, los vencidos, rotundamente no lo fue. Vano debate. Aunque, ya puestos a ello, personalmente coincido con estos últimos, no por las razones que ellos dan sino porque, ciertamente, Franco empezó siendo un cirujano de acero, luego de hierro y al final de plomo. Con ello intento significar que su dictadura fue evolucionando desde la ferocidad a la blandura pasando por sucesivas fases intermedias. Como reconoce su mejor biógrafo, el reconocido hispanista británico Paul Preston, dada la larga duración de la Era de Franco, no es viable darle una valoración única. Lo cual equivale a reconocer que no hubo un franquismo sino tres o cuatro. Por lo menos.

Al margen de estériles protestas, la realidad es que la Segunda República fracasó, no por culpa de los sublevados el 18 de julio de 1936. La elemental y contundente explicación está en que la República no logró sus objetivos, eliminar las fuerzas que se oponían a ella. Su jefe, Francisco Franco, ganó la guerra de 1936 – 1939. La República, que nació el 14 de abril de 1931,  no consiguió derrotar a los sublevados.

Pero es que hay más. Franco no solo ganó la guerra. Ganó también la larga posguerra. Los hechos fueron así y de nada sirve en la práctica meterse en arduas y estériles disquisiciones para desentrañar por qué unos ganaron y otros perdieron.  Sencilla y llanamente, fue así. Por ello lo más sensato y práctico es atribuir a los numerosos errores de la República, entre ellos el más grueso de todos, no haber tenido en cuenta el grave peligro que podía correr la República caer en la obsesión de eliminar de forma fulminante las fuerzas conservadoras, aquellas que se oponían a sus progresistas proyectos de cambio. Y todo ello se trató de ejecutar sin debate, es decir, unilateralmente. Se ignoraba el sabio refrán popular que enseña que no se ganó Zamora en una hora. Lamentablemente, la República tampoco conocía que sin un jefe único y con una autoridad indiscutida no es posible ganar una guerra. Franco sí lo sabía. Y esa fue la razón que explica su victoria. Nótese que digo su victoria. Porque aquella victoria fue suya y la puso al servicio de sí mismo. Nada ni nadie que no fuera su persona le importó nunca nada. Ni España, ni el Ejército, ni el Movimiento, ni la Iglesia. Como consiguió vencer en la contienda civil ya lo he contado en La Segunda República y yo. Ahora debería intentar saber cómo consiguió ganar también la larga posguerra que siguió.

Los biógrafos de Franco acuden su niñez en El Ferrol para dar cuenta de su carácter reservado, huidizo, inescrutable, con tendencia al aislamiento y a la incomunicación. Su primer biógrafo, Luciano Rincón, acude a esa característica del gallego, la de estar siempre distante tanto del sí como del no, la de estar entre dos aguas, afincado en el “quien sabe”, en el “puede ser”, en el “ya veremos” y, sobre todo, en el famoso “¿usted cree?” La característica más significativamente gallega es el pragmatismo de situación. El empleo de esa especie de pragmatismo nebuloso que se designa allí con el nombre de “retranca”. ¿Y qué es la retranca? El mismo Rincón nos aclara que la retranca se define como “la flema con el que el gallego se guarda o disimula su intención”.

Rincón acierta en su caracterización de Franco. Desde niño se defendió en la vida por medio de la retranca. De escasa estatura, delgado hasta parecer flaco, con cabeza grande, sus compañeros dieron en ponerle el mote de “Cerillito”. Estuvo siempre muy apegado a su madre, una mujer muy piadosa, rayana en la beatería, víctima de un marido, Nicolás, juerguista, bebedor y mujeriego que terminó por abandonar el hogar. Su hijo Francisco fue lo contrario que su padre. Huyendo de un hogar en el que no se encontraba bien, y de una ciudad natal, cerrada y asfixiante, llegó primero a la Academia de Infantería de Toledo siendo aún un chico de quince años, consiguió ser oficial poco después y con veinte años consiguió que le destinaran al Protectorado de Marruecos. Allí, en la Legión, forjó un carácter duro, austero, disciplinado insensible, inasequible a la compasión. No se aficionó a las francachelas de sus compañeros, tan dados a la bebida, a los prostíbulos y a las peleas. La retranca gallega fue su hábito y su escudo desde muy joven. Le sirvió para ocultar su baja autoestima y su complejo de inferioridad. Ser bajito, de complexión feble y encima tener una voz aflautada no son precisamente características personales para presumir. No haber podido ingresar en la Armada fue para Franco una contrariedad nunca superada. Nadie entiende como un militar con estas señas de identidad pudo medrar en un ambiente tan duro y machista como es la Legión. Parece que si lo consiguió no fue solo por sus dotes viriles sino por su capacidad para afrontar sin remilgos las posiciones más arriesgadas en las incursiones contra las cabilas. Tanto consiguió endurecerse que nunca le templó el pulso a la hora de castigar incluso con la muerte a los legionarios que no acataran sus órdenes. La Legión fue, pues, la gran escuela de crueldad que le enseñó a no dudar nunca en eliminar a sus enemigos ni en ser clemente con los amigos. Si a todo ello unimos una astucia en grado elevado y la maestría en ser un taimado inescrutable habremos dado las últimas pinceladas a la pintura del retrato de un hombre mediocre que alcanzó gracias a la guerra cotas tan altas que otro, o él mismo en otras circunstancias nunca habría conseguido.

Porque, a pesar de sus debilidades congénitas en cuanto a inteligencia, conciencia moral y conducta, lo cierto es que Francisco Franco Bahamonde fue un triunfador. Ganó una larga y dura guerra entre hermanos, la mundialmente famosa Guerra Civil Española de 1936 – 1939. Nadie se lo discute. Pero a ese triunfo hay que añadir otro más: también ganó la posguerra, una larga, dura, tenebrosa y envilecida posguerra, la que va desde 1939 hasta su muerte el 20 de diciembre de 1975.

En mi trabajo “La Segunda República y yo” creo haber explicado por qué Franco consiguió eliminarla en tres años de guerra. Ahora me queda explicar por qué ganó también el régimen político que le siguió, la posguerra, la Era que lleva su nombre.

No cabe la menor duda de que Franco ganó la posguerra por los mismos factores que explican por qué ganó la guerra, por una combinación no sé si sabía o inteligente de las siguientes razones: la unicidad en el mando, la ambición de poder, la tenacidad, la crueldad, la retranca y el miedo a la derrota, actuar sin prisa pero sin pausa y, por último, lo que llaman los musulmanes la baraka o suerte.

Enumeraré sucintamente algunos de los factores más relevantes que explican sus victorias:

La represión sistémica

Practicada durante el largo curso de la guerra y la posguerra contra los partidarios del bando republicano en los territorios conquistados durante la guerra y, ya en la posguerra, contra los perdedores, ya fueran abiertamente republicanos o los apoyaran o trataran de ocultarlos, fuera esto cierto o no, pues bastaba la simple sospecha o la denuncia de un vecino. La represión se dirigió contra todos aquellos, personas físicas o jurídicas que no estaban de acuerdo con el Régimen. Los historiadores la denominan terror blanco y se considera que alcanzó su máximo grado desde 1936 hasta el fin de la guerra mundial en 1945.

Cautivo y desarmado el Ejército Popular después de la guerra, solo quedaba el Ejército Nacional, las bien adiestradas fuerzas militares que, bajo su autoridad, mando y gobierno, se convirtió en uno de los tres pilares de su éxito. Esto quedó confirmado con motivo de las acciones guerrilleras que el PCE llevó a cabo entre 1944 y 1948. El llamado maquis en las zonas montañosas y las guerrillas urbanas en Madrid, Barcelona y otras ciudades.

Después de 1945, la represión se fue suavizando entre otras razones porque el amedrentamiento iba paulatinamente cumpliendo el objetivo de acabar con los disidentes que no recurrieron al redundante exilio exterior o al contradictorio exilio interior. Las llamadas fuerzas del orden, la Policía Nacional (los llamados Grises) y la Guardia Civil (la llamada Benemérita) fueron el instrumento encargado del mantenimiento del terror.

El mando único

Desde 1939, a poco de acabar la guerra, Franco unificó en su persona la Jefatura del Ejército y de la Falange Unificada con la Tradición carlista (FET de las JONS) A partir de 1939, Franco acaparó la Jefatura del Estado, la Presidencia del Gobierno, la Jefatura Nacional del Partido Único, (el llamado Movimiento Nacional, mezcla de falangismo descafeinado, monarquismo alfonsino y carlista y otras fuerzas de derechas), la Jefatura de los Ejércitos de Tierra, Mar y Aire (Franco era llamado Caudillo y Generalísimo), el Poder Legislativo (Las Cortes) y el Poder Judicial. Nunca en España ha habido semejante acaparación de poderes por una sola persona.

La baraka

Baraka significa bendición divina para los musulmanes y entre nosotros suerte o tener ángel de la guarda. En general se dice que alguien tiene baraka cuando logra superar favorablemente situaciones adversas, tanto para la integridad física como para el éxito en sus cometidos. Franco quedó beneficiado durante la guerra por la muerte en accidente aéreo del general Sanjurjo, el que estaba llamado a dirigir el golpe del 18 de julio. Después de fracasar el golpe, Sanjurjo habría sido el jefe de los rebeldes y Franco habría sido su subalterno. También el fusilamiento de José Antonio Primo de Rivera en noviembre de 1936 le permitió ocupar su puesto como Jefe Nacional de la Falange.

Ya en la posguerra, el Régimen de Franco fue duramente castigado por los Aliados con el ostracismo político y con el boicot comercial. Junto a la represión, el pueblo español se vio sometido a una atroz falta de víveres, lo que obligó a imponer un duro racionamiento de toda clase de alimentos. Hubo un organismo encargado de gestionar esta situación, la Comisaría de Abastecimientos y Transportes, a la que todos los productores de carnes, pescado, frutas, verduras, leche, huevos, harina, azúcar, aceite, etc. Debían, forzosamente, vender el fruto de su trabajo a precios tasados. Esta penosa situación empezó a suavizarse a partir de 1953, el año en el que el Régimen firmó los Pactos de Madrid con Estados Unidos y el Concordato con la Santa Sede. Ambos acuerdos marcaron el fin del ostracismo político del franquismo y el fin del boicot comercial. De nuevo le funcionó a Franco la baraka. En 1945 estalló lo que se ha dado en llamar Guerra Fría, la tensión entre los dos grandes Aliados que ganaron la guerra mundial, Estados Unidos y la URSS. Esta nueva situación aumentó exponencialmente el valor estratégico de la Península Ibérica, en la que había dos Estados corporativistas, España y Portugal, pero sobre todo España, significados por su anticomunismo visceral.

Al cabo de discretos tanteos diplomáticos en abril de 1953 se firmaron los Pactos de Madrid. Durante los primeros diez años de vigencia de los acuerdos, que serían prorrogados, los norteamericanos instalaron en territorio español cuatro grandes bases militares, tres aéreas (Morón, Zaragoza y Torrejón) y una naval (Rota). En ellas se instalaron cerca de 7.000 militares norteamericanos con sus familias.

La compensación económica que recibió España de Estados Unidos entre 1953 y 1963 fue de algo más de 1.500 millones de dólares, básicamente créditos gestionados por el Export-Import Bank para comprar productos norteamericanos, fundamentalmente alimentos, algodón y carbón. La ayuda militar fue de 456 millones en material de guerra de segunda mano, que a pesar de ello sirvió para modernizar las Fuerzas Armadas que seguían utilizando armas italianas y alemanas de la Guerra Civil.

Geoestratégicamente, España quedó incorporada al sistema de defensa occidental, pero sin acceder a la toma de decisiones al ser vetado su acceso a la OTAN —que acababa de fundarse en 1949— debido la oposición de los miembros europeos de la Alianza que rechazaban el régimen franquista, tanto por sus carácter dictatorial como por su vinculación con las potencias del Eje durante la Guerra Mundial Así España se convirtió «en satélite estratégico, más que aliado formal, de los Estados Unidos».

El principal beneficio de los Pactos fue político, ya que gracias a ellos el régimen franquista abandonó definitivamente el aislamiento internacional que había padecido desde 1945, a pesar de que, según Pecharromán, «desde muy pronto reinó entre los políticos y militares españoles la impresión de que eran tratados como socios menores en el sistema estratégico de la superpotencia, que recibían poco más que migajas de la ayuda exterior. Pero, si el Movimiento Nacional debía seguir gobernando España, no quedaba otra que continuar vinculados a tan poderoso protector». Un punto de vista similar es el que sostiene Stanley G. Payne. “No hay duda de que esta relación fortaleció la imagen del Régimen en el interior del país y en el exterior. Martín Artajo afirmó que éste era el reconocimiento por parte de Estados Unidos de que la postura de Franco había sido la correcta desde el principio. Sin embargo, había una oposición bastante fuerte a este acuerdo dentro de España, aunque no podía expresarse libremente. Los críticos argumentaban que era una relación asimétrica y que involucraría a España o al menos el territorio español en cualquier conflicto internacional en que tomara parte Estados Unidos».

La apertura controlada

En 1956, Franco, aconsejado por Luis Carrero Blanco, decidió un cambio de gobierno en el que dio entrada a los llamados tecnócratas, profesionales pertenecientes al Opus Dei en detrimento de los políticos de obediencia falangista. A partir de este año se fueron preparando cambios sustanciales en la política económica seguida hasta entonces, caracterizada por la autarquía, en la que la producción, la distribución y el comercio interior y exterior estaban totalmente intervenidos por el Gobierno, y la moneda nacional no era convertible en otras. Los tecnócratas elaboraron las bases del Plan de Estabilización de 1959, fijaron el cambio de 60 pesetas por un dólar americano y derogaron el Comercio de Estado que venía rigiendo desde 1939. Ya en 1962 se entró en la fase de la planificación indicativa con Laureano López Rodó, cuya oficina quedó encargada de elaborar y ejecutar los llamados planes de desarrollo económico y social. Los años sesenta fueron llamados los de desarrollismo que llevó al “milagro económico”. El milagro se consiguió, con un ajuste consistente en la emigración del campo a las ciudades y al extranjero. La disminución de campesinos se compensó con la progresiva mecanización del agro y, correlativamente, se favorecieron las inversiones industriales.

En una palabra: la economía española empezó a modernizarse hasta ponerse en línea (homologarse) con las de los países de nuestro entorno.

El progreso material y el orden público

A partir de los años sesenta, la situación social mejoró sensiblemente en España. Muchas familias se vieron afectadas por la emigración pero fue a cambio de mejorar su nivel de vida, algo que, partiendo de las penosas condiciones vividas durante los últimos veinte años, tuvo un efecto catártico en la población. Como dice el refrán, los duelos con pan so menos. El Régimen se iba consolidando aplicando la regla conocida desde tiempos de los romanos: con Pan y con Circo. El pan lo daban la emigración y la inversión en fábricas y el circo corría de parte de la masiva afición al fútbol, sin duda muy amparada y muy subvencionada por el Gobierno. Se llegó a decir que el fútbol era el opio del pueblo. Junto al fútbol se apoyaron las corridas de toros y el folclore de los coros y danzas y las tonadilleras.

En resumidas cuentas: que el Régimen consiguió poner a su favor lo que aún le faltaba para consolidarse: el favor del pueblo, lo que unido a su despolitización masiva explica la permanencia del franquismo, lo que equivale a decir que Franco también ganó la posguerra.

La incompetencia del enemigo

La ineficacia, la incompetencia o la torpeza de nuestro enemigo suele explicar su derrota y, en consecuencia, nuestra victoria, Como sabemos, la Guerra Civil la ganaron los rebeldes por numerosas razones, una de ellas la incapacidad que demostraron las milicias primero y el Ejército Popular después en la defensa de la República. Justamente lo mismo puede afirmarse de cara a la posguerra. Claro que hay que anotar en el lado franquista los efectos letales de la represión, pero no debemos olvidar que la oposición no supo, no pudo o no quiso acabar con el franquismo. La oposición se limitó a la ejercida en la clandestinidad por el PCE durante su etapa más sórdidamente estalinista. Utilizó la propaganda por medio de publicaciones clandestinas de escasa difusión y por medio de la llamada Radio España Independiente, la Pirenaica, que emitía no desde los Pirineos sino desde Moscú. Sus emisiones eran interceptadas por el Gobierno.

Las acciones más destacadas de la oposición comunista fueron las huelgas, el instrumento que sustituyó a las acciones armadas de los años cuarenta. El PCE amenazó la estabilidad del franquismo por medio de las llamadas HNP, ñas huelgas nacionales políticas. Fueron varias las que se organizaron pero todas fracasaron como reconoce Jorge Semprún en su “Autobiografía de Federico Sánchez”. El PCE tardó años en percatarse de su ineficacia. Esta es la razón que explica que en el XX congreso (1956) optara por un cambio drástico de su actividad       huelguística como antes optara por abandonar la actividad armada. En dicho congreso se optó por la consigna de la reconciliación nacional. Co ella se puso en marcha una política tendente a conseguir que todas las fuerzas antifranquistas, desde las de derechas hasta las de la izquierda, aceptaran la formación de un gobierno de concentración nacional para acabar con el Régimen. Un objetivo que no fue conseguido.

La autopropaganda

El Régimen de Franco dedicó una gran atención al uso de la propaganda masiva. La prensa y la radio estuvieron intervenidas durante años y sometida a la censura previa. Existían medios gubernamentales como Radio Nacional de España cuyos boletines informativos eran conocidos como “partes” siguiendo la práctica propia de la guerra. El NO-DO era un Documental filmado que se emitía obligatoriamente antes de la película en todos los cines del país. La prensa del Movimiento era el diario Arriba. Junto a él estaba la prensa sindical, el diario Pueblo. La prensa privada, como digo, estaba intervenida. Citaré La Vanguardia, el diario de Barcelona, que se vio obligado a cambiar su nombre por La Vanguardia Española. El ABC el gran diario monárquico fue un medio adicto como todos los demás. Hubo también prensa católica, el diario Ya. Todos los medios estaban al servicio de los intereses del Régimen so pena de cierre. A todo lo anterior hay que añadir la construcción de la leyenda del guerrero heroico protegido por la providencia divina que luchó por la España eterna, la España que se consideraba la espada de Roma, una leyenda que se complementó con la del gobernante austero que se convirtió en el Centinela de Occidente que trabajaba noche y día por la grandeza de la Patria y por la defensa de la Civilización cristiana.

Franco entraba en los templos bajo palio, un privilegio con el que la Iglesia le reconocía su defensa de la fe y del clero perseguido y mártir. En compensación, él se reservó la facultad de nombrar obispos, previa presentación por el Vaticano de una terna de candidatos. Hubo exegetas que estuvieron muy cerca de pedir a la Iglesia de Roma que lo elevara a los altares. Se sabe que un franquista célebre, Salvador Dalí, salió de una audiencia que Franco le concedió afirmando que el Caudillo era un santo.

III

Reflexión final

El franquismo fue uno de los más exitosos sistemas autoritarios del mundo del siglo XX. Mido su éxito no en función de la mayor o menor bondad de sus métodos de gobierno o de su ideología sino de acuerdo con su duración en el tiempo. Hay quien sostiene que no hubo un franquismo sino varios pero yo no pienso lo mismo. El franquismo fue un régimen personalista al servicio de la mayor gloria de su fundador. Lamentablemente, sus métodos, sin duda, eficaces y exitosos, no fueron puestos al servicio del autogobierno del pueblo, es decir, de la democracia y de la libertad.

He tratado de ofrecer un cuadro ideológicamente aséptico de las cuatro décadas del franquismo entendido como penitencia y como una larga posguerra. He olvidado explicitar algo que queda implícito en lo expuesto: que el franquismo desarrolló en España los elementos propios de un Estado moderno de los que hasta entonces había adolecido. El Régimen fue un sistema de gobierno formalmente de derechas y autoritario y materialmente tecnocrático. Reconocerlo no equivale a justificarlo.

El periodista Arcadi Espada apunta al hecho de que “el franquismo fue un régimen nacido de una victoria militar, basado en la extinción o el arrinconamiento de una parte de los ciudadanos”. De ahí, añade, “que uno de sus primeros trabajos fuera borrar todo signo de la existencia política, cultural o sociológica de millones de españoles”. Sigue diciendo Arcadi que “al margen de algunas iniciativas particulares y locales, el franquismo no promovió la reconciliación de los españoles, a diferencia de lo que hizo en 1956 el Partido Comunista. A veces no se entiende con la suficiente claridad lo que significa reconciliación. No se trata de un abrazo ni de un perdón colectivo, aunque pueda haber ornamentaciones de ese tipo. Se trata de la participación de todos los ciudadanos en el espacio público, en igualdad de condiciones. Hasta su final, el franquismo mantuvo a muchos españoles aparte. No quiso o no supo aliarse con el tiempo para corregir su naturaleza, basada en el ¡ay! de los vencidos. Hay muchos españoles dispuestos a actuar como demócratas que, sin embargo, no se avergüenzan del régimen anterior, del que reconocen al tiempo su deslealtad y su ineluctabilidad. La vergüenza es un asunto clave. Los españoles no se avergonzaron abrumadoramente de Franco como los alemanes de Hitler”.El periodista no entra en si eso es o no justo, tan solo reconoce que es decisivo a la hora de analizar el tratamiento democrático de su memoria y la de su régimen. Copio a continuación los comentarios de dos lectores de su artículo:

Aun hoy hay que cree que Franco en su momento fue bueno para España. Comparemos la España de 1936 con la de 1975, y ahora comparen la Cuba de 1958 y la de 2016, Irán de 1978 y la actual y la Venezuela de 1998 y la actual.

Yo no querría nunca, dice otro lector, una dictadura, pero eso no evita que reconozca objetivamente bastantes logros sociales de la etapa franquista, de los que todavía hoy estamos disfrutando y que la mayoría de españoles desconoce. Es lo que tiene ir modificando la Historia a conveniencia. El franquismo fue una de las consecuencias de la II Segunda República, un desastre que estaba trayendo la ruina y el caos a España, se mire como se mire, pese a que la izquierda española trate de vendernos otra moto más bonita en la actualidad. La URSS ya contaba con que íbamos a ser su decimotercera república, y el franquismo fue como una guardería infantil si lo comparamos con la alternativa que nos venía, y que no hace falta detallar. Parece que olvidamos que si Franco no fue nunca derrotado es, entre otras cosas, porque media España así  lo quiso.

Lo que sí se olvida con demasiada frecuencia es que el franquismo, como consecuencia de las libertades cercenadas, provocó el colapso y la quiebra del rico proceso cultural que se había iniciado a principios del siglo XX, cuyo primer tercio alumbró la que se ha llamado con razón la Edad de Plata, un proceso de desarrollo en todos los campos, literario, musical, intelectual, científico, etc., que nos estaba acercando al nivel de los demás países europeos. Ni la dictadura de Primo de Rivera ni la inestabilidad de la República lo frenaron. Hasta la década de los sesenta no se reanudó, y aun así se hizo en condiciones de inferioridad y marginalidad que permanecieron durante años. El daño infringido a la cultura por la Era de Franco no tiene parangón en la historia moderna de España.

Anexo I

La noche de los cuchillos largos

Autor: Ernesto Garrido 

 Publicado en EL PAÍS SEMANAL, domingo 3 de octubre de 1976

El 9 de febrero de 1956, hace veinte años, un falangista, Miguel Álvarez, fue herido de bala en un enfrentamiento entre estudiantes. Durante meses, la vida de este joven de dieciocho años se transformó en una preocupación permanente para los españoles. Más de cincuenta personas —demócratas los unos, reformistas los más— serían detenidas y acusadas de provocar los sucesos. Algunos grupos de falangistas y excombatientes se preparaban para pasar por las armas a los disidentes. El entonces ministro de Educación Nacional, Joaquín Ruiz-Giménez, y el rector de Madrid, Pedro Laín Entralgo, encabezaban una lista negra que circulaba entre las manos de los exaltados falangistas. El Ejército, bajo estado de excepción, lograría, no sin esfuerzo, desarmar a los «ortodoxos». Apoyándose en el testimonio personal de detenidos y protagonistas, y en la investigación de documentos históricos realizada por Fernando González, Ernesto Garrido ha redactado este reportaje.

«Mientras yo sea capitán general, aquí no se mueve ni Dios.» La autoritaria orden del teniente general Rodrigo, capitán general de Madrid, había electrizado, aún más si cabe, el ambiente político. Un muchacho falangista de 18 años había sido herido de pistola en plena calle de Alberto Aguilera. Los seuístas, furiosos, pedían venganza.

El Congreso Nacional de Estudiantes había revuelto la Universidad de San Bernardo. Convocado por destacados líderes —demócratas los unos, reformistas los más—, mediante un manifiesto contra el monopolio sindical que el SEU ostentaba en la Universidad, ese congreso se convirtió pronto en el germen de los enfrentamientos.

El documento aperturista hacía referencia a la Declaración de Derechos Humanos de la ONU y fue redactado por los intelectuales que se reunían en torno al círculo «Tiempo Nuevo», entidad cultural promovida por el ministro de Educación Nacional, Joaquín Ruiz-Giménez, y el rector, Pedro Laín Entralgo. Tres mil estudiantes estamparon su firma en el escrito, que fue leído en todas las clases de la Universidad.

Pocos días después, cuando se discutía el documento en las aulas, los falangistas invadían la Facultad de Derecho. Provistos de porras, palos y calcetines llenos de arena, arrasan el mobiliario y los enseres del centro. La respuesta de los estudiantes no se hace esperar y se decide atacar los locales del SEU. La violencia aumenta por momentos. Una lápida a los caídos queda destrozada y hasta se arrancan flechas del escudo oficial de Falange.

El 9 de febrero se celebra el aniversario de la muerte del falangista Matías Montero, ocurrida en 1934.

Los periódicos de la víspera insertaban aparatosos recuadros con los actos programados para el festivo día de exaltación de los valores nacionalsindicalistas. Los recientes enfrentamientos habían convertido la conmemoración en un desafío político. Según las distintas notas, se celebraría una misa en la capilla de la conflictiva Facultad de Derecho, una ofrenda de las tradicionales cinco rosas ante la lápida conmemorativa, en la calle Víctor Pradera y visitas a las tumbas del propio Matías Montero y de José

Miguel Guitarte. Mientras, Arriba descargaba tinta contra los enemigos de la nación. Raimundo Fernández-Cuesta, secretario general del Movimiento, había cruzado días antes el Atlántico y, después de asistir a la toma de posesión del presidente brasileño Kubistchek, se dirigía a Santo Domingo. El ministro de Educación, Ruiz-Giménez, clausuraba los actos conmemorativos del año ignaciano en la Universidad con comprometidas palabras: «Tenemos en nuestra mochila las armas para triunfar, porque nuestra esperanza está intocada, como el 18 de julio.»

El más duro enfrentamiento se produjo el día 9, cuando un grupo de estudiantes falangistas regresaba de los actos en memoria de Matías Montero. «Varios estudiantes —explicaría más tarde uno de los heridos en la refriega, Joaquín Ferrero— fuimos agredidos por otro grupo más numeroso, de ideología contraria.

Nos asustaron. Se desabrocharon las gabardinas y en sus manos aparecieron porras y palos, amén de algunos stick de hockey. No vimos pistola alguna. Uno de nosotros, Eusebio Gamo, de Filosofía, se echó adelante gritando el Cara al Sol. Empezaron a llover piedras sobre nosotros. Una de ellas descalabró a un compañero. Entonces comenzaron a sonar tiros. A mi espalda cayó Miguel Álvarez. Todos echaron a correr. Algunos de nuestro grupo se refugiaron en la esquina de Guzmán el Bueno. Tuve tiempo de acompañar al que sangraba una farmacia.»

Según el mismo testimonio, unos treinta falangistas venían en marcha: «La masa, vociferante, a los gritos de a ellos, que son falangistas, avanzó por el bulevar. Decidimos hacerles frente. Entre los universitarios había alumnos de los colegios José Antonio, Santa María y César Carlos, y algunos cadetes del Frente de Juventudes.»

Miguel Álvarez fue asistido en una farmacia. Sangraba copiosamente por la cabeza. Antonio Gullón, secretario nacional de ex cautivos, ayudado por varios muchachos, introdujo a Miguel en un coche. Un camarada del herido empapó con su sangre la camisa azul. Conmocionado y sin sentido, el herido, miembro de la centuria Sotomayor, ingresó en la Clínica de la Concepción, perteneciente entonces al Instituto de Investigaciones Médicas.

A los pocos minutos, los más altos mandos falangistas y destacadas personalidades del régimen llamaban a la clínica. «No puede morir. Sálvele. El doctor Obrador, médico que asistió a Miguel Álvarez Pérez, declaraba que el herido presentaba un estado de suma gravedad, shock traumático, inconsciencia y «una extensa resección en el tejido cerebral lesionado y edematoso en la parte posterior del hemisferio derecho». A una primera operación le sucedió otra de algo más de dos horas de duración. Jiménez Díaz vigilaba personalmente el proceso.

Blas Pérez no dormía en los despachos del Ministerio de la Gobernación. Tomás Romajaro, vicesecretario nacional del Movimiento —hoy secretario del Consejo del Reino; Manuel Fraga Iribarne, secretario general de Educación; José Solís, delegado nacional de Sindicatos; el delegado nacional de excombatientes, Tomás García Rebull; Jesús Gay, jefe del SEU en el distrito de la Universidad, Miguel Ángel García

Ortiz, Vizcaíno, etc., que habían asistido juntos a himnos y glorias por el camarada Matías Montero, permanecían inquietos en los despachos oficiales.

El camino de la reforma

Hacía dos años que el SEU había iniciado el definitivo camino hacia su fracaso y extinción, hecho que se produciría diez años más tarde. En 1954 sólo algunos grupos monárquicos disentían de la línea oficial del SEU. El Hogar Guitarte, situado a espaldas de la Universidad de San Bernardo, era el lugar de reunión de los falangistas.

Un pequeño núcleo de universitarios —dice Enrique Múgica, actualmente miembro de la Comisión Ejecutiva del PSOE— ni monárquicos, ni falangistas, consideramos la necesidad de crear un movimiento democrático de universitarios. Dentro de este círculo había personas como Tamames o yo, que poseíamos ascendencia republicana. Otros miembros eran Julio Diamante, Julián Marcos, Fernando Sánchez Dragó, Javier Pradera, etcétera.»

Las últimas organizaciones de la FUE habían sido desmanteladas y «aprovechamos —continúa Múgica— el nacimiento de un movimiento cultural contestatario. Por aquel tiempo se publicaron libros de Gabriel

Celaya y Blas de Otero. Era la época de Bienvenido, mister Marshall y los cineclubs ofrecían películas hasta entonces prohibidas».

La Universidad comenzaba, después de la posguerra, a ser el centro de las preocupaciones culturales y políticas, «aunque intentábamos llegar a la política por la estética». La visita a Gibraltar de una alta personalidad británica derivó en una manifestación nacionalista organizada por el SEU y que contó con todos los parabienes oficiales. Miles de estudiantes marcharon hasta la embajada inglesa entonando gritos de «Gibraltar, español». En contra de lo que se podía pensar, fue disuelta por la Policía Armada.

La actuación de las fuerzas del orden produjo tanta irritación entre los universitarios que, reunidos en el Paraninfo, examinaron la situación y, a los gritos de «prensa libre» —la oficial escondió, como era norma, los hechos— y «abajo el SEU», se quemaron los periódicos de Madrid y se organizó otra marcha hacia la Dirección General de Seguridad. El sentimiento democrático todavía se presentaba inmaduro, ya que muchos estudiantes renegaban de Falange mediante slogans como «Franco, sí; Falange, no».

Semanas más tarde, se organizaron algunos encuentros entre la poesía y la Universidad, en los que intervinieron escritores contestatarios. Con ellos se intentaba combatir la carencia de espíritu crítico y la uniformidad cultural.

El éxito de los encuentros influyó decisivamente para que al año siguiente se celebrase el Congreso de Escritores Jóvenes. Con la ayuda del rector, Pedro Laín —afirma Múgica— «intentábamos desarrollar charlas y coloquios para la constitución de un sindicato democrático». El Congreso tuvo lugar en unos locales que cedió el rectorado y en la presidencia se unían, por vez primera, miembros del SEU y universitarios de corte democrático. Durante las sesiones se editó un boletín informativo de las actividades, «en uno de cuyos números apareció una esquela de Ortega y Gasset, sin la cruz tradicional», apunta Múgica. El ministro de Educación Nacional, convencido de que podría fraguarse una reforma desde dentro, sentimiento muy compartido por otra parte por el ala progresista del SEU, colaboró en esta vivificación de la Universidad. Ruiz-Giménez y Pedro Laín, ministro y rector, respectivamente, habían iniciado una etapa de seudorrenovación que contaba con la antipatía de los duros personajes de Gobernación y

Secretaría General del Movimiento, encabezados por Blas Pérez y Tomás Romojaro. Ruiz-Giménez se había propuesto escolarizar a todos los niños españoles. Al iniciarse 1956, apareció en la prensa, concretamente en las páginas del semanario El Español (lo editaba el Ministerio de Información y Turismo), un documento sobre la Universidad en el que se denunciaba a diversos profesores y alumnos. Elaborado, entre otros, por Eduardo Navarro y Pedro Rodríguez García, y atribuido al Opus, el escrito se extendía sobre una supuesta infiltración marxista en la Universidad. Enrique Múgica, entonces militante comunista de base, era centro de atención por sus amores con una muchacha en la playa y su osadía al escribir en la arena «soy comunista». Ramón Tamames era acusado de «poseer inclinaciones electorales».

Derecho era la Facultad más renovadora. Allí se daban cita los profesores y alumnos contestatarios. Su número había crecido desde el Congreso de Escritores Jóvenes. El éxito de éste hizo pensar en la convocatoria de un Congreso Nacional de Estudiantes. «Era un intento de democratización de la Universidad», dice Gabriel Elorriaga, ex gobernador civil, fraguista y en aquel año jefe de Actividades Culturales del SEU. «El SEU, prosigue, se había transformado en un sistema de representación corporativo, pero estaba viciado».

Junto a personajes como Tamames o Múgica se aglutinaban en el grupo personas nacidas del régimen. Dionisio Ridruejo, mano derecha del fundador de Falange, comenzaba su repudio ideológico de las doctrinas franquistas. Igual sucedía con Miguel Sánchez Mazas, José María Ruiz Gallardón, hijo del Tebib Arrumi, monárquico y hoy ultraconservador, estableció relación con los anteriores debido a su descontento por el pucherazo que recibiera la candidatura monárquica a las elecciones municipales de 1953. Formaban parte de aquella candidatura: Joaquín Satrústegui, Leopoldo Calvo Sotelo, Torcuato Luca de Tena y Juan Manuel Fanjul. Gabriel Elorriaga, seuísta reformador, se avino a colaborar ante la promesa de Javier Pradera —entonces miembro del PCE— de que conseguiría el puesto de jefe nacional del SEU; jefatura que le había arrebatado Serrano Montalvo, después de que Jordana de Pozas fuese destituido por criticar la actuación de la policía en la represión de la manifestación pro Gibraltar español.

En fin, otros nombres eran los de Juan Sebastián Garrigues (hijo del ex ministro de Justicia, Antonio Garrigues y Díaz-Cañabate), Juan Antonio Bardem, Alfonso Sastre, Julio Diamante…

Primer manifiesto democrático

Tiempo Nuevo, círculo cultural presidido por Gaspar Gómez de la Serna y situado cerca de la calle madrileña de Velázquez, era el punto de reunión de la intelectualidad. Allí se realizó la redacción definitiva del documento de oposición público más importante después de la guerra.

El llamamiento al Congreso Nacional de Estudiantes se empieza a perfilar en la clandestinidad. La idea parte de Jorge Semprún, responsable de intelectuales y estudiantes del Partido Comunista. «El documento —dice Tamames— lo redactamos en el café La Mezquita —hoy café Santander—. Pradera, Múgica y el mismo Tamames repasaron el escrito en el Retiro y José López Moreno —director de cine— lo redactó a máquina. Múgica fue el encargado de leerlo en Tiempo Nuevo.

Miguel Sánchez Mazas, hijo de Rafael Sánchez Mazas, ex ministro, puso objeciones al texto. El actual dirigente ugetista, exiliado en Ginebra, formó parte del consejo de redacción junto con Juan Sebastián Garrigues y los tres citados. El mismo se encargó de hacer las copias. El manifiesto fue leído en todas las facultades. Las clases se interrumpieron para recoger firmas. Tamames, Carlos Zayas —hoy miembro del PSOE—, Gonzalo Sol —director de la guía gastronómica Sol— y algunos otros recogieron las firmas. Tres mil estudiantes, entre los que figuraba el actual ministro de Comercio, Juan Lladó Fernández Urrutia, estamparon su firma en el papel.

Las discusiones sobre su contenido se prodigaron. Tamames fue requerido por el decano de Derecho, José Torres López, para que cesasen los debates. Curiosamente, las firmas nunca aparecieron. El rumor, posteriormente desmentido por el protagonista, apunta a Juan Sebastián Garrigues como acaparador de los contestatarios folios.

La noche de los cuchillos largos

En este enrarecido ambiente se producen los sucesos del 9 de febrero. La Universidad estalla. Las clases se suspenden por decreto. El estado de excepción pesa sobre el país. Dos artículos del Fuero de los Españoles, tan importantes como el 14 y el 18, serían suspendidos por tres meses.

La Dirección General de Seguridad acusa a los antifalangistas de portar armas y ser los únicos responsables de los sucesos. Una nota oficial se centra sobre «la provocación de elementos de filiación comunista». En la calle corren rumores dispares. Algunos dicen haber visto disparar a un taxista. Otros estiman que fueron policías de paisano los que desenfundaron sus armas. Enrique Múgica estima, sin embargo, que pudieron ser los mismos compañeros del herido los responsables de los hechos: «Me habían mostrado en diversas ocasiones todo un arsenal de barras de hierro, pistolas y hasta granadas en el Hogar Guitarte.»

La prensa recuerda los avisos que lanzó antes del día 9. Efectivamente, Arriba y otros periódicos insertaron en sus páginas diversos artículos anticomunistas. El órgano de Secretaría General reprodujo un artículo de Mundo Obrero, escrito por Federico Sánchez —alias de Jorge Semprún— en el que se criticaba al SEU y se llamaba a «la lucha a favor de las libertades democráticas de expresión y asociación».

Mientras los renovadores simultaneaban sus reuniones en las casas de Ruiz Gallardón, de Garrigues y de García Valdecasas, Tamames era sometido por la policía a su primer interrogatorio. «Curiosamente no me preguntaron», dice, «quién escribió el boceto». Tomás Romojaro y Gumersindo García —jefe del servicio de investigación de la Secretaría General—, entre otros, alentaban a los falangistas para responder a la «provocación». Desde los mismos locales oficiales se llamó a todas las centurias y juventudes.

Madrid temía una noche de los cuchillos largos. Una lista que contenía los nombres de más de cincuenta personas circulaba en los exaltados ambientes falangistas. El ministro de Educación, Ruiz-Giménez; el rector, Laín Entralgo; el decano de Derecho, Torres López, estaban incluidos junto a Tamames, Múgica, Ridruejo, Pradera, Bardem, Sánchez Mazas, Garrigues y un largo etcétera. En el lugar de los disparos, camaradas del herido Miguel Alvarez hacían guardia permanente. Torres López, al conocer que estaba en la lista, huye a París. La Guardia de Franco, los falangistas ortodoxos, el Frente de Juventudes estaban en pie de alerta. Las armas de los círculos seuístas pasaron de mano en mano. Se ha estimado que 5.000 personas estuvieron aquella noche amenazadas de muerte. Luis González Vicen, jefe de la Guardia de Franco, llamaba incansablemente a sus incondicionales.

Muñoz Grandes y los mandos militares hacían lo imposible por controlar la situación. El primero de ellos, vicepresidente del Gobierno, era recibido urgentemente en El Pardo. Franco hace saber que todo depende del estado del herido, que continúa debatiéndose entre la vida y la muerte.

Detenidos bajo excepción

El primero de los detenidos es Dionisio Ridruejo. Fuerzas policiales acuden a casa de Tamames, pero éste se encuentra en la finca de Luis Miguel Dominguín (el padre de Tamames era médico del torero). Los inspectores llaman por teléfono y Ramón Tamames tiene que trasladarse a Madrid con urgencia. «Es por motivos de seguridad», me dijeron cuando me introducían en el coche, afirma el economista. Ruiz Gallardón es detenido en plena reunión y en su casa. Es interrogado dos veces. Enrique Múgica, que se hallaba cumpliendo el servicio militar, es trasladado a la capital. «En los interrogatorios —dice— contesté que los manifestantes no llevaban ni siquiera un alfiler.» Gabriel Elorriaga es arrestado en La Coruña, donde se encontraba pronunciando una conferencia.

Por fin, los centros de Falange, SEU y Guardia de Franco son intervenidos por el Ejército. Algunas personas son desarmadas por la calle. El Juzgado número 19, se ocupa del sumario. El «camarada» Roberto Reyes asume la representación de la familia de Miguel Alvarez; Reyes era delegado de Justicia del Movimiento…

«Estuvimos nueve días incomunicados en la Dirección General de Seguridad», narra Ramón Tamames.

Al décimo día, el juez decreta la libertad provisional de los detenidos, pero el ministro de la Gobernación ordena su traslado a Carabanchel. Los ministros y altas personalidades se suceden en sus visitas a la Clínica de la Concepción. Juan José Pradera, hombre de confianza de Raimundo Fernández-Cuesta, intercede no por su sobrino, Javier Pradera, sino por otro de los detenidos: Gabriel Elorriaga. El padre de Tamames hace llegar sus preocupaciones a Agustín Muñoz Grandes.

Un día antes de que Miguel Alvarez comience realmente a recuperarse y mueva alguno de sus miembros, son destituidos sin explicaciones —como era habitual— los ministros de Educación, Ruiz-Giménez, y del Movimiento, Fernández-Cuesta. Laín, rector de la Universidad de Madrid, Fraga Iribarne, secretario general técnico, también son apartados. Jesús Rubio y José Luis Arrese ocuparon los Ministerios de Educación y Movimiento. Diego Salas Pombo sustituye a Romojaro en la vicepresidencia general.

Reliquias, plegarias y misas se suceden en todo el país por el estado de salud de Miguel Álvarez. Jorge Mistral ofrece su sangre por si fuera necesaria una transfusión. El doctor Elío informa a la prensa: «Se han aplicado al herido drogas neuroplégicas y su cuerpo estuvo sometido a hibernación.»

En la cárcel se unen a los anteriormente citados otra serie de personas, entre las que se encontraban Fernando Sánchez Dragó, Julio Diamante, Julián Marcos, José Luis Abellán, Jesús López Pacheco. Juan Sebastián Garrigues no llega a ser arrestado, debido a las gestiones de su padre.

Al mes y medio de los sucesos, un nuevo y nutrido grupo de personas ingresa en prisión. Vicente Girbau y Francisco Bustelo son acusados distribuir ilegalmente un escrito de solidaridad con los detenidos, que finaliza con la frase: «Abajo Blas Himmler.». Los defendería José María Gil-Robles en su primera actuación como abogado de un juicio político, después de su vuelta del exilio. Al parecer, Franco se interesó personalmente en la causa, pues le preocupaba que los acusados fueran absueltos.

Los treinta de Carabanchel

A los restantes se les acusa de reunión ilegal. «Tuvieron que incluir en el sumario hasta a los criados de mi casa —dice Ruiz Gallardón—». Alguno de los detenidos es sospechoso de delito por tener en su casa obras del «sedicioso filósofo» Ortega y Gasset y otros han de responder por poseer documentos de la

Comunidad Europea del Carbón y del Acero y de la Europa verde. Ruiz Gallardón se encarga, además de su propia defensa, de la de Ridruejo y Sánchez Mazas. Antonio Garrigues, padre, defiende a su hijo. La vista de la causa nunca se celebró, ya que, el mismo día en que dio comienzo, el fiscal retiró la acusación.

Ridruejo y Tamames pintaban en Carabanchel sus primeros cuadros y Fernando Sánchez Dragó conseguía el premio de poesía, promovido por los detenidos en primavera. Ridruejo fue autorizado a salir de su celda para asistir al entierro de su hermana en Soria. Al regreso fue otra vez conducido a Carabanchel.

Elorriaga logra salir a los cuarenta días por medio de una instancia enviada «a tan alta jerarquía» como Arrese. Javier Pradera cumple arresto en un cuartel de Getafe, dada su condición de teniente jurídico del Ejército del Aire. El 17 de abril sale Tamames. El último es Enrique Múgica. El tiempo que permaneció en prisión se lo descuentan del servicio militar.

La reforma ha fracasado

Los sucesos sirven para que los ultras tomen posiciones en distintos ministerios. Blas Pérez apuntala su poder con la ayuda de García Hernández, padre del ex ministro, que posee una vivienda en la Dirección General de Seguridad y es el encargado de organizar a la policía. La reforma desde dentro ha fracasado y los falangistas consiguen su objetivo: apartar al propagandista Ruiz-Giménez. Arrese es autorizado a ensayar de nuevo la revolución pendiente. Desde Secretaría General intenta recuperar el SEU sin éxito. Reaparece La Hora, revista que dirigiera antes de los sucesos

Gabriel Elorriaga. Fraga es nombrado, con el tiempo, subdirector del Instituto de Estudios Políticos.

Según Javier Pradera, «1956 es un año de suma importancia en la historia del régimen». Ese año, personas como Dionisio Ridruejo y Miguel Sánchez Mazas comienzan a distanciarse del franquismo. La vida política se inicia en la Universidad. La oposición agrupa no sólo a los ilegales de siempre». Nace la Asociación Socialista Universitaria (ASU) de la mano de Vicente Girbau, Francisco Bustelo, Montesinos y Víctor Pradera (hermano de Javier). También se crea el Frente de Liberación Popular, compuesto por cristianos de izquierda como Julio Cerón y Raimundo Ortega. Los monárquicos desaparecen de las aulas universitarias.

Convencidos de que la contestación universitaria continuará, el Gobierno incrementa los efectivos de la Policía Armada y las fuerzas de orden público en general. José Antonio Girón encamina al desastre nuestra economía con su slogan «subiremos los salarios y no los precios». La galopante inflación agrava la recesión económica producida por las heladas. Una gran nevada cae sobre el país y las exportaciones, sobre todo las de cítricos, tocan fondo. La autarquía no es solución para la crisis. Los nuevos aires económicos no llegarán a las esferas gubernamentales hasta la entrada en el Gabinete de Mariano Rubio y Alberto Ullastres.

Franco estudia en un castillo sevillano, asesorado por Javier Conde y José Luís Arrese, la estrategia política a seguir. El general percibe que la doctrina falangista sólo es viable traduciéndola al franquismo. Blas Pérez abandonará el Ministerio de Gobernación, cargo al que había llegado de la mano de un hombre de la confianza del general, el notario Martínez Fusset. La oposición estaba contenida, de momento, por el miedo.

MIGUEL ALVAREZ VIVE

Después de ser operado, Miguel Álvarez no recordaba nada. Había olvidado todo, completamente todo. Ni siquiera sabía rezar oración alguna. Un amigo, falangista, comenzó a enseñarle con paciencia. Después de algún tiempo, recobró la memoria y aprendió cuanto necesitaba. Aún no sabe nada sobre el estado de excepción decretado por Franco hace veinte años ni de los detenidos. Miguel Álvarez vive. Casi ciego, paralítico de medio cuerpo, olvidado por casi todos, aquel joven falangista de 18 años, herido de bala en un enfrentamiento entre estudiantes el 9 de febrero de 1956, pasa horas y horas pensando aún en su recuperación. En un modesto piso situado en la calle General Álvarez de Castro, 21, olvida poco a poco los sucesos de los que todo un país estuvo pendiente. Nada recuerda del estado de excepción decretado por Franco hace veinte años. Tampoco sabe nada de los detenidos. Miguel fue recogido por manos falangistas, manchado de sangre, cuando los manifestantes huían de los disparos por las calles de Alberto Aguilera y Guzmán el Bueno. El XXII aniversario de la muerte de Matías Montero fue el día más luctuoso para los supervivientes de la semiolvidada posguerra. Todo el país pendiente de su vida. Una vida que salvó, en dos arriesgadas operaciones, el doctor Obrador y el cuadro médico que dirigía el profesor Jiménez Díaz.

«Después de la operación —dice la madre— no recordaba absolutamente nada. Había olvidado todo, completamente todo. Ni siquiera sabía rezar oración alguna. Un amigo nuestro, falangista, comenzó a enseñarle con paciencia. Después de algún tiempo, recobró la memoria y aprendió cuanto necesitaba. Hoy posee una gran cultura.»

Los partes médicos eran seguidos con inquietud por los detenidos y sus familiares. Incluso por personajes que ocuparon puestos oficiales, como Laín Entralgo —rector de la Universidad de San Bernardo— o el propio ministro de Educación y Ciencia, Joaquín Ruiz-Giménez. Los primeros tenían un juicio acalorado. Los segundos sabían que sus nombres circulaban por el Madrid político en las listas elaboradas para una noche de los largos cuchillos. La casa donde hoy vive Miguel Álvarez Pérez está situada en el Madrid castizo de Chamberí. Estrecha, sin luz, de escaleras desvencijadas. En el recibidor se agolpan un piano, el tresillo de terciopelo, un tocadiscos último modelo y dos cuadros con sendos dibujos a carboncillo de Miguel y su hermana Concepción, ya casada. Sus padres, Romualdo Álvarez Arenas y Concepción Pérez, acompañan a Miguel a todas partes. Viven juntos en la misma casa de bodas, en el lugar donde nació el falangista galardonado con la medalla al valor. La mayor parte de los vecinos desconocen su identidad. La familia Álvarez es una familia cristiana y falangista. «Tanto él como su padre —asegura la madre— son hombres de ideas firmes y patrióticas.» El abuelo de Miguel fue militante de Acción Popular. Miguel no pudo pilotar un avión, objetivo para el que trabajó, antes del 56, en el Bazar Chamberí (Eloy Gonzalo, 28) y algunos bares cercanos a su domicilio. Actualmente, su afición es tocar el piano, oír música y hacer gimnasia. «Me hubiese gustado dirigir una orquesta y ser compositor. Ya no puedo, pero tengo realizadas varias obras pequeñas.» Es un forofo de la zarzuela y de la música clásica y no se pierde concierto alguno del Teatro Real.

La familia vive de la jubilación del padre y de los beneficios obtenidos por el quiosco de bebidas situado frente al Palacio de Comunicaciones, y que el conde de Mayalde, entonces alcalde de Madrid, les proporcionase. «No hemos recibido más ayuda que el quiosco —nos dicen—. Pero cualquier día cambian de alcalde y nos lo quitan.»

Miguelito, como suelen llamarle todavía los médicos de la Clínica de la Concepción —lugar donde fue intervenido por primera vez—, estima que los sucesos del 56 contribuyeron a garantizar «otros diez años de paz para España». Es todavía socio de los Círculos de José Antonio, aunque su ficha no aparezca en los archivos actualizados tras el último congreso. «Antes —dice— iba a menudo al círculo; hace tiempo que no voy por allí, pues sólo daban conferencias y no se hacía nada.» Recuerda con nostalgia a Hedilla, padre, «hombre que escribió cosas muy duras y que llevaba razón en lo que dijo sobre Franco. Estoy de acuerdo con él». Opina que José Antonio Primo de Rivera «no hubiese vivido de cualquier forma» y que actualmente es «urgente la unidad de los falangistas». «Me daría igual —continúa— que como jefe provisional nombrasen a Arrese, Girón o Fernández-Cuesta, aunque es preciso reconocer que son viejos y han de dejar paso a los jóvenes.» «¿Fraga?, Fraga es un chaquetero.»

Ni Elorriaga, Ruiz Gallardón, Tamames, Múgica, Padreda, conocen personalmente al falangista de la centuria de Sotomayor. Desde la cárcel oirían su nombre y poco después, reconocerían a Miguel en las fotos publicadas en los periódicos. «Ruiz-Giménez y su mujer nos han visitado varias veces. Incluso me felicitan en Navidad y el día de mi santo. Son muy amables. Arrese y el conde de Mayalde también envían recuerdos. Sí, Girón sí nos escribe. Fernández-Cuesta nunca se ha preocupado, no ha venido nunca.»

Miguel Álvarez se pone muy nervioso cuando recuerda los hechos, a pesar de los treinta años transcurridos. No tiene amigos, «los que tenía se han casado. Antes nos reuníamos unos treinta que pertenecíamos a la misma centuria. Siempre marchábamos juntos en las excursiones. Al casarse, todo varía. Yo lo comprendo.» Sus padres piensan que podía trabajar; «otros muchos —afirman— han encontrado empleo».

«El doctor Obrador (habla la madre) hizo cuanto pudo.» Jiménez Díaz se portó muy bien. El doctor Boixador, también. Jiménez Díaz hubiera deseado tener un hijo como Miguel, con el mismo amor a la patria, con sus mismos ideales.» «Conservamos todos los recortes que se han publicado sobre el tema. En cualquier biografía sobre Franco aparece Miguel. Nos han dicho que en un libro de un historiador francés aparece una fotografía suya. He encargado a unos amigos que lo compren.»

«Franco —concluye Miguel—, me dijo que contara con él cuando recuperara la vista.»

Anexo II

Convicto

(Publicado el 9 de febrero de 2016 en el blog Las cuatro esquinas del mundo, de Tsevanrabtan)

¿Dónde estaba Manuel Fernández Martín en julio de 1936? No lo sabemos, porque los datos sobre su vida comienzan en octubre de ese mismo año, pero sería interesante saberlo.

Sabemos que había nacido en 1914, por lo que en 1936 tenía veintidós años únicamente. Era de Badajoz, pero Badajoz no fue conquistada por las tropas de Franco hasta agosto de 1936. No sabemos si estaba en Badajoz entonces. Si no supiéramos cómo fue, deberíamos creer que estuvo en territorio republicano hasta octubre de 1936, ya que el dos de ese mes se unió al ejército rebelde. Alguien como él se debería haber unido a los sublevados desde el principio, pero tardó tres meses.

No lo sé, pero aventuro que esperó el tiempo suficiente para ponderar las posibilidades de éxito. Eso sí, como tantos otros, su afección fue fulminante.

Manuel Fernández Martín, el bajito, rechoncho y graciosete Manuel Fernández Martín, era alférez a los seis días de unirse al ejército. Alférez médico. Sin embargo, no sabía nada de medicina. Pensarán ustedes que iba a ser difícil disimular, sobre todo en una guerra, pero durante seis meses participó en centenares de intervenciones quirúrgicas. Hasta que, en abril de 1937, se hizo jurídico militar. Hombre talentoso, nuestro Manuel, porque tampoco era abogado. Pero, qué quieren que les diga, es más fácil disimular que se sabe de derecho, sobre todo cuando se trata de juicios sumarísimos, que disimular que se sabe de medicina.

En lo que coinciden los que lo conocieron es en un detalle interesante: que era un auténtico hijo de puta, especialmente conocido por acosar e insultar a los procesados. Comenzó a participar en consejos de guerra. A lo largo de su vida, como fiscal o ayudante, intervino en más de cuatro mil procesos en los que se condenará a muerte a más de mil personas.

Tras la guerra le nombran director de los campos de concentración de prisioneros de Badajoz y Mérida y urde su justificación. Como es conocido como una persona especialmente afecta al Movimiento, consigue, del presidente del colegio de abogados de Cáceres, un certificado en el que pide que declare que se trata de “una persona de conducta intachable y afecto al régimen”, para inmediatamente después falsificar el documento añadiendo que está matriculado en dicho colegio. Cuando se le reclama el expediente académico afirma, y nadie lo discute, que fue quemado por los rojos, durante la guerra.

Gracias a ese papel falsificado fue ascendiendo y adquiriendo notoriedad. Muchos dirán luego que era evidente su carencia de conocimientos. Suponemos que sí, pero los servicios son pagados con creces.

Durante treinta años tomará decisiones sobre la vida y la muerte o ayudará a tomarlas, ya que asesoraba a jueces sin formación militar, actuando como ponente. Hasta que llegó el momento cumbre de su carrera. Han detenido a Julián Grimau en Madrid. Lo han torturado y lanzado por una ventana, pero ha sobrevivido. El caso se hace famoso y aparece en los periódicos de todo el mundo, justo cuando el régimen empieza a preocuparse por su imagen exterior y por el daño que puede hacer al turismo.

Manuel Fernández Martín es designado ponente y una de las primeras decisiones que toma es hablar con el abogado designado para la defensa de Grimau. Se llama Alejandro Rebollo, es teniente y licenciado en derecho, aunque no es preceptivo y además decide hacer bien su trabajo. Rebollo sabe que el ponente es una mala bestia que lee libros sobre los “crímenes de los rojos” para motivarse. Quiere una condena fácil y por eso exige al defensor que deje de tocar las narices, a la vez que lo acusa de ser el causante de las manifestaciones contra Franco que se repiten en diferentes capitales europeas. Cuenta Rebollo que el ponente le tiró un periódico a la cara y le dijo: “Ahí está tu salario. Ya tienes una calle en Praga”.

El abogado se ampara en algo incontrovertible: aunque Grimau hubiera cometido torturas y asesinatos en una checa de Barcelona, tal y como se sostenía, los crímenes habrían prescrito, salvo si se trataba de un delito continuado de rebelión militar. Pero lo cierto es que Grimau había estado más de veinte años en el extranjero. Dio lo mismo. Sin pruebas y en pocas horas fue condenado a muerte. Manuel Fernández Martín prácticamente no le dejó hablar en su defensa.

El Consejo de Ministros, incluido el ministro de Información y Turismo, Manuel Fraga, ratificó la condena. El voto fue unánime, aunque Castiella intentó convencer a Franco de la repercusión internacional. Tiempo después se supo que dos semanas antes se había creado el Tribunal de Orden Público, lo que excluía la jurisdicción del tribunal militar. El juicio era nulo, pero se ocultó la información.

Grimau abrazó a Rebollo, su abogado, en el paredón. Habían pasado la noche juntos. El teniente firmó el final de su carrera, al realizar demasiado bien su trabajo.

Lo más extraño es que en 1964 alguien se cansó de Manuel Fernández Martín. Debía ser vox populi que no era abogado y se abrió una investigación. Al final resultó que sólo había aprobado tres asignaturas de primero de Derecho en la Universidad de Sevilla. Se le condenó a un año y seis meses de prisión, ya que se le aplicó una extraña atenuante, que no había pretendido causar daños de tanta gravedad.

Murió en 1967. Nunca entendió por qué le habían humillado sus camaradas.

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Manuel Fraga junto a Santiago Carrillo

Comentario de FME:

Instructiva historia que ilustra cómo fue la ralea que estuvo dizque gobernando durante las cuatro décadas negras del franquismo. Manuel Fernández Martín fue, no cabe duda, un embaucador genial. Logró embaucar a los embaucadores que, después de ganarle la guerra a la Republica, le ganaron la posguerra a la timorata izquierda que, acojonada y arrinconada por el Terror Sanguinario, trastabilló durante nada menos que cuatro décadas. Pero el franquismo se apuntó una tercera victoria, la de maquillarse en forma de monarquía parlamentaria confirmando el eslogan del dictador: “Todo está atado y bien atado”

Anexo III

Una foto completa de Franco y su dictadura 40 años después

Los historiadores arrojan luz sobre ese pasado traumático y demuestran que el rigor es el primer paso para evitar el uso político de esa época

(Artículo de Julián Casanova publicado en www.elpais.com el 11 de febrero de 2016)

Franco comenzó el asalto al poder con una sublevación militar y lo consolidó tras la victoria en una guerra civil. Hasta 1945, él y su dictadura no fueron una excepción en aquella Europa de sistemas políticos autoritarios, totalitarios o fascistas. Pero tras el final de la II Guerra Mundial, las dictaduras derechistas, que habían sido dominantes desde los años veinte, desaparecieron de Europa, salvo en Portugal y España. Muertos Hitler y Mussolini, Franco siguió 30 años más.

Han pasado ya cuatro décadas sin él y, aunque la dictadura es todavía objeto de controversia política, con memorias divididas que proyectan su larga sombra sobre el presente, los historiadores han elaborado, a través de enfoques y métodos de indagación muy distintos, una fotografía bastante completa de ese pasado.

El Ejército, la Falange y la Iglesia representaron a los vencedores de la Guerra Civil, y de ellos salieron el alto personal dirigente, el sistema de poder local y los fieles siervos de la Administración. Esas tres burocracias rivalizaron entre ellas por incrementar las parcelas de poder, con un reparto difícil que creó tensiones desde los primeros años del régimen, cuando se estaba construyendo, examinados por Joan María Thomàs en Franquistas contra franquistas.

Aunque aparecieran desde el comienzo luchas entre franquistas, en lo que todos estuvieron de acuerdo fue en el culto rendido al general Franco, tema ya estudiado hace tiempo de forma exhaustiva por Paul Preston en su magnífica biografía, ahora ampliada, y en cuyos mitos incide también la reciente aproximación de Antonio Cazorla. El Caudillo fue rodeado de una aureola heroico-mesiánica que lo equiparaba a los santos más grandes de la historia. Aparecían por todas partes estatuas, bustos, poesías, estampas, hagiografías. La imagen de Franco como militar salvador y redentor era cuidadosamente tratada e idealizada, y su retrato presidió durante los casi cuarenta años de dictadura las aulas, oficinas, establecimientos públicos y se repetía en sellos, monedas y billetes.

La gran empresa de Franco y los vencedores consistía en la regeneración total de una nación nueva forjada en la lucha contra el mal, el sistema parlamentario, la República laica y el ateísmo revolucionario. Como recordaba el 1 de abril de 1939 Leopoldo Eijo y Garay, obispo de la diócesis de Madrid, era “la hora de la liquidación de cuentas de la humanidad con la filosofía política de la Revolución Francesa”.

El Ejército, la Falange y la Iglesia rivalizaron por incrementar las parcelas de poder con un reparto que creó tensiones

Y para liquidar esas cuentas y que los vencidos pagaran las culpas se puso en marcha un terror institucionalizado y amparado por las leyes del nuevo Estado, un engranaje represivo y confiscador que causó estragos entre los vencidos, abriendo la veda para una persecución arbitraria y extrajudicial que en la vida cotidiana desembocó muy a menudo en el saqueo y en el pillaje. Como confirman investigaciones recientes en Cataluña, Aragón y Andalucía, en aplicación de la Ley de Responsabilidades Políticas se abrieron decenas de miles de expedientes a obreros y campesinos con recursos económicos escasos, pero también a clases medias republicanas con rentas más elevadas. Los afectados, condenados por los tribunales y señalados por los vecinos, quedaban hundidos en la más absoluta miseria. En muchos casos, las sentencias se impusieron a personas que ya habían sido ejecutadas.

Con el paso del tiempo, la violencia y la represión cambiaron de cara, la dictadura evolucionó, “dulcificó” sus métodos y, sin el acoso exterior, pudo descansar, ofrecer un rostro más amable, aunque nunca renunció a la Guerra Civil como acto fundacional, que recordó una y otra vez en un entramado simbólico de ritos, fiestas, monumentos y culto a los mártires.

Franco murió matando, como relata Carlos Fonseca en la reconstrucción de la semblanza de los últimos fusilados, pero los cambios producidos por las políticas desarrollistas a partir del Plan de Estabilización de 1959 y la machacona insistencia en que todo eso era producto de la paz de Franco dieron una nueva legitimidad a la dictadura y posibilitaron el apoyo, o la no resistencia, de millones de españoles.

Esos “buenos” años del desarrollismo, opuestos a la autarquía y el hambre, alimentaron la idea, sostenida todavía en la actualidad por la derecha política y defendida en el libro de Stanley G. Payne y Jesús Palacios, de que Franco fue un modernizador que habría dado a España una prosperidad sin precedentes. Y frente a ese mito del modernizador y salvador de la patria opone Ángel Viñas, con el rigor y exhaus­tiva aportación de pruebas que le caracteriza, La otra cara del Caudillo, la de las bases y naturaleza de su poder dictatorial.

Historias y mitos administrados por historiadores que persuaden, atraen al lector y demuestran que narrar con rigor, en obras bien informadas, es el primer paso para evitar el uso político de ese traumático pasado. Españoles, Franco ha muerto, titula su ensayo Justo Serna, quien recuerda que al franquismo no podemos liquidarlo con el olvido o la ignorancia.

El artículo incluye información sobre recientes aportaciones de los historiadores a la figura de Francisco Franco:

Franquistas contra franquistas. Joan María Thomàs. Debate. Madrid, 2016. 318 páginas. 24,90 euros.

Franco. Paul Preston. Debate. Barcelona, 2015. 1.087 páginas. 32,90 euros.

Franco, biografía del mito. Antonio Cazorla. Alianza. Madrid, 2015. 392 páginas. 22,45 euros.

El “botín de guerra” en Andalucía.  Miguel Gómez Oliver, Fernando Martínez y Antonio Barragán (coordinadores). Biblioteca Nueva. Madrid, 2015. 408 páginas. 28 euros.

Mañana cuando me maten. Carlos Fonseca. La Esfera de los Libros. Madrid, 2015. 392 páginas. 23,90 euros.

Franco, una biografía personal y política. Stanley G. Payne y Jesús Palacio. Espasa. Madrid, 2015. 800 páginas. 26,90 euros.

La otra cara del Caudillo. Mitos y realidades en la biografía de Franco. Ángel Viñas. Crítica. Barcelona, 2015. 448 páginas. 21,75 euros.

Españoles, Franco ha muerto. Justo Serna. Punto de Vista Editores, 2015. 288 páginas. 16 euros.

También incluye una foto de 1955 harto expresiva de tres realidades: 1ª, la obscena satisfacción del Dictador por su obra; 2ª, la masiva expectación popular ante su presencia; y 3ª, la torva mirada del hombre del pañuelo atado a la cabeza, prueba del rechazo a su figura que el Régimen tuvo bajo su férreo control durante cuatro décadas

Franco visita las obras del pantano de Santa Ana, en la cuenca del Ribagorzana, en 1955.

Anexo IV

El contexto totalitario

La revolución bolchevique o comunista que tuvo lugar en Rusia durante el largo periodo que va de 1891 a 1924 supuso un duro golpe no solo para el Imperio de los Zares sino también para la democracia parlamentaria que hunde sus raíces en el nacimiento de Estados Unidos de América (1776) y la Revolución Francesa (1789) La clásica división de poderes entre el Ejecutivo, el Legislativo y Judicial fue sustituida por una vuelta al viejo absolutismo pero ahora no encarnado en un monarca sino en el Politburó de un Partido Único. La URSS estableció un sistema de gobierno conocido como totalitario de izquierdas. Sus bases ideológicas fueron las desarrolladas por Marx y Engels (el llamado socialismo científico) interpretadas y ejecutadas por Wladimir Lenin (1917 – 1924), a cuya muerte le sustituyó Josif Stalin (1924 – 1953), el cual priorizo el comunismo en la URSS (nacionalismo soviético) sobre la revolución mundial. A su muerte tuvo lugar un proceso de reformas mediante el cual el estalinismo fue sometido a críticas aunque no en profundidad hasta la repentina desaparición de la URSS en 1991. Los fines del comunismo eran la supresión de las clases sociales por medio de la Dictadura del proletariado en la URSS pero con vistas a conseguir lo mismo en todos los países del mundo.

El mimo año de la muerte de Lenin tuvo lugar en la República de Weimar la puesta en libertad del austriaco Adolf Hitler  (1889 – 1945), militante del Partido Obrero Alemán, quien mediante la exaltación del pangermanismo, el antisemitismo y el anticomunismo  consiguió hacerse con la jefatura de dicho partido sirviéndose de su encendida oratoria y de grandes manifestaciones propagandística de una nueva ideología. El partido de Hitler ganó las elecciones de 1933 y el presidente de la República lo nombro canciller imperial. A la muerte del presidente en 1934, Hitler se autoproclamó Führer transformando la República democrática en el Tercer Reich, sistema de gobierno totalitario en el que el Führer asumió plenos poderes sostenido por el único partido, el Partido Nacionalsocialista Obrero Alemán basado en lo que se denomina ideología nazi. El Tercer Reich perseguía una política exterior expansionista para ampliar el espacio vital alemán hacia el este al mismo tiempo que combatía una supuesta conspiración internacional entre el judaísmo, la masonería, el comunismo de la URSS y el capitalismo occidental. La política de Hitler aspiraba a establecer un Nuevo Orden mundial hegemonizado por Alemania y la raza aria.

Sincrónicamente con la URSS y el Tercer Reich, en Italia Benito Mussolini, viejo militante del Partido Socialista, fundó en Roma el Partido Nacional Fascista el 7 de noviembre de 1921, un partido que hundía sus raíces en el nacionalismo italiano y en las aspiraciones de restaurar en lo posible el Imperio Romano de la Antigüedad. El fin del fascismo italiano consistía en la recuperación del poder de la antigua Roma mediante la creación del Imperio Italiano que proporcionara a los italianos una expansión de su espacio vital y la hegemonía sobre el Mare Nostrum.

Los fascistas conquistaron el poder el 28 de octubre de 1922 al ser nombrado jefe del gobierno Mussolini tras la llamada Marcha sobre Roma que se llevó a cabo de acuerdo con el rey Víctor Manuel III. Gracias a la ley electoral que lo beneficiada, el Partido Fascista consiguió la mayoría absoluta en las elecciones de abril de 1924. En 1925, Mussolini eliminó la democracia y estableció una dictadura total en la que el fascismo se convirtió en el único partido legal en 1928.

Tomado el poder, el nuevo régimen impuso su ideología. Para obtener un puesto de trabajo había que ser miembro del partido único. Mussolini, como salvador de la nación, recibió el título de Duce. El parlamento desapareció y en su lugar se creó el Gran Consejo Fascista. Se promovió la conquista de territorios africanos África, se impuso la segregación racial y la supremacía de los italianos sobre las futuras colonias del Imperio.

Como el comunismo soviético y el nazismo alemán, el fascismo italiano también combatía el capitalismo con defensa del trabajo propia del socialismo, pero de orden corporativista y ajeno al marxismo, en el que empleador y empleado se asociaran como productores que unidos al Estado implantaran un sistema económico nacional.

Las similitudes y los paralelismos entre el comunismo soviético, el nazismo alemán y el fascismo italiano han quedado manifiestamente reflejadas en los párrafos precedentes. Las enumeraré: nacionalismo, socialismo, totalitarismo y expansionismo. Las diferencias son más de matiz que esenciales: el comunismo es de izquierdas mientras que el nazismo y el fascismo son de derechas. Los tres lograron en su tiempo tan extraordinaria difusión y tanto predicamento que bien puede decirse que lograron constituirse en alternativas de la democracia en varios países, entre otros Portugal, Bélgica, Finlandia y España, por citar solo los europeos.

Ante el triunfo del fascismo en Italia y del nazismo en Alemania, la implantación del principal partido fascista en España, las Juntas de Ofensiva Nacional –Sindicalista, era harto insignificante. Este partido surgió en octubre de 1931 por la fusión del grupo liderado por Ramiro Ledesma, fundador del semanario “La Conquista del Estado”, con las Juntas Castellanas de Actuación Hispánica, de Onésimo Redondo, relacionado el propagandismo de la Acción Católica. Este pequeño partido estaba al corriente del surgimiento de la nueva derecha europea, concretamente del el nazismo  y el fascismo, de los que tomaron algunos planteamientos con el fin de adaptarlos a las condiciones españolas. Si el nazimo ensalzaba la raza aria, el naconalsindicalismo eligió el catolicismo tradicional hispánico enraizado en la escolástica y en la Contrarreforma de Trento. Propugnada la acción violenta, el activismo propio de los bolcheviques y del anarquismo como medio de alcanzar la revolución social. De las JONS es el símbolo del yugo y las flechas tomado de los Reyes Católicos y el lema “España Una, Grande y Libre” y el grito ¡Arriba los Valores Hispánicos! Que derivaría en el definitivo ¡Arriba España! De poco después.

Conscientes débil implantación del fascismo en España, las fuerzas de extrema derecha, representadas por industriales y financieros, se pusieron de acuerdo ante la necesidad de buscar un líder carismático capaz de conseguir un partido con mayor implantación. Lo encontraron en el primogénito del general Miguel Primo de Rivera, el dictador de 1924 a 1930, el abogado José Antonio. Convencido por tales fuerzas y motivado por la campaña que los republicanos venían haciendo contra si padre, José Antonio procedió a la fundación de Falange Española (FE) el 29 de octubre de 1933, que, muy poco después, se fusionó, el 15 de febrero de 1934, con las Juntas de Ofensiva Nacionalsindicalista (JONS) dando lugar al partido FE de las JONS.

En el periodo de la II República, el nuevo partido desempeñó un importante papel en el desarrollo de los acontecimientos que condujeron a la Guerra Civil apoyado por las fuerzas reaccionarias y los partidos de la derecha que lo utilizan como fuerza de choque. No consigue un apoyo popular significativo, pero sí entra en la dinámica del activismo político propio de los anarcosindindicalistas y otros radicales de izquierdas en enfrentamientos violentos precursores del clima de inseguridad y violencia que acabó provocando el golpe de estado de los militares y la guerra civil.

Lo que antecede tiene la finalidad de hacer comprensibles las razones que llevaron a los militares rebeldes, carentes de una ideología atractiva, a asumir muy pronto la ideología nazifascista adaptada por FE de las JONS, tanto porque era la de los países de los que recibía ayuda, como porque este insignificante partido había decidido unirse a los rebeldes. Pero Franco, como ya he dicho, antes de hacer de FE de las JONS el partido único en 1938, lo fusionó con los monárquicos carlistas, la llamada Santa Tradición de los Tercios Requetés, que también se habían unido a los rebeldes. Así nació FET de las JONS. Este fue el corpus ideológico de la llamada España Nacional, el llamado también Nuevo Estado como en Portugal, desde 1939 hasta la victoria de los Aliados en la guerra de 1939 a 1945.

Durante el periodo 1939 – 1945 España fue gobernada por un sistema totalitario de inspiración nazifascista en el que se propuso recuperar la pasada grandeza del Imperio Español, se enalteció la raza hispánica, se volvió a ser la espada de Roma y la defensa de la civilización cristiana. Franco fue ensalzado como Caudillo de España, como héroe de la Patria y como el centinela incansable que vela por la paz de España. Resulta patente la imitación al pie de la letra de lo que hicieron los nazis con Hitler, el Führer, y los fascista con Mussolini, el Duce.

Después de este año, España se vio obligada abandonar la ideología fascista con incrustaciones católicas de FET de las JONS para adoptar una ideología católica con incrustaciones fascistas, dando lugar a la ideología que se ha denominado nacionalcatolicismo aprovechando que la Iglesia había bendecido la Guerra Civil como Cruzada contra el liberalismo, el materialismo, el comunismo, el capitalismo y el ateísmo.

A partir de este momento, el franquismo consolidó el peso ideológico del catolicismo tridentino sin excluir los tintes fascistas tomados de FET de las JONS. Esta fue la ideología dominante hasta le defenestración de los falangistas en 1956, año en el que tuvo lugar la formación de un nuevo gobierno en el que los tecnócratas del Opus Dei ocuparon el lugar de los falangistas. El peso de la Iglesia y de la tradición católica aumentó de un modo significativo y con ello la superación de la autarquía obligada por el bloqueo internacional y de la economía intervenida por el Estado. Se pusieron así las condiciones del desarrollo económico y de una apertura controlada, condiciones que irían preparando al Régimen para transformarse en una democracia coronada tras la muerte del dictador y la constitución de 1978.

El pretendido análisis marxista del turismo

EL PRETENDIDO ANÁLISIS MARXISTA DEL TURISMO

 Francisco Muñoz de Escalona Científico titular del CSI (jb.) escalafuen@gmail.com

Resumen:

Que el turismo es un fenómeno social nadie lo ha puesto en duda. Que los fenómenos sociales han sido profusamente interpretados desde el marxismo (materialismo dialéctico e histórico) es una evidencia. Que la interpretación marxista de los fenómenos sociales aporte algo de interés al conocimiento del turismo es una pretensión que solo se mantiene entre pensadores marxistas dogmáticos. El presente trabajo se propone comentar un “primer acercamiento a la teoría del turismo desde la economía política y el materialismo dialéctico e histórico”, el que ha realizado un turisperito marxista de la Universidad de la Habana, el cual amenaza con un segundo acercamiento en el inmediato futuro.

Preámbulo

Desde 1988 vengo tratando de la conveniencia (urgencia más bien) de desarrollar un visión microeconómica del turismo, lo cual implica una postura radicalmente novedosa y alternativa (no excluyente) a la visión convencional, la que lo concibe solo como fenómeno social. La exclusiva concepción  del turismo como fenómeno está enraizada en el habla ordinaria. Fueron los hablantes quienes espontáneamente derivaron turismo de turista y turista de tur, entendiendo por tur un paseo, una vuelta, un desplazamiento (solo por gusto), turista a quien hace un tur y turismo al colectivo aficionado a salir por gusto de su casa para volver después. A mediados del siglo XIX, el colectivo

aficionado a desplazarse por gusto empezó a ser significativamente voluminoso como consecuencia de una serie de cambios en el sistema productivo de algunos países occidentales, entre ellos Inglaterra, Estados Unidos, Francia y Alemania. La raíz de esos cambios fue la revolución industrial que provocó la invención de la máquina de vapor. Las industrias manufactureras se movieron con la ayuda de la fuerza del vapor. Poco después, el vapor se aplicó también para propulsar los medios de transporte acuáticos (navegación) y terrestres (ferrocarril). Los transportes se industrializaron al mecanizar una tracción que hasta entonces había sido la vela en el mar y los animales en la tierra. La capacidad de servicio de los medios de transporte aumentó espectacularmente a partir de mediados del siglo XIX, fecha a partir de la cual tuvo lugar el mayor volumen de inversiones nunca conocido hasta entonces. El sector del transporte estaba llamado a convertirse en un sector altamente estratégico para el desarrollo económico, función que sigue manteniendo en la actualidad. Los beneficios de las empresas de transporte fueron, más que grandes, fabulosos. Las empresas de transporte no solo dieron servicio a las necesidades de la agricultura y de la industria manufacturera facilitando el comercio mundial. Se percataron de que también había grandes expectativas de negocio dando servicio a las necesidades de transporte de las personas físicas, un nicho de demanda que hasta entonces no había sido atendido correctamente. Lo que los expertos en economía del transporte llaman demanda inducida se unió a la demanda de transporte existente y su espectacular crecimiento alentó las inversiones en nuevos y mejores medios, de forma que no solo crecieron los beneficios empresariales sino que la creciente capacidad de transporte (oferta) provocó un descenso de las tarifas pagadas por los usuarios, unos usuarios que cada vez procedían de capas de población con menos ingresos, algo que se extendió ostensiblemente desde los países dominantes (los imperios) hasta los países dominados (las colonias).

Obviamente, las ansias de moverse por el territorio que late en el ser humano pudieron ser progresivamente satisfechas hasta el extremo de que no solo se atendieron las primarias y heterónomas (las necesidades que podemos llamar vitales y negociosas u obligadas) sino también las secundarias y autónomas (las que llamaremos placenteras y ociosas o por gusto). La propensión innata del ser humano a moverse de un lugar a otro es un factor explicativo del fenómeno turístico que no debe ser minimizado.

Así pues, no solo las clases burguesas consiguieron aumentar su bienestar sino que también las clases obreras lograron participar de las ventajas de la revolución industrial y de los transportes. Un siglo después, a mediados del siglo XX, cuando todas las clases sociales tuvieron derecho a vacaciones pagadas en su contrato de trabajo por cuenta ajena, una proporción creciente pudo aprovechar ese tiempo de libre disposición o vacacional para salir de su lugar de residencia para pasar unos días de asueto en lugares más atractivos por alguna razón. Porque el aumento de la demanda y el subsiguiente de la oferta que estuvo teniendo lugar desde un siglo antes terminó por posibilitar un flujo creciente de vacacionistas, que es a lo que se le ha dado finalmente el nombre de turismo como fenómeno social generalizado.

Ese fenómeno social generalizado es una de las notas diferenciadoras de las sociedades modernas. Por ello no debe de extrañarnos que el interés por el fenómeno sea creciente hasta el punto de que suscita la atención de los gobiernos, de los empresarios y de las familias, y, como consecuencia de ello, de los científicos sociales, entre ellos los sociólogos, los geógrafos, los antropólogos, los historiadores y los economistas entre otros. Todos ellos se acercan al turismo concibiéndolo con visión fenoménica, es decir, centrando su interés en sus efectos externos ya que es lo único que podemos aspirar a conocer del turismo como fenómeno. Sus efectos sobre las costumbres, sobre el territorio, sobre la economía, sobre las mentalidades, sobre las culturas de los pueblos que practican turismo y sobre los que reciben a los turistas.

El “acercamiento” al turismo desde el marxismo

A un profesor de turismo de la Universidad de La Habana, el lic. Antonio Díaz Medina, marxista y turisperito, se le pasó en algún momento de su vida por la mente que el turismo no había sido aun analizado desde el marxismo, es decir, mediante la aplicación del materialismo dialéctico – histórico. El lic. Díaz decidió por ello ponerse manos a la obra. De entrada elaboró una ponencia con destino al CIET – junio 2012 de La Habana que luego envió a la revista digital Turismo y Desarrollo (Turydes), titulada Turismo y conocimiento científico, un primer acercamiento  (se entiende a la teoría sobre el turismo desde la Economía Política y el materialismo dialéctico e histórico). ¿Por qué y para qué acometió tan novedoso proyecto el lic. Díaz? Una primera pista la da él mimo en el resumen de su primer acercamiento. Dice así:

Un primer acercamiento a la teoría sobre el turismo desde la Economía Política y el Materialismo dialéctico e histórico. La aplicación del método histórico-lógico nos permite dar una definición científicamente fundamentada del fenómeno turismo. Nuestra definición arranca por establecer el origen del turismo, el momento

histórico en que surge, las condiciones objetivas que provocan y permiten su aparición como nuevo fenómeno social, su principal sujeto, el turista, que no el único, así como los demás elementos principales que lo componen y su devenir en el tiempo hasta nuestros días.

Son muchas las ventajas que ofrece ya en el mismo resumen el primer acercamiento marxista al turismo del lic. Díaz. Este primer acercamiento iá seguido de un segundo acercamiento, esta vez en forma de tesis doctoral. Recomiendo al lector que, antes de seguir, lea con detenimiento la correspondencia que mantuvimos con el lic. Díaz que se ofrece íntegra en al anexo I. La correspondencia pone de manifiesto que el lic. Díaz conoce algunos de nuestros trabajos, en particular la tesis doctoral (1991). Es evidente que la tesis y su defensa no han convencido al lic. Díaz. La tesis parte de un pormenorizado estudio de las obras más señeras de la literatura disponible desde el último cuarto del siglo XIX hasta la fecha de su redacción (1991), es decir, en ella se pasa revista, por primera vez, a todo un siglo de pensamiento turístico. Al ir desgranando los recovecos de ese pensamiento se van poniendo de manifiesto las incongruencias y las anomalías en las que cae para terminar diagnosticando que todas ellas se deben a una causa que hasta entonces no había sido señalada, a lo que podríamos llamar el pecado original que late en la construcción del conocimiento del turismo. Esa causa no es otra que la aplicación de una visión del turismo desde el turista, un consumidor desplazado, para, en función de él, identificar los servicios que consume durante su desplazamiento, sobre todo en el país que visita. Esos servicios son un conjunto heterogéneo, al que se llamó oferta turística básica, industria turística y sector turístico. Al llamar a ese conjunto industria se da la impresión de que es eso, una industria, no un conjunto de industrias, y al llamarlo sector, se refuerza la idea al hacerlo equiparable a los demás sectores productivos de la economía del país visitado. En definitiva, así fue como se terminó invadiendo el campo de la microeconomía, una disciplina metodológica que se ocupa de la asignación óptima de recursos a través de su transformación en bienes y servicios (producción), sin abandonar la visión desde el consumidor, la cual obliga a permanecer en el campo de la sociología o, como mucho, de la macroeconomía (cuantificación de los efectos del gasto). Con esa forma de designar a la contrapartida del gasto de los turistas, la llamada oferta, se oculta que el turismo no es una industria sino de un conjunto de industrias. Tampoco es un sector de industrias semejantes entre sí, sino un conjunto de ramas productivas de todos los sectores que conforman la economía del país anfitrión. Como decimos, el lic. Díaz no ha quedó convencido de la crítica de la economía turística, y mucho menos de la propuesta derivada de ella, que no es otra que la sustitución del enfoque de demanda (la visión desde el turista) con el que se estudia el turismo por el enfoque de oferta, que es el habitual en la economía para estudiar las actividades productivas. El lic. Díaz ansiaba con fuerza que leyera su trabajo y como se muestra en el anexo 1, en efecto, lo consiguió, con la ayuda de M. Korstanje. Una vez conseguido, el lic. Díaz rehusó el debate y decidió interrumpirlo como lo suscitó, por propia iniciativa. Respeto la libertad, pero no ciertas formas de ejercerla. Si se lee el anexo I se llegará a la conclusión de que el debate se asemeja a un diálogo en el que uno de los dos interlocutores parece sordo. Porque si el lic. Díaz hubiera entendido correctamente nuestras críticas, se habría percatado de que yo éramos su interlocutor más adecuado ya que no iba a encontrar ayuda quien está fuertemente anclado en la concepción convencional del turismo, la que se basa en la visión fenomenológica del mismo. Una visión desde la que se lleva a cabo su “acercamiento” al fenómeno turístico desde el marxismo. Desde nuestro primer comentario, escrito inmediatamente después de leer el artículo del lic. Díaz (lectura que le pareció insuficiente en tiempo y comprensión), le expusimos con meridiana claridad que sus críticas a nuestro pensamiento parten de una incorrecta interpretación. Lo demuestra con su insistencia en concebir el turismo como un fenómeno social cuando lo que nosotros proponemos es, es decir, en sí mismo, no en función de quien lo consume. Claro que el turismo se puede estudiar como un fenómeno social, pero hay que hacerlo sin salirse del campo de la sociología, la geografía (por su uso del territorio. También la macroeconomía tiene sentido en la medida en la que el gasto de los turistas tiene efectos sobre los precios de los bienes y servicios y sobre la producción. Pero sin invadir, como tan a menudo se hace, el campo de la microeconomía, ya que el enfoque de demanda o sociológico es incompatible con dicho campo. La microeconomía parte de la identificación objetiva y sin ambigüedades de la actividad productiva que se propone estudiar. Su estudio se hace sobre esa actividad perfectamente definida de forma que nunca caben dudas en la identificación del producto obtenido, el agente que lo produce y la tecnología o tecnologías utilizadas en el proceso productivo. ¿Es posible estudiar el turismo concebido como fenómeno social con el instrumental propio de la microeconomía? La respuesta es, contundentemente, negativa, hasta el punto de que hacerlo, como es obvio que se hace, no puede más que llevar a la confusión conceptual y, lo que es aún más grave, a la aplicación de estrategias de inversión no óptimas por desenfocadas. Comprendemos que lo dicho es entendible por cualquier lector medianamente respetuoso con la lógica más elemental y que, además, conozca tanto la literatura convencional del turismo como nuestras propuestas críticas y constructivas sobre la materia. El lic. Díaz, desgraciadamente, no las comprende, eso está fuera de dudas, porque para él el turismo solo puede ser concebido como fenómeno social ya que él, a lo que aspira, es a hacer lo que cree nadie ha hecho y hay que hacer, un acercamiento al turismo desde el método marxista, el único que, según él, tiene capacidad para, de una vez por todas, lograr un conocimiento verdaderamente científico, algo que no existe después de más de un siglo de actividad investigadora. De cara a comprender su proyecto hay que tener en cuenta que el lic. Díaz ha trabajado durante una década en un turoperador cubano en el que, al parecer, ha acumulado muy preciosas y suculentas experiencias, cosa que no hay que poner en duda. En base a ellas, dio en creer que mis críticas a la llamada intermediación turística que postula la visión canónica, la actividad que se adjudica a los turoperadores por esa visión, son justificadas. Lo que no parece haber entendido es que los turoperadores reales, los que existen en la realidad, se diferencian de los turoperadores de nuestra teoría, los del modelo basado en ella. Mientras que los reales son, en efecto, verdaderos intermediarios entre los oferentes de servicios básicos y los demandantes, lo turoperadores modélicos llevan a cabo una función productora consistente en ensamblar servicios básicos (facilitadores en mi terminología) y servicios complementarios (incentivadores) de acuerdo con diseños previos de programas de visita con contenido. Con ello, los turoperadores del modelo transforman unos servicios que no son turismo en otro diferente a ellos, es decir, en turismo. De aquí que pueda afirmar que estos turoperadores, los del modelo, son las únicas empresas que pueden y deben tenerse por turísticas y lo que producen por productos turísticos. Así queda eliminada la ambigüedad, la confusión y la supuesta complejidad del turismo. Hay, además, otro elemento más que explica que el lic. Díaz se sintiera motivado a poner en marcha sus acercamientos al turismo desde el marxismo. En el primer acercamiento, el lic. Díaz cita la primera parte de mi Autopsia del turismo, titulada “El vencimiento de la distancia”. Esta parte de la obra presenta la evolución experimentada por los servicios facilitadores del turismo, empezando por el transporte, siguiendo por la hospitalidad y terminando por los mapas, los guías, las guías, las señales, los calendarios, los relojes, la traducción de idiomas, el dinero y el sistema bancario, entre otros. No es aventurado, pues, suponer que el marxista Díaz pensara que su evolución se explica en base a la dialéctica materialista del marxismo, según la cual los modos de producción nacen, crecen, maduran y generan las condiciones materiales para que nazca un nuevo modo de producción, y así sucesivamente. Para un marxista como él, la progresiva mejora de los servicios que facilitan el fenómeno del turismo es un proceso que se explica científicamente por la mecánica determinista de la historia, como parte del modo de producción de la burguesía. Combinando el interés que el lic. Díaz, como digo un experto en turoperadores, muestra por mi teoría de los turoperadores (aunque sin entenderla) con la fascinación que como marxista siente por la progresiva mejora de los servicios facilitadores que se expone en “El vencimiento de la distancia”, no es extraño que llegara a la conclusión de que hay que acercarse al turismo de un modo nuevo, original y, sobre todo científico, algo que estaría aun por hacer, es decir, aplicando el análisis marxista, un análisis de la sociedad que es tenido por los marxistas como el único verdaderamente científico. Así, juntando su experiencia profesional con sus convicciones como marxista, surgió en su mente el proyecto de acercarse al turismo aplicando la dinámica del materialismo histórico – dialéctico. Más adelante nos ocuparemos de desarrollar críticamente los resultados de ese acercamiento. ¿Pero, por qué mi propuesta de la teoría productiva de la turoperación le lleva a pensar que con ella niego la condición de fenómeno social al turismo? ¿De dónde puede salir tal afirmación? Porque el turismo es un fenómeno social, nadie en su sano juicio lo puede negar, y como tal se ha sido estudiado en el pasado, se estudia hoy y se estudiará en el futuro. Lo que la visión de oferta o alternativa que propugno sostiene es que, si se estudia como fenómeno social, no debe aplicarse a su estudio el instrumental analítico de la microeconomía. O, dicho de otro modo, que si se quiere aplicar la economía al estudio del turismo se impone verlo como una actividad productiva objetivamente identificada. Y que, si no es posible hacerlo, no debe estudiarse el turismo desde la microeconomía, cosa que, sin embargo, se hace continuamente con las nefastas consecuencias que vengo señalando en mis escritos.  Repito: el turismo visto como fenómeno social (visión desde el turista o demanda) ha de ser estudiado por métodos sociológicos, pero si se quiere estudiar con el herramental de la microeconomía ha de ser visto como una única actividad productiva objetivamente identificada (visión desde el productor u oferta) Para comprender mejor que sin producción de turismo no existiría el fenómeno social basta pensar que sin producción de automóviles no existiría el automovilismo. El estudio de la fabricación de automóviles no empece para que también se estudie el fenómeno social que llamamos automovilismo. Una cosa no quita la otra.

El dogma marxista aplicado al turismo

El marxismo es un corpus de pensamiento que se ha consolidado como una forma pretendidamente científica de explicar la evolución de las sociedades humanas a lo largo del tiempo, en especial la transición desde la sociedad de clases del primer capitalismo a una sociedad sin clases y, por tanto, libre, próspera, justa y feliz. Marx y Engels pusieron el énfasis en la formación y deterioro de la sociedad burguesa, basada en la propiedad privada de los medios de producción, causa de la explotación del hombre por el hombre. La dialéctica hegeliana (tesis-antítesis-síntesis) aplicada a las bases materiales, el modo de producción, (materialismo dialéctico) explica científicamente el proceso a través del cual la sociedad burguesa da paso a la sociedad comunista, la sociedad gobernada por los obreros unidos en beneficio de toda la humanidad.

Es cierto que el turismo como tal fenómeno social, aún no ha sido estudiado con ayuda del método dialéctico – histórico acuñado por Marx y Engels y desarrollado por Lenin. ¿Es necesario hacerlo?, ¿tiene sentido?, ¿aporta algo al conocimiento del fenómeno que no pueda ser alcanzado sin el concurso del análisis marxista?

Expliquemos ante todo el método:

Marx, en el prólogo de su obra “Contribución a la crítica de la economía política”, viene a decir que los hombres, al organizar su modelo de sociedad, generan unas relaciones de producción independientes de su voluntad. El modelo de sociedad es función de las relaciones de producción, o sea, de la estructura económica. Marx habla de establecimiento de esas relaciones de producción por los hombres pero que tal establecimiento es independiente de la voluntad de los hombres, con lo que cae en una flagrante contradicción, tan grande que no cabe predicarla de una inteligencia como la suya. Lo que parece que quiere decir es que las relaciones de producción se forman como consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas, las cuales son independientes de su voluntad. Su teoría social es, obviamente, determinista. Explica la dinámica social de acuerdo con leyes similares a las de la física. Marx, no lo olvidemos, era un hombre de su tiempo y como tal admiraba el alto desarrollo alcanzado por las ciencias de la naturaleza. Él mismo lo deja claro al escribir que “las transformaciones que tienen lugar en las relaciones de producción pueden apreciarse con la exactitud de las ciencias naturales”.

Según Marx, el modo de producción de la vida material condiciona el proceso de la vida social, política y espiritual en general, esto es, que las ideas del hombre no son las que determinan su organización social, sino que es su organización social la que determina sus ideas. De aquí que el marxismo sea un materialismo, y como tal, opuesto al idealismo imperante en su tiempo. Es el desarrollo continuo de las fuerzas productivas de la sociedad lo que hace que se gesten en su seno contradicciones que minan las relaciones de producción existentes. Con ello se inicia el proceso de transformación de sus instituciones jurídicas y política abriendo una época de revolución social, la cual pone en marcha el nacimiento de nuevas relaciones de producción y, con ellas, el cambio de las formas jurídicas, políticas, religiosas, artísticas y filosóficas. Las ideas (la ideología según Marx) cambian y los hombres adquieren plena conciencia del conflicto entre las nuevas fuerzas de producción y el modelo social resultante de las viejas fuerzas productivas y luchan por superarlo.

Marx añade que ninguna formación social desaparece antes de que se desarrollen totalmente las fuerzas productivas en las que se basa, que jamás aparecen nuevas y más elevadas (sic, Marx creía plenamente en el progreso, como todos sus coetáneos) relaciones de producción antes de que las existentes hayan madurado, habida cuenta de que la humanidad solo se propone los objetivos que puede alcanzar (hay aquí un reconocimiento de la supremacía de las ideas en Marx que choca frontalmente con su materialismo declarado) ya que los objetivos solo surgen cuando ya se dan (nueva contradicción marxista) o, al menos cuando se están gestando (pero quien o quienes sean el gestor o gestores es un algo que Marx no explica).

Marx reconoce que la humanidad ha tenido sucesivos modos de producción: el asiático, el antiguo y el feudal antes de llegar al modo burgués, el cual es (o era en tiempo) constituye la última forma antagónica del proceso social de producción. Las fuerzas productivas propias de la sociedad burguesa brindan según Marx las condiciones materiales que acabarán con el antagonismo entre las diferentes fuerzas productivas en liza. Con el agotamiento de la sociedad burguesa se cierra lo que Marx llamó “la prehistoria de la sociedad humana” y se inicia su historia, la cual finalizará con el nacimiento de la sociedad comunista, sociedad modelo en la cual por no haber propiedad privada de los medios de producción no habrá tampoco explotación ni clases sociales en pugna.

No olvidemos el énfasis que en el modelo marxista se hace de la producción y de las fuerzas productivas materiales. Es un aspecto crucial para enjuiciar la capacidad del análisis marxista usado para explicar el turismo visto como fenómeno social, un corpus de pensamiento en el que no existe la producción sino tan solo el consumo en desplazamientos placenteros. La contrapartida del consumo son servicios, los cuales carecen de naturaleza productiva para Marx ya que este es un economista de la escuela clásica, como Smith y Ricardo.

El materialismo dialéctico, como sistema filosófico, se opone, como ya se ha dicho, al idealismo filosófico. Este concibe el espíritu como el principio de la realidad. Para el materialismo dialéctico las ideas tienen un origen físico. Lo primero es la materia, y la conciencia, las ideas, el pensamiento, la ciencia derivan de ella. El materialismo dialéctico se apoya en los datos, resultados y avances de las ciencias, y en el pensamiento racional científico. Asimismo, el materialismo marxista se opone al agnosticismo. Para el marxismo, el conocimiento del mundo se basa en su materialidad, en su existencia objetiva en el tiempo y en el espacio. Engels lo formuló así: “Las formas fundamentales de todo ser son el espacio y el tiempo, y un ser concebido fuera del tiempo es tan absurdo como lo sería un ser concebido fuera del espacio”.

El término “materialismo dialéctico” nunca fue usado por Marx ni definido sistemáticamente por él. Fue introducido por Plejanov.

La introducción de los términos materialismo dialéctico y materialismo histórico se puede interpretar como un intento de sistematizar los fundamentos filosóficos presentados por Marx y Engels. Lenin asumió el pensamiento de Plejanov, considerado el padre del marxismo en la Rusia del siglo XIX. El materialismo dialéctico fue definido más tarde por Stalin como la aplicación de las leyes dialécticas a la naturaleza, y el materialismo histórico como la extensión de las mismas a la historia y la sociedad.  De la todo ello se desprende que el método marxista, tal y como ha venido siendo configurado, se reclama de Marx sin ser enteramente de Marx. Fueron sus epígonos los encargados de configurarlo. Los epígonos de Marx, al asumir la economía clásica ricardiana que había hecho suya Marx, niegan al sector servicios, como ya se ha dicho, la naturaleza de sector productivo generador de riqueza. Para ellos los servicios son parte del gasto improductivo, meros gastos de renta, no fuentes de renta. Por ello, el análisis marxista, de haberse aplicado al estudio del turismo, admitiría de buen grado que es un fenómeno social, un hecho de consumo masivo y un gasto de renta, algo que nadie discute, pero lo que no admitiría nunca es la contrapartida empresarial del turismo, es decir, la prestación de una serie de servicios productivos entre los que destacan los de transporte, hospitalidad y otros sin los que su consumo no tendría sentido. En puridad, el marxismo, si se aplicara al estudio del turismo, lo haría amputando su parte objetiva (los productores) dejándolo reducido a su parte subjetiva (los turistas) Contemplar la componente empresarial en un intento de análisis marxista del turismo supone salirse del marxismo y traicionarlo por la espalda. A lo más que puede llegar un eventual análisis marxista del turismo es a incluirlo explícitamente como una característica de la sociedad burguesa y como un hecho más de su ineluctable evolución hacia la meta, la tierra prometida de una sociedad sin clases, en la medida en que incorpora un potencial evidente como instrumento adormecedor de la conciencia de clase.  El turismo puede ser visto por los marxistas como una consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas burguesas. Pero, curiosamente, de la maduración de este modo de producción no se siguió una pauperización de las masas obreras como predijo Marx sino la posibilidad de que estas, aburguesadas, imiten a las clases acomodadas y participen en del consumismo y, dentro de este, del turismo.  Finalmente, a las críticas que durante el siglo XX se le han hecho al marxismo como teoría social determinista, basadas en la imposibilidad de predecir el futuro exclusivamente por el desarrollo de las fuerzas productivas (un evidente reduccionismo), hay que añadir el hecho de que el modelo comunista de sociedad no se ha implantado en los países en los que más se desarrollaron las fuerzas productivas capitalistas sino en los atrasados y semifeudales (Rusia, China, Vietnam, Corea y Cuba entre otros) No ha sido, pues, lo que ha llevado a la existencia de nuevas fuerzas productivas en ellos lo que alumbró el nacimiento de sociedades comunistas sino la violencia como partera del cambio. Finalmente conviene apuntar que explicar el turismo por medio del materialismo dialéctico – histórico supone olvidar la fuerza de otros muchos factores explicativos, entre ellos la innata propensión del hombre al conocimiento de nuevos territorios unido a la búsqueda de recursos y experiencias inexistentes o imposibles en el asentamiento permanente y la fuerza de las ideas propuestas por los grandes pensadores. He aquí lo que dice John Maynard Keynes, una inteligencia que está sin duda a la altura de la de Karl Marx:

“…las ideas de los economistas y de los filósofos políticos, tanto cuando son acertadas como cuando son erróneas, son más poderosas de cuanto comúnmente se las suele considerar. En realidad, es muy poco más lo que rige el mundo. Los hombres prácticos, que se creen absolutamente exentos de toda influencia intelectual, generalmente son esclavos de algún economista difunto”.

Marx y Keynes fueron economistas, los dos están difuntos. Las ideas de ambos siguen siendo aplicadas después de su muerte a pesar de que esas ideas han quedado superadas por la crítica científica a través de la que avanza el conocimiento.

Crítica del análisis marxista del turismo del Lic. Díaz

Expuestas las razones tanto teóricas como prácticas que explican por qué el análisis marxista no ha sido utilizado para estudiar el turismo procede hacer una revisión crítica del trabajo del lic. Díaz. Para ello iremos paso a paso a través del mismo, introduciendo comentarios críticos allí donde proceda. Después de procurar nuestra opinión, renunció a ella cuando pudo conseguirla. Lo que hacemos aquí no es para el Lic. Díaz habida cuenta de que rechaza la crítica. Se hace para conocimiento de la comunidad de estudiosos que puedan estar interesados y también porque sirve de pretexto para aclarar ideas. Ya en la introducción del trabajo objetos de crítica leemos:

“La literatura científica sobre el concepto de turismo, con más de 100 años de existencia sigue sin encontrar una definición fundamentada científicamente”.

Esta afirmación parece tomada de nuestra tesis doctoral, pero Díaz parece ignorar que, aunque la historia del pensamiento turístico muestra una evidente falta de unanimidad hasta la década de los noventa, la Conferencia de Ottawa de 1991 propuso una definición de turismo tan amplia que superó la obsesión por las motivaciones que se había mantenido hasta entonces. Sigue Díaz:

“Tanto los autores europeos del continente, los primeros en abordar el tema, como los anglosajones siguen aún hoy enfrascados en la tarea de tratar de llevar las varias definiciones y conclusiones sobre el turismo al fenómeno como tal, sin haber definido este antes, en primer lugar, sus orígenes, que permite establecer el momento histórico de su nacimiento, para, a partir de ahí y sólo después de haber resuelto esto, verlo en su evolución, desarrollo y situación actual”.

La frase muestra una sintaxis averiada, pero apunta sin duda a que, según Díaz, las aportaciones de los estudiosos, al no encontrar una definición científica del turismo tampoco lograron fijar sus orígenes ni su evolución. Parece que Díaz desconoce que hay dos escuelas en lo relativo al origen del turismo. Para una de ellas, el turismo es tan antiguo como la humanidad, con lo que sostienen que el turismo se practica desde hace unos dos millones de años. Frente a esta escuela, muy concurrida, se encuentra la muy minoritaria liderada por J. Dumazedier, que sostiene que el turismo tiene su origen a mediados del siglo XX. La primera escuela se basa en la demanda mientras que la segunda lo hace en la oferta masiva de servicios de transporte y hospitalidad. Nosotros no aceptamos ni una ni otra. Nos basamos en que el turismo (como demanda) existe desde que se desarrollaron ciudades populosas (hace unos tres mil años) y como oferta desde que los conflictos bélicos desarrollaron las infraestructuras del transporte terrestre (caminos, puentes, ventas) y marítimo (naves y técnicas de navegación)

Buena parte de estos conceptos y la historia de ellos los encontramos en los trabajos del Dr. Francisco Muñoz Escalona, en particular su Tesis de Doctorado, presentada en 1991 y otros trabajos más recientes del año 2004 y de finales del 2011 que nos permitieron cubrir el espacio de tiempo científico con relación a las principales definiciones de turismo y turistas por académicos de Europa y EE.UU en poco más de un siglo hasta nuestros días.

El lic. Díaz confirma así lo que venimos diciendo, que nuestros trabajos le dieron pie a elaborar su estudio, pero, repetimos, que sin lograr entenderlos.

“Este autor [Muñoz de Escalona] da un grito de auxilio en su trabajo de noviembre del 2011, solicitando ayuda para ¨ averiguar qué cosa es eso que llamamos turismo, ayuda en la que este trabajo pretende participar”.

Lo que Díaz llama “grito de auxilio” es una exageración retórica, y no data de 2011 sino de 1988, fecha de publicación de nuestro primer “acercamiento” crítico a la economía del turismo publicado en el nº de noviembre de Información Comercial Española. Este trabajo fue desarrollado en 1991 en nuestra tesis doctoral. Sigue Díaz:

“Definiremos el momento del origen del fenómeno turismo, los fundamentos para ello, el concepto de turismo que de aquí se deriva, los elementos esenciales que integran el fenómeno estudiado y una primera incursión sobre su desarrollo posterior y situación actual, así como definiremos el enfoque científico válido para abordar el tema, el materialismo dialéctico e histórico y los instrumentos de la Economía Política”.

En la frase precedente, Díaz declara los objetivos de su trabajo, entre los que destaca lo que se propone: aplicar el materialismo dialéctico e histórico y los instrumentos de la economía política al estudio del turismo. Díaz parece olvidar que el turismo viene siendo estudiado desde la economía, sobre todo, desde la macroeconomía (cuantificación de los efectos de los gastos de los turistas en la economía del país anfitrión (sobre la riqueza y sobre los precios). La microeconomía también se aplica al estudio del turismo, pero, como ya hemos señalado, incorrectamente habida cuenta de que la visión fenoménica no permite identificar una actividad productiva que pueda ser calificada de turística objetivamente.

“La lectura de estos trabajos de Muñoz Escalona nos dice mucho del estado de la ciencia en este campo al punto que no se ha podido definir aun al fenómeno que pretende analizar, el turismo”.

Repito: no es que no se haya podido definir el turismo, sino que, como dice el austriaco Paul Berneker, hay tantas definiciones de turismo como autores. Pero todas ellas tienen varios denominadores comunes. Todas lo tratan como un fenómeno social, todas lo ven desde el turista siguiendo en esto a los hablantes y todas definen el turista en función de sus motivaciones placenteras. Lo que nuestra investigación trata de poner de manifiesto es que el tratamiento científico del turismo cae en graves anomalías cuando se penetra en el campo de la microeconomía sin abandonar previamente la visión fenoménica de los hablantes que los tratadistas hicieron suya. Sigue Díaz:

“Es un enjundioso esfuerzo de recopilación histórica de datos sobre el concepto y los acercamientos científicos desde casi todos los enfoques posibles al turismo como fenómeno en estudio permiten constatar que apenas si ha habido evolución en los 120 años transcurridos desde los primeros intentos por estudiar científicamente el tema, por el contrario, prevalecen las mismas confusiones y multiplicidad de criterios que no se ponen de acuerdo ni reconocen como válido un sistema de conocimiento sobre el mismo. Su trabajo [el de Muñoz de Escalona] demuestra primero que no hay un consenso científico sobre el fenómeno turismo, que incluso las definiciones sobre turismo y turista están sin finalizar científicamente hablando, que esta situación es resultado primero de que la ciencia se ha basado en lo que llama noción vulgar del fenómeno y de los términos que utilizan para identificarlo, segundo que lo que ha primado son acercamientos o el abordar el tema desde cada una de las ciencias sociales conocidas y con los instrumentos de cada una, con preponderancia de la economía, sociología y psicología, además de la antropología, y que, en el caso de la economía que es la que en definitiva más le interesa, el tema ha sido abordado por el lado de la demanda y no de la oferta lo que ha sido la fuente principal de la falta de consistencia y de no tener a estas alturas un sistema científico sobre el turismo consolidado”.

Tal vez sea esta la frase en la que Díaz expone nuestras aportaciones con mayor propiedad, aunque habría que aclarar que nunca hemos dicho que la literatura disponible no sea científica, sino que, repitiendo, cae en anomalías cuando aplica la microeconomía sin abandonar la visión sociológica.  Y sigue Díaz:

“Sus trabajos [los de M. E.] descartan que el turismo pueda ser una ciencia como tal. Un estudio de los mismos no deja lugar a dudas sobre estas conclusiones. La revisión de la literatura más reciente, tanto anglosajona, como centroeuropea, en particular la Suiza, ratifica esta realidad”.

Sostenemos nosotros que los estudios del turismo no constituyen una ciencia autónoma e independiente como creen algunos desde que el yugoslavo Z. Jovicic, el padre de la llamada turismología, le adjudicó este carácter. Y no lo es porque no dispone, ni dispondrá nunca, de un método propio de investigación, sino que se ven obligados a acudir a los métodos de las diferentes ciencias sociales.  Y sigue Díaz:

“En el enfoque económico para estudiar el turismo se aborda en particular la diferencia entre motivos de viaje y demanda efectiva de productos y servicios. Queda claro que no tiene pies ni cabeza desde el punto de vista económico mezclar vivencias espirituales bien subjetivas con demanda real de productos comercializados por productores bien reales, y es esta demanda real la que cuenta en economía”.

Esta frase de Díaz no tiene referente en nuestros trabajos. La escribe bajo los efectos de una retórica tan huera y gratuita como desmedida. Carece por otra parte totalmente de sentido. Sigue Díaz:

“Desde el punto de vista de la Economía, que por ejemplo Joseph Stiglitz define como ciencia social dedicada a conocer cómo los individuos interactúan para producir bienes y servicios, el problema estriba en lo que se entiende por Industria turística hoy, que incluye a todo lo que demandan los turistas y otros clientes no turistas”.

Acudir a Sitigliz para recordar que la economía estudia cómo interactúan los individuos para producir bienes y servicios está muy bien, pero el resto de la frase puede dar la impresión de que se refiere al pensamiento del eximio economista. No creo que Stigliz se haya pronunciado nunca sobre la industria turística para resaltar su falta de identificación.

“Porque esta industria, [dice Díaz], es, en su inmensa mayoría, anterior al turismo como fenómeno relativamente reciente de apenas algo más de 200 años, como probaremos, y hablamos de industrias milenarias, como las del alojamiento y la restauración”.

La frase anterior viene a decir que la industria del turismo es anterior al turismo. Es una interpretación desenfocada de lo dicho por nosotros en “El vencimiento de la distancia”. Como ya hemos apuntado, el turismo como demanda (consumo) es anterior a la disponibilidad de servicios facilitadores que surgieron y se desarrollaron como consecuencia de las necesidades de las expediciones bélicas y de las comerciales. Estuvieron obviamente muy pronto al servicio de los (pocos) que hasta no hace tanto podían hacer turismo. Díaz cree que la demanda es más reciente que la oferta, una afirmación (errónea) que hace adelantando así el resultado de su análisis marxista, que el turismo nació hace 200 años. Sigue Díaz:

“Porque ahora se dice que ambas, la industria de servicios anterior al turismo que le presta servicios a este aún hoy, y la genuina industria turística, que sólo brinda servicios a turistas, son la industria turística por la sencilla razón práctica que poco más del 50 % de su demanda proviene del turismo, de turistas, aclarando que en el concepto que propone el presente trabajo, no en el de otros científicos que refiere Muñoz Escalona”.

La frase es harto confusa, pero se colige con dificultad que lo que parece querer decir Díaz es que hay una industria turística “no genuina”, la que existe desde antes de que existiera el turismo, y una industria turística “genuina”, la que atiende la demanda del turismo desde que este existe, hace 200 años. Lo que añade a continuación reafirma la sospecha de que lo que dice es de su propia cosecha. A continuación, lo deja muy claro:

“Por industria turística, en rigor, hay que entender la parte del sector de servicios que se dedica exclusivamente al segmento turismo, a clientes turistas. La lista ya no es pequeña por el tremendo desarrollo del turismo. Incluye a los mal llamados intermediarios turísticos, turoperadores y receptivos, genuinos proveedores, fabricantes de productos turísticos con la materia prima que obtienen de aquellos proveedores tradicionales de servicios, cuando estos ofertan sus productos esenciales que los definen: paquetes turísticos, circuitos, excursiones; así como a los tourist resorts, los cruceros, los parques temáticos, estos últimos tres por su condición de destinos turísticos en sí mismos”.

La frase no es de fácil digestión. Veamos si somos capaces de diseccionarla. En nuestra crítica a la economía turística lo que venimos a decir es que lo que se viene llamando industria turística, sector turístico y también oferta turística es una selección de ramas productivas del sector servicios que se basa en un consenso implícito de los tratadistas guiados por la presunción de tales ramas productivas orientan su actividad a la satisfacción de las necesidades de los turistas (consumidores temporalmente desplazados de su residencia permanente). Y cuando se les dice que esas mismas ramas productivas también venden sus productos a los residentes permanentes responden diciendo que atienden más a los desplazados que a los residentes, con lo que confiesan que la objeción no ha sido resuelta habida cuenta de que el enfoque de demanda no puede identificar una única actividad productiva que sea turística en sí misma, es decir, objetivamente, no en función de quien consuma sus productos.

Lo que Díaz añade a continuación es una muestra más de su errónea comprensión de nuestros aportes.

Repetimos su frase:

“La lista ya no es pequeña por el tremendo desarrollo del turismo. Incluye a los mal llamados intermediarios turísticos, turoperadores y receptivos, genuinos proveedores, fabricantes de productos turísticos con la materia prima que obtienen de aquellos proveedores tradicionales de servicios, cuando estos ofertan sus productos esenciales que los definen: paquetes turísticos, circuitos, excursiones; así como a los tourist resorts, los cruceros, los parques temáticos, estos últimos tres por su condición de destinos turísticos en sí mismos”.

No se trata de que la lista de ramas productivas incluidas en la industria turística se más o menos grande como consecuencia del que llama tremendo desarrollo del turismo. Grande o pequeña, esa lista incluye ramas productivas orientadas a los turistas que también adquieren los residentes. La objeción apuntada sigue incólume. Además, los turoperadores reales, contra lo que Díaz interpreta, sí son intermediarios como sostiene la teoría convencional. Son intermediarios mayoristas como las agencias son intermediarios mayoristas. Si Díaz hubiera entendido lo que sostengo en mis publicaciones se habría dado cuenta de que los turoperadores de mi modelo teórico no cumplen una función intermediaria entre la oferta de servicios facilitadores y los turistas, sino una clara y evidente función productiva en el sentido de transformadora de una serie de servicios (sobre todo incentivadores pero también facilitadores) en un servicio diferente a ellos, programas de visita con contenido, más brevemente dicho, turismo o productos turístico. Sigue Díaz:

“Se sigue con la segunda característica de la actividad económica del turismo que llaman carácter mixto del producto ofrecido, que consiste en las características de los servicios, además de los ya mencionados como la intangibilidad, agregando ¨no ser almacenable, exportación a consumidores desplazados”.

Pero volvemos al turismo y los turistas y su conceptualización científica, que en su enfoque económico sigue aún en pañales al no estar basado en conceptos del fenómeno que pretende abordar, el turismo, científicamente.

¿De dónde sale este “carácter mixto del producto ofrecido? ¿ha leído Díaz una frase semejante en nuestras publicaciones? Repitámoslo una vez más: Díaz ha oído campanas y las ha confundido con cencerros. El programa de estancia con contenido no tiene ningún carácter mixto. Se elabora con factores de producción incentivadores (los que dan contenido al programa de visita) y facilitadores (los que aportan el vencimiento de la distancia).

Hay que volver, por tanto, a sus obras fundamentales que se ocupan del fenómeno turismo, para el que utiliza como eufemismo vencer el obstáculo de la distancia o desplazamiento circular, define todos los factores posibilitadores que lo han hecho posible en su historia y se toma de aquí lo que interese para el propósito de dar un concepto de turismo y turista con el enfoque del materialismo dialéctico e histórico. Para ello se utiliza también lo que sigue en el libro de Muñoz Escalona, (3) sobre las etapas del vencimiento de la distancia en el sentido de los viajes de desplazamiento circular en el entendido de viajes de ida y vuelta, como los turísticos.

Volvamos, sí, a nuestra obra, pero aclaremos que el vencimiento de la distancia no es un eufemismo como dice Díaz, sino una realidad a la que los alemanes llaman Verkehr, gracias a la cual nos encontramos con forasteros [Frendem] en gran cantidad de lugares. Frendemverkehr es el nombre que recibe el turismo en alemán, es decir, tránsito de forasteros. Añadiremos que nosotros no hablamos de factores posibilitadores sino de factores facilitadores, los que ayudan al desplazamiento y la estancia.

En lo que sigue vamos a encontrar numerosas citas tomadas por Díaz de “El vencimiento de la distancia” y de nuestra tesis doctoral, a veces sin advertir que proceden de las obras citadas.

En la obra antes citada, después de hacer un recorrido a través del desarrollo de los medios con los que el hombre vence los obstáculos de la distancia, se divide el proceso en varios periodos en función del estadio de esos medios. Díaz cita los periodos en su trabajo y nosotros nos proponemos enjuiciar su comprensión de los mismos, en la medida en que su interpretación le sirve de información para su análisis marxista del turismo.

¨Periodo Iº: Sedentarismo prehistórico. Desde la aparición de aldeas neolíticas autosuficientes (aprox. en el milenio VIIº a. C.) hasta el desarrollo de las grandes civilizaciones de la Antigüedad (aprox. en el milenio IVº a. C.)

Periodo IIº: Grandes Civilizaciones de la Antigüedad. Desde el milenio IVº a. C. hasta la caída del Imperio Romano de Occidente en el siglo IV d. C.

Periodo IIIº. Atomización del Poder en Occidente periodo abarca desde la invasión del Imperio Romano por los pueblos bárbaros durante el siglo IV hasta el siglo XV (la llamada Edad Oscura o Media) Estos tres primeros períodos no interesan pues no tocan al nacimiento del turismo, que ya se ha ubicado en la segunda mitad del XVIII y si se mira el período siguiente definido por Muñoz Escalona se ve más claro:

¨Periodo IVº. Grandes Imperios Modernos. Del siglo XV hasta mediados del siglo XIX. Proceso de aumento y mejora de la oferta de servicios de transportes terrestres y marítimos, así como de servicios de hospitalidad. El grupo de quienes pueden aspirar a vencer la distancia se amplía aún más hasta llegar a la burguesía adinerada.

Aquí están dichas buena parte de las condiciones objetivas creadas para que el turismo como fenómeno apareciera y se identificara y nombrara, al aumentar los volúmenes de personas con tiempo libre para el ocio que viajaban por motivos de placer. El aumento del número de viajeros por esta razón, ajena a cualquier otra necesidad humana, hizo aumentar los flujos de pasajeros en los medios de transporte y de la misma forma aumentó la cantidad de forasteros en localidades convertidas en destinos de ciudad fundamentalmente, a lo que fue agregándose los balnearios con motivación curativa en sus inicios que devinieron simplemente de ocio después. A este flujo de personas que se movían de su lugar de residencia, temporalmente, a otras localidades por motivos de ocio, se le dio el nombre de turismo y a los viajeros el de turistas”.

En efecto, así es. Pero Díaz debió haber hecho antes una crítica de nuestra postura, la cual no restringe el turismo a los desplazamientos de ida y vuelta por gusto, sino que incluye en el concepto todos los desplazamientos con tal de que sean de ida y vuelta habida cuenta de que a esta característica es a lo que alude el vocablo latino tur. Hemos repetido muchas veces que el hombre empezó a realizar viajes circulares antes de que derivara turismo y turista de tur pero eso no niega que tales viajes se estén haciendo desde que se hizo sedentario y aumentaron sus recursos para querer aumentarlos aún más con los lejanos.

El que ahora estén metidos los hombres de negocios, participantes en eventos, deportistas, etc. dentro del concepto, no dice nada en contra de su origen histórico y del concepto puro original. Sólo la necesidad utilitaria para la economía de los proveedores y destinos pretende convertir a todos sus clientes en turistas, obligando a una simplificación que violenta el concepto científico de turismo aquí sustentado.

No. Los viajes circulares se empezaron a hacer por motivos negociosos, los de ocio se hicieron mucho más tarde, cuando la sociedad, al hacerse más compleja, se dotó de señores de la guerra que terminaron por ser los gobernantes, sometidos a un estatuto que les obligaba a realizar desplazamientos por motivos que hoy llamamos de ocio porque los hacían las clases ociosas. No han sido los empresarios los que han incluido a los hombres de negocio en el turismo, sino que a partir de 1991 hasta la OMT tuvo que admitir que cualquier desplazamiento circular es turismo. Sigue Díaz:

“No puede haberse creado un término nuevo para un hecho viejo. ¨The Oxford English Dictionary¨ definió en el año 1800 al turista como ¨el que hace un tour, especialmente quien lo hace por recreo, el que viaja por placer o para aumentar sus conocimientos culturales visitando lugares por sus objetos de interés, su paisaje o su peculiaridad.¨

La frase de Díaz no deja lugar a dudas. Díaz sigue aferrado al reduccionismo secular que tanta tinta ha gastado inútilmente. Díaz debería hablar de vacacionismo, una parte ciertamente significativa del turismo, pero no todo el turismo.

“La definición no puede ser más clara y acusarla de ¨vulgar¨ como se empeña este autor no la demerita en lo absoluto. Significa que abriendo el siglo XIX ya el fenómeno estaba tan extendido, el turismo, que no sólo se utilizaba por el vulgo, sino que era acogido por la lengua oficialmente”.

No deja de ser pintoresco que Díaz se empeñe a negar el carácter vulgar del concepto de turismo sobre la base de que es la definición que los diccionarios dan del vocablo. ¿Ignora Díaz que los diccionarios tratan de reflejar el significado que los hablantes dan a las palabras? ¿No se ha percatado de que durante más de un siglo los tratadistas han hecho suyo el significado vulgar elevándolo a núcleo de sus desarrollos académicos?

Y agrega Muñoz Escalona, [dice Díaz], que ¨El empleo del vocablo francés tour ha llevado a muchos autores a rastrear su etimología con la pretensión de documentar la aparición histórica de la práctica del turismo. Una pretensión que aspira a documentar la aparición del turismo sobre bases filológicosociológicas”.

Es cierto que la palabra apareció en los idiomas modernos cuando el turismo empezó a ser practicado no solo por la clase ociosa sino también por la negociosa. Al aumentar el turismo de las nuevas clases sociales aparecieron los inversores que buscaban enriquecerse abriendo negocios de hospitalidad junto a los gobiernos que invirtieron en accesibilidad y transporte. Fue entonces cuando la dinámica empresarial impulsó la demanda hasta el punto de que pudo decirse que había aparecido un nuevo fenómeno social, el turismo. Pero no debe olvidarse de que antes de que apareciera el fenómeno se hacían viajes circulares en la medida en que con ellos el hombre satisfacía necesidades que no podía satisfacer en su lugar de residencia.

“Pues se trata de una magnifica documentación. El surgimiento del término para describir un fenómeno social, como el turismo, tiene que ver con el nacimiento del tal fenómeno. No se trata de un fenómeno físico o químico de existencia universal que los avances de la ciencia ponen al descubierto. Se trata de un fenómeno social, a la vista de todos, miles de años después que la palabra era usada por el hombre. El nacimiento de la palabra para llamar al fenómeno importa”.

En la frase citada, Díaz sostiene que el fenómeno y la palabra usada para designarlo son coetáneas. Ciertamente lo son, pero no parece dispuesto a aceptar que los viajes circulares se vienen haciendo desde la más remota antigüedad. Sin embargo, cuando dice que la palabra era usada miles de años antes del fenómeno incurre en confusión. La palabra usada miles de años antes no es turismo sino tur.

Y llegamos así, agrega Díaz, a la SÍNTESIS DE LA INVESTIGACIÓN que sirve de conclusiones al trabajo para el Doctorado, Muñoz Escalona:

¨hemos empezado describiendo las razones que explican el nacimiento de las nociones vulgares de turista y de turismo para pasar, posteriormente, a demostrar, por medio del análisis de la literatura disponible, que los conceptos científicos de turista y de turismo se han construido sobre las respectivas nociones vulgares. El tratamiento científico de las realidades que son designadas por estos vocablos consiste en el establecimiento de las notas, características o condiciones a tenor de las cuales es posible distinguir a un turista de un noturista. El método es el mismo que utiliza el vulgo para conseguir dicho propósito, con la diferencia de que el experto en turismo es consciente de lo que hace y el hombre de la calle puede ignorarlo.¨

“El método histórico-lógico, fundamentado en el materialismo dialéctico e histórico, estudia el fenómeno identificado tanto por el vulgo como por la ciencia, lo analiza en su complejidad interna, en lo que lo identifica y lo diferencia de los demás fenómenos, en sus elementos y sus relaciones internas, contradicciones, estudia su origen y los factores objetivos y subjetivos que lo generaron y lo analiza en su evolución en el tiempo. Esto es lo que se pretende en este trabajo como ciencia y método científico y sus resultados válidos, si se llega a resultados”.

“Esto es lo que no se hace aquí. De un primer acercamiento histórico de ambos términos, turismo y turista, se pasa a los acercamientos científicos al tema con cada uno de los enfoques que se han utilizado y todo esto se presenta en su devenir histórico, pero sólo como recurso descriptivo, cronológico, no cómo método para estudiarlo. Para ello, reiteran una y otra vez, el enfoque de que se trate y los recursos científicos de cada uno, léase economía (en el entendido burgués, no de economía política que se dice ¨desaparecida¨ y ¨diluida¨ en la sociología), antropología, sociología, etc”.

En la primera frase Díaz expone lo que en su opinión hace el método histórico – dialéctico aplicado al estudio del turismo, pero lo cierto es que con ello se limita a una mera declaración sin pasar a su demostración. Lo pretende Díaz, pero no queda claro que lo pretenda el marxismo. ¿Sus resultados? Ya los veremos más adelante.

La segunda frase es críptica. Queda claro que Díaz rechaza nuestro método. Sorprende que un historicista de filiación marxista rechace el análisis histórico. Por otra parte, ¿qué es eso de economía en sentido burgués y no en sentido de economía política? ¿Qué diferencias encuentra Díaz entre ambos sentidos? La economía que existe es economía política, es decir, economía de la polis, no del hogar o doméstica. Lo que se enseña en todas las universidades del mundo es economía política. No hay otra con aspiraciones científicas. No hace falta añadir política para saber que es política. Cuidado con las confusiones de los aficionados.

No es necesario seguir en este tono porque lo fundamental ya está expuesto. Como ya hemos visto, el primer acercamiento del lic. Díaz se lleva a cabo porque, según sus propias palabras:

  1. el turismo aún no ha sido estudiado desde la Economía Política y el Materialismo dialéctico e histórico
  2. la aplicación del método histórico-lógico permite dar una definición científicamente fundada del fenómeno turismo
  3. esa definición científica permite establecer: a) el origen del turismo b) el momento histórico en el que surge c) las condiciones objetivas que provocan y permiten su aparición d) su principal sujeto, el turista, que no el único e) los demás elementos principales que lo componen f) su devenir en el tiempo hasta nuestros días.

Con respecto al punto 1, hay que advertir que el turismo se estudia desde hace más de un siglo por la economía, aunque no, evidentemente, con el método marxista. Según el punto 2., el autor parece convencido de que aún no existe una definición científica del turismo y de que esta carencia quedará resuelta con la ayuda del método histórico-dialéctico propio del marxismo. En el punto 3, el autor se muestra convencido de que con la ansiada definición científica del turismo que el análisis marxista permite obtener es posible conseguir lo que aún no se ha conseguido, determinar, por fin, el aun ignorado origen del turismo, identificar en qué momento histórico aparece, las condiciones (¿efectos?,¿causas?) que provocan (¿se deben a?, ¿qué generan?) su aparición, así como los demás elementos que lo componen (¿cuáles?), su evolución en el tiempo y su principal sujeto, el turista (¿no es el único?, ¿cuáles son los demás?) Lo más destacado es que Díaz no hace un análisis marxista del turismo, lo cual es inviable,sino que repite, una vez, más los planteamientos de la doctrina convencional, que es de naturaleza inevitablemente sociológica. Pretender que con ello se ha hecho lo que aún no se había hecho, un análisis marxista del turismo, es una evidente veleidad. Carece de sentido y cae en pretensiones con las que llega a donde tenía que llegar, a la insignificancia. Díaz anuncia que prepara una tesis doctoral con estos mimbres. ¿Tomará conciencia de que debería abandonar un camino equivocado?

El turismo en la Italia fascista

El turismo en la Italia fascista (Una mirada retrospectiva)[1]

Desde mi tardía dedicación al estudio crítico de la literatura del turismo me sigue apasionando escudriñar viejos textos. Durante una de mis últimas visitas a la Biblioteca Ramón Pérez de Ayala de Oviedo encontré una vieja edición de la Enciclopedia Italiana fechada en 1937, el año de mi nacimiento. Busqué la voz TURISMO y encontré un texto escrito por un tal M. Bert., que no sé quién pudiera ser, aunque todo hace pensar que el editor lo tenía por ser un conocido y prestigioso estudioso del turismo en la Italia de los años treinta del siglo pasado. Con toda seguridad sería un convencido fascista pues que de otra forma no habría recibido el encargo de colaboración que se materializó en el texto del que hablo. No dudé en que dicho texto tenía que tener sumo interés para quienes como yo están convencidos de que el estudio del turismo no puede olvidar los textos del pasado. Y este texto en concreto tenía, de entrada, para mí, el interés de haber sido escrito en unos años en los que Italia dedicó considerables recursos al estudio, a las estadísticas, a la organización y a la práctica del turismo. Sabía el gobierno de Mussolini que el turismo podía aportar una suma no desdeñable de divisas en unos momentos en los que el comercio internacional estaba sufriendo las dramáticas consecuencias de la Gran Depresión que siguió al crak bursátil de la Bolsa de Nueva Cork. Sin dudarlo un instante encargué una fotocopia del texto del desconocido autor italiano y me dispuse a transcribirlo en castellano.

Y aquí está, pues, una vez transcrito a nuestro idioma. Su lectura ha sido para mí harto provechosa y no dudo que lo será también para los muchos estudiosos que se dedican al conocimiento científico del turismo y que hablan castellano. Una enorme cantidad de ellos trabaja en las universidades de las ciudades de Latinoamérica y a ellos quiero dedicarles este trabajo junto con mis comentarios a vuela pluma. Sé que me lo agradecerán, sobre todo todos aquellos, y son afortunadamente muchos, que siguen mi pensamiento y discuten con provecho mis propuestas en materia de teoría microeconómica del turismo.

Podrán comprobar cómo no lleva razón el francés Dumazedier en su errónea afirmación de que el turismo moderno surge en los años cincuenta basándose en su creencia de que hasta esos años no hubo turismo masivo. Bert., el autor del texto que comento nos muestra de modo inequívoco que en los años treinta del siglo pasado, veinte años antes de lo que dice Dumazedier, ya había en Europa un turismo masivo tanto en flujos masivos de turistas como en apuestas organizativas y de investigación que en nada desmerecen a los que estamos viviendo desde mediados del siglo pasado. Siempre he mantenido que el consumo de turismo es tan antiguo como el nacimiento y evolución de la ciudad, hace unos cinco o seis mil años. Obviamente tardó mucho en masificarse el consumo de turismo, una condición que era imprescindible para que se desarrollaran los que llamo sectores auxiliares del turismo, primero los facilitadores, más adelante los incentivadores y, recién en nuestro tiempo, es cuando se empieza a vislumbrar el desarrollo y la implantación generalizada de iniciativas empresariales dedicadas a la producción mercantil de turismo, es decir, al desarrollo de la verdadera y auténtica INDUSTRIA TURÍSTICA, la que se dedica a producir programas de visita tanto estandarizados como personalizados (a la demanda), una industria que no hay que confundir con el ensamblaje de un asiento en un medio aéreo y una cama en un medio de alojamiento. No. No nos engañemos, el llamado paquete turístico no es el producto turístico, como mucho no es más que la suma de dos productos o servicios para turísticos de naturaleza facilitadora. Para que el paquete fuera un producto turístico le falta algo muy esencial: le falta, al menos, un servicio para turístico de naturaleza incentivadora. Sólo la presencia de uno o varios servicios incentivadores es capaz de poner las bases para convertir el vulgar paquete turístico en lo que puede ser un programa de visita, es decir, un producto turístico.

Debo destacar la importancia que da el autor italiano a lo que llama organización del turismo. Tal vez habría que decir que todos los organismos que cita, y son muchos y harto variados, no se dedicaban a lo que hoy llamamos viajes organizados, o se dedicaban de un modo muy parcial y hasta incluso tangencial. Tampoco quiero dejar de resaltar la tremenda importancia que ya tenía en la primera mitad del siglo XX la propaganda. Lo mismo cabe decir de la intervención de los poderes públicos en los servicios facilitadores del turismo (accesibilidad, hospitalidad y transporte) ayudando a los inversores privados para conseguir maximizar el flujo de visitantes a la nación. De aquí que el turista por antonomasia fuera el extranjero, pero como vemos el autor italiano ya contempla el turismo de los italianos dentro de Italia, algo que no pocos tratadistas, incluidos los sabios de la OMT, no lograron distinguir hasta muchos años después.

Y, finalmente, una referencia a las estadísticas. El autor italiano se comporta con una decencia desusada entre los estudiosos del turismo al reconocer que las estadísticas del turismo eran harto deficientes en la década de los años treinta. No han mejorado. Y no han mejorado sencillamente porque no pueden mejorar hasta que no se disponga de una definición clara y operativa de lo que se entiende por turista. A efectos estadísticos es un disparate definir al turista con la imprecisión llena de matices con la que teóricamente lo define la OMT. Con estos mimbres no es posible tener datos medianamente creíbles sobre flujos, pernoctaciones y gastos, los tres elementos que el autor italiano reconocía ya en 1937 que no se podían conocer más que con muy burdas estimaciones. Seguimos igual como todo el mundo sabe.

El autor del texto en italiano manifiesta una actitud tremendamente entusiasta ante el turismo, al que califica casi de panacea económica de los países que se dedican a él y hasta de la actividad que hace tanto bien al alma como al cuerpo. Desde ahí era lógico que se pasara a decir, como dice la OMT, que el turismo puede conseguir la paz universal. He leído textos de conocidos turisperitos españoles que repiten cuatro o cinco veces por página que el turismo es muy importante. Otros aun siguen sosteniendo contra toda decencia científica que el turismo es la primera industria en España y en el mundo.

Bueno, les dejo que el texto comentado y espero que les sea de tanto interés como a mí me ha sido. No se abstengan de enviarme sus comentarios.

TURISMO. por M. Bert.en: Enciclopedia Italiana, Istituto Della Enciclopedia Italiana. Volume XXXIV, Edizione 1937. Roma. (traducción del italiano y notas por Francisco Muñoz de Escalona)

Exactamente, hacer turismo es viajar por deporte. El neologismo (del inglés to tour “girar, tornar”, derivado del francés tourner y este del latin tornare) hace referencia, normalmente, no sólo a los viajes o estancias por deporte (turismo activo) sino, también, a todos aquellos viajes o estancia por descanso, salud o aprendizaje, motivos religiosos o por cualquier otro motivo no lucrativo (turismo receptivo). Turismo es, también, el conjunto de todas las actividades relacionadas con los viajes o estancias no lucrativos: excursionismo, campismo, viajes en tren, navegación marítima, fluvial, lacustre o aérea, automovilismo, ciclismo, motociclismo y (bajo su aspecto de apoyo turístico) los medios de transporte de cualquier clase, los hoteles, las pensiones, los restaurantes, los refugios, los balnearios, tanto de salud como de recreo.

Aunque el vocablo no aparece en Italia hasta mediados del siglo XIX el germen del fenómeno es tan antiguo como la civilización. No faltaron en la antigüedad ejemplos de organizaciones rudimentarias orientados a facilitar la llegada de viajeros. Sin embargo, el verdadero turismo moderno aparece en el periodo siguiente a las guerras napoleónicas, cuando las costumbres de los viajeros de los siglos XVII y XVIII no suponen ya el privilegio de unos pocos ricos o aventureros sino de una cada vez más abultada multitud hasta llegar al impresionante crecimiento de hoy. Lo cual responde, en efecto, además a una necesidad fisiológica y espiritual de la población urbana de reaccionar a la agotadora vida de las grandes conurbaciones y, para la población rural, de acercarse a la ciudad con esa oferta de arte y vida moderna que el campo no tiene. Al turismo responde sobre todo la gente más culta y sensible a las bellezas de la naturaleza y del arte, viniendo a constituir, sin duda, el placer espiritual máximo de la clase selecta de una nación.

Junto con el crecimiento del fenómeno del turismo están creciendo también sus metas de tal forma que hoy todos los países han puesto en valor sus propios atractivos tanto si se trata de lugares desiertos como el Sahara, fríos como la Svalbard (1) o selváticos como el centro de África. La montaña, por ejemplo, por la que cuando había que pasar se hacía con tanto horror y temor, en la actualidad se llena de turistas cuando llega la primavera, y las visitas a las grutas son tan deseadas como en el futuro lo será la exploración de los abismos marinos.

El grandioso fenómeno del turismo, de incalculable valor humano y cultural, ha sido enormemente favorecido por las grandes posibilidades que ofrecen los medios de transporte creados durante el siglo XIX: ferrocarril, navegación a vapor, bicicletas, motocicletas, automóviles. El siglo XX, además de haber perfeccionado estos medios, ha aportado la aeronáutica, que ha reducido a pocas horas la distancia que un siglo antes se recorría en semanas de viaje incómodo, costoso y no siempre seguro. Además, en materia de servicios turísticos ha habido un espectacular aumento de hoteles, pensiones, restaurantes, refugios, balnearios, termas, juegos y diversiones que han traído, con su multiplicación y con su mejora, nuevos crecimientos del turismo. Puede decirse, por tanto, que en aquellos países en los que la conciencia de la importancia del turismo ha estado más viva, la mejora experimentada por los servicios de todos los sectores de la actividad, transportes, hoteles, guías, etc. no sólo ha facilitado a todos los viajeros incluidos los extranjeros disfrutar de una estancia cómoda sino que también ha aportado a casi toda la industria y a la economía de las naciones no pequeñas ventajas.

LAS DIFERENTES FORMAS DE TURISMO. – La forma más lógica clasificación del turismo como desplazamiento (2) es la que tiene en cuenta el medio de transporte utilizado. Tenemos en primer lugar el turismo peatonal al cual pueden añadirse formas más complejas como el excursionismo de montaña, el turismo alpino o el campismo individual o de grupos más o menos grandes y, en cierto modo, también la caza (deporte que incluye la marcha campo a través) y la pesca (que requiere desplazamientos por el campo). Sigue el turismo en ferrocarril, el que utiliza el medio clásico de transporte de grandes masas de viajeros, especialmente, en Italia, gracias a la propaganda y a los medios que el Régimen (3) puso en servicio como los “trenes populares” y las rebajas en el precio de los billetes.

Desde los comienzos del siglo XX el turismo de carretera (ciclismo, motociclismo, automovilismo) ha invadido todos los países europeos. Desde finales del siglo XVIII, y más tarde de forma acelerada con la llegada al poder del Régimen fascista, Italia se ha venido dotando de una red cada vez más densa de carreteras, algunas de complicada construcción y otras especialmente preparadas para el tráfico automovilístico (autopistas). Una contribución de incalculable valor al turismo en automóvil se debe a las inversiones de la Hacienda autónoma estatal y de las administraciones provinciales en la construcción y mejora de grandes arterias carreteras.

El turismo náutico tiene una antigua tradición, pero los primores de la motonáutica (autoescafos y embarcaciones con motor fuera borda) y los cruceros en grandes naves es cosa del siglo XX. Recientísima es la difusión del turismo fluvial y lacustre con pequeñas embarcaciones a remo, pagaya o pala (canoa, kayak) plegables y portátiles. Asociaciones especializadas son frecuentes en Alemania, Francia, Gran Bretaña y en otras naciones. Los cruceros organizados de las compañías de navegación y de las grandes agencias turísticas constituyen hoy día no sólo una forma de viajar para visitar puertos de mar y hacer excursiones por el entorno sino también, en sí y por sí, una placentera forma de disfrutar del vigorizante clima marítimo.

Aunque el turismo aéreo es más reciente, los aeroplanos, los hidroaviones, que comunican a un gran número de países, los cruceros o, en fin, los pequeños aparatos de una o dos plazas, se dice que apuntan al desarrollo del “turismo”.

El turismo no se olvida de las grutas terrestres o marinas, en las cuales es rica Italia y que en algunos casos como los de Postunia, en San Casiano, o la Gruta de Saura en Capri, son desde hace tiempo importantes atractivos para un gran flujo de turistas.

Tampoco deja de lado el turismo subterráneo, de tanto interés para los pioneros, los exploradores y los espeleólogos.

Debemos considerar también el turismo de descanso, de reposo, o mejor de recreo, que es con mucho la clase de turismo más practicada; el turismo de salud, el turismo religioso, (las peregrinaciones a Roma y a los santuarios); el turismo de deporte, practicado por los que acuden a las apasionantes competiciones deportivas (campeonatos de fútbol, de atletismo, carreras de caballos, etc.); el turismo de formación, especialmente artística. El turismo de salud comprende el termalismo, que incluye todo aquello que se relaciona con las estaciones de aguas mineromedicinales, las cuales en algunos países como Italia, Francia, Alemania, Austria y Checoslovaquia constituyen la base de un flujo turístico espectacular; y el climatismo, término con el que se hace referencia a la compleja realidad de las estaciones climáticas instaladas en el mar, en los lagos, en las colinas y en las montañas.

ORGANIZACIÓN DEL TURISMO. – El rápido aumento del turismo con el desarrollo de nuevos medios de comunicación, la expansión de los hoteles y de otros establecimientos de alojamiento y la generalización de la bicicleta, no ya como simple medio de deporte sino, sobre todo, como medio individual de transporte creó nuevas necesidades y nuevos problemas. Quienes hace tiempo viajaban por deporte sintieron la necesidad de asociarse no sólo para defender y promover sus intereses particulares relacionados con el turismo sino también para contribuir a la solución de los problemas del turismo en general y para potenciar su futuro desarrollo.

Así fue como nacieron los Touring Clubs, que, en cuestión de unos pocos años, consiguieron tener primero decenas y después centenares de millares de socios y, una vez adquirida su profesionalidad así como sus poderosos medios de propaganda, consiguieron suscitar en la población la llamada “mentalidad turística”, facilitando la difusión y el perfeccionamiento de nuevos medios de locomoción y de servicios pertinentes, discutieron y consiguieron la solución de los problemas de la organización turística y desarrollaron tanto la literatura práctica como la cartografía al servicio del turismo. Primero se creó en Londres, en 1878, el “Ciclysts’ Touring Club”, más tarde el “Touring Club de Francia”, en 1890, a continuación, en 1894, el “Touring Club Italiano” y en 1895 el “Touring Club de Bélgica”

Pero con anterioridad a los Toring Clubs aparecieron las asociaciones de alpinistas, dedicadas a organizar el deporte y el turismo alpino (el Club Alpino Italiano fue fundado en 1863), en tanto que los aficionados al automovilismo fundaron poco después los Automóvil Clubs (el Automóvil Club de Milán, fue constituido en 1898 y el Automóvil Club de Italia, en Turín, en 1905; este último se transformó en el Real Automóvil Club de Italia en 1926)

Del mismo modo, con la consolidación de la motocicleta surgieron los Moto Clubs (la R. Federazione Motociclista Italiana, ahora el Moto Club de Italia, data de 1911); el desarrollo de la navegación determinó la creación de la Lega Navale italiana (1899); el de la aviación, la R. Unione Nazionale Aeronautica, ahora la Federaziones Italiana Motonáutica (1922); el del deporte de la vela, la Federazione Italiana della Vela.

Merece la pena citar que al final de las últimas décadas del siglo XIX, nacieron, por iniciativa privada y de las administraciones municipales, organismos destinados a la mejora de las estaciones dedicadas a estancias de curación. Estos organismos tomaron el nombre “comités de cura” (Kurkomissionen) y “sociedades de belleza” (Verchönerungsvereine) en Austria y en Alemania, de “sociedades de desarrollo” (sociétés pour le développement) en Suiza, de “asociaciones de iniciativa” (Syndicats d’Initiative) en Francia, de Pro Loco (4) en Italia. En este campo específico colaboraban las direcciones de las grandes compañías ferroviarias y las empresas de transporte marítimo, siempre muy convencidas de las ventajas del movimiento turismo, y las agencias de viajes, algunas de las cuales contribuyeron de forma muy notable al turismo con su abundantísimo material propagandístico y sus variadas iniciativas tales como la creación de sus propias líneas ferroviarias y funiculares, líneas marítimas, hoteles, etc. supliendo de esta forma la ausencia de iniciativas locales o su tardanza en aparecer. Los viajes individuales combinados (à forfait) con empresas de servicios y con precios muy ajustados, los viajes colectivos y los cruceros se desarrollaron espectacularmente. En Italia el gobierno creó en 1927 la Compagnia Italiana de Turismo (C.I.T.) que trabaja en el sector del turismo comercial, desarrollando, especialmente en el extranjero, una intensa actividad en beneficio del turismo en Italia. La C.I.T. posee 76 oficinas de viajes y turismo en Italia, 32 en el extranjero, 14 oficinas de información en estaciones y aeropuertos, 28 puestos de intérpretes para ayuda de los turistas. En las naciones del centro de Europa, en Rusia y en Japón hay sociedades comerciales similares a la C.I.T., fundadas por las compañías ferroviarias y por el gobierno.

También las asociaciones de hoteles, en la medida en que se ocupan de la protección de sus intereses, cooperan fuertemente al desarrollo del turismo. La primera asociación italiana de hoteles surgió en 1899; el Régimen fascista la transformó en la Federazione Nazionale Fascista Alberghi e Turismo y tiene su sede en la Confederazione Fascista dei Commercianti. Los establecimientos de cura hidrotermal se constituyeron en asociación en 1919. Con la ley sindical del 3 de abril de 1926, la asociación pasó a formar parte de la Confederazione dell’ Industria con categoría de federación nacional. Las empresas de transporte terrestre, marítimo y aéreo están ahora dentro de la respectivas Federazioni Nazionalli Fasciste, que tutelan sus intereses y se ocupan de su desarrollo. Las corporaciones relacionadas con la hospitalidad reúnen a todos los representantes de las federaciones que tienen que ver con el turismo.

Sólo en época relativamente reciente la Administración del estado se percató de la importancia, incluso desde el punto de vista económico, del turismo, sobre todo por el hecho de que las divisas que obtienen los países gracias a los turistas extranjeros contribuyen al equilibrio de la balanza de pagos, por lo que es oportuna la intervención del estado de cara a ordenar y fomentar un fenómeno ciertamente grandioso. De aquí que en muchos países se creen instituciones estatales dedicadas sobre todo al estudio del “movimiento de forasteros”, fomentando su crecimiento con la propaganda en el extranjero y coordinando la actividad de los ministerios, de los entes, de las asociaciones y de las diferentes empresas que existen dedicadas a promocionar el turismo y a perfeccionar las organizaciones encargadas de la recepción. Los primeros países que lo pusieron en marcha fueron Francia y el Imperio Austrohúngaro, los cuales, a fines de 1910 crearon, respectivamente, la Office Nacional du Tourisme, posteriormente convertida en el Comisariat au Tourisme, y el Fremdenverkehrsministerium. Bajo la presión de la crisis hotelera que siguió a la Gran Guerra se creó (1918) la Office Nacional Suisse de Tourisme. A continuación, en Italia, se creó en 1919 el Ente Nazionale per la Industrie Turistiche (E.N.I.T.); en Alemania, la Reichsbahnzentrale für den deutschen Reiseverkehr (1921) y en 1933 el Reichausschuss für Reiseverkehr; en la nueva Austria, la Verkehrssektion des Bundesministerium für Andel und Verkehr; en España, el Patronato Nacional del Turismo; en Rusia, el Intourist; en Japón, el Japan Tourist Bureau; etc.

En Italia, el órgano estatal del turismo es la Direzione Generale per il Turismo, creada por real decreto-ley de 21 de noviembre de 1934, dependiente del Ministerio de Imprenta y Propaganda. Tiene entre sus órganos ejecutivos el Ente Nazionale per la Industrie Turistiche, creado por real decreto-ley de 22 de noviembre de 1919, que pasó al rango de ley en el 7 de abril de 1921, modificado por real decreto-ley del 31 de enero de 1929 y por real decreto-ley del 3 de diciembre de 1934. La Direzione Generale per il Turismo tiene la competencia de dirigir y coordinar todas las actividades relacionadas con el turismo, promover su desarrollo y vigilar sus entes, institutos, organizaciones y comités que trabajan en el campo del turismo. El órgano consultivo y de estudio de la Dirección General es el Consiglio Centrale del Turismo.

Los organismos centrales del estado cuentan con la ayuda de organismos provinciales y locales. En sustitución de los Comitati Provinciali del Turismo, creados por decreto del Jefe de Gobierno el 7 de julio de 1932, se crearon, por real decreto-ley de 20 de junio de 1935, los Enti Provinciali per il Turismo, con directa dependencia del Ministerio de Imprenta y Propaganda y teniendo su sede en los Consegli Provinciali de Economía Corporativa. Los citados entes son competentes en la coordinación y la ordenación en el territorio de cada provincia, la actividad de los diferentes organismos que se ocupan de los intereses y del desarrollo del turismo, sobre todo de las Aziende autonome di cura, Soggiorno e Turismo, y de promover y coordinar por un lado la propaganda y de otro el estudio de las medidas a tomar para conseguir el desarrollo de la economía turística provincial. Las citadas Aziende Autonome, creadas por real decreto-ley de 15 de abril de 1926, sucedieron en general a las sociedades Pro Loco, se ocupan de la propaganda y del mejoramiento turístico de los lugares reconocidos por real decreto como “Stazioni di Cura, Soggiorno e Turismo”. Este reconocimiento está condicionado a la posesión de ciertos requerimientos mínimos relacionados con la industria hotelera, la infraestructura higiénico-sanitaria, la existencia de centros de distracción, el monto de la tasa de estancia percibida, etc. En las localidades que poseen recursos artísticos y naturales, pero no infraestructuras suficientes pueden crearse asociaciones locales con competencias similares a las que tienen las Aziende Autonome; toman el nombre de Associazioni “Pro Loco” y cuentan con el reconocimiento de la Direzione Generale per il Turismo.

La Direzione Generale per il Turismo tiene delegaciones en el extranjero con la misión de llevar a cabo la propaganda a favor de los viajes a Italia. En las principales ciudades de Europa y de América las delegaciones disponen de oficinas de información turística para el público.

Con el fin de promover los estudios y las providencias generales para tutelar los intereses y para mantener y desarrollar la organización de las estaciones de aguas termales, estancia y turismo se ha creado en el Ministerio del Interior el Consiglio Centrale delle Stazione de Cura, Soggiorno e Turismo.

Para las medidas a favor del turismo hay que recordar la protección de las bellezas naturales y paisajísticas y de los edificios de particular interés histórico que ordenó la ley de 4 de junio de 1922. Por medio del real decreto de 22 de diciembre de 1932 se creó en el Ministerio de Educación Nacional la Consulta per la Tutela della Bellezze Naturali per la Conservazione y la Valorizzazione della Bellezze Naturale e Panoramiche de particular interés histórico.

Todas las actividades turísticas de Libia son coordinadas por el Ente Turistico e Alberghiero della Libia (E.T.A.L.) con sede en Trípoli, creado por real decreto de 31 de mayo de 1935 y que tiene también la misión de gestionar alojamientos y realizar cualquier otra actividad directa e indirecta para incrementar el turismo en la colonia. Del turismo en las Islas Italianas del Egeo se ocupa el Ufficio Propaganda e Turismo del R. Gobierno de Rodas.

El turismo interno ha recibido un vigorosísimo impulso del Régimen Fascista, sobre todo por medio de la providencia que se propone fomentar la educación de la juventud (Opera Nazionale Balilla, O.N.B., de 1926) y de las masas (Opera Nazionale Dopolavoro, O.N. D., 1925) con la ya citada existencia de los trenes populares, de numerosos servicios de transporte ferroviario, de colonias en el litoral marino, de campismo, etc.

ENTES Y ASOCIACIONES INTERNACIONALES DEL TURISMO- Los entes y las asociaciones nacionales del turismo han creado agrupaciones internacionales dedicadas a estudiar y a resolver los problemas que afectan al turismo internacional. La Alliance International de Turismo (A.I.T. Bruselas), fundada en 1919 en sustitución de la Ligue International des Associations de Tourisme, reagrupa a todos los Touring Clubs, la A.I.T., lo que supone un colectivo de ocho millones de socios, lo cual demuestra que el movimiento de los turistas ha alcanzado ya la mayoría de edad. La Association Internacional des Automobil Clubs Reconnus (A.I.A.C.R., París), fundada en 1906, agrupa a los Automóvil Clubs nacionales y a las asociaciones similares y se propone unificar el movimiento automovilístico internacional, fomentar su crecimiento, defender los intereses comunes y a sus miembros, ocupándose de las cuestiones relacionadas con el automovilismo y del tráfico automovilístico. Las asociaciones de moteros de los diversos países están agrupadas en la Federation Internationale des Clubs Motocyclistes (F.I.C.M., Londres); las de ciclistas en la Union Cycliste Internationale (U.C.I., París). La Federation Aèronautique Internationale (F.A.I., París), constituida en 1905, agrupa a los Aero Clubs nacionales. Funciona desde 1925 en París el Conseil Central du Tourisme International, un concejo permanente que comprende a los representantes de las asociaciones turísticas y de las Administraciones Públicas de varios países y que se ocupa del estudio de las cuestiones del turismo internacional y a la coordinación de los esfuerzos de las asociaciones de turismo, de las Administraciones Públicas y, eventualmente, de los organismos y de las asociaciones de carácter comercial e industrial relacionados con el turismo. Los organismos estatales que se ocupan del turismo están agrupados en la Union Internationale des Organes Officiels de Propganda Touristtiche (La AIA), creada en 1925. Las agencias de viajes forman la Asociation Internationale entre les Grands Organizations Nationale de Tourisme (A.G.O.T.), fundada en Italia en 1924, ahora con sede en Viena, y la Fédération Internationale des Agences de Voyages con sede en París. Estas dos federaciones han creado un órgano asociativo, la Confédération Internationale des Bureaux de Tourisme (C.I. B.U.T.). Las asociaciones de hoteleros se agrupan en la Alliance Internacional de l’Hôtellerie (Londres), fundada en 1921. El mayor exponente de la industria hostelera de todos los países están organizadas en la Union Internationale de Hoteles (Internationale Hotelbesittzer Verein), fundada en 1869 con sede en Colonia. Más tarde, la Sociedad de Naciones creó en Ginebra una sección para el turismo con la misión de estudiar los problemas turísticos internacionales.

ESTADÍSTICAS- Sobre el movimiento turístico se cuentan con estadísticas diversas; pero no todas son seguras ya que en esta materia es preciso recurrir a conjeturas y a aproximaciones. Los datos que mayormente interesan son los que reflejan el número de turistas, su estancia media y el gasto realizado; este último elemento tiene importancia especialmente en lo que se refiere al turismo extranjero para conocer las aportaciones “invisibles” a la balanza de pagos de la nación. Otros datos estadísticos de utilidad son los que reflejan la estacionalidad del flujo de forasteros, la nacionalidad de los turistas extranjeros, sus lugares preferidos, etc.

Los datos de flujos de forasteros se publican por la E.N.I.T. por medio de un boletín mensual (Estatista del Turismo) y de publicaciones anuales. El número de extranjeros que vienen a Italia ha experimentado recientemente un sensible aumento: de 2.186.305 en 1931 (los datos para el periodo anterior a 1931 no son comparables con los posteriores) a 3.142.372 en 1934. El aumento se debió especialmente a las llegadas por vía ordinaria con vehículos propios; la cifra de extranjeros llegados por carretera ha pasado, en efecto, de 1.156.943 en 1931 a 2.138.950 en 1934. Por el contrario, el número de extranjeros llegados a Italia por ferrocarril pasó de 919.484 a 881.617; por vía marítima, de 108.273 a 119.111 y por vía aérea de 1605 a 2.694.

Pero lo que realmente interesa es conocer el montante de dinero que estos extranjeros dejaron en Italia, aunque su cálculo no puede ser más que aproximado. Para obtener una aceptable estimación de este dato interesa conocer la estancia media de los turistas, pero, sin embargo, los diferentes métodos utilizados impiden tener un buen conocimiento de este dato. Se indica a menudo que la estancia media está en torno a los cuatro días. Se considera que, si es verdad que muchos una o dos semanas y más, la gran masa (un indicador es que un elevadísimo número, más de dos tercios del total de los turistas, entran por vía ordinaria) permanecen en Italia muy poco tiempo, sólo un día.

Se puede pues calcular que el número de días que el conjunto de turistas extranjeros permaneció en Italia, en 1934, estuvo alrededor de 12-13 millones. Procede ahora conocer el gasto medio por turista; más también este elemento es de difícil cálculo. Un gasto de 100 – 120 liras al día parecen una cifra razonable. Por consiguiente, el gasto total realizado en Italia por los turistas extranjeros se puede calcular en 1934 entre un miliardo y cuarto y un Bilardo y medio. Si se tiene en cuenta que el saldo deficitario entre el valor de las importaciones y el de las exportaciones de mercancías ascendió el mismo año a cerca de dos miliardos de liras se comprenderá el peso que estas entradas “invisibles” tienen en la balanza de pagos italiana. Obviamente hay que tener en cuenta también los gastos que los turistas italianos realizan en el exterior. Tampoco sobre este aspecto se tienen datos estadísticos aceptables pero una ligera valoración permite considerar que este gasto no habría superado los 150 – 200 millones de liras en el año 1934.

La nacionalidad de los turistas extranjeros en Italia que más destaca es, para el año 1931, último para el que se dispone de datos, es la alemana (20% del total), la suiza (18% del total), austríaca (13% del total), británica (11% del total), francesa (9% del total) y estadounidense y canadiense (6% del total).

Gracias a unas estadísticas recientemente publicadas por la Sociedad de Naciones se sabe que entre los 31 países considerados por dicha publicación Italia ocupa el tercer lugar con respecto a las entradas de divisas ya que se alcanzaron, en 1933, los 69 millones de dólares oro frente a Francia que obtuvo 117 millones y ocupa el primer lugar y 80 millones Canadá, que ocupa el segundo lugar. Estados Unidos con 57 millones ocupa el cuarto lugar. La citada publicación de la Sociedad de Naciones informa de que en los últimos años se ha verificado una fortísima disminución de los gastos de los turistas; para los cuatro países antes citados se pasó de una cifra total de 927 millones de dólares oro en 1928 a 324 millones en 1934.

El movimiento turístico de los italianos en Italia es mucho más dinámico gracias al impulso de las organizaciones del Régimen, de las asociaciones turísticas, como el Touring Club Italiano y al creciente apoyo del veraneo y de los deportes de invierno. Pero tampoco para este movimiento se han conseguido datos precisos. Se dispone sólo de estadísticas de albergues y pensiones, pero no de los hoteles que no contemplan la totalidad de los viajeros. El número de estos, según tales fuentes, resultan ser el cuádruplo del que se refiere a los turistas extranjeros. En efecto, para 1934 las estadísticas declaran 6.767.338 entradas y 33.398.473 días de turistas italianos en los alojamientos frente 1.679.190 entradas y 8.324.799 días de turistas extranjeros.

Las preferencias por las ciudades a visitar son muy diversas y depende de que los turistas sean extranjeros o italianos. Los extranjeros prefieren Roma (766.584 días en 1934), Venecia (657.422), Florencia (430.751), Génova (429.042) y Nápoles (416.933). Por el contrario, los viajeros italianos (aunque no todos son turistas) prefieren Milano (1.338.924 días), Roma (1.250.195), Venecia (775.103), Nápoles (761.673) y Génova (724205). Entre las estaciones de aguas termales, estancia y turismo, las preferidas son: San Remo con 1.170.247 días, Viareggio, con 1.0923.717, Rímini, con 1.046.315, Merano, con 984.579, Riccionem con 885.977, Montecatini, con 617.579, Alassio, con 539.191, Salsomaggiore, con 524.823, Lido de Venecia, con 339.805, Bolzano, con 323.633, Cortina s’Ampezzo, con 308.297 y Abbazia, con 301.163 días.

Mientras el turismo nacional alcanza su máximo en el mes de agosto, el extranjero alcanza su cifra más alta en abril. Este es el mes preferido por los alemanes; por su parte, el máximo de agosto para los italianos corresponde al periodo de las vacaciones. En septiembre se verifica un fuerte retroceso del turismo extranjero que no alcanza la cifra del turismo primaveral.

Para la literatura sobre turismo v. GUIDA, XVIII, 249 e App.; ITINERARI; MIRABILLA ROMAE.

Bibliografía.

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  2. Stringher, (1912) Sulla bilancia dei pagamenti fra l’Italia e l’estero, en Atti della Commissione Reale per lo Studio delle statistiche del commercio estero, Roma,

E.N.I.T. (1921) La funzione e l’organizzacione delle “Pro Loco”, ivi,

  1. Bachi, Sulla rilevazione statistica del movimento dei forasteri, en Giornale degli economisti,.
  2. Niceforo, (1921) Il movimento dei forasteri in Italia, a cura dell’E.N.I.T, Roma, 1923
  3. Benini, (1929) Sulla reforma dei metodi di calcolo del movimento turistico, Estudio publicado por ENIT en Statisca del movimento turistico in Italia 1926 – 1927, Roma,

Touring Club Italiano, (1929) Manuale dell’industria alberghiera, Milán

  1. Avancini, (1933) Statisca turistica, (en Trattato elementale di statistica),
  2. Mariotti, (1933) Corso de economia turistica, Novara
  3. W. Ogilvie, (1933) The Tourist Movement, Londres,

Touring Club Italiano, (1935) Manuale del turismo, Milán

  1. Tagliacarne, (1935) Sul calcolo della permanenza media dei turista stranieri in Italia, en Giornale degli economista, septiembre, 1935

Sociedad de Naciones, Bollettino mensite di statistica, Ginebra;

E.N.I.T, Statistica sul movimento turistico in Italia (memoria anual) (*)

E.N.I.T, Bolletino mensile “Statistica del turismo”, Roma (*)

(*) Sin fecha en el original

NOTAS

  1. ¿Selva Negra? Confieso que no he conseguido saber a qué lugar se refiere el autor.
  2. En el original dice attivo, pero aquí no sería correcto traducir la palabra italiana por su homóloga castellana activo, entre otras cosas porque en la literatura turística turismo activo es una expresión reciente que en 1937 no se utilizaba.
  3. Fascista. No olvidemos que el Partido Fascista era el que estaba en el Poder en 1937, fecha de la edición de la Enciclopedia Italiana.
  4. Pro Ciudad

 

[1] Publicado en Turydes, vol. 2, nº 6, noviembre 2009

El turismo desde la sociología de la ciencia

EL TURISMO DESDE LA SOCIOLOGÍA DE LA CIENCIA 

Francisco Muñoz de Escalona

Dr. en economía del turismo

Toda nuestra ciencia, comparada con la realidad, es primitiva e infantil y, sin embargo, es lo más preciado que tenemos (Albert Einstein, 1879 – 1955) 

Nadie dice nunca la última palabra. No podemos juzgar a nuestros adversarios como si nuestra propia causa estuviera identificada con la verdad absoluta (Raymond Aron, 1905 – 1983)

 

 Resumen

Es bien sabido que el conocimiento del turismo, como el aportado por las demás disciplinas sociales, no cuenta para muchos con el estatus propio de la ciencia. La economía, la sociología, la antropología y todas las demás disciplinas similares son consideradas, sin embargo, por sus respectivos cultores como ciencias. Si le añadimos el calificativo de débiles estaremos reconociendo que se encuentran a un nivel inferior al de la física, la química, la biología o la botánica, en cuestiones tan relevantes como su metodología y la fiabilidad de sus aportaciones. Ello, sin embargo, no obsta para que podamos asignarles a las disciplinas sociales el estatus de ciencia a los efectos de estudiarlas desde la sociología de la ciencia.

Es justo lo que tratamos de hacer en el presente trabajo con referencia a la literatura dedicada al estudio del turismo, al que se dedican cuantiosos recursos materiales y personales, pero no por mera curiosidad sino, sobre todo porque, desde el fin de la Gran Guerra viene siendo considerado como un eficaz motor desarrollo económico.

Sorprende que, como veremos más adelante, a pesar de que interesa como fuente de riqueza, su estudio se haga dese la sociología. El autor no ha constatado en la ya abrumadora bibliografía dedicada al turismo la existencia de escuelas o paradigmas. Abandonado el primitivo enfoque empresarial por gestores de empresas de alojamiento, los estudiosos se decantaron de un modo exclusivo y entusiasta por estudiarlo desde el sujeto que lo practica. In Mittel der Man, postularon Walter Hunziker y Kurt Krapf (1942).

Sin embargo, desde 1988, con la publicación de nuestro primer trabajo (Economía de la producción turística. Hacia un enfoque alternativo) podemos decir que ya existe, si bien aún en ciernes, lo que podría haber llegado a ser un nuevo paradigma si hubiera encontrado seguidores. Nos referimos al enfoque económico (microeconómico o empresarial) que inició su andadura hace ahora 30 años. A él aspira a pertenecer el autor de este ensayo. Como decimos, tiene todos los ingredientes para convertirse en un paradigma en ciernes, el cual se viene proponiendo para estudiar el turismo de forma alternativa a la sociológica, un paradigma que lo estudia, frontal y claramente, desde la microeconomía.

A pesar de que tal paradigma no es, todavía, más que una mera propuesta personal, ya ha suscitado algunas críticas, sobre todo desfavorables. Críticas, de momento, ad hominem, nunca, lamentablemente, razonadas. En general, ni siquiera son críticas las que viene mereciendo, pues, en general, se opta por ignorarlo. Y también por obstruir, silenciosa pero contundentemente, su eventual difusión y desarrollo. Para estudiar lo que viene aconteciendo, se expone un reciente caso a la luz de la moderna sociología de la ciencia.

Palabras clave: Ciencia, turismo, paradigmas, escuelas, sociología de la ciencia, crítica, obstrucción

 Abstract

It is well known that the knowledge of tourism, like that contributed by other social disciplines, does not count for many with the proper status of science. Economics, sociology, anthropology and all other similar disciplines are considered, however, by their respective cultores as sciences. If we add the qualifier of weak we will be recognizing that they are at a lower level than physics, chemistry, biology or botany, in matters as relevant as their methodology and the reliability of their contributions. This, however, does not prevent us from assigning to social disciplines the status of science for the purpose of studying them from the sociology of science.

It is exactly what we try to do in the present work with reference to the literature dedicated to the study of tourism, to which considerable material and personal resources are dedicated, but not by mere curiosity but, mainly because, since the end of the Great War It is being considered as an effective economic development engine.

It is surprising that, as we will see later, although it is interesting as a source of wealth, its study is done by sociology. The author has not found in the already overwhelming bibliography dedicated to tourism the existence of schools or paradigms. Abandoned the primitive business approach by managers of hosting companies, the students chose in an exclusive and enthusiastic way to study it from the subject who practices it. In Mittel der Man, Walter Hunziker and Kurt Krapf (1942) applied.

However, since 1988, with the publication of our first work (Economy of Tourism Production, Towards an Alternative Approach), we can say that it already exists, although still in its infancy, what could have become a new paradigm if it had found followers .We refer to the economic focus (microeconomic or business) that began 30 years ago. To him aspires to belong the author of this essay. As we say, it has all the ingredients to become a budding paradigm, which has been proposed to study tourism in an alternative to the sociological, a paradigm that studies it, frontally and clearly, from the microeconomics.

Although such a paradigm is still not more than a mere personal proposal, it has already provoked some criticisms, especially unfavorable ones. Criticism, for now, ad hominem, never, unfortunately, reasoned. In general, it is not even critical what it deserves, because, in general, you choose to ignore it. And also to obstruct, silently but forcefully, its eventual diffusion and development. To study what is happening, a recent case is exposed in the light of the modern sociology of science

Keywords: Science, tourism, paradigms, schools, sociological science, criticisms, obstruction

El nacimiento de la ciencia

La curiosidad es una de las características del ser humano que lo distingue de los demás seres vivos. Es un lugar común atribuir a la curiosidad la aspiración a encontrar explicaciones convincentes de todo aquello que, natural o cultural, va más allá de lo evidente. Parece que fue así como surgió la ciencia. Como sostenía el astrofísico estadounidense Carl Edward Sagan (1997), “la primera virtud del hombre fue la duda…”

No obstante, el desarrollo del conocimiento científico es relativamente reciente. Merton (1970) lo sitúa en el siglo XVII, cuando, según el considerado como padre de la sociología de la ciencia, apareció la primera publicación periódica dedicada a la difusión sistemática del conocimiento basado en la observación y la experimentación, la que llevaban a cabo los llamados filósofos de la naturaleza, los físicos. Esa primera revista científica parece que fue el Journal des Sçavans (1665). A partir de entonces surgieron las primeras sociedades en las que se debatían públicamente los avances en el conocimiento de la realidad.

El citado Merton sostiene que el físico Robert Boyle (1627 – 1691) influyó, de forma absolutamente casual, en la sustitución del sistema de cartas hasta entonces imperante entre pensadores por documentos cuyo contenido era avalado por quienes contaban con un reconocido prestigio, los cuales refrendaban los hallazgos aportados por alguno de los miembros de la sociedad correspondiente, dándoles así el estatus social de conocimiento fiable.

Estaba naciendo la moderna institución de la ciencia y las primeras revistas científicas se convirtieron pronto en el instrumento idóneo para la transmisión periódica de los avances en el conocimiento de la realidad física. Los científicos sociales imitaron más tarde a los científicos naturales, primero de una forma mimética, hasta que se impuso la evidencia de que lo social/moral es una realidad muy diferente a la de lo físico/natural, razón por la cual, la metodología propia para conocer esta última no es aplicable a la primera. Aun así, el conocimiento de lo social, como el de lo físico, también se accede por la observación de la realidad por medio de los sentidos. Con los datos así obtenidos (información) el investigador pasa a elaborar lo que llamamos una teoría, es decir, un conjunto organizado y coherente de ideas por medio de las cuales cree explicar lo observado.

No obstante, al hacerlo, es inevitable que el investigador se vea obligado a realizar un acto mental, consistente en distanciarse de la realidad observada habida cuenta de que se nos muestra de forma tan compleja, con tantos componentes, que debe prescindir de todos aquellos que considera, por algún motivo, secundarios. Procede, pues, a hacer una operación de abstracción de lo que cree accesorio para quedarse solo con lo que está convencido, por alguna razón, que es esencial.

Así es como llegamos a elaborar teorías científicas, un conjunto ordenado de ideas y conceptos, todos ellos abstractos, es decir, simplificados, con el que aspiramos a expresar las relaciones entre los datos empíricos obtenidos por la observación a fin de explicar (conocer) la realidad observada. ¿Con qué fin? ¿por mera curiosidad? Sin duda, puede que así fuera en el pasado lejano, pero cada vez más por necesidad, porque aspiramos a manejar la realidad para ponerla al servicio de la cobertura de nuestras necesidades.

En este proceso hacia el conocimiento se suele partir de lo que llamamos hipótesis o conjeturas, es decir, proposiciones más o menos fundadas sobre lo que queremos conocer, las cuales, a pesar de no estar confirmadas, nos sirven como apoyaturas para alcanzar, con ayuda de los fatos disponibles, la explicación convincente, y operativa, que necesitamos. El proceso es progresivo y perfeccionable. Pues toda teoría, si es científica, es falsable, y, por ende, susceptible de ser revisada o incluso sustituida por otra supuestamente mejor por contar con nuevas conjeturas y o con nuevos datos. En esto consiste la construcción del conocimiento que llamamos científico, en un conjunto de interpretaciones de la realidad que se distingue, ostensiblemente, de otras interpretaciones, las que nos revelaron los visionarios o los profetas, con las que se forma el cuerpo de creencias en el que se cimentan las sociedades precientíficas.

Terminemos esta reflexión completando la cita anterior de Sagan (1997) “… y el primer defecto (del hombre) la fe”.

Las comunidades científicas en general

Siguiendo el pensamiento de Thomas S. Kuhn (1962), sabemos que la investigación organizada y propiamente científica sobre una materia determinada no comienza antes de que exista una comunidad científica, la cual se caracteriza por desarrollar un actividad normalizada y profesionalizada. Toda comunidad científica desarrolla su actividad combatiendo mancomunadamente las anomalías que cree encontrar en la herencia recibida. Cuando consigue madurar, toda comunidad científica consigue llevar a cabo lo que Kuhn llama “revolución”, es decir, una forma novedosa de conocer la materia investigada por medio de un desplazamiento de los problemas susceptibles de examen científico y de las normas con las cuales los miembros formulan un corpus teórico obtenido aplicando un método propio. Ofrecen así unos resultados originales y un listado de cuestiones de cara a la continuidad de la tarea investigadora. Dicha tarea constituye lo que Kuhn llama “ciencia normal”, la cual consiste en el conjunto de logros científicos que la comunidad reconoce propios.

Dichos logros son recogidos en libros, elementales o avanzados, en los que se expone el cuerpo de la teoría aceptada e ilustran sus aplicaciones enjuiciando su coherencia con los datos obtenidos por medio de observaciones y experimentos. Las publicaciones de la comunidad, a la que podemos llamar escuela, tratan de atraer a un grupo duradero de partidarios, al tiempo que los aleja de los grupos o escuelas rivales en la misma actividad científica.

La maduración de la comunidad se alcanza cuando disponen de lo que Kuhn llama un paradigma, término con el que se hace referencia al conjunto de leyes, teorías, aplicaciones e instrumentos metodológicos propios de la comunidad en cuestión. El estudio del paradigma se ofrece organizadamente a los estudiantes que optan a convertirse en miembros de la comunidad científica particular y en la aspiran a desarrollar su actividad investigadora durante el resto de su vida con estricta sujeción al mismo. Si el paradigma en cuestión tiene éxito y se mantiene en el tiempo, termina por convertirse en el fundamento de un nuevo corpus de pensamiento que puede llegar a ser considerado ortodoxo, adquiriendo así la comunidad que lo sustenta un poder capaz de imponer sus criterios.

Si se desarrollara algún paradigma rival, o en presencia de propuestas críticas al paradigma establecido, realizadas por algún miembro de la comunidad, o por un investigador independiente, generalmente muy joven, o tan solo extraño o ajeno a la comunidad dominante, ésta utilizará el poder institucional alcanzado obstaculizando por todos los medios a su alcance, que pueden ser muchos, el desarrollo de unas propuestas tachadas de heterodoxas por adversarias de las ya consolidadas.

La ciencia es, pues, una institución social que, como tal ha sido sometida a estudios críticos. Desde que existe la sociología de la ciencia, el conocimiento científico se ve como el resultado obtenido por el trabajo de los hombres, seres falibles que, obviamente, son influidos por factores que no siempre permiten que consigan la excelencia. La ciencia es, sin duda, un producto del entorno social. Acogidos al prestigio de la ciencia siempre han surgido pseudociencias, las cuales distorsionan gravemente el conocimiento fable. Como escribe Sagan (1997),

La ciencia origina una gran sensación de prodigio. Pero la pseudo ciencia también. Las popularizaciones dispersas y deficientes de la ciencia dejan nichos ecológicos que la pseudociencia se apresura a llenar. Si se llegara a entender que cualquier afirmación de conocimiento exige las pruebas pertinentes para que sean aceptadas, no habría lugar para las pseudo ciencias.

Tampoco para las ciencias falsas como bien denunció el biólogo francés Jean Rostand (1961)

La comunidad de expertos en turismo

Como ya hemos apuntado, los primeros estudiosos del turismo enfocaron la investigación centrándose en un tipo de empresa, la empresa que presta servicios de hospitalidad (alojamiento y refacción). Se comprende que lo hicieran así, pues es obvio que las necesidades más perentorias que sienten los turistas cuando llegan a su destino son las de restaurar fuerzas (alimentarse) y descansar (pernoctar). Sin ellas puede haber turistas, pero con ellas su número aumentará, dos afirmaciones para cuya formulación no se precisa más que dotes de observación.

No es casual que los primeros estudiosos fueran expertos en gestión de empresas de hospitalidad. Aún hoy es un lugar común encontrar estudiosos que insisten en que, si un lugar aspira a recibir turistas, sus residentes han de ser hospitalarios, es decir, por una parte, corteses y atentos con ellos, pero, por otra, también acogedores, ofreciéndoles medios para comer y alojarse, bien como obra de misericordia, bien como servicio pagado, es decir, como negocio. De aquí que otro lugar muy trillado sea el de pregonar que el turismo es ocio, un ocio que promueve negocios.

De los planteamientos pioneros, consistentes en proponer criterios eficientes para gestionar empresas hoteleras, se fue pasando a la necesidad de cuantificar la demanda actual de tales empresas y, si es posible, prever su evolución futura de forma fiable. Pronto se desarrollaron, por tanto, los trabajos de investigación dedicados a conocer los motivos por los que se hace turismo, así como las características tanto sociales como económicas (ingresos) de los potenciales turistas. A finales del siglo XIX tal evolución en los estudios que hoy llamamos de turismo ya se había consolidado.

Si tuviéramos que fijar la fecha de nacimiento de la comunidad de estudiosos del turismo, diríamos que fue el año 1942, año en el que se publicó el manual de los suizos Hunziker y Krapf, Gründriss der Allgemeine Fremdenverkehrslehre, (Fundamentos de la doctrina general del turismo), cuya versión española se encuentra, en estos momentos, en avanzado estado de edición por el autor de este ensayo.

Como ya hemos desarrollado pormenorizadamente en ensayos anteriores al presente el paradigma turístico que desde la fecha indicada se encuentra en vigor, no vamos a insistir en ello. Bastará con repetir que desde entonces el turismo se estudia como un fenómeno social por medio de la aplicación de los métodos propios de la sociología, la psicología individual y social, la antropología y la geografía, entre otras ciencias de menor uso.

¿Se usa la economía en el estudio del turismo? Sí, pero solo se hace tratando de enumerar, y, si es posible, cuantificar, los efectos que los gastos de los turistas llevan a cabo en los lugares visitados. La economía como método de análisis no solo no es utilizada para investigar el turismo, sino que no se considera conveniente hacerlo con su ayuda. Tan tajante objeción se basa en que lo económico no es más que una faceta de lo turístico y no la más importante. Los suizos antes citados sostuvieron en la obra publicada en 1942 que el estudio del turismo está entre la sociología y la economía, pero más cerca de la primera que de la segunda. De tener que encasillarlo, los suizos citados estaban convencidos de que el estudio del turismo forma parte de la sociología de la cultura, conclusión a la que llegaron porque, en sus tiempos, el afán de conocer los monumentos de la antigüedad era el principal motivo de los turistas. Se comprende que los estudiosos del turismo que se atienen a las enseñanzas que se iniciaron en 1942 rechacen una disciplina que, como la economía, está más cerca de la satisfacción de las necesidades materiales, consideradas inferiores que de las culturales, tenidas estas por más dignas y elevadas.

Hasta el punto de que, si se propone el análisis económico como hace el autor de este ensayo, los que se enmarcan en el paradigma convencional se le tache de heterodoxo y, por ende, se le trate de impedir la publicación de sus artículos y libros, no se financien sus iniciativas congresuales y se evite siempre que es posible que los estudiantes de los centros de enseñanza tengan acceso a sus propuestas.

Se incluyen a continuación dos textos con los que quedan expuestas de forma contundente las reacciones que se han venido produciendo como consecuencia de la actividad investigadora del autor en materia de turismo.

Hay expertos en turismo que son economistas, pero no ejercen: lo investigan y enseñan como sociólogos

El texto que sigue a continuación, ya publicado, pone de manifiesto los avatares vividos por el autor por haber sostenido que el turismo, además de ser un fenómeno social, también puede ser visto como un producto perfectamente identificado y, por tanto, investigado aplicando el análisis microeconómico.

Se trata de dos capítulos del libro “Removiendo las estancadas aguas del turismo” (2011): los capítulos 16 y 17.

  • Capítulo 16. El turismo es un servicio que se produce con servicios que no son turismo

No hago esta rotunda afirmación para que se escandalicen y se rasguen las vestiduras. Si alguno lo hace será porque no han leído mis anteriores columnas.

No digo que no sea científica en absoluto la literatura del turismo al uso, porque atisbos de ciencia muestra. El problema es que la doctrina que ofrece a sus seguidores (alumnos, investigadores, inversores públicos y privados) es un gigante con los pies de barro. ¿Que por qué? Pues muy sencillo, porque, al no explicitar correctamente su enfoque, deambula erráticamente de uno a otro y de un método al siguiente ofreciendo un corpus de explicaciones lleno de gangas que no sólo oscurecen la realidad estudiada, sino que, y esto es lo peor, entorpecen en la práctica de los negocios la necesaria y deseable asignación óptima de recursos, la única que garantiza la rentabilidad empresarial y también la económica.

Volviendo a la línea de razonamiento basada en el postulado que vengo formulando basado en la observación de la realidad, el que propone identificar objetivamente el turismo como un plan de desplazamiento circular, debo repetir la afirmación con la que titulo esta columna y que ya hice en un capítulo anterior:

el turismo es un producto (un servicio) que se produce con otros productos (servicios) que no son turísticos.

Admito que puede haber lectores que se escandalicen al leer lo que acabo de escribir, pero si hago esta contundente y rotunda afirmación es por dos razones. En primer lugar, porque, al concebir el turismo como un producto objetivamente diferenciado, nos pone en la pista para verlo como cualquier otro producto y que, como ellos, se produce con otros productos. Y, en segundo lugar, porque si se produce con otros productos, los que la doctrina convencional tiene por ser turísticos, decir que no lo son tiene tanto de verdad como de provocación para los turisperitos más doctrinarios.

El turismo, expresión abreviada de plan de desplazamiento circular (etimológicamente turístico), se viene elaborando desde que existen desplazamientos circulares, los cuales existen desde que existen sociedades sedentarias con cierto desarrollo urbano. Un plan de desplazamiento turístico es el que responde a lo que he llamado esquema técnico de desplazamiento circular o turístico (ETDC, o ETDTcomo más guste) en el que quien lo elabora tiene que dar valor a las siguientes variables:

  1. la necesidad a satisfacer fuera del entorno habitual y del lugar en el que se encuentra el satisfactor correspondiente
  2. la fecha de salida o inicio del desplazamiento en sentido de ida
  3. la fecha de regreso o inicio del desplazamiento en el sentido contrario (ambas fechas determinan automáticamente la duración de la estancia/ausencia)
  4. el itinerario existente o selección su selección si es que hay diferentes itinerarios posibles de origen a destino
  5. el medio de transporte a utilizar tanto para la ida como para el regreso, o selección de medios si se impone utilizar más de uno o existen medios alternativos.
  6. el medio o los medios hospitalarios (dónde dormir y dónde comer) a utilizar tanto en los lugares intermedios como en el destino fijado
  7. la estimación de los medios materiales o monetarios necesarios para la realización del plan de desplazamiento turístico; o lo que es lo mismo: el coste/precio del turismo.

En la columna siguiente seguiré exponiendo el razonamiento basado en este postulado, siempre a la luz del análisis microeconómico, el único, repito, que aún no ha sido aplicado para responder a la dizque compleja cuestión del turismo y el único que, de paso, resuelve la confusión que lastra la literatura disponible. Insisto en afirmar que la visión convencional o fenoménica, la que lo conceptúa desde el turista, es idónea para analizarlo con la metodología propia de cualquier ciencia social consolidada con excepción del análisis microeconómico. La razón es muy sencilla: la microeconomía solo puede aplicarse al análisis de una actividad productiva perfectamente identificada objetivamente en sí misma, así como el producto (output) resultante y la empresa que lo elabora. Justo esto es lo que no aporta la visión convencional, la cual lleva a ver el turismo, la mal llamada industria turística, como un heterogéneo conjunto de actividades, es decir, como una “economía en pequeño” según Manuel Figuerola, con acierto, es verdad, pero sin detenerse desarrollar como debía haber hecho su aserto. Es obvio que si lo hubiera hecho se habría adelantado un quinquenio a la visión que yo propongo desde 1988

Esta necesidad de precisión, de la que carece la visión convencional del turismo, es la que impide que se estudie mediante el uso del análisis microeconómico.

Ya en los años treinta del siglo pasado aconsejaba Michel Troisi, profesor de la Universidad de Bari (Italia), que debemos procurar utilizar denodadamente términos precisos en las investigaciones del turismo. Digamos que por términos precisos hay que entender lo que entiende Karl R. Popper: términos que prohíben todos los significados menos uno.

Llegué a formular el postulado observando la realidad desde la conducta del que siente la necesidad de hacer un desplazamiento turístico para satisfacer la necesidad que exige desplazarse. Pero a esa misma evidencia habría llegado observando su conducta en el lugar al que tuvo que desplazarse. Me explicaré con un ejemplo:

Si preguntáramos a cualquier persona cuales son los productos que consume quien acude a comer a un restaurante seguro que respondería enumerándolos: lechuga, lentejas, carne y fruta. Pero si la pregunta se la hacemos a un (micro) economista seguro que responderá que consume un menú porque tiene muy claro que los productos citados no los consume el cliente sino el restaurante.

De modo similar, si preguntamos a un turisperito qué consume un turista responderá sin pestañear: un medio de transporte de larga distancia, un transfer, una habitación de hotel, servicios de gastronomía, servicios de guía y entradas a los museos. Pero si le hacemos la misma pregunta a un (micro) economista dirá que lo que consume un turista es un programa de estancia o visita. Es la empresa turística la que consume servicios de transporte, de hospitalidad, de guías, etc.

Dicho esto, debo hacer una aclaración para turisperitos: no todos los turistas compran el turismo que consumen. En estos casos la microeconomía se ve forzada a tratar su consumo de servicios de transporte, hospitalidad, etc. como demanda final, aunque pueda hacerse la ficción de que consumen el programa de visita que ellos mismos elaboraron (autoproducción). Solo en los casos de alteroproducción tiene entidad decir que el turista consume realmente un programa de estancia elaborado con factores de producción cuya demanda es intermedia.

Podrá argüirse que mientras sea hegemónica la autoproducción carece de significación la visión del turismo como producción de planes de desplazamiento circular. Y es cierto. Pero cabe argumentar que es evidente que la dinámica empresarial del turismo está apuntando cada vez más a la producción de programas de visita o estancia con fines de lucro. Basta observar lo que están haciendo los hoteles más innovadores. Con ello están haciendo realidad la afirmación de Ives Tinard de que cuando cualquier eslabón de lo que llama “cadena turística” madura se transforma en un turoperador, es decir, en un fabricante de turismo, concebido como un programa de estancia o visita.

¿Que la solución que propongo a la cuestión del turismo es muy simplista? Por supuesto. Es simplicísima. Pero la ciencia está llena de soluciones simples que resolvieron grandes problemas abriendo con ello nuevos rumbos al conocimiento y la técnica. Ahora, así, a bote pronto, pienso en la simplista aportación del pitagórico Arquitas al desarrollo de la aritmética: el sorprendente hallazgo del número 1 con el significado de cantidad. Hasta entonces uno solo significaba existencia. No creo que sea necesario decir que es evidente que sin el 1 no podría existir la aritmética.

  • Capítulo 17. El turismo y los economistas

Hay quien cree que para ser economista basta con estudiar Ciencias económicas en cualquiera de las incontables facultades de la cosa que existen por el ancho mundo, especialmente en España. No obstante, yo estoy convencido de que esa es una condición que podría ser necesaria, sí, pero no siempre es suficiente.

Entre los economistas titulados, viene al caso diferenciar entre los que saben de turismo y los que no saben más de lo que sabe cualquiera de esa, dizque importante, ciencia moderna que se llama turismo. De los segundos nada voy a decir, me voy a limitar a los primeros. Y lo primero que voy a decir de los primeros es que tienen a gala saber de turismo, pero sin desviarse un ápice de lo que saben los demás incontables titulados que tienen a gala saber de turismo. Todos ellos, los economistas y los que no lo son, sostienen encantados y sin desmelenarse que el turismo es un moderno fenómeno social importantísimo especialmente complejo y que por ello su adecuado conocimiento integral se resiste a la aplicación de una sola disciplina científica en aislado, pero sobre todo si esa disciplina es la economía. Es más, incluso se ha llegado a decir que la economía obstaculiza el pleno conocimiento del turismo. ¿Por qué?, cabe preguntarse. Pues muy sencillo: porque, como se da por sabido, la economía es una ciencia harto limitada y sobradamente alicorta, la cual en el turismo no va más allá de las prosaicas e interesadas relaciones que se dan entre los consumidores de un lugar y los productores de otro, los primeros llevados por la insoportable maximización de su satisfacción, y los segundos por la vergonzante maximización de sus beneficios. Vamos, que la economía no ve más allá de las narices de unos y de las antiparras de otros y que por ello olvida las verdaderas esencias del turismo, esa ciencia que estudia una industria sin duda excelsa, la que, como ya pontificaron los eximios suizos Hunziker y Krapf, está plenamente del lado del hombre, pero no del hombre en cuanto consumidor y productor, no, ¡qué vulgaridad!, sino del hombre en toda su inmensa e inefable integridad.

Creen, pues, los economistas que saben de turismo, como todos los que se jactan de saber de turismo, que estudiar el turismo desde la economía lleva a un deleznable economicismo, un peligro que hay que evitar a toda costa y cueste lo que cueste si queremos aspirar a su perfecto y adecuado conocimiento. Lo cual no quiere decir que haya que evitar hablar de las curvas de oferta y demanda, o del mercado, o del producto y de los productos turísticos, ¡qué va! De eso no solo hablan los economistas que saben de turismo, sino también los geógrafos, los sociólogos, los ambientalistas y los antropólogos que también saben de turismo. Lo que pasa es que hay que hablar de esas cosas tan como de puntillas y respetando muy cuidadosamente la indubitada e indubitable especificidad del turismo, algo que nunca debe cuestionarse so pena de caer en el grupo de los economistas que no saben de turismo y osan hablar de turismo, incluso, ¡oh supremo atrevimiento!, a escribir sobre turismo. ¡Y hasta ahí se podía llegar! Concretamente, a quien esto escribe, como aviso a navegantes, se le ha acusado (hace poco aquí, en el blog) nada menos que de atreverse a escribir de turismo sin exhibir la titulación que le faculta debidamente para hacerlo.

Voy a comentar a continuación una obra que refleja la postura de los economistas que saben de turismo para ejemplificar su actitud con respecto a la aplicación de la economía al estudio del turismo. Se trata de la obra de dos economistas españoles que sin duda saben de turismo, además de ser excelentes economistas. Uno de ellos, el primero, fue rector magnífico de la Universidad de Alicante y, el otro, es hoy director del prestigioso Instituto Nacional de Turismo. La obra se publicó en 1996 por la Editorial Civitas y se titula Introducción a la economía del turismo en España. Sus autores son los doctores Andrés Sánchez Pedreño, director, y Vicente M. Monfort, coordinador. La obra fue y sigue siendo una obra de referencia.

El capítulo I de la obra citada lo escribe Andrés Sánchez Pedreño y se titula, muy significativamente, El turismo en el análisis económico. En él, el autor reconoce la necesidad de

“integrar el turismo de manera específica dentro de la disciplina metodológica del análisis económico”

porque

“sus peculiaridades [sic] nos obligan a otorgarle un status especial [sic] por sus características propias como actividad económica singular diferenciada [sic]

El prof. Sánchez Pedreño se muestra convencido de que

“si las actividades productivas como son la agricultura y la industria transformadora han recibido un tratamiento pormenorizado dentro de la teoría económica y la economía aplicada como ramas de las ciencias económicas, también es de razón otorgar ese nivel académico al estudio del turismo como actividad creadora de riqueza, objetivo último del análisis teórico en este campo científico”

No creo que haya economista que no suscriba plenamente tan atinadas palabras.

Pero el prof. S. Pedreño añade a renglón seguido:

“Si tratáramos de extrapolar, sin más, el esquema analítico de un manual introductorio de economía a este bien económico [sic] llamado turismo, el servicio turístico [sic], nos encontraríamos probablemente [sic] con limitaciones importantes, sesgos relevantes y aplicaciones no del todo correctas”

Traduciendo al román paladino: Según don Andrés, si bien es de razón estudiar el turismo aplicando el análisis económico, eso no es plenamente aconsejable. ¿Por qué? Pues porque, según Don Andrés, el método (económico) tiene importantes limitaciones para estudiar el turismo, y, por ello, si no obstante lo hacemos, obtendremos formulaciones incorrectas.

Así: ni más ni menos así. Cabe preguntarse por qué Don Andrés dirige una obra como ésta, titulada nada menos que Introducción a la economía del turismo. No se entiende bien que, en ella, don Andrés recomiende la

“necesidad de integrar el turismo (…) en la disciplina económica”

por muy específica que hagamos esa integración, habida cuenta de las limitaciones que, como él mismo reconoce, dicha aplicación comporta.

De acuerdo con lo dicho, el prof. Sánchez Pedreño se muestra partidario de

“adaptar los modelos teóricos formales [sic] y limitar las recomendaciones prácticas del análisis económico convencional [sic] en función de aquellas singularidades [sic] que condicionan las previsibles conclusiones que se obtendrían del estudio concreto sobre un sector de los servicios como el turismo”

De aquí a decir que el turismo se debe estudiar aplicando el análisis económico siempre y cuando se tenga sumo cuidado de hacerlo con sumo cuidado no vaya a ser que el método se aplique con todas sus consecuencias no hay más que un paso.

El dr. Sánchez Pedreño justifica esta singular forma de estudiar el turismo por medio del análisis económico, como nos temíamos, en que

“hay que aceptar el elevado componente interdisciplinar que afecta al conocimiento del complejo [sic] fenómeno turístico. La eliminación o la simplificación de todos aquellos factores que, formando parte del bien ‘turismo’, aun siendo ajenos al objeto primario del análisis económico [sic], tengan relevancia en otras disciplinas científicas, puede distorsionar en buen grado las conclusiones y las sugerencias que se analizan desde una óptica meramente economicista”

Tengo a los economistas Sánchez Pedreño y Monfort como dos muy buenos economistas, pero como muy buenos economistas del grupo que saben de turismo, y, por ello, se pronuncian sobre el turismo con esa especie de pudor, como si no fueran economistas, formulando sus apreciaciones con un tacto incomprensible en quienes son economistas tanto por titulación como por dedicación. Ni siquiera se plantean la posibilidad de que el turismo sea visto y tratado como lo que es y reconocen, es decir, como una actividad productiva generadora de riqueza, y que, por ello, es plenamente susceptible de ser sometido al análisis económico sin falsos pudores de que termine llevando a conclusiones que no encajen con las conclusiones que se obtienen cuando se aplica la metodología de las demás ciencias sociales.

Me gustaría convencer a los economistas de la necesidad imperiosa que tiene el turismo de ser estudiado como una única productiva objetivamente identificada y obviamente diferenciada de las demás actividades productivas: en función del producto resultante de dicha actividad. Un producto que, para mí, como se sabe, es el plan de desplazamiento turístico o programa de estancia o visita. Las demás ciencias sociales están en su perfecto derecho de estudiar el turismo de acuerdo con sus métodos y sus objetivos. A la economía hay que reconocerle ese mismo derecho, y antes que por los demás por los mismos economistas. De las aportaciones de todas las ciencias, sin interferencias de unas en otras, depende que el turismo sea mejor conocido y mejor manejado de cara a los legítimos intereses de los diferentes investigadores y de la sociedad a la que sirven.

Quisiera terminar esta columna agradeciendo a Don Andrés Sánchez Pedreño el muy positivo reconocimiento que, en la obra citada, hace de mi tesis doctoral, Crítica de la economía turística: enfoque de oferta versus enfoque de demanda (leída en julio de 1991 en la Universidad Complutense de Madrid). Puede consultarse en www.eumed.net) situándola entre las tres mejores tesis doctorales de turismo del siglo XX en España. A algunos les parecerá muy dura mi crítica, pero en mi descargo diré que lo cortés no quita lo valiente. La valoración de mi tesis por el profesor Sánchez Pedreño contrasta con la de otro profesor, don José María Marín Quemada, miembro a la sazón del tribunal que enjuició mi tesis y reconocido especialista ¡en economía de la energía! Don José María, uno de esos economistas que no sabe de turismo, rehusó firmar el acta por lo que la calificación se quedó en apto cum laude por mayoría. En el ágape al que el doctorando invita a los miembros del tribunal y al director de la tesis, todos ellos economistas de los que no saben de turismo, el prof. Marín Quemada me comunicó su decisión de no firmar el acta. Yo le respondí:

“Pues ha hecho usted muy bien, don José. Así podrá quedar así a salvo el prestigio de esta universidad en el caso de que pudiera demostrarse su falsedad”.

Lo cual quería significar, también, que, en caso contrario, sería él quien no pondría a salvo el suyo.

Se van a cumplir este año dos décadas de aquella fecha, y, si bien es verdad que mi tesis no ha sido aun plenamente reconocida, cada día estoy más convencido de que puso sobre la mesa de discusión sobre las graves anomalías a las que lleva la visión convencional, y una sólida propuesta para hacer del turismo una rama de la economía aplicada, comparable a las demás. Los economistas de todas las especialidades que saben de turismo vienen ninguneando mi propuesta negándose así, torpemente, al urgente debate que está necesitando el turismo, pero el tiempo pasa, y lo está haciendo a favor mi análisis.

Procede terminar estos recuerdos manifestando que el autor no consigue comprender cómo hay estudiosos del turismo que, siendo economistas, no se han percatado a estas alturas de que, si lo estudian de acuerdo con el enfoque de demanda o sociológico, no deberían aplicar a su estudio el análisis económico. El caso de Manuel Figuerola (1985) lo demuestra de un modo contundente. Este destacado turisperito español es doctor en economía. En su tesis doctoral, publicada bajo el engañoso título de “Teoría económica del turismo”, obra que no debería ser considerada como teoría económica, afirma sin pestañear que “no hay ningún producto que objetivamente pueda ser considerado como turístico, y que, de haber alguno sería el souvenir”. La frase revela que el dr. Figuerola aborda el estudio del turismo de acuerdo con el enfoque sociológico propio de la doctrina convencional, es decir, desde el turista. No cabe duda de que desde tal sujeto no es posible identificar ningún producto como objetivamente turístico. Pero siendo esto así, ¿cómo todo un doctor en economía titula su obra teoría económica del turismo cuando lo que aplica es el análisis sociológico? Debería haberse dado cuenta de que sin identificar un producto como turístico no es posible ver el turismo desde la economía. Porque si no existe ningún producto que sea turístico no es posible estudiar el turismo desde la economía.

La evaluación de un experto convencional previa a la publicación de un ensayo en una revista especializada. Un caso paradigmático

Incluyo en su integridad el texto enviado por el evaluador a una revista especializada en temas turísticos a la que el autor había enviado un artículo para su eventual publicación. El evaluador recomendó que no fuera publicado. Por la extrema virulencia de sus argumentos se puede colegir que se trate de un turisperito para el que el autor del artículo es conocido, porque conozca algunas de sus publicaciones de cuyos planteamientos disiente. No hay que descartar que el evaluador conozca personalmente al autor y que ambos hayan mantenido alguna agria discusión. Y que el evaluador haya aprovechado la oportunidad para vengarse por las críticas del autor a algunos de sus publicaciones. No de otra forma puede explicarse su total y absoluto rechazo, su acerba crítica al artículo evaluado incluido el autor. No hay en su crítica ni el más mínimo reconocimiento de algún acierto, lo cual hace escudándose en el anonimato propio del método de evaluación denominado “ciego”.

A continuación, se incluye el texto del evaluador con las puntualizaciones en cursiva que el autor se permite la libertad de hacer. Pero antes veamos el resumen de su evaluación acorde con el método recomendado por la revista.

Evaluación según el formulario de la revista

  • Niveles a considerar: Alto – Medio – Bajo
  • Interés, pertinencia académica e importancia del tema: No consta
  • Originalidad del artículo propuesto: Bajo
  • Marco conceptual: Bajo
  • Rigor metodológico: Bajo
  • Coherencia en el desarrollo, estructura y presentación del tema: Bajo
  • Resultados coherentes en relación con la metodología y los objetivos planteados: No consta
  • Calidad y claridad en la redacción y aspectos formales de presentación: Bajo
  • Extensión del artículo adecuada en relación con los objetivos propuestos: Medio
  • Bibliografía pertinente, actualizada y suficiente: Bajo
  • Cuenta con resumen y palabras clave y estos son coherentes con el contenido: Medio
  • Adecuado en relación con la revista: Bajo
  • Evaluación general del artículo: Bajo
  • Concepto final sobre el artículo: No se recomienda para su publicación

(¿Cabe un rechazo más absoluto a la vez que personal, negativo y violento? Es obvio que pudiera tratarse de algún colega, conocido o amigo cuyas ideas hayan sido acerbamente criticadas por el autor. Solo así se entiende lo que más que evaluación es una condenación).

Véase si no la justificación que el evaluador ciego aporta en el formulario: Por favor sustente su concepto:

Evaluador. – Este texto tiene una serie interminable de carencias, comenzando por la más elemental la falta de criterio la humildad.

Autor. – Es posible que el autor peque de falta de humildad. Si así puede verse debe pedir perdón por su pecado

E.- Es una especie de monumento al auto elogio, donde todo lo que se ha hecho está mal, esto es inaceptable en el mundo académico donde disentir es fundamental, pero respetar todas las ideas lo, es más.

A.- El autor reconoce que algunos de sus lectores pueden pensar lo mismo, pero la labor de la crítica no tiene por qué ser piadosa. En cuanto al auto elogio considera que tal defecto puede verse como tal por quien cultiva el paradigma convencional

E.- La bibliografía sin excepción es de comienzo del turismo de masas situación muy diferente a la actual.

A.– Aunque la bibliografía aportada no sea muy actual, el autor podría retar al evaluador a que proponga otra más actual en la que se utilice un paradigma radicalmente distinto

E.- Esto lleva a expresar: “De aquí que la literatura acumulada durante cerca de ciento cincuenta años adolezca de graves anomalías, aunque bien enmascaradas por una terminología formalmente académica tomada de las ciencias citadas.”, la única verdad es la del autor, todos estamos errados.

A.- ¿No es una anomalía hablar de productos turísticos sin poder identificarlos objetivamente sino solo en función de quién sea el consumidor? Podría enumerar más anomalías, entre ellas la de sostener que existe UNA industria turística a pesar de que se trate de un heterogéneo conjunto de componentes indeterminados

E.- Este es un enfoque neoliberal, ya que reduce al turismo de un fenómeno social a uno económico, siendo por ello una lectura superficial del turismo ya que el paradigma moderno no puede dejar atrás a la sociedad de acogida y los impactos del turismo.

A.- ¿Neoliberal? ¿por qué? ¿porque el autor sostiene que, si el turista es un consumidor como insisten los expertos “científicos”, lo que consume es una mercancía perfectamente identificada y adquirida en el mercado siempre que él no la haya producido? ¿Es el evaluador marxista?

E.- La cadena de soberbia sigue así: “las anomalías que lastran su conocimiento se deben a que los primeros investigadores del turismo, los que con Popper (2005) podemos llamar aficionados, no se hicieron la pregunta y dieron por buena la respuesta que le dieron los hablantes.

A.- Es cómico que quien tilda al autor de poco humilde califique de soberbios sus razonamientos críticos con las propuestas del paradigma convencional. El autor insiste de forma contundente en que los estudiosos que aceptan el paradigma convencional utilizan (¿inconscientemente?) la noción vulgar del turismo propia de los hablantes. En cuanto a llamar aficionados a los primeros estudiosos es algo que no es negativo. Se basa en reconocer que no eran más que gestores hoteleros

E.- A lo que se suma una curiosa conclusión:” el turismo existe en tanto es admitido, primero en el lenguaje ordinario, en el académico después, y, finalmente, en el empresarial”. De allá pasa al origen de la OMT cuyos antecedentes a principio del siglo XX fue la AIEST, de este análisis histórico concluye que, “Obviamente, después de lo expuesto, no cabe otra conclusión que la de reconocer palmariamente que el turismo existe y que, obviamente, procura hacerse notar en el mundo de la realidad”

A.- Se le escapa al autor la eventual oportunidad de este comentario y, sobre todo, su esperada profundidad

E.- Pasa a analizar la historia del transporte, y al final comienza a cerrar con una afirmación, de que el sujeto al armar su plan de viaje genera un producto (hoy la gran mayoría compra paquetes por internet)

A.- Referirse a los avances del transporte viene justificado hasta por el uso por los hablantes alemanes de la voz Verkehr, vencimiento de la distancia, voz que, unida a Fremden, forma una voz nueva, Fremdenverkehr, turismo en alemán. Son turistas los forasteros/pasajeros, los que logran vencer la distancia por las continuas mejoras en los medios de transporte. También por las mejoras en los servicios de hospitalidad.  Sí, el turismo, al que el evaluador llama ‘paquetes’, se vende y se compra por internet, pero sorprende que se le pasa lo evidente, que eso que él llama ‘paquetes’ porque aún no dispone de una denominación adecuada, lo fabrican técnicos especializados, los que, aunque, a él no le guste, son ingenieros de turismo, aún no llamados así por no existir titulación académica. Saben ensamblar servicios según un diseño y un plan previos en respuesta a la demanda

E.- Pero su visión muy particular, explica en el texto la manda a la revista Pasos y no fue aceptada por lo que descalifica a estos también

A.- El autor aprovecha la oportunidad para agradecer muy sinceramente, con la misma sinceridad con la que le rebate otras afirmaciones, haber hecho este comentario. Porque el artículo citado no fue rechazado por la revista Pasos por su contenido sino porque, lamentablemente, el autor cometió el grave error de enviárselo cuando ya había sido publicado por otra revista

E.- Esta es la conclusión: “El turismo debe ser estudiado como una actividad productiva específica y singular. Como tal debe ser investigado utilizando la metodología propia de la microeconomía en general y del análisis de inversiones en particular”, algo lógico para ciertos estudios, pero no una norma general para todos.

A.- En efecto, así es. El autor sigue y seguirá sosteniendo con la fuerza que le confiere la razón y la evidencia, que el turismo, además de ser estudiado como se estudia habitualmente, como fenómeno social, puede, debe, ser estudiado, también, como una actividad productiva similar a cualquier otra. ¿No lo admite así el evaluador? ¿Es eso atribuible a su pertenencia a una comunidad marcada por la ortodoxia hasta el punto de rozar la intransigencia propia de lo dogmático? Porque el autor no rechaza que el turismo sea estudiado como fenómeno social. Prefiere estudiarlo como aún no se estudia, como una actividad productiva específica, pero, insiste, no se opone, por qué y para qué iba a hacerlo. Pero nadie le ha demostrado todavía que sus planteamientos no podrían mejorar el negocio del turismo

E.- A esto le agrega que, “igualmente aparecerían centros de investigación y formación en una especialidad original y nueva: ¿la ingeniería del turismo”?

A.- Pues es así. Pese a quien pese y sea o no así visto por los incapaces de observar con atención la realidad. Sería la profesión que pondría el turismo al mismo nivel que todos aquellos productos que dejaron de ser producidos por los consumidores para ser producidos por los industriales, un cambio que supondrá conseguir productos de más calidad y de menor coste

E.- Y concluye todo afirmando que, “El futuro del turismo queda así abierto y, por ello, superada la etapa pre-científica y pretecnológica existente en estos momentos.

A.- El autor admite que la frase es desafortunada. Debe rectificar diciendo que, con su propuesta, queda abierta una nueva forma de ver el negocio turístico, una forma que podría ser desarrollada en paralelo con la convencional, a la que no debería haberla calificado de precientífica, sino de ser tratada con una mezcla poco adecuada de disciplinas, lo que le lleva a adoptar conceptos poco claros, como el de producto turístico, por ejemplo

E.- Los comentarios son obvios, esto no llega a ser un artículo científico, ni de reflexión, es un monumento al auto elogio, algo fuera de lugar en una revista científica, por lo cual mi opinión es que no puede ser aceptado

A.- De acuerdo con esta conclusión, la revista reusó publicar el artículo, un artículo que, solo a un pretencioso ortodoxo autoconvencido de las indudables excelencias del paradigma que con tanto convencimiento cultiva, puede no parecerle científico. Quien así ha aconsejado se ha comportado como se espera que se comporte quien teme que avance el conocimiento al margen de sus planteamientos de grupo

La mera lectura de las alegaciones del evaluador es harto expresiva de que sus razones responden a la ultra defensa del paradigma ortodoxo al que el evaluador pertenece trufada de animadversión personal. Da la impresión de que el evaluador desconoce que en la historia del pensamiento hay casos de críticas tan demoledoras, incluso más, como las que el autor viene haciendo de la doctrina convencional del turismo desde hace tres décadas. Me viene a la memoria la feroz crítica que hizo Carlos Marx de la obra de Pierre-Joseph Proudhon (1809 – 1865) Systeme de contradiction ou Filosofía de la miseria (1846) en Miseria de la filosofía (1947). Ambos mantuvieron relaciones amistosas e ideológicas. Pero, a partir de 1846, después de intercambiar cartas, esas relaciones quedaron rotas.

Proudhon escribió a Marx en la fecha citada instándole a a respetar todas las opiniones. Hagámonos, le dice, “una buena y leal polémica; demos al mundo ejemplo de una tolerancia sabia y previsora; pero, por estar a la cabeza del movimiento, no nos hagamos los jefes de una nueva intolerancia”. (ver Apéndice, de la edición de José Aricó de Marx,1981)

Pero Marx no respondió a tan amistosa invitación y acusó de ignorante a Proudhon por tratar de explicar el valor de cambio recurriendo a banalidades, las cuales reprodujo para que los lectores puedan comprender “sus misterios” [sic] ¿Cabe crítica más demoledora? Sí. Marx acusa a Proudhon de ·tener más capacidad para la retórica que para la lógica”. Pero no se queda ahí. Más adelante le acusa de “practicar una abstracción hueca” y de atribuir a sus conceptos “cualidades puramente metafísicas”. Pues estas críticas, muchas de ellas tan excesivas como injustificadas, las hizo el gran Marx, el mismo que criticó la extrema mercantilización que rechaza el evaluador.

Pero la saga no terminó aquí ya que Karl R. Popper critica al Marx que crítico de Proudhon de una forma aún más dura, aunque justificada, en La miseria del historicismo (1961), en la que refuta de forma contundente la teoría marxiana que sostiene que la evolución humana puede ser objeto de predicción mediante el descubrimiento de los ritos, modelos, leyes o tendencias que supuestamente gobernarían su curso. Popper califica la obra de Marx de miseria científica. Conviene recordar estos hitos de la crítica científica que el evaluador o no recuerda o desconoce, Las críticas, incluso acerbas, no son infrecuentes en la historia del pensamiento científico.

Todo apunta a que el evaluador de nuestro ensayo ignora que la ciencia avanza gracias a la crítica, que la ciencia es un repertorio de verdades falsables, que solo perduran mientras no hayan sido falsadas. Incluso que solo merecen ser tenidas como científicas las formulaciones falsables.

Como el lector se habrá percatado, el autor ha prescindido de citar el título del artículo evaluado y la denominación de la revista a la que él propuso su publicación, revista que, conviene decirlo, ya había publicado otros artículos del autor. Ni lo uno ni lo otro son datos a tener en cuenta a los efectos del desarrollo de lo que se propone manifestar. Pero sí debe aclararse que el artículo evaluado desarrolla la evolución del conocimiento del turismo desde fines del siglo XIX y cómo se fue consolidando como un corpus multidisciplinar, al que algunos califican, también y sorprendentemente, como transdisciplinar (?), pero que, sin la menor sombra de duda, responde a un tratamiento sociológico, si bien trufado de innecesarias incursiones en el uso de una terminología que, siendo propia de la economía, y al no ser coherente con el análisis económico, conduce a formulaciones confusas y, sobre todo, anómalas.

Pues bien, el autor, expuesto lo que antecede, y considerando que el conocimiento del turismo está motivado, no solo por su interés sociológico sino, también, por su función como actividad económica, propone desde hace 30 años que la investigación lo tenga en cuenta de cara a un conocimiento integrado del objeto de estudio y que su enseñanza aspire a la más completa y adecuada preparación de los profesionales que trabajan en esta actividad, una actividad que es social, sí, pero también, no se olvide, claramente económica.

Añadiremos que, como consecuencia del enfoque económico-empresarial que propugna el autor, queda resulta la incapacidad del enfoque sociológico convencional a la hora de identificar el producto al que poder llamar turístico y, por tanto, la empresa turística. ¿Es que los expertos que avalan la doctrina sociológica no pueden seguir investigando la realidad del turismo porque se hayan conseguido identificar un solo producto y una sola empresa acabando con la indefinición secular de uno y otra?

Casi unas conclusiones

El mundo, no cabe duda, es una soberbia construcción mental. La ciencia, también. Una construcción mental y, por ende, también social. En función de esa doble condición, el mundo y la ciencia son realidades susceptibles de críticas. A esta contundente convicción se ha llegado no hace mucho gracias a las nuevas hornadas de historiadores y estudiosos, los cuales, con sus trabajos han logrado que tanto el mundo como la ciencia pierdan en el prestigio intocable que tuvieron lo que ganan en una progresiva mejora. Gracias a esos trabajos, hoy se admite sin remilgos que la ciencia es falible, que sus aportes son, por naturaleza, cuestionables y, por consiguiente, permanentemente provisionales. Son carne de crítica, de sempiterno debate. Acierta Sagan (1997) al decir que la primera virtud del hombre es la duda y su primer defecto la fe. Porque gracias a la duda podemos criticar la herencia científica recibida y proceder a mejorarla, pero que, por culpa de la fe, la aceptación acrítica de esa herencia queda en suspenso.

Las comunidades científicas se basan en la aceptación de un paradigma nuclear, el que todos sus miembros reciben a través de las publicaciones y los centros de investigación y formación que detentan con los que garantizan su existencia y su futuro. Merton (1949) puso de manifiesto que toda comunidad científica dispone de recompensas con las que se premia y remunera la docilidad de sus miembros. A la vez, también ejercen su poder institucional por medio de eficaces métodos de lucha contra quienes se desvían de sus postulados. En sus centros de enseñanza anida la endogamia por cooptación del profesorado. Lo mismo hacen las empresas editoriales publicando los trabajos de los adictos y no publicando los de los no adictos. Algo similar acontece con la organización de eventos científicos, habitualmente financiados por aquellos sectores empresariales y gubernamentales interesados en los aportes de los organizadores.

El modelo está implantado, por sistema, en las comunidades científicas existentes. También en el de la comunidad de expertos en turismo, los que se consideran a sí mismo científicos. A destacar la Asociación Internacional de Expertos Científicos en Turismo, la AIEST, con sede en Saint Gallen, Berna, Suiza, fundada por los citados Hunziker y Krapf en los años cuarenta del siglo pasado y con filiales en casi todos los países del mundo. Destacable igualmente es la Organización Mundial del Turismo (OMT), ente de la ONU con sede en Madrid, creada en 1975. Conviene a todo aquel que se dedica a la investigación y a la enseñanza del turismo ser miembro de la AIEST habida cuenta de que encuentran en ella información y ayuda de utilidad para su labor. Ninguno de sus miembros es crítico con la doctrina convencional del turismo.

Otro tanto puede decirse de la OMT, entre cuyas ocupaciones se encuentra la publicación de textos acordes con la doctrina convencional, así como el nombramiento de expertos encargados de aconsejar en el tratamiento de cuestiones relacionadas con la organización del turismo en los estados miembros. El autor de este ensayo, por ejemplo, fue propuesto por un funcionario de la OMT, el ingeniero industrial chileno Eugenio Yuni, como asesor de uno de sus estados miembro, pero cuando conoció su trabajo de 1988, lo despropuso de forma fulminante y sin comunicárselo. El autor supo ipso facto que ello se debió a un rechazo de su artículo. La OMT es uno de los bastiones más poderosos con los que cuenta la comunidad de expertos hegemónica (no hay otra). Se comporta como defensora a ultranza del dogma imperante. A pesar de que su función es la de un lobby no tiene reparo en comportarse como expositor ex cátedra de la doctrina convencional.

La crítica al paradigma convencional del turismo no está permitida por las instituciones que se irrogan la función de defenderlo y promoverlo. Generan la proliferación de fieles. Obstaculizan y combaten la aparición de críticos. No puede caber la menor duda que, al hacerlo así, se oponen al progreso y mejora del conocimiento. Fomentan la fe; evitan la curiosidad y la duda. En definitiva, obstruyen el avance del conocimiento científico. El autor del presente ensayo reconoce no haber sabido encontrar la forma de exponer su pensamiento sin ofender a los miembros de la auto llamada comunidad de expertos científicos en turismo. Las reacciones habituales consisten en hacer caso omiso de sus propuestas. Solo el evaluador ciego de la revista anónima citada ha emitido su opinión sobre el autor y sobre su pensamiento. Es de agradecer. Pero lo sería aún más si su opinión hubiera sido expuesta públicamente, con nombre y apellidos.

Quisiera ir terminando con estas casi conclusiones recordando que reconocer como reconocen los expertos en turismo al uso que el turista es un consumidor equivale a admitir que lo que consume se produce. Pero ¿qué es lo que se produce? Una pregunta que los expertos no saben responder porque el turista, como todos los consumidores consumen una infinidad de productos, lo que, obviamente, le hecho de que el turista sea un consumidor no lo distingue de quienes no son turistas.

Vaya esto por delante. Pero sigamos. Una superficial mirada al mundo de los productos nos basta para darnos cuenta de que todos ellos empezaron por ser producidos por los propios consumidores pero que, progresivamente, pasaron a ser producidos por empresas cada vez más especializadas. Un proceso que avanza hasta extremos en los que los productores se afanan en ofrecer a los consumidores productos tan acabados que son aptos para ser consumidos de inmediato sin necesidad de procesarlos.

Si unimos la segunda evidencia a la primera podremos convencernos de la tercera: de que en el turismo puede y debería admitirse que lo que caracteriza al turista es que consume (ejecuta) un programa de visita que se prepara él mismo o lo prepara un tercero. Y, que, por consiguiente, tal evidencia nos lleva a postular que el producto objetivamente turístico es el programa de visita, quedando por tanto resuelto el grave problema de la doctrina convencional, incapaz de identificar el producto específicamente consumido por el turista.

Digamos con Friedrich Dürrenmantt: “Tristes tiempos estos en los que hay que luchar por lo que es evidente”. O exclamemos con Bertolt Brecht: “¡Qué tiempos serán los que vivimos que hay que defender lo obvio!”.

Termino este memorial de agravio aludiendo a una canción grupo español Los Chunguitos. Hicieron célebre en los años ochenta del siglo pasado la canción “Si me dan a elegir…”. La letra reza así:

Si me dan a elegir/entre tú y mis ideas/ que yo sin ellas/soy un hombre perdido/ay amor, me quedo contigo

El autor confiesa que, como el grupo musical “Los Chunguitos”, cuando tiene que elegir entre sus amigos y sus ideas, prefiere quedarse con sus ideas. Su amor por el conocimiento científico es más fuerte que las exigencias de la amistad. ¿Deformación de su ya larga dedicación a la investigación científica…… ?

Coda

Y, para cerrar esta reflexión, permítaseme la vanidad de esta auto cita:

“Me adelanto a la posibilidad de que algún lector pueda sospechar que soy una pobre víctima del llamado síndrome de Copérnico, el que sufren los que se creen en posesión de una verdad que todo el mundo rechaza (en este caso los seguidores del paradigma cimentado por Hunziker y Krapf), verdad que podría modificar radicalmente el futuro de la humanidad (en este caso, el paradigma convencional) Si se diera el caso de que algún lector sospechara que yo sufro tal padecimiento debo aclararles que no, que no me creo en posesión de ninguna verdad capaz de modificar el citado paradigma. Tan sólo aspiro a que mis pares consigan percatarse, cuanto antes mejor, de las graves anomalías científicas y hasta de las abultadas incongruencias lógicas que lastran la literatura que se hace del turismo en todos los países del mundo desde hace al menos un siglo, una literatura por cuyo sistema arterial, todavía básicamente hunziker-krapfiano, circula una sangre plagada de elementos extraños a la ciencia, que son los que están obstaculizando que se logre su urgente y necesaria científicación” (Francisco Muñoz de Escalona, 2010)

Bibliografía

Figuerola Palomp, M. (1985) Teoría económica del turismo.  Alianza Universidad. Madrid

Hunziker, W. y Krapf K. (1942) Gründriss der Allgemeine Fremdenverkehrslehre. Poligrasphischer Verlag. Zurich

Kuhn, Thomas S. (1962) Estructura de las revoluciones científicas. FCE. México

Marx, C. (1847) Miseria de la filosofía. Edición de José Aricó. Siglo XXI editores. México, 1981

Merton, R. K.

  • Ciencia, tecnología y sociedad en la Inglaterra del siglo XVII Alianza, Madrid
  • [1949] Teoría y estructuras sociales. FCE México D.F.

Muñoz de Escalona, F.

  • Economía de la producción turística. Hacia un enfoque alternativo Información Comercial Española. Ministerio de Comercio. Nº 663 nov. (117-131). También en Estudios Turísticos, nº 101
  • Crítica de la economía turística. Enfoque de oferta versus enfoque de demanda Universidad Complutense de Madrid. Colección Tesis Doctorales nº 104/92
  • 2010 Crítica de la obra que cimentó el paradigma convencional del turismo en http://www.eumed.net/rev/turydes/07/fme4.htm
  • 2011 Removiendo las estancadas aguas del turismo

 http://www.eumed.net/libros-gratis/2011e/1094/servicio.html

Popper, K. R. (1961) La miseria del historicismo. Alianza Editorial. Madrid, 2014

Rostand, J. (1961) Ciencia falsa y pseudociencias Tecnos. Madrid

Sagan, C. (1997) El mundo y sus demonios: la ciencia como una luz en la oscuridad Planeta, Barcelona

Sánchez Pedreño, A y Monfort V. M. (1996) Introducción a la economía del turismo en España. Editorial Civitas. Madrid